Los pequeños Foo y Anasui tropezaron dentro del lago poco profundo después de irse persiguiendo por toda la orilla.

El niño salió a respirar primero y hundió la cabeza de Foo con una mano dentro del agua verdosa. Esperando que no saliera hasta que le cediera la flor que encontraron juntos en la orilla, entre el musgo y los lirios verdes.

-Dámela, maldita perra.

Pero Foo se retorció y lo arañó y pataleó con esas piernas tan cortas que tenía. El agua se le filtró hasta la nariz y la sensación de ardor le dió algo de fuerza para contrarrestar al empuje de Anasui.

-¡No! ¡suéltame! ¡ya no la tengo! -Escupió con algo de rabia y agua cuando salió a respirar, alejándose de él.

Con las lágrimas resbalando por las mejillas y su overol empapado, a Anasui le dieron ganas de ahogarle de nuevo, pero luego recordó que era más importante conseguirle más de esas flores bonitas a Jolyne y se alejó de Foo, no sin antes empujar en su dirección más agua con un movimiento de la mano.

Foo tomó unos segundos para recuperar el aire por completo y extendió las manos, revelando la flor blanca, ya algo maltratada. Se dio cuenta de que a pesar de todo lo malo que le hizo, seguía conservando cierta belleza y también ese olor a miel que tanto le gustaba.