Cada 8 de agosto la luna se torna roja. Ningún astrólogo mortal ha podido explicar este fenómeno natural. Por más que traten, simplemente es un suceso sobrenatural, cuya explicación no es tan simple como decir que el ángulo en el que el sol le da a la luna hace que ésta se ponga de otro color.

Los mortales no son los únicos que desconocen la razón de este fenómeno. Los dioses del Olimpo han tratado de explicar esta situación, debatiendo las distintas razones que pudieran dar a luz este fenómeno. Algunos, como Ares, piensan que esto se debe a un ritual morboso que tiene Artemisa cada 8 de agosto. Otros, como Hermes, piensan que este fenómeno es una simple broma que hace Artemisa para asustarlos a todos. También están los que piensan como Dionisio, quien dice que esto solo ocurre porque Artemisa está en sus días del mes.

Milenios han pasado desde que la luna se torna roja el 8 de agosto, pero nadie sabe la razón de esto. En realidad solamente dos seres entienden el por qué de el fenómeno.

Artemisa y Apolo, la diosa de la luna y el dios del sol, los gemelos letoides, son los únicos en todo el mundo quienes conocen la razón de esto. La explicación es bastante simple. La luna se torna roja por Artemisa, y Apolo conoce la razón de esto porque fue parcialmente culpable.

Hace ya varios años, miles de años, Artemisa tenía un novio. Bueno, no un novio, pero un jevo. La pareja no hacía nada fuera de lo común, simplemente cazaban y reían juntos. Pero a Apolo, el hermano gemelo de Artemisa, no le gustaba esta relación. Éste sentía como si Artemisa fuera a acostarse con el hombre y olvidarse por completo de su caza y de su familia. Se desconoce la razón completa de por qué él pensaba de esta manera, pero así ocurrió.

Y fue así como un día Apolo decidió actuar. Le pidió al jevo de Artemisa que buscara una flecha en el rio, ya que esta flecha era muy importante para el dios y éste no podía entrar al agua pues era hijo de Zeus. El hombre, ya que era hijo de Poseidón, podía entrar al agua y retraer la flecha, así que acepto el favor de su cuñado. El hijo de Poseidón no sabía en lo que se estaba metiendo, ya que este sería la última vez que iría a nadar.

Luego de que el hijo de Poseidón fuera a buscar la flecha, Apolo llamó a su hermana para retarla a un concurso. Esta aceptó, ya que no era nada fuera de lo común tener concursos con su hermano y ganarle. Apolo le dijo que lo único que tenía que hacer era darle a una piedra que se encontraba lejos en el rio. Artemisa, sin pensar mucho en las consecuencias y sin inspeccionar el área, lanzó su flecha, dándole al blanco.

No fue hasta que la marea trajo el cadáver que Artemisa se dio cuenta de la consecuencia de su acción. Mató a la única persona que llegó a amar, al único hombre que le había hecho cambiar su pensamiento hacia ese género. Todo por culpa de su hermano y de ella misma. Si solo hubiera pensado antes de actuar, si hubiera analizado a Apolo, Artemisa no hubiera matado al hijo de Poseidón.

Artemisa sufrió mucho esa pérdida. La sufrió más que cuando su madre murió, y la sufrió más que la muerte de todas sus cazadoras. Fue literalmente como si un pedazo de su corazón fue picado y destrozado. La diosa de la caza, juró de ahí en adelante, en no enamorarse de ningún hombre, pues ninguno sería como el hijo de Poseidón.

Lo puso en el centro del cielo. En el medio de todas las constelaciones, para que todos en el mundo y en la historia pudieran ver al mejor hombre que jamás haya vivido. El hombre que logró capturar el corazón de la diosa de la virginidad, y quien nunca se hizo pasar por más de lo que era.

Ese fue el primer 8 de agosto en el cual la luna se tornó roja. Desde ese día, Artemisa decidió honrar la muerte de su querido amor. La muerte que ella causó por ser tan descuidada, la muerte que Apolo causó por sus celos. La luna se torna roja en honor al hijo de Poseidón, al primer y único amor de la diosa de la caza.

Orión.

Más de tres mil años han pasado desde su muerte. Más de tres mil años han pasado desde que la luna se empezó a tornar roja el 8 de agosto.

