Yoshikage Kira se queda dormido en el sofá, y Johnny, que se ofreció a cuidarlo toda la tarde, lo lleva en brazos hasta su cama después de apagar el televisor. Su sombrerito blanco se le desprende de la cabeza en el trayecto.

Lo suelta con cuidado de acomodarle en una posición correcta, está a punto de alejarse hasta que siente un tirón en la camisa.

—Creí que te habías quedado dormido.

—Abuelo Jonathan...

—¿Qué sucede?

—Todavía me duele. —Kira le extiende la mano, un poco hinchada y cubierta por una gasa.

Resulta que un gato, de los que Holy rescataba lo había arañado esa misma tarde. El niño lo pisó después de eso y se echó a llorar por el dolor.

Johnny le desinfectó la herida al instante, pero el pequeño Yoshikage era siempre tan quisquilloso, así que lo vuelve a hacer cuando el niño se sienta en la cama.

—No le digas a mamá, pero no se ha movido desde hace un buen rato, —menciona cuando Johnny le pone una bandita adhesiva de color sobre el rasguño.

El rubio asoma la cabeza a la ventana que le señala Yoshikage, daba justo al jardín.

Entre las flores y los coches de juguete que había olvidado su nieto, percibe un bulto junto a la cerca y un zumbido lejano.

Su vista se enfoca, apenas un poco en la escasa luz que quedaba del ocaso y pudo distinguir la cabeza deshecha del animalito, ahí tumbado y las moscas orbitándole por encima.