Disclaimer: El mundo y los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la historia pertenece a Noppoh, quien me ha otorgado el permiso para traducir la historia.

Título original: A Happy Nightmare

Autor: Noppoh u/7858204/Noppoh

Traducción: Nerissa Nacreous

Capítulo 23


Se despertó una hora y media después. Con cautela, se incorporó y se sintió aliviada al notar que su dolor de cabeza había desaparecido por completo. Después de ubicar su varita en la mesita de noche, lanzó un 'lumos' y se dirigió a la biblioteca. Demasiado ocupada en preguntarse si el beso que había sentido había sido real o solo un producto de su imaginación, no notó a Severus hasta llegar al final de la escalera de caracol.

–¡Severus! – exclamó, sorprendida.

Él levantó la vista de su libro. Estaba sentado en el sofá en el que ella normalmente se recostaba en las noches y no en su sillón favorito.

–Hermione– la saludó– ¿te sientes mejor?

–Sí, bastante– tartamudeó.

Ni una sola vez en el momento en que ella había estado viviendo en su casa lo había visto salir de su estudio por la tarde. Su mirada volvió a su libro y ella se recompuso. Recuperando el libro que había estado leyendo, se sentó en el otro lado del sofá, con las piernas debajo de ella.

Sin embargo, después de aproximadamente media hora, sus piernas comenzaron a sentir calambres. Ella quería estirarlas, mal. Ella sabía que no podía seguir sentada de esta manera. Mirando de reojo a Severus, se molestó un poco. En algún lugar a lo largo de la línea había venido a ver y considerar este sofá en particular como suyo.

¡Y por Merlín, no voy a cambiar de asiento solo porque él lo hizo!, pensó con vehemencia. ¡Solo tendrá que lidiar con eso!

Tentativamente, mientras se mordía el labio, estiró las piernas hasta que sus pies descansaron contra su pierna. Ella se relajó un poco cuando él no se apartó o comenzó a gritarle. Ella se relajó aún más cuando se dio cuenta de que él no iba a reaccionar en absoluto. Volviendo a su libro, encontró el párrafo donde había dejado de leer. Se sobresaltó un poco cuando sintió que la mano de él se posaba sobre su tobillo, su pulgar trazó un camino hacia arriba y hacia abajo por el costado de su pie. Ella se mordió los labios una vez más. El toque envía escalofríos por su espina dorsal. Su mano era cálida, su pulgar se sentía como la caricia de una pluma sobre su piel.

Esto es tan bonito, pensó, tan maravilloso. Intentó volver a centrar su atención en su libro, pero después de leer la misma oración por sexta vez, se dio cuenta de que era inútil. Su mente se había convertido en un desastre revuelto. Su corazón estaba acelerado y trató de calmar su respiración. Con sorpresa se dio cuenta de que quería más de él. Desesperadamente ella quería besarlo, quería que su mano viajara por su pierna.

¡Necesito salir de aquí! Ella se asustó. Respirando profundamente, trató de estabilizar su voz.

–¿Te gustaría algo de té? – preguntó, contenta más allá del alivio de que su voz no había temblado. La mano de él volvió a su libro.

–Sí, eso sería bueno– respondió, todavía con la atención puesta en el libro que estaba leyendo. Hermione se levantó y caminó hacia la cocina, tratando desesperadamente de no parecer como si estuviera huyendo, a pesar de que lo estaba haciendo. En su apuro ella olvidó su varita en la mesa al lado del sofá. Una vez en la cocina, dejó escapar un suspiro tembloroso, apoyándose contra la encimera.

¡Demonios! pensó recordando en lo fuerte que había reaccionado. Llenó el hervidor con agua y lo puso en la estufa, mientras trabajaba duro para equilibrar su respiración. Con un último movimiento de la cabeza, abrió uno de los estantes. Renegó suavemente cuando vio las tazas de té y se dio cuenta de que estaban fuera de su alcance.

De repente pudo sentir su presencia detrás de ella. Ni siquiera lo había oído entrar. Su pecho se rozó ligeramente contra su espalda cuando alcanzó las tazas de té detrás de ella, su mano izquierda junto a la de ella. Los colocó en el mostrador de arriba a la derecha, colocando su mano junto a ellos, prácticamente enjaulándola mientras lo hacía. Ella se giró en sus brazos. Su aliento se había acelerado de nuevo y se enganchó cuando lo miró a los ojos. No podía descifrar el aspecto que tenían, pero eran oscuros, increíblemente oscuros. Él levantó la mano para cepillar algunos cabellos de su cara, dejando que las yemas de sus dedos rozaran su cuello después del recorrido por su cara. Su corazón saltó en un latido.

No mucho después de que Hermione se fue, él se levantó para seguirla. Temía haberla asustado. ¿La había malinterpretado? Al ver cómo se había ido, le preocupaba que lo hubiera hecho. Necesitaba disculparse de inmediato. Al llegar a la cocina, la vio preparar la tetera con manos temblorosas. Estaba a punto de aclararse la garganta cuando ella murmuró por lo bajo.

–¡Maldición, habla de una reacción fuerte!

¿Reacción fuerte? él pensó. Había esperado confusión sobre su comportamiento, tal vez algunas maldiciones a su nombre. ¿Cómo iba a interpretar esto? Ella dejó escapar un suspiro tembloroso y se dirigió al armario que contenía las tazas de té. Él sonrió al verla maldecir. En un par de pasos silenciosos, estuvo de pie detrás de ella; se estabilizó con la mano izquierda, se acercó a ella y la pasó para agarrar las tazas. Su espalda estaba caliente cuando él brevemente la rozó con su pecho. Podía sentir un escalofrío correr por su espina. Colocó las tazas de té en la encimera.

–Ahí tienes– dijo suavemente. Ella se dio la vuelta. No podía creer lo hermosa que era ella. Qué delicada. Unos cuantos mechones sueltos enmarcaban su rostro y él extendió la mano para cepillarlos detrás de su oreja. Su piel era tan suave que no pudo evitar acariciarla por su cuello y podía sentir su pulso latiendo frenéticamente.

–No puedo resistirlo más, estoy perdiendo la pelea– susurró. Ella tragó.

–¿A qué no puedes resistir más? – Preguntó suavemente con voz temblorosa.

–A ti.

Los ojos de Hermione se ensancharon, sus exuberantes labios formaron una perfecta 'O' para después de un momento bajar los ojos tímidamente y morderse el labio. Lo trazó con su pulgar, sacándolo de debajo de sus dientes.

–No– susurró antes de tomar su barbilla, inclinando su cabeza para encontrarse con sus ojos una vez más y ver que se habían oscurecido un poco. Le acarició la mejilla, se inclinó y presionó suavemente sus labios contra los de ella. Podía sentir el impacto que irradiaba de ella. Estaba a punto de retirarse y disculparse después de todo cuando sus manos se acercaron a su pecho y ella respondió a su beso. Sorprendido, pero inmensamente complacido, se acercó y envolvió sus brazos alrededor de ella. Sus brazos se enroscaron alrededor de su cuello y el beso se profundizó. Podía sentirla tirando de su pelo e incapaz de resistir el impulso, él la levantó sobre la encimera, acercándola lo más cerca posible, sin romper el beso. Ella envolvió sus piernas firmemente alrededor de él, eventualmente ambos tuvieron que separarse a tomar aire y al hacerlo se miraron el uno al otro con asombro.


Gracias por leer.