Obviamente los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.

Conociendo a Edward

No, definitivamente no podía tener tan mala suerte.

Y ahí estaba ÉL. Con su maldita sonrisa perfecta y sus ojos verdes, mirándome con cara de suficiencia. Ni siquiera trató de ocultar su sonrisa. El idiota sabía desde esta mañana que yo iba a trabajar con él. No, peor, PARA ÉL. Este no iba a ser mi día.

Encantado, señorita… Swan, ¿verdad? – preguntó. Eso, finge no conocerme y finge que esto no está resultándote lo más divertido del mundo.

Solo Bella – Solté. Sinceramente, lo último que necesitaba era que su familia y demás miembros de la junta pensaran que era una amargada… pero cielo santo, esto me estaba sacando de quicio.

Afortunadamente Carlisle, en su profunda misericordia nos sacó de aquel momento incómodo – al menos para mí – y me invitó a conocer el resto del edificio. Cullen Residentials era absolutamente enorme. El rascacielos se levantaba sobre cuarenta pisos de altura, siendo el último y más alto donde se ubicaban los despachos de los cargos más importantes y la sala de juntas. Según me informó Carlisle, mi despacho se ubicaría en el piso inferior, por lo que me sentí aliviada, ya que intuía que Edward estaría más lejos de mí así.

No era que el chico me hiciese sentir incómoda, tampoco me caía mal… pero me ponía nerviosa. No esperaba conocer a alguien aquí tan pronto, más bien deseaba disfrutar de una temporada sola, conociéndome un poco más y aprendiendo a vivir únicamente conmigo misma. Pero esto chico había llegado en un momento de mi vida que no podía ser el menos indicado…

Cuando Carlisle terminó de explicarme, a grandes rasgos, la distribución del edificio me acompañó hasta el que sería mi despacho. Justo delante de la entrada a este había una pequeña recepción, donde una chica morena tecleaba sin parar en su ordenador portátil y hablaba por teléfono con unos auriculares de manos libres. Cuando finalizó la llamada se giró hacia nosotros, con el ceño fruncido, preguntándose qué hacíamos allí, o más bien, qué hacía yo allí.

Hola Jessica, te presento a Bella Swan, la nueva gerente del área de contabilidad y tu jefa. – Vaya, eso no lo esperaba, ¿su qué?

Bella, ella es Jessica, es tu secretaria. Lleva trabajando algunos años ya para nosotros y conoce a la perfección el funcionamiento de tu área, te ayudará a ponerte al día, aunque no creo que necesites demasiada ayuda, tú también nos conoces. – Vale. Tenía secretaría. No contaba con ello, la verdad.

Me quedé mirando a Jessica, esperando que se presentase, o dijese cualquier otra cosa, pero simplemente miró a Carlisle con cara de estupefacción.

Pero señor Cullen, yo pensé que no iba a cubrirse el puesto con alguien…nuevo. – dijo nerviosa – Es decir, desde que la señora Filch se marchó yo llevo encargándome de gestionar el área contable y creía que lo estaba haciendo bien… - Oh, vaya. Genial, había llegado a ocupar un puesto por el que esta chica había estado peleando hasta ahora… Como siempre, Bella, haciendo amigos.

Y has hecho un trabajo estupendo, Jessica, te estamos muy agradecidos. Pero la señorita Swan está más que cualificada para ocupar el cargo y, además, ya había estado trabajando antes en otra de nuestras sucursales. Estoy seguro de que ambas haréis un muy bien equipo. – Se giró hacia mí – Y ahora, Bella, instálate. Espero que estés cómoda aquí y encuentres todo lo que necesitas – Esto último lo dijo mirando de reojo a Jessica – pero cualquier cosa, ya sabes dónde encontrarnos a mí o a cualquiera de los muchachos. – Y con esto, se marchó hacia el ascensor dejándome allí, de pie frente a la puerta del que sería mi despacho y frente a una chica que, podía intuir, me odiaba profundamente.

Jessica yo… - Ni siquiera sabía cómo empezar. ¿Me disculpaba? Ni siquiera sabía por qué exactamente debía hacerlo… - Siento estar aquí ocupando el puesto… No sabía que tú querías… - Dios, la estaba cagando todavía más. La chica me miró, al principio algo confusa, pero después relajó su expresión.