Para muchos mortales, la luna roja era llamada la "luna de sangre", y varios reyes y gobernantes usaban esto como excusa para perseguir a sus súbditos o pueblos alejados. Luego de cada 11 de marzo, cientos de personas morían. También era pensado que esta luna traería la concepción de niñas, ya que significaba que una de las diosas de la fertilidad (en distintas áreas) comenzaba un ciclo.

A medida que pasaban los años, los mortales dejaron de fijarse tanto en la naturaleza y se enfocaban más en los hechos científicos. La revolución científica, agrícola e industrial llevó a unos grandes cambios de la sociedad. Las personas se convirtieron mucho más pesimistas, enfocándose solo en sus trabajos mediocres.

Ya para el siglo 21, los mortales se acostumbraron a la luna roja del 8 de agosto. Ya no salían a apreciar la hermosura de la luna de sangre, ya ni le prestaban atención a esto. Solo un mortal en toda la ciudad de Nueva York se enfocaba en la luna todos los 8 de agosto. Desde pequeño, siempre que veía la luna roja, al pequeño hijo de Poseidón le salían lagrimas en los ojos. Una tristeza extraordinaria se apoderaba de su alma, al punto que no se sentía como él en su mismo cuerpo. A pesar de este dolor y tristeza, el hijo de Poseidón no cesaba de observar la luna.

Al llegar sus doce años, el hijo de Poseidón empezó a involucrarse con el mundo del panteón griego. El joven creció con su vida en riesgo 24/7, peleando contra monstruos y deidades por igual. A sus 16, logró vencer la rebelión de Kronos, y no un año después, el hijo de Poseidón logró vencer a Gaea (junto con otros seis semidioses). Durante estos años, el joven empezó y culminó una relación con Annabeth Chase, una hija de Atenea. El hijo de Poseidón llegó a amarla, pero las cosas simplemente cambiaron. Luego de un tiempo, la pareja se dio cuenta que era mejor quedarse como amigos. No hubo lágrimas ni corazones rotos, fue una decisión cien por ciento mutua.

Percy Jackson, el hijo de Poseidón, fue hecho dios a petición de su padre. Todos los dioses, miembros del concejo, aceptaron esta petición. Sin ningún tipo de negación por parte de Percy, este fue nombrado dios de la Marea, Ingenio, Lealtad, Solteros y Vegetación Marítima. No era miembro del concejo, pues esto pondría fin al balance que este tiene, pero sí era un dios muy poderoso.

Zeus decidió que Percy debía aprender a usar el arco, ya que era esencial que supiera combatir a larga distancia. El nuevo dios de la mareando pudo rechazar el mandato, así que aceptó con una condición: ser entrenado por Apolo, no Artemisa.

Nadie se opuso a esta condición. Apolo estaba feliz porque por fin una persona lo prefería a su hermana, y Artemisa estaba feliz porque no tendría que enseñarle a usar el arco a un hombre.

A pesar de que Apolo era el dios del arco y flecha, entrenar a Percy resultó ser un trabajo mucho más largo de lo que se esperaba. Apolo tenía en mente enseñarle a Percy a usar el arco en par de horas y luego irse a un strip club. Esto resultó no ser posible, ya que Percy era un caso perdido para el tiro al blanco. Pero el dios del sol no se iba a rendir, el le enseñaría a usar el arco a Percy, si o si.

Un día, luego de tres meses de entrenamiento, Apolo no pudo darle el entrenamiento a Percy.

-He hablado con mi hermana para que te entrene el día de hoy- Apolo le dijo a Percy

-¿A quien? ¿Quieres ver mi funeral o que?-

-Deja el show. Le prometí a Zeus que ibas a entrenar todos los días, y hoy no puedo entrenarte. Así que deja de llorar y ponte ready pa ir a donde Artemisa- Apolo explicó

-¿No puedo coger este día de descanso? Sabes que el cuerpo humano necesita un día de descanso a la semana.- Percy trató de negociar

