Hipo y Hallie habían conseguido que los otros jinetes de dragones vieran lo que habían encontrado. Hallie se encontraba dando saltitos emocionada.
—Bien, amigo, hazlo.— le dijo Hipo a Chimuelo.
Chimuelo se inclinó hacia el Ojo del Dragón y arrojó una llama baja delante de él. Inmediatamente los símbolos de cuerda y la escritura extraña aparecieron justo en frente de ellos. Los otros jinetes solo lo miran con asombro.
—Wow.— Astrid suspiró.
—Sorprendente.— Patán estuvo de acuerdo.
—Wow.— Los gemelos dicen al mismo tiempo y Hallie miro hacia atrás y Patapez, sus ojos estaban muy abiertos
—Increíble, ¿verdad?— pregunto Hallie sonriendo.
—Definitivamente valió la pena venir.— dijo Patapez.
—Hallie, Patapez ¿Pueden descifrar algo?— Hipo preguntó.
Los dos se acercaron a los símbolos y escritura extraña para estudiarlos.
—Hay partes de mapas y símbolos, nada que haya visto antes— dijo Patapez.
—La escritura es similar a lo que está en el libro de registro, pero es difícil de descifrar.— dijo Hallie.
—¿Qué es esa cosa?— Preguntó Patán señalando el símbolo en el centro.
El símbolo parecía un puño rodeado de fuego.
—Debe ser la marca de una tribu o algo parecido— supuso Hipo
—Ooh, me gusta más que nuestra marca de tribu.— dijo Brutacio.
—Brutacio, no tenemos marca de tribu— recordó Hipo.
—Pues, deberíamos.— dijo Brutilda.
—Sí, y debería ser esa— dijo Brutacio.
Patapez mira hacia Hipo. —Hipo, este mapa, ¿te das cuenta?
—Va más allá de nuestro límite del Archipiélago.— dijo Hipo. —Sí, lo sé.
—Y puedo decirte algo más.— dijo Hallie. —Nadie pasaría por todo esto sin tener algo que ocultar.
Todos se miraron el uno al otro sin decir una palabra y luego Astrid dijo: —Y, ¿cuál es el siguiente movimiento?
A la mañana siguiente, Hipo y Hallie mostraron sus hallazgos al consejo de Berk con la esperanza de que les den permiso para investigar.
—¡Miren esto! Hay mapas que nunca hemos visto, escritura que no conocemos, dragones que no reconocemos. Es... ¡Es increíble!— dijo Hipo mirando el consejo. —Este Ojo del Dragón es la prueba de que hay un mundo entero allá afuera, un mundo que debe ser explorado.
Chimuelo luego cesó sus llamas y el consejo se miró el uno al otro.
—Esto claro que supera los asuntos del complejo.— dijo Bocón.
—Está bien amigos, pueden expresarse. Somos un consejo, después de todo. Por eso estamos aquí.— dijo Estoico.
—Hemos estado en paz tres años. Los mejores años en Berk que puedo recordar.— dijo Spitelout. —Creo que sabes tan bien como yo que cuando buscas problemas, normalmente los encuentras.
—Estoy con Spitelout.— dijo Sven. —Si ese Ojo del Dragón conduce a lugares desconocidos y dragones salvajes, no sacaremos nada bueno de eso.
—Estoy completamente en desacuerdo, Sven.— dijo Hipo firmemente. —Mira a tu alrededor. ¿Cómo puedes decir que no sacamos nada bueno al descubrir nuevas especies de dragones?
—Sí, ¿qué sucederá con las nuevas especies? Necesitamos saber cómo lidiar con ellas.— agregó Hallie. —Quiero decir, durante la Guerra contra los dragones no teníamos nada de información sobre la Muerte Roja y muy poco sobre las Furias Nocturnas.
Chimuelo estaba viendo el Ojo del Dragón y al escuchar el nombre de su especie, le dedico a Hallie una sonrisa sin dientes.—Pensábamos que eran monstruos, la cría del relámpago y la muerte misma y miren, son extremadamente amigables que solo defienden a sus amigos y familia.
—Tiene razón, si están allá afuera, tenemos que encontrarlos.—apoyo Hipo a su hermana.
—Si hay algo que ustedes y los demás jinetes deberían hacer, es cazar a Dagur y llevarlo a la cárcel donde pertenece.— dijo Spitelout.
—Otra razón para ir.— dijo Hipo. —Dagur fue más allá de nuestras fronteras. Cree que no pasaremos de ahí. Pero ahí es donde lo encontraremos.
—También sabe que tenemos el Ojo de Dragón, que se lo arrebatamos, pero eso no lo detendrá y sería mejor si no estuviéramos en Berk para poder atacarnos.— dijo Hallie.
Ella no tenía ni idea de porqué hablaba en plural, Hallie estaba perfectamente segura que su padre no iba a permitir que ella saliera de Berk a tan temprana edad e Hipo no iba a llevarla con él, no iba a exponerla al peligro como lo había hecho el día anterior. Pero ella estaba ahí para apoyar a su hermano, como siempre lo hizo y siempre lo iba a hacer.
Spitelout negó con la cabeza y miró a Estoico. —Estoico, cuando quieras dar tu opinión, podemos terminar con esto.
Hallie bajo sus hombros desanimada, si la mayoría del consejo hubiera estado de acuerdo, podría haberlo convencido de que los dejaran ir. Pero como nadie lo hace, las posibilidades de descubrir nuevos dragones estaban volando con el viento.
—Tienes razón, Spitelout. Terminemos con esto.— dijo Estoico acercándose a la mesa para gran consternación de Hipo y Hallie.
—Papá.— dijo Hallie empezando a discutir, su ceño estaba levemente fruncido.
—Déjame hablar, hija.— dijo Estoico alzando una mano. —Es importante que ustedes lo oigan, como ellos también.
Hallie suspiró sabiendo que su padre rechazaría el plan de Hipo.
Estoico se volvió y miró al consejo. —Spitelout, tienes toda la razón. Han sido parte de nuestros mejores años. Nada es más importante que la paz, la paz entre nosotros, paz con nuestros vecinos y paz con los Dragones.— dijo y Spitelout parecía feliz con el resultado, Hallie miro a su hermano haciendo un puchero, Hipo le sonrió tiernamente y le paso un brazo por los hombros y comenzaron a alejarse pero luego Estoico agregó, —Habiendo dicho eso, déjeme preguntarte esto, Spitelout: cuando tu y yo tuvimos a Alvin en nuestra mira y todos trataban de decirnos que lo dejáramos en paz, ¿qué hicimos?
—Aplastarlos, eso fue lo que hicieron.— dijo Bocón golpeando su martillo sobre la mesa.
Hallie soltó una risita ganándose un codazo amistoso de Hipo
—Gracias, Bocón.— dijo Estoico poniendo los ojos en blanco.