No se preocupe señorita Swan, tengo claro cual es mi lugar en esta empresa. Si me da unos minutos, buscaré los documentos en que estamos trabajando ahora mismo y se los llevaré a su mesa. Hay algunos que necesitan ser firmados hoy mismo, y otros que puede revisar con algo más de tiempo. Al otro lado del pasillo se encuentra la sala de contabilidad, donde los trabajadores contables trabajan a diario en las cuentas de la empresa. Cualquier cosa que desee consultar sobre el día a día de su trabajo, la pondré en contacto con Mike Newton, el coordinador del área. – Vaya, todo esto sin para a coger aire – ¿Necesita algo más? Un café, ¿tal vez? -

Eh, oh, no, gracias. – Genial, Bella, deja de parecer imbécil, ¿quieres? – Quiero decir, muchas gracias. Empezaré a instalarme y, en cuanto puedas, me gustaría que entrases y nos pusiéramos al día con todo un poco, ya sabes. – Obviamente conocía al dedillo cada uno de los movimientos en la contabilidad de Cullen Residentials. Durante mis prácticas estuve haciendo prácticamente todo el trabajo de contabilidad en la sede de Washington. Mi tutor resultó ser un tipo algo vago, por no decir un inútil total, de modo que en seguida aprovechó mi presencia allí para liberarse de la carga de los números.

Por supuesto, señorita Swan. – Definitivamente, yo le caía mal. Pero al menos esta chica sabía ser cordial, eso iba a facilitar muchas cosas.

Con una sonrisa me despedí de ella y entré al despacho, quedándome automáticamente sin palabras. Era demasiado perfecto. De las cuatro paredes, dos de ellas estaba completamente forradas de estantes, llenos de libros de todo tipo, desde enciclopedias generales hasta los manuales de contabilidad más actualizados del mercado… Definitivamente, aquí tomaban muy enserio su trabajo. Pero lo mejor era la pared que quedaba justo en frente de la puerta de la entrada, que más que una pared era un ventanal que dejaba ver casi todo Londres. Increíble, tenía probablemente las mejores vistas a la ciudad de todo el edificio. Delante del ventanal había una mesa enorme de cristal, sobra la que se encontraba un ordenador – que parecía de los caros –, algunos libros apilados y demás materiales de oficina. Esto era el paraíso de los nerds como yo… Junto a la puerta había un sofá y una butaca, rodeando una pequeña mesa de café que suponía sería para recibir algunas pequeñas visitas de otros trabajadores. Dejé mi bolso encima de la mesa de escritorio y me quité el abrigo, dejándome caer en la silla de escritorio y dando vuelta con esta mientras empezaba a reír. No podía creerlo. Estaba en Londres, trabajando de lo que más me gustaba en el mundo, los números, para una gran empresa y, además, tenía un despacho personal precioso.

Sin dejar de reír, empecé a escuchar otra risa cerca, una que no era la mía. ¿Qué diablos…?

Veo que te diviertes. – Mierda. ¿Cuánto tiempo llevaba él aquí? Me quedé quieta de inmediato, sentándome lo más erguida posible frente a la mesa, intentando mirarlo con seriedad, aunque ya podía intuir mis mejillas del color rojo más intenso posible.

Señor Cullen, ¿necesita algo? – Obviamente debía empezar con las formalidades. De hecho, jamás lo hubiese llamado por su nombre de pila de saber que era el hijo del dueño de la empresa. Pero claramente, él no pensaba lo mismo.

¿Señor Cullen? Creía que después de nuestro accidente en el supermercado y nuestra sesión de footing, tendríamos más confianza. – Se acercó al escritorio con las manos en los bolsillos, sonriendo de lado y viéndose increíblemente atractivo. Mierda. Piensa, Bella, piensa. Rápido.

De haber sabido que trabajaría para usted, jamás hubiese dejado de lado los formalismos, señor Cullen. – hice énfasis en su apellido – De modo que creo que lo mejor es que nos tratemos como lo que somos, una gerente y su jefe.

Se quedó callado unos minutos, como pensando lo que acababa de decirle. Pero fuese lo que fuese en lo que pensaba, su sonrisa no hizo ni amago de desaparecer. Este hombre disfrutaba de ponerme nerviosa.

