Disclaimer: El mundo y los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la historia pertenece a Noppoh, quien me ha otorgado el permiso para traducir la historia.

Título original: A Happy Nightmare

Autor: Noppoh u/7858204/Noppoh

Traducción: Nerissa Nacreous


Capítulo 8

–¡Qué!– gritó, dejando caer de nuevo sus libros.

Hermione apenas notó cómo Snape volvía a congelarlos en el aire.

–Realmente deberías aprender a cuidar mejor esos libros– jadeó.

Hermione parpadeó, aturdida en silencio. Ella lo había estado evitando y cuando se topó con él, literalmente, esperaba una incómoda conversación sobre el incidente de pociones, no esto, fuera lo que fuese.

–Pero, cómo, pero, tú, pero...– tartamudeó. Su cerebro parecía que había detenido por completo y ahora se estaba reiniciando. Ella parpadeó un poco más. Entonces su enojo emergió en ella.

–¿Perdón? ¿Pero en que estabas pensando? ¿Dándome ordenes? No puedes simplemente decirme qué hacer, tú eres...

Ella tropezó mientras él la agarró de la muñeca y la arrastró hasta el aula vacía más cercana. Por el rabillo del ojo pudo ver que los libros flotantes los seguían obedientemente. Cerró la puerta y le puso un silenciador antes de dirigirse a ella.

–Señorita Granger.

–¡No me digas señorita Granger, ya no soy tu estudiante, no puedes ir a ordenarme! ¿Y si tengo planes?

–Simplemente dijiste que no.

–¡Eso no tiene sentido!– su voz sonó aguda. –No estás en condiciones de tomar una decisión así, ¡ni hablar sin consultarme!

–¡Señorita Granger!– él la interrumpió.

Ella cruzó los brazos y comenzó a golpear su pie en el suelo. Lo miró furiosa.

–Aunque no me sorprendería que seas tan adversa para pasar un tiempo tan largo conmigo, alguien tendrá que vigilarte.

Hermione sintió un poco de inquietud al oírle expresar su renuencia así. En realidad, para su propia sorpresa, no le importaba que fuera a pasar el verano con él. Era el hecho de que simplemente había decidido por ella lo que la había dejado en paz. Pero no había manera de que ella lo corrigiera.

–¿Por qué?– ella le devolvió el golpe.

Él la miraba atentamente.

–Los ataques de pánico y las convulsiones pueden ser muy graves.

Ella entrecerró los ojos. Él suspiró.

–Podría haber subestimado ligeramente la gravedad de los síntomas de abstinencia.

–¡Estás loco– repitió ella otra vez. –¿Dijiste que no eran grandes cosas? ¿Cómo te atreves a mentirme así?

–¿Los viejos hábitos tardan en morir?– él respondió.

Hermione lo miró fijamente. ¿Había intentado una broma? Ella se aclaró la garganta.

–Voy a pensar en ello– dijo, agarrando sus libros y marchando hacia la puerta.

–Hermione– la llamó.

Ella se volvió, sorprendida por el uso de su nombre dado la situación. Había una mirada en sus ojos que no podía descifrar.

–Tienes que estar vigilada– dijo– y honestamente creo que soy el más cualificado para interpretar tus síntomas.

Ella lo miró un momento antes de asentir y salir. Su enojo aún latía a fuego lento, se dirigió a su habitación, sin darse cuenta de los pocos estudiantes que pasó, ni cómo se escabulleron fuera de su camino después de una mirada a su rostro. Cerró de golpe la puerta.

–¡Como se atreve!– pensó.

Dejó caer sus libros sobre la mesa, su deseo de leer se había evaporado.

–¡Como se atreve!– Pensó de nuevo.

Necesitaba pensar racionalmente. Tal vez una buena taza de té la calmaría. Realmente sentía ganas de encontrar a Severus de nuevo y de convertirlo en el olvido. Ella resopló.

–No tendría ninguna oportunidad– pensó para sí misma– probablemente no sería capaz de pegarle aunque lo atacara mientras dormía. Ella puso los ojos en blanco y sonrió.

–Sería divertido intentarlo sin embargo.

Ya sintiéndose algo calmada, se acomodó en una cómoda silla con su té. Todavía estaba molesta de que le hubiera mentido acerca de la severidad de los síntomas de abstinencia que iba a tener. El pensamiento la llenó de temor. Si hubiese mentido, ¿qué tan malo sería? ¿Y por qué había mentido?

Ella apartó esos pensamientos a favor de los asuntos más apremiantes. ¿Qué iba a hacer? Si realmente necesitaba ser observada, los elfos domésticos de Hogwarts no lo harían. Pensó en las personas a las que podía preguntar algo así.

Sus padres todavía estaban en Australia, desconocen su existencia y por lo tanto no son una opción. Sintió una punzada de culpa cuando pensó en ellos. Ella había estado planeando devolver su memoria durante el verano, pero ahora no estaba segura de que sería una opción. Parpadeó para luchar contra las lágrimas que se le formaban en los ojos.

Harry y Ginny fueron rápidamente arrancados de su lista de cuidadores. Acababan de mudarse juntos y seguramente sólo se interpondría. Ron también fue eliminado por ser, bueno, Ron. Otra opción era Molly Weasley, pero Hermione no quería poner tensión en la matriarca Weasley. Sentía que la pérdida de Fred todavía estaba fresca para que ella le preguntara algo así. Hermione gimió al darse cuenta de que su última opción disponible era Snape.

–¡Tienes que ser un broma!– dijo en voz alta.

Con un suspiro empezó a examinar minuciosamente la opción. Dioses, ni siquiera sabía dónde iba durante el verano. ¿Se quedaba en Hogwarts o tenía una casa en alguna parte? Ella se decidió por la segunda opción puesto que él había declarado que iba a casa con él.

Eso significaba que llegaría a un lugar desconocido con un hombre que apenas conocía por un tiempo no especificado.

Una parte de ella tembló ante la idea. Seguramente eso era una receta para el desastre. Extrañamente, otra parte de ella no estaba preocupada por eso. Su mente vagaba por aquel sábado por la tarde. Todavía no había averiguado lo que había sucedido entonces. Sabía que desde aquella tarde fatídica no podía dejar de pensar en él, de que sus largos dedos le cepillaban el cabello, de lo cerca que estuvieran y de cómo quería que todo volviera a suceder.

Ella sacudió la cabeza tratando de detener su tren de pensamiento. No, ir con él definitivamente no era una buena idea. Pero de nuevo, no tenía otra opción.

–¿Confío en él?– se preguntó.

Una vez más, se sorprendió cuando la respuesta resultó ser un rotundo .

–¿Cómo puedo seguir confiando en él después de que me mintió de esa manera?– pensó. –¡Me tengo que estar volviendo loca!

¿Pero no se lo impondría como a Molly? ¿No era la matriarca Weasley la mejor opción entonces? Cuando Hermione se estaba preparando para irse a la cama, ella todavía no había resuelto su dilema.


Gracias por leer.