Disclaimer: El mundo y los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la historia pertenece a Noppoh, quien me ha otorgado el permiso para traducir la historia.

Título original: A Happy Nightmare

Autor: Noppoh u/7858204/Noppoh

Traducción: Nerissa Nacreous


Capítulo 10

Toda la mañana del viernes estuvo actuando muy nerviosa. Revisó sus habitaciones tres veces para artículos olvidados, desempacó y volvió a empacar su equipaje y luego revisó sus habitaciones una vez más. A las 13:50 de la tarde comenzó a caminar hacia las puertas principales.

En el camino intentó componer una cara neutral en su rostro. Ella sabía que estaba fallando miserablemente, y que sin duda miraría directamente a través de ella, pero sintió que podía intentarlo. Al acercarse a las puertas, vio a una figura vestida de negro de pie en espera. Se volvió para mirarla una vez que estuvo dentro del alcance auditivo. Podía ver que la estaba evaluando e hizo un poco más de esfuerzo en mantener su rostro neutral.

–Profesor– le saludó.

–Señorita Granger– respondió.

Le tendió el brazo derecho. Hermione apoyó su brazo sobre el suyo, sujetándolo por la muñeca. Ella se sorprendió cuando sintió su mano izquierda cubriendo la suya, manteniéndola firmemente en su lugar. Hermione sólo tuvo un momento corto para reflexionar sobre su comportamiento antes de que las náuseas y la compresión de la aparición los transportara a otra parte.

Desembarcaron en el borde de un bosque, al lado de un camino que conducía al interior de el. No había casa a la vista. Hermione miró a su alrededor confundida.

–Tendremos que caminar un poco– comentó Snape– las guardias aún no están conectadas a ti y te habrían tirado. Entre otras cosas.

Se puso en el bosque. Hermione sintió que su muñeca se deslizaba de su mano y sólo entonces se dio cuenta de que ella todavía la sostenía. Luchando contra su rubor, caminó tras su antiguo profesor.

–¿Quiero saber qué quieres decir con otras cosas?– preguntó después de algún tiempo.

Él miró en su dirección, una sonrisa perversa en su cara. Hermione supuso que no lo gustaría saber. Después de lo que había sido a unos dos kilómetros de caminata, Snape se detuvo y le indicó a Hermione que hiciera lo mismo. Sin preámbulos comenzó a agitar su varita murmurando y cantando hechizos a lo largo del camino. Hermione admiró su habilidad y su eficiente pero elegante travesía.

Ella se sorprendió cuando terminó con un golpe cerrado de su varita en su cabeza. A unos 200 metros frente a ella se materializó una cabaña.

–¡Oh!– exclamó ella. –Parece... acogedor– pensó.

La idea era tan extraña en relación con Snape que su mente tenía dificultades para progresar.

–¿Vienes o vas a quedarte allí de pie?

Hermione parpadeó y vio que ya estaba en la puerta. Ella corrió hacia él, una disculpa en sus labios pero él la detuvo.

–No había necesidad de correr, señorita Granger.

¿Cómo se las arregla para hacerme sentir tan inadecuada con una sola oración? Hermione pensó.

–Coloca la mano en la puerta al abrirla– prosiguió Snape.

Hermione hizo lo que le ordenaron y sintió un cosquilleo cuando se abrió la puerta. Se reveló un pequeño pasillo. Había una alfombra en el suelo, una escalera a su derecha y tres puertas. Podía apreciar cómo la estructura de madera de la cabaña dejó visible parte del diseño interior.

Acogedor, decidió, era todavía la palabra más adecuada para describirlo.

Elora apareció en la existencia para hacerse cargo de sus abrigos.

–Bienvenida a Spinners End– dijo Snape formalmente. –Ahora tienes acceso a todas las habitaciones, eres libre de ir y venir como quieras.

–Gracias– respondió Hermione. –Tengo la sensación de que tienes bastantes colecciones de hechizos en este lugar.