—Un placer, jefe.— dijo Bocón alegremente perdiéndose en el sarcasmo o ignorandolo por completo.
Estoico luego miró hacia el consejo. –Cuando se llevaron a Valka y fui a buscarla, ¿alguien me hubiera detenido?
Al oír la mención de su madre, Hallie solo se apoyó en su hermano. No tenía idea de qué sentir con respecto a su madre debido a que jamás la conoció pero eso no significaba que no le doliera su ausencia porque la extrañaba y mucho, aunque nadie le hablase de ella.
—Bueno, técnicamente eres el jefe, así que no.— señaló Bocón.
Estoico lo fulminó con la mirada. —Sí, Bocón. Bien dicho.— dijo, luego se volvió y se enfrentó a Hallie y Hipo. —Pero sabes a dónde quiero llegar. Piensen en lo más importante del mundo para cada uno. Pregúntese honestamente ¿Qué tan lejos estarían dispuestos a llegar para obtenerlo? ¿Qué arriesgarían?— Luego colocó una mano en el hombro de Hipo. —La vida del chico han sido los dragones. Su vida son los dragones y seguirán siéndolo. No podemos detenerlo si quiere ir. Así que es mejor que lo apoyemos.
Hallie miro a su padre, incrédula, era posiblemente la primera vez que su padre le permitía a Hipo hacer lo que realmente deseaba.
Estoico colocó sus manos sobre sus hombros y le sonrió con orgullo. —Ve, hijo, ve con tu hermana y cuídala. Encuentren lo que hay allá afuera que llame su atención. Y cuando lo encuentren, Berk estará justo aquí esperándolos.
Hipo solo le sonrió. Hallie miro con sorpresa al darse cuenta que le permitía a ella ir también. Ella se acerca y envuelvo sus brazos alrededor de su cuello en un abrazo antes de retroceder. Estoico confiaba en que Hipo protegería a Hallie con su vida, como siempre lo ha hecho.
—Sera mejor que se vayan de aquí antes de que esta nostalgia pierda efecto y cambie de opinión.— aconsejó Bocón.
Hipo miró a su padre una última vez y Hallie lo tomo del brazo arrastrándolo hacia afuera.
—¡Rápido, rápido, rápido!— dijo Hallie sonriendo ampliamente, Hipo sonrío corriendo hacia adelante silbando para que Chimuelo los siga
Estoico miró a Chimuelo. –Dragón, cuida a mis hijos.— dijo.
Chimuelo asintió y agarró el Ojo del Dragón, y luego siguió a Hipo y Hallie afuera.
En el momento en que estuvieron afuera, Hipo llevo su escudo, Hallie su arco y estaban montando en Chimuelo, y los tres miraron al banco de niebla.
—¿Están listos?— Hipo le preguntó a Chimuelo y a su hermana.
Hallie, quien iba sentada al frente, giró un poco su cabeza para poder verlo y asintió con la cabeza emocionada.
—Bla, bla, bla. ¿Por qué tienes que ser tan dramático para todo?— dijo la voz de Patán.
Hipo se dio vuelta y descubrió que los otros jinetes de dragones estaban justo detrás de ellos.
—Vámonos.— dijo impacientemente Patán.
Hipo los miró. —Está bien, pero si alguien tiene alguna duda ...— Entonces los otros jinetes de dragones pasaron volando junto a ellos, hacia el banco de niebla.
—¡Vamos al más allá!— Gritó Patán.
—¡Al más allá!— los otros jinetes gritaron.
Hallie miro a su hermano riendo.
—Bien, no hay dudas.— dijo Hipo.
—¡Al más allá!— grito Hallie levantando su puño al aire.
Hipo rio y miró a Chimuelo. —¡Vamos, amigo!
Luego dispararon hacia adelante después de los otros jinetes en el banco de niebla.
Sin embargo, después de varias horas, su estado de ánimo cambió.
—Al más allá.— dijo Patán débilmente.
— Más allá…— Astrid repite.
— Más allá….— Los gemelos murmuran.
— Más allá….— Patapez dice cansadamente bostezando.
—Ah, por favor amigos.— dijo Hipo, que todavía parecía alegre. —Hemos tenido un par de horas difíciles. Nada que valga la pena es fácil.
—Deberían haberte llamado Hipo el Optimista.— murmuró Hallie apoyándose en en pecho de su hermano tratando de mantenerse despierta.
—¿Es uno de tus acertijos? Porque no es el momento, mi amigo. Tenemos que seguir diciendo 'Al más allá.'— dijo Brutacio.
—Más allá…— Brutilda dice
—Oh, no.— murmuró Hipo en voz baja. Luego miró a Chimuelo. —Chimuelo, vamos a ver si hay algo por allá.
Chimuelo ruge a la distancia, pero no encontró nada.
—Nada.— suspiró Hipo.
Entonces oyeron el sonido de un trueno y comenzó a llover intensamente.
—¡Hipo!— Hallie prácticamente chilló aterradamente.
—Tranquila, solo son truenos…— Hipo dijo tratando de calmarla mientras envolvía uno de sus brazos alrededor de su pequeña cintura en caso de que llegara a caerse del lomo de Chimuelo.
—No me gustan las tormentas.— repitió Hallie asustada, las tormentas era una de las pocas cosas que la ponían nerviosa.
—¡Uf!— Astrid gimió. —Parece que mientras más nos alejamos, mas empeora.
—Hipo, creo que debemos regresar. Hemos estado volando casi todo el día.— dijo Patapez.
—Tiene razón, tenemos que encontrar un lugar para aterrizar y pronto.— dijo Hallie aún con cierto temblor en la voz.
—Tenemos que seguir avanzando hasta que salgamos de esto.— dijo Hipo.
Luego vio la luz del sol a lo lejos rompiendo las nubes de tormenta y Astrid también lo notó.
—Hipo, eso es…
—Sí, lo es.— dijo Hipo. Luego miró a los otros Jinetes de dragones. —Todos vuelen hacia la luz.
Luego los guio hacia la luz del sol y rompieron la nube de tormenta. Miraron con asombro como el océano abierto dolorido con varias islas pequeñas en él.
El aliento de Hallie se atraganta en su garganta mientras miraba las islas, era hermoso.
—Guau.— dijo Patapez
—Whoa.— Patán dice.
—Wow.— dicen los gemelos casi sincronizados.
—Miren esto.— dijo Astrid con asombro.
—Supongo que esto prueba que hay otras tierras además de las nuestras.— dijo Hallie.
—Es increíble.— dijo Hipo.
—Lo sé, ¿verdad? ¡Lo logramos, Hipo! ¡Lo logramos!— Astrid gritó emocionada.
—Uh, chicos, ¿podemos felicitarnos despues? Las alas de Albondiga están a punto de desprenderse.— dijo Patapez.
