Cinco.
Apenas el día anterior había regresado a casa y quería descansar todo el tiempo posible, pero sus amigos no parecían pensar de la misma manera. Se aparecieron en su casa el segundo día y Ginny la obligo a meterse a la ducha mientras el resto esperaba impaciente en la sala. Su plan era irse a beber para celebrar su regreso, llevaban cuatro meses sin verla y esa era la excusa que buscaban para alcoholizarse hasta la inconsciencia.
Una hora después y ella entró a la sala, lista.
Volvieron al bar de la última vez. Para su buena suerte, se encontraron con varios ex compañeros del colegio: Seamus, Parvati y Neville, quienes no tardaron en unírseles muy alegres.
Sin embargo el ambiente no era el indicado para conversar, así que se concentraron en bailar o cantar a todo pulmón, todo dependía de la canción que sonara entre los enormes parlantes que estaban colgados en la pared.
Fue cuando Hermione vio a Nott que su corazón dio un vuelco. Tenía el presentimiento de que Pansy estaba allí y moría de ganas por verla. Era algo que no iba a admitir en voz alta pero que tampoco negaría si alguien se lo preguntara. Así que empezó a buscarla con la mirada y no tardo en encontrarla, en una mesa apartada al fondo, estaba con Nott, Draco, Daphne y Zabini. Estaba decidida a ir por ella pero alguien la jaló del brazo con delicadeza y la obligo a volverse. Era Seamus.
—¿Whisky, Hermione?
—No, gracias—declinó la oferta con una sonrisa y volvió la mirada hacia la mesa de Pansy.
Hubiera sido mejor aceptar la copa… o la botella entera.
Pany y Zabini estaban demasiado juntos. Demasiado. Tanto que la imagen le hacía daño a Hermione pero, ni aun así, pudo apartar la vista de ellos dos, que parecían estar comiéndose entre sí. Sintió que algo grande, helado y pesado le caía dolorosamente por el pecho y le provocaba ganas de vomitar. La escena le asqueaba sobremanera.
—Hermione…—alguien susurró su nombre en su oído pero ella no tenía claro, ni le importaba, quien fuera; sintió que una mano le apretaba el hombro con suavidad—. Vamos.
Se dejó llevar por Ginny hacía quien sabe dónde sin ofrecer ninguna resistencia. Estaba mareada y sabía que eso no era por el alcohol, además, había algo queriendo salir de su boca. Ginny abrió una puerta y la luz del baño la cegó momentáneamente.
Fue como un golpe de realidad y no pudo resistirse más. Corrió hacía uno de los cubículos vacíos y se arrodillo en la taza, sintió a Ginny sentándose de cuclillas a su lado y cogiéndole el cabello mientras ella se dejaba dominar por las náuseas y vaciaba su estómago.
Una, dos, tres veces…
Salieron del baño varios minutos después. Ginny le lanzó una significativa mirada a Harry y Ron, como advirtiéndoles que no hicieran preguntas inoportunas. Al parecer la entendieron, porque no hicieron ningún comentario cuando las vieron llegar a la mesa.
Hermione se arriesgó a mirar hacia donde estaba Pansy y no la vio, pero sí seguían allí el resto de sus amigos. Nuevamente sintió las náuseas, sabía que se habían ido y también sabía la razón. Era una suerte que tuviera el estómago vacío o habría vuelto a vomitar.
—Si te sientes mal podríamos volver a casa—le dijo Harry poniendo agarrándole el hombro con suavidad.
No hizo nada y sus amigos intuyeron que estaba aceptando la propuesta de Harry. Ellos se levantaron, se despidieron del resto y se fueron.
Todos estaban muy silenciosos mientras se dirigían al apartamento de Hermione.
Ella no tenía ganas ni de estar con sus amigos, así que, cuando llegaron al edificio donde vivía, subió las escaleras con prisa y casi resbalo en el proceso pero logró agarrarse de la baranda, sintió en su espalda las miradas de sus amigos y fingió que no había pasado nada.
Cuando cruzo la puerta y estuvo en la sala, se dirigió a su cuarto como movida por una descarga eléctrica. Cerró la puerta con fuerza y no se enteró de nada más.
