El médico le había dado máximo un par de días.
Josuke llevaba rato con la cara así de roja y un dolor en las extremidades que le hacía querer quejarse constantemente.
Pero se contenía, únicamente porque la expresión de Tomoko se desmoronaba cada que veía a su niño marchitarse día tras día en la cama de hospital.
—Estamos haciendo todo lo posible.
—Sólo tiene cuatro años... —Escuchó Josuke antes de cerrar los ojos. Era su única forma de aminorar el dolor.
...
A Holy le temblaban las manos cuando sostenía las de su madre y prefirió que esa noche, en que le tocaba estar enchufada a un respirador porque pareciera ser demasiado débil para hacerlo por su cuenta.
Quería que Jotaro estuviera a su lado, sólo por si no despertaba al siguiente día, ver su rostro sería un buen consuelo para su corazón.
—Mamá, ¿me cuentas esa historia otra vez? —Suzie le acarició la mejilla y sonrió como sólo una madre lo hace.
—¿Cuál de todas, cariño?
—Cuando te casaste a escondidas con papá... —Y Suzie se la contó, pero a media anécdota Holy ya estaba completamente dormida.
...
Joseph se alegra de que no haya llovido esos últimos días, así la arena se mantiene tibia y seca. Perfecta para montar el campamento y pasar la noche.
Jotaro ayuda con la hoguera y todos se sientan alrededor. Agradeciendo poder permanecer juntos otro día más.
Mira al cielo, el sol se ha ocultado hace un rato y solo quedan estrellas.
