El ratón blanco con las patas veloces se oculta entre la hierba crecida del terreno extenso.
Nick ya tiene la cabeza partida cuando uno de los mozos lo sacude tomando sus hombros para que abra los ojos. El olor de la sangre hace a su caballo ponerse inquieto.
Diego quiere bajar de la montura y zarandearlo también, estrecharlo contra sí para que dejara de convulsionar de esa forma. Gritarle al estúpido Joestar que despierte, el maldito calentamiento aún no ha terminado y que no podía hacerle eso, que no podía irse sin ser derrotado en carrera ni una sola vez.
Se le va el aire del pecho cuando le ve a él con la frente empapada de carmesí. Esa es la última imagen que tiene de Nicholas Joestar antes que más gente aparezca en su auxilio y Diego ya no lo vuelva a ver nunca. A su rival perfecto.
Lo revive en su memoria mucho tiempo después, en las facciones y la determinación de Johnny. Pero sabe que es distinto.
