Disclaimer: El mundo y los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la historia pertenece a Noppoh, quien me ha otorgado el permiso para traducir la historia.
Título original: A Happy Nightmare
Autor: Noppoh u/7858204/Noppoh
Traducción: Nerissa Nacreous
Capítulo 22
̶ ¡Será mejor que cuides bien de él! – ella declaró con firmeza antes de desaparecer rápidamente.
Hermione se sonrojó ante el comentario, mientras se le escapaba la extraña mirada que cruzó la cara de Severus. Después de varios minutos de silencio, Severus se volvió hacia ella.
–Bueno, si te ocupas del desayuno, me ocuparé de la cena. Creo que ambos podemos preparar nuestros sándwiches para el almuerzo.
Ella parpadeó hacia él.
–¿Sabes cocinar? – preguntó bruscamente.
Él levantó una ceja, luciendo ligeramente ofendido. Rápidamente ella se disculpó.
–Lo siento, yo sólo, no esperaba eso.
–Obviamente– dijo arrastrando las palabras. –La poción y la cocina no son diferentes entre sí– ofreció en forma de explicación.
–Sí, pero eso no significa que puedas cocinar– pensó para sí misma.
En lugar de relacionar esa idea, ella simplemente asintió en comprensión. Supuso que pronto lo descubriría. Después de terminar el desayuno, juntó sus platos y caminó hacia el fregadero, llenándolo de agua. Severus pronto la siguió y silenciosamente comenzó a secar los platos limpios.
Hermione se sorprendió de que no comentara sobre hacerlo al estilo muggle en lugar de usar magia. Sin embargo, estaba secretamente feliz por eso, le daba una sensación muy hogareña de estar lavando los platos con él. Mientras él secaba los últimos utensilios, ella limpió la mesa.
–Hermione.
Ella se volvió cuando él la llamó por su nombre, sonriéndole. –¿Sí?
–Tendremos que detener tu entrenamiento oclumencia por un tiempo.
Su rostro se cayó. –Oh.
Ella se mordió el labio. –¿Por qué?
–Seguramente tendrás un par de ataques más en los próximos días– respondió. –¿Puedes ver el peligro en eso?
–Oh– dijo de nuevo, esta vez en comprensión. –No puedo arriesgarme a tenerte en la cabeza cuando eso ocurra. Puedo hacerte daño. Entiendo.
Ella se volvió hacia la mesa para secarla con una toalla.
–Hermione– dijo Severus una vez más.
Nuevamente ella se volvió hacia él. Él la miraba intensamente.
–Déjame hechizarte.
Ya lo has hecho, la voz interna de Hermione le respondió. Ella negó con la cabeza ligeramente y lo miró con sorpresa. –¿Hechizarme? – ella preguntó.
–Con Elora fuera no hay nadie que te vigile. No voy a seguirte todo el día solo en caso de que tengas un ataque. Déjame ponerte un hechizo de rastreo que me alarme cuando ocurra.
Ella se conmovió por su cuidado y cedió fácilmente. Reprendiéndose a sí misma por todas las nociones románticas que se le habían ocurrido en la cabeza ante sus palabras. Severus sacó su varita y dijo el conjuro. Se demoró un rato y luego se retiró a su estudio. El día pasó pacíficamente. Ella sufría el temblor ocasional en sus manos o piernas, pero nada lo suficientemente serio como para hacer estallar la alarma de Severus.
Después de una ducha nocturna, se dirigió a la cocina, curiosa por ver cocinar a Severus. A pesar de que había intentado guardar silencio, la saludó tan pronto como entró. Encogiéndose de hombros, se dirigió al mostrador de la cocina. Estaba cortando las zanahorias con la misma precisión con que trataba los ingredientes de su poción.
Ella sonrió para sí misma. Apuesto a que, si los midiera, todos tendrían exactamente el mismo tamaño, pensó.
–Sabes, a diferencia de las pociones, la cena no va a explotar si las verduras no tienen todas el mismo tamaño.
Ella se burló de él. Él la fulminó a muerte, haciéndola estallar en carcajadas. Sin dejar de reírse, se levantó del mostrador. –Voy a poner la mesa. Esto le ganó un gruñido. Ella sonrió un poco más.
Una vez que él había servido su cena tentativamente tomó un bocado. –¡Wow, esto es realmente bueno! –ella exclamó.