-Pero tú no eres un humano, eres un dios.- Apolo sonrió

-Si voy allá me voy a convertir en un conejo-

-No veo ningún lado negativo- Apolo rió. Al ver la cara de sufrimiento de Percy, el dios del sol le puso una mano en el hombro. -Mira, yo se que no quieres hacerlo, pero hay veces que debemos hacer cosas que no nos gustan. Es parte de crecer. Más, Artemisa es bastante cool una vez la llegas a conocer-

-Tu sabes que no voy a tener tiempo para conocerla. Es solo un día-

–Y es por eso mismo que te debes relajar. ¿Qué te va a hacer un día con mi hermana?-

Percy suspiró, asintiendo con la cabeza. -Esta bien, lo voy a hacer. Pero solo por hoy-

-¡Qué bien! Entonces vamos allá ahora- Apolo le cogió el hombro a Percy y los transportó al campamento de las cazadoras.

-¡Apolo! ¿Qué estamos haciendo aquí ahora?- Percy preguntó asustado

-Tu entrenamiento por el día de hoy comienza ahora. Te dejo en buenas manos. Déjame levantar a Artemisa- Apolo corrió hacia una carpa plateada. Percy trató de pararlo, pero el dios del sol era demasiado rápido.

Diez segundos después se pudieron escuchar gritos y cosas rompiéndose adentro de la carpa. Las cazadoras empezaron a salir de sus carpas, curiosas del origen de aquellos gritos. Cuando vieron a Percy parado en el medio del campamento, las cazadoras le lanzaron unas miradas asesinas. Percy trató de ignorarlas, pero los ruidos de la carpa no ayudaban a su deseo.

Poco después, Apolo salió con una sonrisa gigante de la carpa.

-Bueno, mi hermana ha aceptado entrenarte por el día de hoy- Apolo dijo

-¿Cómo que aceptó? Tu me habías dicho que ya habías hablado con ella.- Percy contestó

Apolo encogió los hombros en inocencia. -Oops, se me pasó. Pero todo está bien ahora. Me tengo que ir como que ahora, así que bye!-

-¡Apolo!- Percy gritó, pero el dios de la música ya se había ido. -Que hijo de la gran-

-Piensa bien como vas a terminar esa oración Perseo. Apolo puede ser estúpido, pero sigue siendo mi hermano, y cualquier palabra que digas contra su madre lo cogeré como un ataque personal.- Una voz dijo con mucha seguridad.

Percy fijó sus ojos en el origen de la voz, viendo la diosa de la casa mirándolo fijamente a los ojos, con sus brazos cruzados y una mirada que mata.

-A-a-artemisa- Percy tartamudeó

-¿Eres gago? Habla bien- Artemisa dijo

-Perdón. Apolo me dijo que me ibas a entrenar hoy-

-Ya veo. Pero tengo una pregunta primero que todo-

-¿Qué paso?- Percy preguntó

-¿Acaso soy del mismo rango tuyo? Dime la razón de por qué me hablas de tú y no de usted.-

La cara de Percy se tornó pálida. -Ah, perdone. Siempre le he hablado de tú a Apolo. Verás,-

-No pedí la historia de tu vida.- Artemisa interrumpió. -Vete al rango de arquería y espérame mientras yo busco mi desayuno-

Percy bajó su cabeza y se dirigió al rango de arquería. Éste se encontraba a como medio kilómetro del centro del campamento, lo cual era bastante tomando en cuenta todos los árboles que habían alrededor.

Cinco minutos después, el hijo de Poseidón escuchó unos ruidos que provenían de la dirección del campamento. Levantándose y sacando su espada, Percy se acercó al origen del ruido. Sin pensarlo dos veces, Percy atacó a la persona que hacía el ruido, poniéndole la espada en el cuello.

-Dime quién eres- Percy exigió, no viendo quien era la persona debido a la sombra de los árboles.

-Saca esa espada de mi cuello antes de que te castre- una voz femenina y única contestó. Percy se puso hincho por segunda vez en la mañana, reconociendo quién era la persona a la cual le había puesto la espada.

-Per-per-perdóname por favor- Percy dijo, dejando caer su espada.

Artemisa estaba parada, viendo intensamente al nuevo dios temblando de miedo.