—Tiene razón, los dragones necesitan descansar.— dijo Hallie al notar que los otros dragones también se estaban cansando.
—Lo siento. Debe haber un lugar donde podamos aterrizar.— dijo Hipo.
De repente escucharon un extraño sonido en el aire y los dragones parecían sentirse atraídos por él.
—Whoa, whoa, ¿qué sucede, nena?— Patapez preguntó mirando a Albondiga , quien se animó. —¿No quieres descansar?
Entonces todos los dragones se enfrentaron contra la isla de abajo como si estuvieran atraídos por ella. Desde la isla podían escuchar un extraño tono musical.
Quitándose los mechones de cabello de la cara, Hallie observo confundida la isla creyéndose estar volviéndose loca debido a las horas de viaje.
—Chicos, ¿oyeron eso?— Hipo preguntó.
—¿Qué es eso?— Preguntó Patán.
—No tengo idea, pero los dragones definitivamente se sienten atraidos.— dijo Patapez.
—Necesitan descansar de todos modos y sería preferible aterrizar en una isla que se encuentren relajante.— aconsejó Hallie.
—Supongo que es a donde vamos.— dijo Hipo.
Luego volaron hacia la isla, sin saber el peligro que les esperaba.
Aterrizaron en la orilla de una playa que estaba al lado de una cascada y daba al océano.
Después de aterrizar unos minutos más tarde, Hallie se sentó en una roca al lado del río en una cascada que fluía hacia abajo. Chimuelo bebía agua del río mientras Brutacio y Brutilda se paran sobre rocas en el río tratando de empujarse entre sí en el agua.
—Este lugar es sorprendente.— dijo Patapez.
Todos se relajaron después del largo vuelo y no pudieron haber elegido una isla mejor para aterrizar.
—Bien, nunca voy a regresar a Berk.— dijo Patán, que yacía en la playa de arena blanca.
—Por una vez estoy de acuerdo contigo, Patán.— dijo Hallie, quien tenía extendida sus manos hacia la cascada, sintiendo el agua mojar sus manos.
—¿Berk? ¿Qué es eso? Porque lo olvidé.— dijo Brutacio, que estaba jugando en el agua con su hermana.
—Supongo que no tenemos que votar para hacer un campamento.— dijo Hipo, que estaba sentado junto a Astrid en la misma roca que Hallie, solo que a un metro de distancia..
—¡Ja, ja! Me hare cargo de la fogata.— dijo Patán.
Momentos después, Patan toma una botella de la silla de montar de Colmillo y derrama líquido verde por toda la arena y a un arbusto cercano.
—¡Colmillo , enciéndela!— Patán ordeno.
Colmillo se dirigió el líquido y de inmediato disparó una llama hacia el arbusto, en el momento en que hizo contacto estalló en llamas, Hallie dio un brinco al estar tan cerca del fuego.
—Gel de Pesadilla Monstruosa.— dijo Patán mostrándoles el frasco. —No salgas de casa sin el.
Hallie puso los ojos en blanco y se alejo de la sustancia inflamable.
Más tarde esa noche todos los Jinetes de Dragones y Hallie estaban durmiendo al lado de los dragones, Chimuelo utilizo su cola para cubrir el pequeño cuerpo de Hallie y así evitar que la niña sintiera frío. Hipo y Astrid estaban mirando el cielo nocturno y la luna llena.
—Tenías razon Hipo.— dijo Astrid. —Hay muchas cosas aquí afuera. Y es hermoso.
—Y esto es solo el comienzo, Astrid.— dijo Hipo sonriendo. —¿Quién sabe qué más podamos encontrar aquí?
Todo lo que pudieron escuchar fue la melodía distante que resonó a través de la isla, pero no se dieron cuenta de que Tormenta se despertó como si estuviera paralizada por el sonido.
Astrid fue despertada por Hipo, quien la sacudió para despertarla. —Astrid, despierta.— dijo. —¿Oyes eso?
—¿Qué? No, no oigo nada.— dijo Astrid quitándose la somnolencia de los ojos.
—Exactamente, se fue. El sonido se ha ido.— dijo Hipo.
Astrid se da cuenta de que Hipo tenía razón, el sonido que escucharon ayer se había ido.
—Hermano, el sonido no es lo único que se ha ido.— dijo Hallie.
—Sí, los dragones se han ido.— dijo Patapez. —Todos ellos, se fueron.
Se voltearon rápidamente y descubrieron que tenían razón, los dragones habían desaparecido sin dejar rastro.
Una vez que todos estuvieron completamente despiertos, entraron al bosque con la esperanza de encontrar sus dragones.
—¡Tormenta!— Gritó Astrid.
Patan sube una pequeña colina mirando hacia arriba.
Todos buscaban en cada rincón y grieta, pero los métodos que usaban los gemelos para buscar no eran los mejores. Continuaron dando vueltas alrededor de una pequeña roca, tal vez por vigésima vez, pero de ninguna manera Eructo y Guacara podrían esconderse allí. Astrid, irritada, camina hacia adelante.
—Uf. ¿Cuántas veces van a revisar detrás de esa roca?— Astrid preguntó cansadamente. –Eructo y Guacara no pueden esconderse ahi.
—Claramente, no sabes lo sigiloso que pueden ser Eructo y Guacara. ¿O son 'Dos Eructo y Guacara' hermano?— dijo Brutilda mirando a su hermano.
—Hmm, excelente pregunta.— reflexionó Brutacio. —Dos cabezas…
—Un dragón.
—Dos cerebros ...
—Un cuerpo.
—Dos cuerpos, medio cerebro.— agregó Patán pasando junto a ellos riéndose.
—Simplemente hónralos.— aconsejó Hallie.
—Nada.— dijo desconcertado Hipo. —No lo entiendo. ¿A dónde habrán ido?
—Oh, mi Albondiga .— suspiró Patapez. —No haría esto. No me dejaría. Nunca hubiera hecho esto por su voluntad.
Luego oyeron crujir en los arbustos detrás de ellos. Todos se quedaron allí preparándose para lo peor y de repente Chimuelo saltó de los arbustos y derribó a Hipo en el suelo. Luego lamió a Hipo furiosamente.
—¡Chimuelo!— exclamó Hallie feliz cuando el dragón comenzó a lamer su rostro después de hacer lo mismo con Hipo.
—Ahí estás, amigo.— dijo Hipo aliviado. —¿A dónde fuiste?
Chimuelo luego rugió y comenzó a caminar alrededor de ellos extrañamente.
—Muy bien, creo que tu dragón comió algo extraño en el bosque, porque está actuando extraño.— dijo Patán.
—No, no, creo que está tratando de decirnos algo.— dijo Patapez.
Hipo se inclinó hacia Chimuelo luciendo preocupado. —¿Qué pasa, amigo?— preguntó. —¿Se trata de los otros dragones?