Él la miró. –¿Estabas albergando dudas sobre mis habilidades culinarias?
–Bueno, sí– le respondió. –No es porque digas que puedes cocinar que en realidad puedes producir algo comestible.
Él la miró de nuevo. Ella soltó una risita. –Oh, vamos, incluso debes admitir que no es porque haya una similitud entre dos cosas, y eres bueno en una, que eres automáticamente bueno en la otra.
–Deberías tener un poco más de fe, Hermione– respondió juguetonamente.
Ella rió. –Oh, tengo fe en ti, Severus, pero eso simplemente no se extiende a tus habilidades culinarias. Él la miró por un largo tiempo. Al darse cuenta de lo que acababa de decir, comenzó a inquietarse.
–¿De dónde aprendiste a cocinar de todos modos? – ella le pidió para que rompiera el incómodo silencio que había caído sobre ellos. Él bufó.
–Una pequeña disputa con Dumbledore. Ella lo miró inquisitivamente, recogiendo otro tenedor de zanahorias. –Quería que comiera en el Gran Comedor como todos los demás miembros del equipo. No tenía ganas de hacerlo y tenía mis comidas en mi alojamiento. Eventualmente Dumbledore prohibió a los elfos domésticos que me trajeran comida. En represalia aprendí a cocinar– él sonrió.
–Pero siempre he sabido que comías en el Gran Comedor, ¿por qué cambiaste de opinión? – ella preguntó. Su sonrisa se convirtió en fruncir el ceño.
–Él envió a Minerva a regañarme.
Hermione no pudo evitarlo, echó la cabeza hacia atrás y se rió. –Oh, pobre de ti– hipó. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
–Sí, pobre de verdad– suspiró. Continuaron su cena en un agradable silencio. Severus y Hermione fácilmente cayeron en su nueva rutina. Hermione realmente disfrutó de la cocina de Severus, pero se burló de él sin piedad por la precisión con la que emprendió el esfuerzo. Ella esperaba que él le molestara, pero no parecía querer darle la satisfacción. Sin embargo, de vez en cuando la miraba fijamente o hacía rodar sus ojos.
Ella estuvo sufriendo temblores y tuvo un par de ataques menores. Sin embargo, en el cuarto día sin Elora, sintió una repentina oleada de náuseas antes de desmayarse. Como la primera vez en la sala de estar, se despertó con Severus abrazándola y acariciándole el pelo. Trató de abrir los ojos, pero la luz causó una explosión de dolor y gimió.
–¡Hermione! ¿Estás bien? – preguntó Severus, obviamente preocupado.
–Dolor de cabeza– dijo en voz baja. Él suavemente palpó su cabeza e hizo una mueca cuando encontró un bulto donde se había golpeado contra el piso. Después de murmurar algo por lo bajo, suavemente la tomó en sus brazos.
–¿Nombre, fecha y ubicación? – preguntó. Ella enterró su rostro contra su pecho, protegiendo sus ojos de cualquier forma de luz. Prácticamente podía imaginar la mirada estoica en su rostro que usualmente acompañaba ese tono de voz. Vagamente, se preguntó si algo andaba mal.
–Hermione Jean Granger, 9 de agosto, Spinners End– murmuró diligentemente.
Una vez en su habitación, la bajó con cuidado a la cama. Pensó que la habitación estaba oscura, pero no se atrevió a echar un vistazo. Un suave "plop" le dijo que Severus se había ido. Antes de que pudiera preguntarse por completo, otro "plop" anunció su regreso.
–Abre los ojos Hermione– dijo en voz baja– está oscuro aquí.
Vacilante ella abrió un ojo. Al ver que estaba oscuro, parpadeó un par de veces. Apenas podía distinguir la forma oscura que era Severus de pie a su lado. Él estaba sosteniendo un frasco.
–Poción de dolor de cabeza. Ella aceptó con gusto. Un suspiro escapó de ella cuando sintió que el dolor de cabeza disminuía. Ya podía sentir que se estaba quedando dormida. Sonrió al sentir que Severus tiraba de las mantas sobre ella y la metía dentro. Justo en el borde de la inconsciencia, podía jurar que lo sintió plantar un beso en la parte superior de su cabeza.
Gracias por leer.