-Te ves súper cobarde- Artemisa dijo con una leve risa. -Levántate, hay que entrenar-

-¿No me va a castigar?- Percy preguntó

-No, no soy tu mamá para hacer eso. Ah, y puedes dejar de hablarme de usted-

-Pero hace poco-

-Solo lo dije porque mis cazadoras estaban al rededor. Cuando estemos así en privado, háblame de tú.- Artemisa sonrió, mordiendo su guineo.

-Okay, así que te hablo de tú-

-Eso fue lo que dije.-

-Solo me estaba asegurando.-

Artemisa caminó hacia el rango, evocando una silla y sentándose en ella. -Ven, muéstrame lo que mi hermano te ha enseñado.-

Percy se posicionó de lado, justo como Apolo le había enseñado. Cogió su arco con la mano izquierda, poniendo la parte posterior flecha en el hilo. Hecho el hilo para atrás, se enderezó, y miró el blanco con ambos ojos. Sintiéndose satisfecho, el hijo de Poseidón dejó la flecha ir. La flecha cortó el aire, incrustándose en un árbol a 15 metros del blanco.

-Tres meses con mi hermano y lo haces así de mal…¿estás seguro de que de verdad estabas practicando? ¿O estabas pasándola bien con Apolo en algún club?- Artemisa preguntó

-Te lo juro, este es el mejor tiro que he hecho en mi vida. Bueno, segundo mejor. Hubo uno en el que Hera me ayudó…esté es el mejor que he hecho yo solo-

-Así que no estaban exagerando cuando dijeron que eras un caso perdido-

Percy sacudió su cabeza. -No, los hijos de Poseidón y el arco no somos mejores amigos-

Artemisa se puso pensativa por un momento. Sus ojos se fueron a sus manos y luego al cielo, como si estuviera debatiendo.

-Tengo una idea. Hay una técnica que te podría enseñar, pero tienes que prometerme que no le dirás a nadie que yo te enseñé, ¿ok?-

Percy aceptó con la cabeza.

-Perfecto. Te advierto, solamente una persona ha podido usar esta técnica efectivamente, pero en un caso tan severo como el tuyo, creo que es importante que tratemos todas las opciones.- Artemisa explicó

-Lo que creas que sea mejor para mi.-

Artemisa se paró, conjurando su arco y una flecha. -Ok, a mi no me sale muy bien, pero es algo así.-

La diosa de la caza paró con sus caderas fijadas de frente al blanco. Luego, puso su arco de lado, como si fuera una ballesta. -Una ves estás así, lo único que debes hacer es echar la flecha para atrás y tirar. Trátalo a ver-

Percy hizo todas las instrucciones de Artemisa, posicionándose completamente de frente al blanco, poniendo su arco de lado y lanzando la flecha hacia el objetivo. La flecha voló y llegó al mismo centro del blanco.

Ambos dioses quedaron en shock con el acontecimiento de Percy. Solo una persona había sido capaz de lanzar una flecha con esa técnica y que esta cayera en el centro del blanco. Una persona que había muerto hace miles de años.

-¡Lo hice! ¡Esa es la primera vez que me sale!- Percy rió en alegría

-¿Cómo?- Artemisa se quedó fijada en la flecha, la cual estaba incrustada en el mismo centro del blanco.

-No puedo creerlo. No soy inútil en el arco- Percy seguía feliz, hasta que vio la cara de Artemisa. -¿Qué pasó?-

-Solo una persona ha sido capaz de utilizar esa técnica correctamente-

-Si, ya me lo dijiste.-

Artemisa se viró y mantuvo contacto visual con el dios de la marea. -La única persona que había podido hacer eso efectivamente fue Orión-

-Orión...¿como la constelación?-

Artemisa sonrió levemente. -Si, como la constelación-

-No he oido mucho de él. ¿Cómo era?-

-Orión fue el mejor hombre de la historia. Respetuoso, bueno en la caza, gracioso, cariñoso, todo lo que una mujer busca en un hombre. En términos de cómo se veía…- Artemisa se puso seria por un momento. -Se veía igual que tú-

-¿Cómo que igual que yo?-

-Sus ojos, su pelo, su piel, su nariz, todo era idéntico a tus facciones. No es porque ambos sean hijos de Poseidón, pero es algo más…- Artemisa miró fijamente a los ojos de Percy

Poco a poco, la diosa se fue acercando a Percy, quien iba retrocediendo poco a poco. Esto siguió ocurriendo hasta que Percy que topó con un árbol. No pudiendo retroceder más, el nuevo dios miró a Artemisa, quien seguía acercándose a él.

