Disclaimer: El mundo y los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la historia pertenece a Noppoh, quien me ha otorgado el permiso para traducir la historia.
Título original: A Happy Nightmare
Autor: Noppoh u/7858204/Noppoh
Traducción: Nerissa Nacreous
Capítulo 15
Cuarenta minutos después Hermione se despertó frente a la chimenea, una vez más siendo humana. Desorientada, se sentó y miró a su alrededor. Encontró a Severus observándola desde una silla en la mesa, arremolinándose con una copa de vino tinto.
–Te transformaste hace unos cinco minutos– le informó.
–Oh– dijo mientras luchaba por levantarse. –¿Espera, mientras dormia?
–Aparentemente sí.
–Pero se supone que eso no debe suceder.
–Lo sé.
Hermione hizo una mueca cuando su columna se tensó y protestó. Se estiró, causando un par de de sonidos más y tomó su lugar habitual en la mesa.
–Bueno, probablemente no debería estar tan sorprendida con la forma en que mi magia ha estado actuando.
Severus no respondió a eso. Podía sentir que él aún la estaba mirando. Había una mirada extraña en su rostro. Hermione se giró para mirarlo.
–¿Cuándo te convertiste en un animago de todos modos?– ella preguntó. –Eché un vistazo a los registros cuando me registré y no participaste.
Una sonrisa irónica apareció. –¿Oficialmente o extraoficialmente?– preguntó.
Hermione se rió suavemente. –Ambos– dijo.
–Dominé la transformación de animago entre la primera y la segunda guerra".
–¿Fuiste aprendiz de McGonagall?– ella preguntó.
–No– respondió– me enseñé a mí mismo. Hermione parpadeó sorprendida. –No me inscribí porque ni Dumbledore ni yo estábamos convencidos de la derrota del señor Tenebroso. Ambos acordamos que sería beneficioso si no se conocía.
–¿Dumbledore aprobó que te enseñaras a ti mismo?– Hermione interrumpió con el ceño fruncido.
Severus le lanzó una mirada mordaz. –Le informé una vez que tuve éxito, no mientras aprendía. No había necesidad de contarle todo lo que sucedía en mi vida.
Ella comenzó a sonrojarse y miró hacia la mesa. Una copa de vino apareció en su línea de visión. Hermione la miró con sorpresa. Miró a Severus justo a tiempo para verlo rodar sus ojos hacia Elora. Ella casi había olvidado la presencia de la elfina. Tentativamente, tomó un sorbo del vino tinto. Estaba delicioso. Severus continuó su historia.
–Durante la segunda guerra, la habilidad animago sí demostró su valía. Ahora que la guerra ha terminado y el señor Tenebroso ha sido derrotado para siempre, no había razón para mantenerlo en secreto. Sin embargo, no habría sido favorable simplemente aparecer en el Ministerio sin registros de aprendices, incluso esos idiotas se habrán dado cuenta de que no aprendes una habilidad como esa mientras espías durante una guerra .
Hermione sonrió ante su elección de palabras.
–Minerva propuso tomarme como aprendiz, diciéndoles a todos que era una habilidad que siempre quise aprender, pero que nunca tuve el tiempo.
Se volvió hacia Hermione, que previamente había estado mirando por la ventana.
–Acordamos en abril como mi fecha de maestría. Eso fue aproximadamente dos semanas antes de que le pidieras a Minerva tu propio aprendizaje. Él bufó y frunció el ceño. –Ahora todo el mundo piensa que aprendiste más rápido que yo. Superado por una estudiante.
Hermione no sabía estar horrorizada o divertida. Ella se decidió por el último y se rió. Severus frunció el ceño con más fuerza.
–No creo que nadie realmente preste atención a esas cosas– trató de consolarlo.
–Minerva lo encontró muy entretenido.
Hermione se imaginó a la directora burlándose de Severus sobre la situación y se rió de nuevo. Afortunadamente Elora eligió ese momento para servir la comida: pasta con verduras y pesto. Hermione podía oler un pastel de chocolate horneándose en el horno para el postre. Todavía riendo un poco, comenzó a recoger pasta con su tenedor.