Chimuelo agarro la pierna de metal de Hipo y lo arrastró más adentro en el bosque. Los otros jinetes tan desconcertados como Chimuelo desaparecieron en el bosque.
—Uh, ¿qué tan lejos crees que pueda llegar antes de darse cuenta?— Astrid preguntó.
Hipo luego se levantó del suelo con aspecto bastante aturdido. —Difícil de decir. Parece concentrado.— dijo y miró hacia abajo en comparación con la pierna perdida.
—Volverá.— dijo Hallie segura.
Chimuelo había agarrado la pierna de Hipo tan ferozmente que se la arrancó de su cuerpo. Segundos más tarde Chimuelo reapareció, luciendo bastante avergonzado, y dejó caer la pierna de Hipo frente a él.
—Les dije.— dijo Hallie sonriendo.
—Está bien, amigo. Me gusta tu entusiasmo.— tranquilizó Hipo.
Hallie rio como Chimuelo saltaba alegremente al ver como su jinete se levantaba, Hipo subió a la espalda de Chimuelo junto con Hallie y miraron a los demás.
—Ustedes, quédense aquí, en caso de que regresen. Nosotros vamos a buscarlos desde arriba.
Luego despegaron, pero no llegaron muy lejos cuando escucharon un rugido muy fuerte.
—Ese sonido de nuevo.— dijo Hallie y su hermano asintió.
Hipo bajó la vista y vio un Relámpago de color morado en el suelo y se estaba acercando a los otros jinetes, sin que ellos se dieran cuenta.
Rápidamente Hipo hizo girar Chimuelo, pero Chimuelo no quería, quería una volar hacia la montaña, hacia el extraño sonido..
—No. No, amigo. Por aqui.— dijo Hipo, luchando por hacer girar a Chimuelo.
—¡Chimuelo tenemos que salvar a los demás!— dijo Hallie sosteniéndose de Hipo para no caerse.
Finalmente, con gran esfuerzo, Hipo pudo hacer que Chimuelo girara hacia el Relámpago.
Los otros jinetes acababan de escuchar que el Relámpago saltaba de los arbustos detrás de ellos y corrían rápidamente hacia la roca más cercana para esconderse detrás.
—¡Oh, Thor! ¡Oh, Thor! ¡Relámpago!— Patapez gritó.
El Relámpago luego disparó una ráfaga sónica directamente hacia ellos, forzándolos a taparse los oídos. Chimuelo disparó varias ráfagas de plasma desde el cielo, esto forzó al Relámpago a irse volando.
—Buen trabajo, amigo.— dijo Hipo tocando a Chimuelo en la parte posterior de su cabeza. —Espero que sea la última vez que veamos a ese chico.
—Era como el dragón de papá.—dijo Hallie viendo al Relámpago irse.
Luego aterrizaron frente a los otros Jinetes de dragones, que salieron de su escondite, se vieron un poco aturdidos por la explosión sónica.
—¿ALGO MÁS QUE QUIERAN ATRAER HACIA NOSOTROS? ¿ALACAMBIANTES? OOH, MUERTE AULLANTE, ¿TAL VEZ? ¡ESTOY SEGURO QUE HAY ALGUNO DE ESOS POR AQUÍ!— Patán gritó en la parte superior de su voz.
—¡Patán, estás gritando demasiado!— gritó Hipo viendo a Hallie cubrirse los oídos.
—¡¿OH, EN SERIO?! ¡APENAS PUEDO ESCUCHARME A MI MISMO! ¡PORQUE ESO ES LO QUE PASA CUANDO TE ATACA UN RELÁMPAGO SALVAJE!
—Bien, necesitamos a nuestros dragones. Hallie y yo vamos a regresar allá.— dijo Hipo.
Los otros Jinetes de dragones les dieron una mirada en blanco, no han podido escuchar nada de lo que Hipo dijo.
—Creo que no te escucharon.— Hallie dijo recargándose en Chimuelo.
—¡DIJE QUE HALLIE Y YO VAMOS A REGRESAR ALLÁ!— Hipo gritó más fuerte para que pudieran escucharlo.
De inmediato, los jinetes de dragones gritaron en señal de protesta.
—¡NO, NO LO HARAN! ¡TE QUITARE TU OTRA PIERNA!— Patán grita y luego miro a la niña.—¡Y TI TE QUITARE EL ARCO!
—¡IMPOSIBLE, HIPO, NO PUEDEN DEJARNOS SOLOS!— Gritó Astrid.
—¡SÍ, NO TENEMOS DRAGONES Y ESTAMOS INDEFENSOS!— Patapez gritó y luego miró a la hermana de su amigo que lo miro alzando una ceja.— ¡SIN OFENDER HALLIE!
—No me ofendiste, hasta que dijiste… "sin ofender."—murmuró Hallie cruzando los brazos.
—¡Y SÓLO PODEMOS COMUNICARNOS GRITANDO!— Brutilda gritó.
—¡Y, AUNQUE LO DISFRUTO BASTANTE, NO ES MUY SIGILOSO!— Brutacio agrego. —¿ESTÁS OYENDO ALGO DE ESTO?
Hallie miro a Chimuelo.— Chimuelo, por esto no quiero llegar a la adultez tan pronto.
Chimuelo se hizo un sonido de risa por su comentario.
Hipo tuvo que admitir que los jinetes tenían razón. –Está bien, bien. Vamos todos juntos.— dijo. Los jinetes le dieron otra mirada en blanco, Hipo miro a su hermana indicándole que era su turno para gritar, ella solo suspiró.
—¡Oh, por… ¡DIJO QUE VAMOS TODOS JUNTOS!— Hallie grito furiosa.
Los jinetes asintieron con una mejora.
—¿POR QUÉ NO LO DIJISTE ANTES? ¡Por Thor!— dijo Brutacio.— ¿Así tratas a tus mayores Hallie? ¡Es una vergüenza!
—Si, estos jóvenes de ahora ya no demuestran respeto—agrego Brutilda. Hallie solo suspiro con molestia.
Momentos después estaban vagando por el bosque a pie, menos Hallie quien iba sentada en el lomo de Chimuelo. Todos se habían recuperado de la explosión sónica del Relámpago, pero eso no mejoró el estado de ánimo mientras avanzaban penosamente por el espeluznante bosque.
—Uh, ¿Hipo?— dijo Patapez nerviosamente.
—Lo sé, Patapez.— dijo Hipo, leyendo la mente de Patapez. –No es sorprendente.
—¿Podemos votar por espeluznante y extraña?— dijo Patán.
Inmediatamente él y los gemelos levantaron sus manos.
Una vez que llegaron a un claro, se detuvieron en horror, porque frente a ellos vieron una montaña de huesos de dragón. Hallie observo en estado de shock dejando escapar una respiración profunda.
—¿Eso son lo que creo que son?— Patapez preguntó preocupado.
—¿Rocas blancas con formas raras?— dijo Brutacio inconsciente.