-¿Q-que quieres?-

Artemisa no contestó. Simplemente puso su dedo anular en la frente de Percy y cerró los ojos. De esa manera, la diosa de la caza pudo ver la vida entera de Percy Jackson. De como combatió los monstruos, de cómo la pasó en el Tartaro, del abuso de Gabe Ugliano, todo. Sin embargo, lo más que le sorprendió a Artemisa fue todo el tiempo que pasó Percy viendo la luna roja. Cada cumpleaños, en vez de disfrutar con sus amigos, Percy iba afuera y veía la luna roja. La luna que ella había creado en honor a Orión.

-¿Por qué miras tanto la luna roja?- Artemisa preguntó una vez salió de la cabeza de Percy

-No se, es curioso que eso ocurra en mi cumpleaños. Simplemente me gusta verla-

-Pude ver que te hacía sentir triste. ¿Eso te gusta?-

Percy miró nervioso a Artemisa. -No sé de que hablas-

-Esa luna es en honor a Orión. Ese fue el día que falleció. Los mortales se han olvidado de eso en los últimos años, sin embargo, tu sigues viéndola a pesar de que te haga daño. Tiene que haber una razón.-

-Pues no sé que quieres que te diga Arquerita- Percy dijo sin analizar el apodo que le dio a Artemisa

-¿Como me llamaste?- Artemisa preguntó sorprendida

-Perdón. No pensé en lo que estaba diciendo y pues salió-

-¿Dónde escuchaste ese apodo?-

-En ningún lugar. Salió de la nada...-

Artemisa miró fijamente a Percy, observando todas las similitudes que este tenía con Orión. Su pelo era idéntico, sus ojos también. Hasta la manera de caminar era igual.

La diosa de la caza hizo algo espontáneo. Se acercó rápido al dios de la marea, poniendo sus labios en los de Percy. Instintivamente, Percy puso sus brazos alrededor de la cintura de Artemisa, haciendo que su cuerpo se acercara al de él. Artemisa sintió lo mismo que había sentido hacía tantos años. Sus labios se movían de la misma manera, su olor era idéntico, y el sabor de sus labios mantenían la sal de mar.

Una vez acabó el beso, Percy se cayó con un dolor inmenso en la cabeza.

-Percy, Percy, ¿que pasó?- Artemisa se acuclilló al lado de Percy, sobándole la espalda.

Mientras, Percy estaba recordando todo. Todo lo que había pasado en su vida pasada, todo lo que había ocurrido en esta vida, toda su relación con Artemisa. Recordó que su nombre era Orión, que era uno de los mejores cazadores, y que era el amor de Artemisa. Recordó su muerte a manos de Artemisa, quien fue engañada por Apolo.

-Arty- Percy gimió

-¡Percy! ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?-

-Te he extrañado tanto, Arquerita-

-¿O-orión?- Artemisa preguntó tentativamente, con sus ojos llenándose de lágrimas.

Percy asintió con la cabeza. -Por fin recuerdo. Todo fue culpa de Apolo-

Artemisa abrazó a Percy con todas sus fuerzas, dejando al dios inmóvil. -Perdón Orión. Me he odiado por tanto tiempo por lo que te hice. Te amo tanto.-

-Yo también te amo Artemisa-

Así fue como la luna roja dejó de aparecer cada 8 de agosto. El 8 de agosto, el día en el cual Orión murió, también fue el día el cual regresó. El hijo de Poseidón regresó con un solo objetivo en mente: regresar a Artemisa. Luego de miles de años, Orión pudo regresar a donde su viejo amor.

Escribí esto porque estaba bastante aburrida y me salió esta idea. Sé que no es lo mejor del mundo, pero espero que sea leíble por lo menos. Es un one-shot btw, así que esto es lo único. No he escrito mucho en español a pesar de que es mi primero idioma y pienso que eso es un pecado, así que aquí tienen mi escritura en español. No pretendo de que mucha gente lea esto, pero aunque una persona le guste estaré satisfecha.