El siguiente par de días transcurrieron con calma. Hermione se estaba volviendo un poco optimista sobre su rehabilitación. Su magia parecía comportarse una vez más y había experimentado menos insomnio y pesadillas.
Tumbada en el sofá de la biblioteca, Hermione estaba leyendo un libro sobre runas antiguas. Frunciendo el ceño ante la interpretación del autor, ella perezosamente movió su varita para convocar un libro de referencia. Alerta por un ruido extraño alzó la vista. Hermione chilló y rápidamente cubrió su rostro cuando vio al menos veinte libros volando en su dirección.
Casi al instante Severus se apareció junto a ella. Después del incidente del incendio, él había puesto en marcha una alarma cada vez que ella gritaba o chillaba. Comenzó a reír a carcajadas al ver a Hermione cubierta de libros. Pronto se unió a Elora quien también había aparecido.
–Esto. Es. No. Gracioso– Hermione dijo, tratando de sonar molesta pero estando demasiado cerca de la risa para manejarlo. Aún sonriendo ampliamente, Severus la ayudó a levantarse entre los libros mientras Elora comenzaba a enviarlos hacia atrás chasqueando los dedos.
–¿Supongo que otro hechizo salió mal?– preguntó.
–Sí– respondió Hermione– convoqué solo un libro de referencia. Supongo que algunos otros decidieron acompañarnos.
Ella le sonrió. Estaban de pie muy cerca uno del otro. Todavía estaba sosteniendo sus manos en las suyas. Podía olerlo, especias, pociones y ese olor que era exclusivamente suyo. Había una mirada extraña en sus ojos.
–¿Te lastimaste?– preguntó en voz baja.
–No– respondió ella– quizás algunos moretones en mis brazos, nada más.
Para su sorpresa, sus largos dedos comenzaron a rozar sus brazos desnudos. Ella hizo una mueca cuando tocó esos moretones e inmediatamente un calor comenzó a extenderse desde su mano. ¡Estaba curando su moretón!
Ella lo miró con los ojos muy abiertos. Esa extraña mirada todavía estaba allí y no sabía qué pensar de eso. Cuando sus manos buscaron la suya una vez más, parpadeó y de repente se alejó. Esa mirada desapareció de su rostro.
–Te dejaré con tu lectura– dijo y se fue.
Hermione siguió mirando el lugar que había desocupado durante mucho tiempo. Ella no sabía qué pensar de su comportamiento, ni de su repentina partida. Trató de reanudar su lectura, pero no pudo mantenerse enfocada. Su mente siguió repitiendo el evento, tratando de darle sentido.
Severus escapó a su estudio. ¿Qué había pasado por él? ¿Por qué se había sentido tan preocupado por algunos moretones? ¿Por qué había sentido la necesidad de sanarlos?
Él comenzó a pasearse frente a su escritorio. Se había visto mirando a la bruja en múltiples ocasiones en los últimos días. En el desayuno cuando todavía parecía un poco soñolienta. Cuando ella estaba tomando el sol en el patio trasero como un lince. Por la tarde, cuando estaban leyendo en la biblioteca. Ella tenía la costumbre de curvar los dedos de los pies cuando estaba intrigada o encantada con lo que estaba leyendo.
Severus se dio cuenta de que estaba mirando a lo lejos y con un gruñido reanudó a la fuerza el ritmo.
–Necesito deshacerme de esto, esto... ¡lo que sea que sea! Pensó: No servirá. Está interfiriendo con mi vida.
Su mente vagó de regreso a Hermione. Su piel se había sentido tan suave debajo de sus dedos. Él había olido de nuevo su aroma único. Ella siempre olía tan bien, se preguntó si era solo ella o si tenía la costumbre de usar perfume.
Con una maldición, prohibió sus pensamientos traicioneros en el fondo de su mente. Luchó con ellos por el resto de la tarde.
Gracias por leer.
