—¿Sabías que les dicen flores del infierno?
—¿Sí? Ah, ¿Por eso me la estás ofreciendo? —Josuke camina un poco más cerca de él. El chico con pinta de extranjero le está empezando a hablar sobre cosas sin sentido, y sólo espera darle un buen golpe si es que llega a decir algo que no le guste.
—Es que no te ves como las flores convencionales. —Giorno hace bailar entre sus dedos la flor que cortó hace poco cerca del río, tenía tiempo sin visitar Japón ni ver una de esas.
Su tono de voz hace a Josuke sonrojarse un poco, por no saber si es un cumplido u otra cosa.
—Tú también eres como una... ¿flor?, quiero decir, tu cabello parece una flor. No tu cabello, sino, tu rostro, tienes un buen rostro y... un lindo cabello. No, sí...
—También me gustan tu cabello y tu rostro... —Sonríe con algo de humor, notando el rosado de las mejillas del otro.
Koichi, que los acaba de presentar, se sostiene el puente de la nariz. Ahora ya no sabe cómo formular una explicación prudente sobre por qué los citó y poder romper su burbuja.