Snape la miró. –Fui un espía durante mucho tiempo, señorita Granger; como sabes, era necesario– hizo una pausa– y los viejos hábitos mueren con fuerza.

–Por supuesto– respondió Hermione, sintiéndose rechazada y preocupándose por su labio inferior.

Ella lo oyó soltar un pequeño suspiro. Buen trabajo Hermione, pensó para sí misma. ¡Estás en su casa por menos de cinco minutos y ya estás exasperando al hombre!

Snape señaló la puerta que había debajo de la escalera. –Abajo están mi estudio y mi laboratorio privado.

Él volvió a mirarla, dándole una mirada que le haría temblar en los primeros años.

–Primera regla Señorita Granger: No pase por esa puerta a menos que sea invitada o tenga mi consentimiento explícito. Si estoy ahí abajo y usted me necesita puede llamar, oiré.

Hermione asintió, sin confiar en sí misma para comentar.

–A través de aquí está la cocina.

Ella lo siguió a través de la puerta del medio y sonrió a la cocina pequeña pero práctica con una mesa redonda y una vista más impresionante del bosque. Había una puerta que conducía a un jardín bien cuidado.

–El desayuno es a las ocho, el almuerzo alrededor de las 12:30 y el restaurante a las 19 horas– comentó Snape.

Hermione asintió de nuevo. Atravesó la puerta del otro lado de la cocina.

–La sala de estar.

Apenas le dio tiempo para apreciar el cómodo sofá y sillones delante de una gran chimenea. Vislumbró una alfombra y una mesa de café antes de que volviera a llamar su atención.

–Y esto sin duda se convertirá en su escondite favorito durante su estancia– dijo. Hermione no sabía si estaba siendo sarcástico o no. Sin embargo, no podía importarle menos cuando abrió la puerta y reveló una biblioteca de dos pisos.

Observó cómo sus ojos se abrían y llenos de anticipación al abrir la puerta de su biblioteca. Ella reaccionó exactamente como él había esperado, tropezando en su afán de entrar y echar un vistazo a los libros. Adorable realmente. Suprimió una sonrisa. Luego, mentalmente se abofeteó por ambas reacciones.

La observó caminar entre las estanterías de libros, su dedo trazando las ataduras como lo habían hecho en su habitación privada. Desde que le había dado la opción de quedarse en su casa para recibir tratamiento, estaba confundido por su propia indecisión, tanto si quería que aceptara como si no. No es que alguna vez lo admitiera en voz alta.

La felicidad cuando aceptó le había golpeado completamente el equilibrio. Se había dado cuenta de lo nerviosa que estaba. Por otra parte, mirando desde su perspectiva, vivir con el profesor de pociones no sería una previsión feliz. Por segunda vez aquella tarde dejó escapar un pequeño suspiro.

Espero que esto no se convierta en un hábito, pensó.

Pero de alguna manera, con Hermione alrededor, sinceramente dudaba que pudiera escapar de ella. Caminó hacia la escalera de caracol en el otro extremo de la habitación.

–Vamos señorita Granger, habrá mucho tiempo más tarde para que absorbas más conocimientos como la esponja que es.

No miró hacia atrás para ver su reacción, pero ascendió la escalera. El sonido de sus movimientos le decía que seguía. Severus continuó su recorrido por la casa abriendo la puerta del pasillo del primer piso. Señaló la puerta de su habitación.

–No hace falta decir que no debes entrar.

Al final del pasillo señaló la puerta del baño.

–Compartido así que por favor, no olvides bloquearlo, señorita Granger.

Estaba encantado cuando una mirada sorprendida cruzó su rostro y ella comenzó a sonrojarse.

–Y este será tu cuarto durante toda tu estancia– dijo mientras abría la última puerta.

–Elora ya ha puesto tu equipaje en la habitación, te veré en la cocina.

Con una inclinación de cabeza giró y bajó las escaleras al pasillo de abajo. Se preguntó cómo iba a sobrevivir a esta situación.