—Huesos de dragón.— dijo Hipo con expresión preocupada.
—Ah, un cementerio de huesos. Sí, me gusta.— dijo Brutacio con entusiasmo. Luego vio a los otros Jinetes y Hallie mirándolo y los miró inocentemente. —¿No me gusta?
Halllie miro seriamente la montaña de restos de dragon, cuando Chimuelo comenzó a caminar cerca de los huesos gruñendo con molestia. Astrid luego notó una extraña roca de color ámbar en el suelo y la levantó.
—¿Qué es esta cosa?— ella preguntó.
—No tengo idea.— dijo Hipo.
—Es resina de árbol fosilizada o más comúnmente conocida como ámbar.— dijo Hallie ganándose una mirada sorprendida y confusa de los jinetes.—¿Qué?
—Espera, ¿si es resina de árbol fosilizada, qué hace en el suelo?— Patapez preguntó.
Entonces oyeron un fuerte rugido en la distancia.
—Bien, ¿qué fue eso?— preguntó Patán con temor.
—Eso mi amigo es un dragón en problemas.— dijo Patapez.
Hallie se sujetó de la silla de Chimuelo cuando él corrió hacia el sonido y los jinetes lo siguieron rápidamente. Lo siguieron a un desfiladero y luego encontraron docenas de dragones atrapados en las mismas cosas ambarinas que encontraron en el suelo.
—Whoa.— Hipo se quedó sin aliento.
Los dragones se veían extremadamente débiles, sin duda no habían comido en días y algunos de ellos luchaban por liberarse, pero el ámbar era demasiado espeso. Chimuelo mira la roca por un segundo antes de morder una, y no hace nada. Chimuelo le ronroneo a Hallie que saco su arco y golpeo con él una de las rocas que tenía atrapado a un Nadder Mortifero pero no sucedió nada.
—Chicos saben lo que está pasando aquí, ¿verdad?— Brutacio preguntó.
—Sí.— dijo Patapez estudiando los dragones atrapados. —Algo esta atrapando a los dragones con una sustancia rocosa ámbar que los está inmovilizando.
Brutacio lo miró sin comprender. —Oh. Oh, tengo una idea completamente diferente que involucra un pescado grasoso y un carnero malo.— dijo.
—Y eso ni siquiera es lo peor.— dijo Hallie. –'Ese algo' los ataca y se los come.
—Ah, por favor.— dijo Brutilda escépticamente. —¿Quién va a hacer eso?
De repente, oyeron rugidos en la distancia y miraron hacia arriba para ver a un dragón volando hacia ellos.
Era un dragón delgado y alargado, de color amarillento con detalles en un azul brillante, excepto sobre sus alas donde poseía más variedad de colores. Sus alas poseían una forma parecida a las de las mariposas, mientras que su cola poseía una fina aleta en la parte superior. Su cabeza se parece a la de los Scaldaron, pero sus cuernos traseros son mucho más largos y finos con una espiral, parecidos a los de una cabra. Posee también dos crestas azules a los costados que puede replegar y desplegar. Su cuerno nasal es largo, grueso y se curva hacia adentro.
Todos se escondieron detrás de algo y miraron fijamente al dragón con miedo, aparte de Brutilda, quien lo señaló y dijo: —¿Qué te parece él? Sí, el me parece sospechoso.
Patapez la agarró rápidamente y todos se agacharon detrás de la roca justo cuando el dragón los miraba fijamente. Hipo y Hallie estaban detrás de otra roca, tratando de contener a Chimuelo, quien intentaba llegar al dragón, inmóvil.
Luego, el dragón recogió un Terrible Terror que estaba envuelto en ámbar y se fue volando. Sin embargo, Chimuelo todavía intentaba dirigirse hacia el dragón.
—¡No, Chimuelo! ¡No, amigo!— Hipo gritó. Luego se dio cuenta de que lo que estaba haciendo Chimuelo no lo hacía por voluntad propia, era el sonido. —Es el sonido. Esa canto, atrae a los dragones.
—Ala Cantante.— espetó Patapez.
—¿Qué?— Astrid dijo perpleja.
—Así deberíamos llamarlo.— dijo Patapez.
—¿Ahora? ¿En serio? ¿Quieres ponerle nombre ahora?— dijo Hipo con incredulidad.
—Este no es el momento de nombrar nuevos dragones.— dijo Hallie.
—Tenemos que llamarle de algún modo.— dijo Patapez.
—Sí, me parece que Canto Mortal sería más apropiado. Sabes, porque cuando escuchas su canto, estás muerto.— dijo Brutacio.
—Les diré algo, tiene mucha razón.— admitió Hipo.
—Sí, así es.— dijo Brutacio con orgullo. – ¿Qué? ¿Qué fue lo que dijiste?
—No importa cómo le digamos.— dijo Astrid con impaciencia. —Si está haciendo esto a todos los dragones, probablemente nos lo haga a nosotros.
—Tenemos que encontrarlos Hipo.— dijo Patapez.
—Rápido.— agregó Hipo.
Entonces todos corrieron en diferentes direcciones tratando de localizar a los dragones.
—¡Tormenta!— Gritó Astrid.
—¡Colmillo! ¡Colmillo!— Gritó Patán.
—¡Patán, mira!— Gritó Astrid. Patán se dio vuelta y descubrió que Astrid estaba junto a Colmillo.
—¡Colmillo! Te voy a sacar de ahí, flamita.— tranquilizó Patán.
—¡Astrid, tengo a Tormenta!— Patapez gritó.
Luego escucharon el rugido del Canto Mortal que les decía que estaba regresando. A la vez Chimuelo se escapó antes de que Hipo pudiera detenerlo.
—¡Chimuelo, no!— Hipo gritó.
Chimuelo saltó sobre una roca y se enfrentó al Canto Mortal al igual que el Canto Mortal. Chimuelo por el estallido de plasma que hizo, que el Canto Mortal esquivó y luego le disparó un extraño líquido.
Chimuelo trata de esquivarlo, pero sin que Hipo abriera su cola, fue golpeado y en cuestión de segundos quedó envuelto en ámbar.
—¡No!— Hipo gritó corriendo hacia él junto con su hermana. Miró a los otros jinetes. —Chicos, liberen sus dragones, ¡ahora!
Los jinetes corrieron hacia los dragones e intentaron romper el ámbar que los rodeaba, pero era demasiado grueso y uno a uno el Canto Mortal les disparó con ámbar y se quedaron pegados a sus dragones, dejando solo a Hipo, Astrid y Hallie.
—¡Vaya! ¡No me puedo mover! ¡Estoy completamente atascado!— Patapez gritó.
—Yo también.— dijo Patán. —No puedo creer que me atrapo. Normalmente soy muy agil.
—¿Sí? Bueno, al menos estas solo en tu capullo.— murmuró Brutacio.
