Shizuka pierde el agarre de la mano de Suzie Q.
Tendida, obsoleta. De un día para el otro su madre simplemente ya no despierta. Y cree que aquello había sido lo mejor, que se marchase sin dolor, en un sueño donde pudiera reunirse con Joseph otra vez.
Piensa en buscar a Holy o a su hijo antipático para darles la noticia a ellos antes que a nadie. Pero es una niña todavía, ingenua e impertinente.
—Mamá está muerta.
Dice sin tacto en un mensaje de voz, no le importa demasiado si la noticia le cae como balde de agua fría.
Desea a su hermano mayor Josuke para abrazarla en ese momento más que a nadie.
Los mayordomos se reúnen al rededor al verla insoportable como siempre. Pero ellos también tienen los ojos húmedos al reparar en que ya no existirían más de esas sonrisas genuinas, y ese amor infinito que Suzie repartía a todos los que se acercaban lo suficiente.
Esa anciana mujer arrasa con todo a su alrededor como una bomba, y Shizuka se vuelve a desmoronar en llanto mientras el nombre de Holy aparece en la pantalla de su teléfono.
