—¡Che palle!

Ghiaccio vuelca la mesa y Prosciutto grita desesperado, más por la comida que estaba encima que por el estado mental de cualquiera de los presentes.

"¡El pan!" "¡La pasta!"

Contiene el aliento cuando está a punto de estallar de nuevo, contra la alacena de cristal.

Pero luego, la sombra de Risotto se cierne sobre él, su cara está a la altura del pecho de su jefe y lo que hace es desviar la mirada un tanto incómodo aún con las mejillas encendidas por el enojo.

Los ojos ensombrecidos y entornados con desaprobación le hacen apretar los dientes. No necesita de una charla cuando Risotto está ahí.

Sin decir palabra, Ghiaccio sacude los restos de pasta de sus pantalones y recoge la mesa ante la atenta mirada de toda la squadra.

Luego miran a Risotto, y no les cupo duda de por qué lo habían elegido como líder.

—Mañana volamos a Napolés, a buscar lo que quede de Formaggio.