—Oh, sí, y para mi es un día de campo.— refunfuñó Brutilda.
De repente, se separaron de Eructo y Guacara y aterrizaron de costado.
El Canto Mortal se dirigió hacia Hipo y Hallie, que estaban tan ocupados tratando de liberar a Chimuelo que no se dieron cuenta de que se acercaba.
—¡Hipo, Hallie! ¡Viene por ustedes!— Gritó Astrid.
Hallie se lanzó al suelo, haciéndose a un lado al ver al Canto Mortal, Hipo se volvió a tiempo para ver el fuego del Canto Mortal en ámbar dirigiéndose a él, pero en el último segundo, Astrid lo empujó a un lado. Sin embargo, esto significaba que el ámbar aterrizara sobre ella dejándola atrapada en el suelo.
—¡Astrid!— Hipo gritó. Escucho el rugido del Canto Mortal y corrió hacia su hermana y la sujeto por la muñeca. —¡Vamos a salir aquí!— dijo ayudándola a levantarse.
A Hallie no le gustaba la idea de dejar atrás a sus amigos y esconderse, pero sabía que Hipo tenía razón. Luego, los dos corrieron hacia una abertura en el desfiladero que ahora era para el Canto Mortal.
Sin embargo, no se daban cuenta de la pendiente pronunciada en el otro lado y se deslizaron hacia abajo. Pronto aterrizaron en el suelo, con fuerza, y levantaron la vista para verlos cara a cara con el mismo Relámpago que los atacó antes. Hallie se puso detrás de su hermano mirando al dragón nerviosa.
—Oh, hola.— dijo Hipo con nerviosismo manteniendo a Hallie detrás de él. —¿Nos recuerdas?
El Relámpago les gruñó y parecía como si estuviera listo para saltar.
—Estoy pensando que sí.— dijo Hallie mientras los dos sacaron sus armas.— Y no se ve nada feliz.
Hipo levanta el escudo y mira el Relámpago tratando de mantener la calma, lo que no fue fácil cuando estás cara a cara con un Relámpago enojado.
—Oye, estoy pensando que empezamos con el pie equivocado.— dijo Hipo nerviosamente. El Relámpago rugió hacia ellos, pero Hipo los protegió con su escudo. —Nota para el Libro de Dragones , los Relámpagos guardan resentimientos.
De repente, el Relámpago los abordó, pero luego notaron la mancha de ámbar que estaba en el suelo justo donde estaban hace unos segundos. Levantaron la vista y vieron al Canto Mortal volando sobre sus cabezas.
El Relámpago luego sigue y vuela hacia ellos. Sin embargo, el Canto Mortal lo abofeteó con su cola y clavó el Relámpago en el suelo.
—No te preocupes, yo te protego.— dijo Hipo levantando su escudo.
Luego disparó una bola que envolvió a la boca del Canto Mortal. Con un distraído Relámpago lo volteó y lo enfrentó.
—No podemos detenerlo tanto.— dijo Hallie.
—Solo hay una manera de salir de esto.— dijo Hipo y luego miro a Hallie mientras se quitaba su escudo.—Tengo un plan y quizás sea malo y muy peligroso para ti, pero no tenemos opción, ¿confías en mi, dragoncita?
Hallie asintió un poco dudosa, pero de igual forma se puso el escudo de su hermano en su espalda, luego Hipo se agachó a su altura y le indicó a Hallie que se subiera a su espalda. Hallie obedeció y envolvió sus brazos alrededor de su cuello y sus piernas alrededor de su torso.
—Agárrate fuerte, y pase lo que pase, no te sueltes.—dijo él y la niña asintió.
Hipo miro al Relámpago, que estaba listo para otra ronda con el Canto Mortal, el se acerco al dragón con cuidado, cargando a su hermana en su espalda.
—De acuerdo, tal vez no te guste lo que estemos apunto de hacer, pero confía en mi, va a funcionar para los tres.— dijo Hipo.
Entonces, sin previo aviso, él saltó a la espalda del Relámpago. Inmediatamente se lanzó al cielo tratando de sacudir a los dos vikingos.
—¡Hipo! ¡Tengo que decir que fue una idea muy mala y peligrosa!— grito Hallie aferrándose con fuerza a su hermano mientras cerraba los ojos. La niña dejó escapar un grito y ocultó su rostro en el cuello del mayor, no estaba acostumbrada a tanta turbulencia.
—¡¿Qué no habíamos superado esto?!— Hipo se aferra al Relámpago con todas sus fuerzas mientras le gritaba.— ¡Y lo se, te dije que era una idea mala y peligrosa!— le grito a su hermana.
—¡No creo que el dragón y yo estemos de ánimo para escuchar!— dijo Hallie desesperadamente aferrándose con fuerza hasta el punto de quitarle el suministro de aire a su hermano.— ¡Recuérdame porque aún sigo tus planes locos!
—¡Les dije que trataba de ayudarnos! ¡¿no me escuchan?!— Gritó Hipo tratando de controlar el Relámpago. Luego se dio cuenta de con qué dragón estaba hablando. —Por supuesto que no me escuchas, eres un Relámpago, y los Relámpago no pueden oír y las hermanas pequeñas nunca escuchan.
—¡Escuche eso! ¡Además me hace desear que papá estuviera con nosotros.— dijo Hallie.
Luego, el Relámpago fluyó hacia abajo a toda velocidad y los dos muchachos gritaron al acercarse al suelo.
Maravillosamente, los dos todavía estaban vivos, sin aliento pero vivos. Se levantaron y encontraron que el Canto Mortal no se veía.
—Auch.—de repente Hallie jadeo y se agachó sin previo aviso, sosteniendo una de sus piernas y se dio cuenta que se había hecho un herida en la rodilla.
—¡Hallie!—gritó Hipo preocupado acercándose a ella, la ayudó a sentarse y verificó su herida.
A la vista de Hallie, la herida no era tan grave pero a la vista del hermano sobreprotector que era Hipo, la herida era preocupante. Hallie clavo su mirada en el suelo, sintiéndose culpable por no haberse sujetado con más fuerza, de haberlo hecho no tendría una herida ni a su hermano preocupado por su bienestar.
—Estoy bien Hipo.—aseguró ella mirándolo suavemente. No era momento para que se preocupara por ella.—De verdad, aún puedo caminar
Él le sonrió asintiendo con la cabeza y la ayudo a ponerse de pie lentamente.—Al menos perdimos al Canto Mortal.— dijo Hipo.
—Por todo lo bueno que nos hará.— dijo Hallie. —Si no hacemos algo pronto, nuestros amigos serán comidos vivos junto con todos esos dragones.
