Disclaimer: El mundo y los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la historia pertenece a Noppoh, quien me ha otorgado el permiso para traducir la historia.
Título original: A Happy Nightmare
Autor: Noppoh u/7858204/Noppoh
Traducción: Nerissa Nacreous
Capítulo 16
Esa misma noche Severus fue despertado por gritos. Había escuchado a Hermione gritar en sus pesadillas antes, pero nada tan conmovedor y angustioso como esto. Agarrando su varita se levantó para asegurarse de lo que le pasaba.
Con una camiseta conjurada en la parte superior del cuerpo, salió al pasillo. Estaba a mitad de camino a su habitación cuando Hermione salió de ella. Con un Lumos susurrado, dio a conocer su presencia.
Hermione saltó sorprendida a solo un metro frente a él. Ella lo miró mientras una plétora de expresiones cruzaban su rostro antes de acortar la distancia, agarrando su camiseta y sollozar contra su pecho.
Sorprendido por completo, Severus se congeló. No sabía qué hacer con una bruja que lloraba y mucho menos con una que se aferraba a él como si le fuera la vida. Después de que la primera conmoción disminuyó, se dio cuenta de que estaba mascullando entre sollozos.
–Murieron, todos murieron, todos murieron, tuve que verlos morir, murieron ...
Ahora eso era algo con lo que él podría trabajar.
–¿Quién murió, Hermione?– preguntó suavemente.
–Todos– murmuró, su cara aún enterrada contra su pecho.
La idea de cuán aún más incómodo hubiera sido si él no hubiera encantado esa camiseta revoloteó por su cabeza.
–Harry, Ron, Ginny, Luna, Neville, el resto de los Weasleys, Lavender, Cho, McGonagall, Flitwick, Poppy– recitó. –Mis padres– susurró y luego agregó, tan suavemente que casi no lo escuchó– tú.
Sus sollozos se volvieron más pesados de nuevo. –Y no había nada que pudiera hacer, solo tenía que mirar. ¡Todos murieron!
El hecho de que pudiera racionalizar y mantener la calma cuando despertaba después de tener pesadillas de su propia muerte, pero que estubiera tan atormentada después de ver morir a los demás, hablaba mucho sobre su forma de ser, pensó Severus. Encantando una luz para flotar sobre sus cabezas, él se guardó su varita en el bolsillo y envolvió sus brazos alrededor de la temblorosa bruja, torpemente tratando de consolarla.
–Fue solo un sueño Hermione– dijo en voz baja. –Todavía están vivos. No pasó nada.
–¡Pero fue tan horrible!
–Lo sé, lo sé.
Apenas notó cómo una mano le subía y bajaba por la columna mientras que con la otra la mantenía cerca de él, su mente estaba analizando sus palabras. Se negó a pensar en la forma en que ella se había referido a él, pero había algo acerca de cómo ella había mencionado a sus padres. Se dio cuenta de que, de todas las historias que había escuchado en las últimas semanas, ni una sola vez había hablado de ellas.
Con un último suspiro la sintió relajarse contra él. Casi de inmediato ella dio un paso atrás y se liberó de sus brazos. Sintió cierta reticencia a dejarla ir.
–Oh, lo siento Severus, no tengo idea de lo que me pasó– exclamó.
Miró sus ojos enrojecidos y su cara manchada. –¿Estas bien?
–Sí, sí, estoy bien ahora. Fue solo una pesadilla.
Ella no lo estaba mirando y él frunció el ceño.
–Uno de los peores hasta ahora– insistió.
–Sí, bueno, ¿me sorprendió?
Se mordió el labio y cambió su peso de una pierna a otra. Él no le creía, sentía que había algo más de lo que ella estaba diciendo.
–¿Qué no me estás diciendo?
Ella cambió su peso nuevamente. –Yo, uhm, debería estar volviendo a la cama– dijo.
Ella hizo a girar pero él la agarró del brazo. Con la otra mano, levantó la barbilla para que ella lo mirara.
–Hermione– dijo en voz baja– ¿dónde están tus padres?
Incluso a la pálida luz, él podía ver su rostro perder todo color. Se mordió el labio otra vez y una expresión dolorida cruzó su hermoso rostro. Ella no respondió. Él asumió lo peor.
–¿Murieron? Nunca oí de un ataque en su casa ...
