—Magnífico, lo que faltaba. —Gyro lanza la madera que había recolectado para la chimenea y se sacude la nieve de las botas y la ropa.
Recién habían llegado a la cabaña a pasar las vacaciones, iban a dar una vuelta al río que tenían a un kilómetro de ahí cuando empezó a nevar monumentalmente.
—Qué lástima. —Johnny le da un cálido abrazo a Gyro cuando se inclina, está temblando por el frío. —Te tendrás que conformar con quedarte maratoneándo en la sala.
—Claro que sí, Johnny Snow. Pero me dijeron que habían caballos salvajes cerca de aquí. Che cazzo.
—Tal vez mañana, Gyro, —sonríe. —Ánda, llévame a la cocina, tengo hambre —Johnny levanta los brazos hacia Gyro, en un gesto que se le hace de lo más tierno y lo carga hasta allá.
Terminan bebiendo más café que el predilecto chocolate caliente.
