Joseph Joestar
(1920-2002)
Hay unas flores marchitas sobre la tierra, que hace un par de días eran quizá un arreglo de esos bonitos y costosos que le dejaban cada semana.
Usa a Crazy Diamond para regresarlas a su estado anterior, y entonces los lirios blancos y amarillos adornan la tumba de su padre otra vez. El olor que desprenden es dulce y casi abrumador para la nariz congestionada de Josuke.
Junto a Joseph están un par más de mármoles con nombres que no logra reconocer, ni aunque intentara.
—¿Quién era Jorge? —le pregunta a Jotaro, que ha estado de pie junto a él mientras Josuke se limpiaba las lágrimas en los últimos veinte minutos. Cuando habla, intenta que la voz no le tiemble.
—El padre de Joseph, creo, o si no, es el padre de Jonathan. Mira, esta gente simplemente no debería ponerse los mismos nombres...
Revisa la fecha grabada rápidamente antes de darle respuesta.
—Sí, es tu abuelo.
Aún de cuclillas cerca de la lápida piensa en su otro abuelo, también fallecido, y las retinas le arden por un segundo.
—¿Crees que le hubiera caído bien?
—No lo sé, él murió cuando el viejo senil estaba en pañales.
Frunce los labios y vuelve la vista a la fecha de defunción una última vez. "Amado esposo, padre, abuelo..."
—Creo que ya debería irme. Muchas gracias por dejarme verlo. —Se inclina cortésmente, aunque realmente no necesitara agradecer por que le dejaran ver a su padre en absoluto.
—Oye, Josuke —le llama antes que pise el umbral del cementerio —La abuela Suzie quiere que te quedes hoy... a cenar. —Y usa esa voz autoritaria para que al chico no se le ocurra rechazarlo al instante.
Los labios de Josuke tiemblan un momento y siente ganas de correr lejos para evitarse de esa situación.
Se percata que desde la ventanilla de un auto, la mujer mayor de pelo cenizo lo observa con atisbo de cariño y algo de añoranza en sus ojos cansados. Ella ha estado esperando fuera de la entrada del cementerio antiguo, y ya no sabe si es capaz de decirle que no.