–No murieron– susurró.
Le tocó la barbilla de nuevo, obligándola a mirarlo. –¿Que pasó?– insistió amablemente.
Una lágrima rodó por su mejilla y, sin pensarlo, se la secó con el pulgar.
–Están en algún lugar de Australia.
Tuvo que esforzarse para escuchar sus palabras en voz baja.
–Después del sexto año– respiró fuertemente– borré sus recuerdos. No me recuerdan en absoluto. Les planteé la idea de mudarse a Australia. Fue lo mejor que pude pensar para mantenerlos a salvo.
Las lágrimas corrían libremente por su rostro. Severus se congeló ante sus palabras. Miró a la bruja frente a él. El autosacrificio y la valentía necesaria para tal acto lo desconcertaban. Estaba asombrado de la fuerza que poseía la bruja. Se sentía triste y de alguna manera culpable, tenía que pasar por eso para salvar a sus padres.
–Iba a encontrarlos este verano, pero no sé si tendré tiempo, dadas las circunstancias– continuó.
Severus estaba horrorizado. Sabía que él era al menos parcialmente responsable por el hecho de que no podía ir a buscarlos, si no completamente.
–No me lo merezco.
No sabía de dónde había venido el pensamiento, pero no podía negar su verdad. Ella estaba cambiando su peso nuevamente.
–Lo siento– dijo finalmente.
Sintió que sus palabras eran muy inadecuadas. Él también cambió su peso, sintiéndose incómodo.
–Quizás deberíamos volver a la cama.
Dio un paso atrás. La cabeza de Hermione se disparó.
–Por favor no te vayas– espectó. Parecía igualmente sorprendida por sus palabras como él y comenzó a sonrojarse furiosamente.
–¿Hermione?– él preguntó.
Ella se mordió el labio y se inquietó. –¿Crees que ... podrías ...? Uhm ... ¿te importaría sentarte conmigo hasta que me duerma otra vez? Yo, uhm, preferiría no estar sola.
Él la miró por un largo tiempo. Ella arrastró los pies.
–¿Sentarme contigo?
–Sí, eso es, pero no debería haber preguntado, no estoy en posición de preguntarte esto, fue una tontería preguntar, lo siento. Olvídalo. Buenas noches, Severus– Ella se volvió hacia su habitación.
–Está bien– dijo.
Se detuvo y miró por encima del hombro. –¿De acuerdo?
–Entiendo que no deseas estar sola, así que me sentaré a tu lado.
Por un momento pareció aliviada pero luego se irguió.
–No tienes que hacerlo si no quieres– dijo.
Una vez más, se sorprendió por su fuerza. Realmente no la merezco, pensó. En voz alta, dijo: –No me importa hacerte compañía.
Ella le sonrió y él la siguió a su habitación. La luz flotante iba sobre ellos.
–Odio el Borgoña– murmuró en voz baja.
Hermione se rió entre dientes. Él tiró de la silla cómoda al lado de su cama mientras subía. Notó que ella eligió el lado más cercano a él a pesar de que el estado de la almohada y su varita en la mesilla de noche indicaban claramente que normalmente dormía del otro lado.
Ella se acurrucó de lado, tratando de ponerse cómoda.
–Gracias por quedarte– dijo antes de cerrar los ojos.
–Hmm– respondió sin compromiso antes de atenuar su luz flotante a una fuerza que se asemeja a la luz de la luna. Él la miró desde la silla, sus manos descansando cómodamente en los apoyabrazos.
Era obvio que Hermione tuvo poca suerte en recapturar el sueño. Después de unos diez minutos de dar vueltas y vueltas infructuosas, abrió los ojos. Se estaba mordiendo el labio, como si no estuviera segura de qué hacer.
Justo cuando Severus estaba a punto de decir algo, ella, vacilante, se acercó y le tomó la mano. Sorprendido, se mordió la lengua. El toque hormigueó por su piel. Su mano se sintió tranquilizadora y cálida en la suya. Él la tomó mejor.
Mirando sus manos vinculadas a su rostro, vio su respiración lenta hasta el ritmo tranquilo y pacífico del sueño. Su rostro relajado. No podía negar que se veía absolutamente hermosa. Por un largo tiempo, simplemente la miró.
Gracias por leer.