—Tienes razón.— dijo Hipo muy frustrado. —No puedo creer que esto esté sucediendo. Debí haberlos dejado a todo en Berk, debí haberte dejado a ti en Berk. Ahora están en el capullo de esa cosa rocosa, nos está persiguiendo un Canto Mortal enfadado, mi hermanita se lastimó por mi culpa, y estamos atrapados aquí con un Relámpago salvaje que no escucha ni una palabra.
Hipo y Hallie se miraron el uno al otro y se dieron cuenta de lo mismo. Ambos se volvieron hacia el Relámpago y se dieron cuenta de por qué había sido capturado.
—Espera. Si ustedes no escuchan nada, probablemente no puedan escuchar el llamado del Canto Mortal.— dijo Hipo.
—Y si no escuchan el llamado del Canto Mortal, no puede atraerlos. Ya veo por qué no te a atrapado y estas solo.— dijo Hallie.
Hipo entonces levantó su mano hacia el Relámpago y lentamente se acercó a él. —¿Sabes qué, señor Relámpago?— él dijo. —Vas a ayudarnos a liberar a nuestros amigos. Y nos vamos a asegurar de que ese dragón no los moleste nunca más. ¿Qué te parece?
El Relámpago le gruñó, pero se calmó en el momento en que Hipo puso su mano en su hocico.
—Adoro cuando haces eso.— dijo Hallie dando saltitos emocionada. Pero su sonrisa desapareció cuando Hipo se volvió a ella y le extendió su otra mano para que se acercara.
Hipo también necesitaba que el Relámpago confiaba en Hallie, y ella en él.
—No temas.— indicó Hipo cuando Hallie había tomado su otra mano y se había acercado a él. El cuerpo de Hallie se tensó cuando estuvo frente a frente con el Relámpago, pero se obligó a su misma a relajarse al momento en que Hipo sostuvo su mano y la guió hasta el hocico del Relámpago.
Hipo sonrió orgulloso cuando soltó la mano de Hallie y dejó que acariciara al Relámpago con confianza. Hallie se rio tiernamente cuando el dragón suspiró relajado por sus cariños, Hipo volvió a sonreír.—Asi se hace dragoncita.
Luego de volver a poner su escudo, él y Hallie saltaron sobre su espalda y volaron de regreso a la montaña.
En otro lado, los otros jinetes estaban tratando de liberarse de su prisión de ámbar, pero sin éxito.
—¡Uhh! ¡Uhh! ¿Dónde están Hipo y Hallie? Sabía que nos dejarían.— murmuró Patán. —Tengo que hacer pipí.
—No nos dejarían. Regresarán.— aseguró Astrid. Luego trató de alcanzar su cuchillo. —Si pudiera alcanzar mi cuchillo.
—No serviría, Astrid. Sea lo que sea esto, es muy fuerte.— dijo Patapez mientras trataba de liberarse. —¡Uhh! No creo que podamos atravesarlo.
—Si no podemos cortarlo, entonces, ¿cómo vamos a salir?— Preguntó Patán con impaciencia.
—Si, no pueden decirme que mi último aliento va a ser oler su cabello que huele a pescado.— dijo Brutacio tratando de quitarse las coletas de Brutilda de la cara.
—Oh, sí, eso es muy original. ¿Sabes qué? Espero que te coma primero.— dijo Brutilda. —Al menos tendré algo bueno que ver antes de morir.
—Quédate de tu lado del capullo, jovencita.
De repente, algo chocó contra su capullo y aterrizaron con la espalda hacia el suelo.
—¡Guau! ¿Qué está pasando? ¡Otra vez!— dijo Brutacio con entusiasmo.
Todos se volvieron y vieron a Hipo y Hallie montados en un Relámpago. Estaba claro que acababan de rodear a los gemelos en un intento de liberarlos.
—Hola de nuevo.— dijo Hallie sonriendo con burla.
—Bien, hay una negativa en el plan A, imposible abrir el capullo.— dijo Hipo.
—Por favor dime que tienen un plan B.— dijo Astrid.
—Te lo contaremos en el momento en que se nos ocurra algo.— dijo Hallie.
—Si eso involucra cortar, o desgarrarlo, pueden olvidarlo, chicos.— dijo Patapez. —Una vez que se enfría, es tan dura como cualquier roca que haya visto.
—¿Enfria?— dijo Hipo.
—Y se endurece.— agregó Patapez.
Hallie miró a Hipo y reconoció esa expresión en su rostro. —Tienes una idea, ¿verdad?.— Dijo.
—Puede funcionar.— dijo Hipo saltando del Relámpago. —Nadie se mueva.
Los jinetes no se divirtieron con ese comentario.
—Oye, eso es gracioso. Eres un comediante.— murmuró Brutacio.
Hipo tomó el frasco de Patán del gel de Pesadilla Monstruosa de la silla de montar de Colmillo y comenzó a verterlo sobre los jinetes y sus dragones.
—¿Qué estás haciendo, Hipo?— Preguntó Patán mientras Hipo lo cubría con el gel.
—Solo confía en mí, Patán.— dijo Hipo.
—Si, ¿lo dice el hombre que quiere prenderme fuego?
—Creí que solo ardía un poco.— dijo Hallie confundida aun en el lomo del Relámpago.
—Estaba mintiendo. ¡Saben que miento mucho!— confeso Patán.
—Estarás bien, Patán. Lo prometo.— aseguró Hipo.
Patán no parecía completamente convencido.
De repente escucharon el rugido del Canto Mortal, Hipo y Hallie ocultaron al Relámpago detrás de una roca tal como apareció. El Canto Mortal miró a su alrededor tratando de decidir a quién iba a servir su próxima comida y aterrizó junto a Patapez y Albondiga, que temblaban. A continuación, agarró un Gronckle cerca de ellos y se fue volando.
—¡Aah! ¡Deprisa, Hipo! Se llevó el aperitivo. Creo que soy el plato principal.— Patapez gritó.
Luego se separó de Albondiga y aterrizó en el suelo.— ¡Oh, Thor!
—Patapez, relájate.— dijo Astrid. –Puede tardar horas en comerse ese dragón.
Luego reapareció El Canto Mortal y voló hacia Patapez.
—¡O minutos! ¡Hipo, Hallie!— Patapez gritó.
El Canto Mortal aterrizó a su lado y lo miró. Patapez trató de salir usando sus piernas, que eran las únicas cosas que no estaban envueltas en ámbar, sin embargo, solo lo logró moviéndose en círculos. El Canto Mortal siguió girando la cabeza para mantenerlo vigilado.
—Hola, señor.— dijo Patapez nerviosamente.
El Canto Mortal luego inclinó la cabeza y rugió hacia él. Entonces escuchó el rugir de un Relámpago y se dio la vuelta para ver a Hipo y Hallie cabalgando sobre la espalda del Relámpago y voló hacia ellos.
—¡Hola Señor Canto Mortal!— dijo Hallie con un acento raro.
—¡Hola, ¿nos recuerdas?— Hipo gritó.