Bien, Bella. Perdón, señorita Swan. Si es lo que quiere, empecemos con los formalismos. Pero ni crea que voy a ignorarla, sabe que me cae bien, que ha llamado mi atención y que quiero conocerla. Me da igual si quiere que la tutee o que empiece a tratarla como a la gerente nueva, llegaré a mi objetivo de todas formas. – A medida que iba hablando se iba acercando más, hasta que terminó con los brazos apoyados en mi mesa, con su cara a centímetros de la mía. Este hombre iba a matarme. Respiré. Mierda, cuando estaba tan cerca olvidaba hasta respirar. – ¿Señorita Swan? ¿Sigue aquí? – Maldición.

Sí, sigo aquí. – Mierda, Bella, ¿en serio? Tienes a este hombre a dos centímetros de tu cara ¿y solo dices eso? – Edward rio, soltando un respiro que llegó a mí, acabando de aturdirme si es que eso era aun posible.

Empecé a mover mis labios en un intento de decir algo, pero entonces se abrió la puerta. Jessica entró, observando la poca distancia que nos separaba a Edward y a mí, y carraspeó.

Disculpe, señorita Swan, no sabía que se encontraba…ocupada. – Evidentemente le molestaba haberlos encontrado así, pero ¿a quién no? Se supone que eres la nueva gerente, Bella, ¿qué diablos haces con la cara de tu jefe a dos centímetros de la tuya? Hasta yo me caía mal en estos momentos.

No, Jessica, pasa. El señor Cullen ha venido a presentarse, pero ya se va. – Dije separándome de Edward y mirando a Jessica con toda la dignidad que me era posible en esos momentos.

Edward se irguió con toda la elegancia del mundo, como si nada hubiese pasado – y, de hecho, nada había pasado, pero yo estaba histérica – y se retiró hacia la puerta.

Cierto. Solo venía a presentarme. Ya sabe donde encontrarme, señorita Swan, si necesita cualquier cosa… - Y se marchó sin ni siquiera mirar a Jessica, cosa que, por la expresión de la chica, debió molestarla sobremanera.

Solo venía a dejarle los documentos que le había comentado. Se trata de los presupuestos de los nuevos proyectos que están empezando a ultimar los arquitectos. Está todo revisado por mí, pero el señor Carlisle insistió – dijo esta última palabra con molestia en su voz – en que los revisase usted antes de empezar con las obras. Si no necesita nada más, estaré fuera. – Espetó mirándome con frialdad. –

Está todo bien, Jessica, gracias. – Me giré y me senté en la mesa dispuesta a revisar los documentos, cuando ella empezó a caminar hacia la puerta, pero me sorprendió girándose y enfrentándome:

La próxima vez, llamaré antes de entrar, señorita Swan, descuide. No quiera volver a interrumpir otra de sus…reuniones. – Dijo con sorna. Y, sin más, se marchó dando un portazo y dejándome sin palabras.

Bien, Bella. Ahora tu secretaria no solo te odia por haberte quedado con el puesto que ella deseaba, sino que además cree que estás intentando ligarte a uno de los jefes. Maravilloso. ¿Balance del día? Peor imposible.

Me dispuse a mirar de nuevo los papeles que había dejado Jessica sobre mi mesa, pero encontré algo que obviamente no formaba parte de ningún presupuesto. Era un post-it verde que juraría no estaba en la mesa cuando llegué al despacho unos minutos atrás. Cuando la leí no pude creerlo. En una perfecta caligrafía podía leerse:

"Mi despacho está en la última planta, justo al lado de la sala donde estuviste esta mañana. Espero recibir una visita de su parte, señorita Swan."

Firmado, E.C.

Este maldito iba a volverme loca. Aun más loca de lo que ya estaba. ¿Cuándo había escrito eso? ¿Lo había traído antes de entrar al despacho? ¿Cómo sabía que prefería que no me llamase solo por mi nombre? Definitivamente, el balance del día no era precisamente positivo… ¿o sí?


¡Perdón por tardar taaanto en actualizar! Muchísimas gracias por los favoritos y por seguir la historia, espero poder ir actualizando, al menos, cada semana. Dejadme un mensaje si os va gustando la historia, ¡gracias!