Está mojada. Su Perla está mojada y fría.
Oh, Perla.
Enrico le sostiene las manos y se las coloca en sus propias mejillas, como ella lo hacía en vida.
Pero su cara ya no es como antes. Tiene sentido, con el tiempo que lleva sumergida debajo del acantilado...
Su pobre Perla.
Recordar lo que pasó con West le da asco, pero se da más asco él mismo...
Quiere besarle las mejillas a su hermana antes de dejársela a los paramédicos que bien no pueden hacer nada por ella. Pero la mano en su mejilla se siente helada, sus ojos ahora opacos le perturban, y sus labios agrietados por el paso del tiempo lo repelen.
Se queda mirando en cambio los colores de las sirenas de la ambulancia y la policía mientras la arrebatan de sus brazos.
Y así, en un día, Enrico ya no tenía más hermanos.