De inmediato, el Canto Mortal tomó vuelo y los persiguió. Siguió disparando ámbar hacia ellos, pero los esquivaron con facilidad. Luego se voltearon y dispararon directamente hacia el Canto Mortal, pero en varios choques volaron justo al lado y se dirigieron hacia la garganta.
Hipo saltó del Relámpago y patinó en el suelo sobre su escudo. Las chispas de su escudo encendieron el gel y se creó un poderoso fuego hacia los jinetes y sus dragones. En cuestión de segundos, uno por uno, los jinetes y los dragones se liberaron.
—¡Sí! ¡Funciona!— Astrid gritó poniéndose de pie.
Chimuelo corrió hacia Hipo, quien la abrazó con fuerza. —Amigo, que gusto verte.— dijo.
—¡HIPO!— grito Hallie.
Levantaron la vista y vieron que Hallie estaba teniendo problemas para mantener a raya el Canto Mortal y al Relámpago, jamás había montado un dragón por sí misma por lo que tenía dificultad para controlarlo y si alguien no iba a ayudarla, estaba en riesgo de caerse del Relámpago.
—¡Jamás monte un dragón! ¡Repito, jamás monte un dragón!— gritó Hallie tratando de sostenerse del Relámpago lo más fuerte que podía.— ¡Me vendría muy bien la ayuda de un jinete con experiencia!
Inmediatamente los jinetes saltaron sobre los Dragones y volaron hacia arriba para ayudar a Hallie. Hipo estaba a punto de despegar, pero luego notó que el bebé Relámpago, azul escalado, en un capullo de ámbar y se dio cuenta de por qué el Relámpago no había salido de la isla, estaba tratando de rescatar a su bebé.
—Es un Relámpago adolescente. Ya veo por qué no se va.— dijo Hipo. Luego se volvió hacia Patán, que también se había ido. —Patán, libera al Relámpago. Yo me encargo del Canto Mortal
En el cielo, el Relámpago disparó una ráfaga sónica, pero el Canto Mortal lo esquivó. Luego notó que Hipo y Chimuelo se unieron a la pelea y comenzaron a perseguirlos.
—Vamos a reubicar a este chico... permanentemente.— dijo Hipo mirando a Chimuelo. Hipo luego notó la cueva y tuvo una idea. —Y ya tengo el lugar.
Luego volvió a mirar al Canto Mortal, que aún lo seguía.
—Está bien, señor Canto Mortal, bienvenido a su nuevo hogar.
Luego voló a la cueva y el Canto Mortal los siguió. Chimuelo, pudo navegar las cuevas y ser malo pudo esquivar las estalactitas y estalagmitas, pero el Canto Mortal no tuvo tal suerte. Siguió golpeando estalactitas y estalagmitas, pero no abandonó la persecución.
—Bien, amigo, sácanos de aquí.— dijo Hipo.
Chimuelo comenzó a navegar por la cueva y encontró el punto donde podía darse la vuelta. El Canto Mortal lo siguió, pero se volvió demasiado rápido y se estrelló contra la pared de la cueva. Se recuperó rápidamente y persiguió a Chimuelo.
Chimuelo salió disparado de la cueva, donde Hallie, que yacía sobre el Relámpago estaban esperando. Luego, juntos, ambos dragones dispararon una explosión sónica masiva que debilitó las rocas sobre la cueva. Chimuelo lanzo una explosión de plasma que causó la cueva a derrumbarse, atrapando al Canto Mortal dentro.
—¡Si!—exclamó emocionada Hallie levantando ambos brazos.
—¡Sí! ¡Bien hecho hermanita!— Hipo gritó. —Nadie va a oír su canto ahí adentro.
—Nada mal para una novata.— Hallie se encogió de hombros.— ¿Puedo quedármelo? ¡¿Puedo?!
La mirada orgullosa de Hipo cambio por una de fastidio y señalo detrás de él y Hallie sin palabras comprendió que le estaba ordenando que volviera a sentarse detrás de él. Hallie suspiró, aún no era su momento para tener un dragón.
—Bueno señor Relámpago, fue bueno mientras duro.— Hallie le dijo a Relámpago a pesar que él no la escuchaba, pero le sorprendió que al acariciarle la cabeza, el dragón resoplara con gentileza.
Luego de que Hallie volvió al lomo de Chimuelo, volaron de regreso hacia los otros jinetes, que regresaban de la garganta y entre ellos estaba el bebé Relámpago. Enseguida el Relámpago adulto se acercó a su bebé y se acariciaron el uno al otro.
—Owww…—dijo Hallie con ternura.
—Si fuera ustedes, buscaría otra isla.— aconsejó Hipo. —No sé cuánto tiempo seguirá atrapado.
—Uh, sabes que no puede escucharte, ¿cierto?— dijo Brutacio.
—Sí, Brutacio, lo sé.— suspiró Hipo. —Vámonos de aquí.
Volaron dejando al Relámpago a solas con su bebé. Hallie volteo a ver a los Relámpagos y alzo su mano en forma de despedida y los dragones rugieron despidiéndose.
Una vez que estuvieron a una distancia segura de la isla, y luego se vendar la herida de Hallie, Hipo miró a los demás jinetes en forma de disculpa.
—Amigos, quería decirles que lamento haberlos metido en todo esto.— dijo. —Si ustedes quieren regresar…
—¿Estás loco?— dijo Astrid.
—No hay manera de que me pierda todo esto.— dijo Hallie sonriendo emocionada.— Jamás me había divertido tanto.
—Olvídalo.— dijo Brutilda.
—Esto es lo más divertido que he hecho en años.— dijo Patán.
—Aunque, hay una cosa que tenemos que hacer.— dijo Astrid.
—Soy todo oídos.— dijo Hipo.
—Necesitamos una isla, nuestra propia isla.— dijo Astrid.
—Astrid tiene razón, Hipo. Estamos muy lejos para ir y volver a Berk.— dijo Patapez.
—Sí, y me encantaría formar parte de todo esto.— dijo Hallie.
—Lo que necesitamos es una base de operaciones.— dijo Hipo.
—Exactamente.— estuvo de acuerdo Patapez. —Pero esta vez no dejamos que los dragones la escojan.— Albondiga luego gruñó infelizmente. —Lo siento, niña, alguien tenía que decirlo.
Hipo luego miró a Patán. —Bien, Patán, eres el hombre del momento por traer el gel de Pesadilla Monstruosa. Tú escoges.
—¿En serio?— dijo Patán aturdido.
—Sí, en serio.
—¡Muy bien! ¿Tú que dices, Flamita?— dijo Patán mirando a Colmillo, quien luego rugió.—¡Ja! No podría estar más de acuerdo. ¡Al más allá!
—¡Al más allá!— todos gritaron.
Hallie rio cuando comenzaron la búsqueda de una isla.
—¡Al más allá!—ella gritó eufóricamente.
