Disclaimer: El mundo y los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la historia pertenece a Noppoh, quien me ha otorgado el permiso para traducir la historia.
Título original: A Happy Nightmare
Autor: Noppoh u/7858204/Noppoh
Traducción: Nerissa Nacreous
Capítulo 5
Mientras Snape caminaba de regreso a sus habitaciones sentía una leve sensación de triunfo. Estaba complacido de que Hermione decidiera empezar a tomar la poción, pero el por qué le importaba tanto como lo hacía, estaba más allá de él. El hecho de que le importara ya no lo negaba. Aun así, se negó a reconocer que podía ser algo más que verla en la misma situación en la que se encontraba hace años y deseando ahorrarle algo de sufrimiento.
Se había sorprendido al oír su risa tan burlona cuando se ofreció a dejar que Elora hiciera el té. No podía dejar de recordar cómo le había gustado el sonido de ella, así como su juguetona respuesta a su burla momentos después. Severus sacudió la cabeza y con intención redirigió sus pensamientos. Si él estaría a cargo de Hermione durante el resto del año escolar, tendría que prepararse pronto. Su oferta actual sólo duraría una semana.
En los días siguientes, Severus pudo ver a Hermione volviendo a ser ella misma nuevamente. Su marcha era una vez más enérgica, había recuperado su sonrisa siempre presente y se le podía encontrar en la biblioteca cada vez que tenía algún tiempo libre. Elora todavía entregaba un frasco de poción en las habitaciones de Hermione cada noche, pero ya no necesitaba esperar para asegurarse de que Hermione la tomara. Ya se había convertido en alguien dependiente y ahora, sin duda, se estaba volviendo adicta.
Tres semanas después de que Hermione hubiera aceptado la poción, le sorprendió al presentarse frente al aula de pociones, después de su última clase del viernes.
–Profesor Snape– dijo– ¿Podría hablar con usted?
Él la miró antes de fruncir el ceño con gestos persistentes. Apresuradamente cambió sus gestos.
–Por supuesto– respondió, abriendo de nuevo la puerta del aula e invitándola a entrar. Una vez dentro, lanzó un rápido encanto de privacidad y la miró interrogativamente. Se estaba mordiendo el labio, una clara señal de lo nerviosa que estaba. Lo encontró preocupantemente distractor.
–Bueno, ehm– Hermione tartamudeó –estaba pensando que, ehm, con usted proporcionándome pociones, probablemente tendrá que preparar más, y, ehm, si tal vez podría ayudarle?
Ella lo miró rápidamente antes de reanudar el estudio del piso.
–Ya he reabastecido mi suministro de pociones para Dormir sin sueños– respondió– y tengo suficiente para suministrar hasta el final del año escolar.
–Oh.
Con otra mirada en su dirección, él vio su rostro decaer. Antes de que lo pensara, volvió a hablar.
–Sin embargo, le he prometido a Poppy unas pociones para el desmallo y algunas otras cosas.
Hermione lo miró. Casi rodó sus ojos ante la mirada ansiosa en su rostro.
–Si quiere, puede ayudarme con eso mañana, después del almuerzo.
Hermione simplemente asintió con la cabeza.
–Ahora, creo que es hora de cenar– continuó Severus. Él canceló el hechizo de privacidad y abrió la puerta.
–Después de usted, señorita Granger.
Juntos caminaron hacia el gran salón, ganando algunas miradas sorprendidas en el camino.
Al día siguiente Hermione lo estaba esperando después del almuerzo. Pasó junto a ella y ella simplemente lo siguió. No se pronunció palabra alguna durante su paseo a las mazmorras, pero por el rabillo del ojo pudo ver que se mordía el labio de nuevo.
Cuando pasaron junto al aula de pociones, escucho un sonido de confusión. Miró hacia los lados.
–No pensaba que íbamos a elaborar en el aula de pociones, ¿verdad, señorita Granger?
Él pudo ver que ella empezó a sonrojarse.
–Vamos a elaborar las pociones en el laboratorio privado de mis habitaciones.
La sorpresa en su rostro era casi cómica y él sonrió. Después de doblar en otra esquina se detuvo de repente -Hermione casi chocando con él- y colocó su mano contra la pared. En reacción a su toque las piedras se apartaron y formaron un arco.
Él entró en el salón de sus habitaciones y se volvió para ver la reacción de Hermione. Sabía que los estudiantes lo llamaban el murciélago grasiento de las mazmorras y sólo podía imaginar lo que pensaban que sus habitaciones serian.
Hermione había pensado obviamente algo similar mientras miraba la habitación con sus labios ligeramente separados. Resopló desagradablemente cuando la vio acercarse a la gran estantería con libros tan pronto como puso los ojos en ella. Hermione no parecía darse cuenta, ya estaba absorta. Él no pudo evitar notar que sus ojos se iluminaban mientras sus dedos acariciaban ligeramente las encuadernaciones de un libro.
Después de un par de minutos se aclaró la garganta. Hermione saltó como si hubiese olvidado por completo su presencia, se volvió roja una vez más y murmuró una disculpa. Severus trató de ignorar el hecho de que él encontraba la reacción bastante entrañable. También recordó por qué se había alejado de la bruja tanto como le era posible.
–Por aquí– dijo, y se volvió hacia la escalera de caracol que se veía detrás de un arco en la esquina más alejada de la habitación.
Su laboratorio estaba a medio camino de la escalera y no tenía paredes, piso o techo en común con el resto del lugar. De esta manera podría estar completamente aislado en caso de una emergencia. Por la mañana había modificado ligeramente la disposición de modo que ahora había dos estaciones de elaboración de cerveza en lugar de una y había añadido otra silla en su escritorio. También había preparado todos los ingredientes y herramientas necesarias para que pudieran ir directamente al trabajo. Severus caminó hacia uno de los calderos y levantó la vista cuando Hermione habló.
–¿Voy a elaborar el filtro de la paz?– preguntó mientras examinaba los ingredientes.
–Sí– respondió. –Supongo que conoce la receta.
Ella alzó una ceja hacia él con aspecto ligeramente insultado. Él asintió y se puso a trabajar. Al cabo de un rato miró hacia arriba para ver cómo estaba Hermione. Tenía el cabello recogido en un rodete desordenado y estaba pulverizando hábilmente el cuerno de unicornio, con una leve arruga entre sus cejas.
Recordó a la pequeña sabelotodo con cabello de arbusto que siempre había logrado preparar la mejor poción de la clase. Cuando la miró nuevamente tuvo que admitir que se había convertido en una mujer hermosa. Aquella espesa melena se había convertido en un elegante cabello ondulado que enmarcaba su rostro muy bien. Sus ojos eran de color avellana con un tinte de oro alrededor de las pupilas. Su estructura, una vez robusta, se había convertido en las curvas de una mujer y se las arregló para parecer frágil y fuerte al mismo tiempo.
Severus sintió el impulso de suavizar la arruga entre sus cejas y retorcer un mechón de cabello detrás de su oreja. Como si sintiera su mirada, Hermione lo miró y sonrió. Rápidamente bajó la mirada y reanudó su trabajo, reprendiéndose por ser sorprendido mirándola fijamente.
Gracias por leer.
