Los jinetes de dragones y Hallie estaban en busca de una isla para establecer su cuartel general, pero era más fácil decirlo que hacerlo.
Hipo y Patán huían de una manada de jabalíes furiosos.
—Vamos a explorar la isla a pie. Que descansen los dragones para el largo camino a casa. ¡Soy una cabeza de carnero! — Dijo Patán haciendo una terrible imitación de Hipo.
Pronto se detienen cuando llegan a un acantilado y se dan vuelta para ver a los jabalíes acercarse a ellos.
—Bien, genio. ¿Y el siguiente movimiento?— dijo Patán.
—Uh, armas. Necesitamos armas— dijo Hipo.
Patán miró la pierna de metal de Hipo. —¡Tengo una!— dijo e intentó quitarlsela.
—¡Patán, suéltame!— Hipo gritó empujándolo lejos.
—¿Qué? ¡La vi primero! ¡Dámela!
—¡Aléjate de mí!— dijo Hipo logrando liberarse del agarre de Patán.
Los jabalíes atacaron, pero Tormenta apareció de la nada y los asusto con una ráfaga de fuego.
Minutos después, Hipo y Patán estaban con los otros jinetes y estaban buscando otra isla.
—Está bien, vamos a tachar esa isla de la lista.— dijo Hipo.
—Claro.— dijo Hallie haciendo una cruz en la isla reciente en su cuaderno.— Isla de Jabalíes furiosos, fuera.
—Whoo-hoo-hoo, esto emocionante.— dijo Patapez con entusiasmo. –Explorar mar abierto, buscando una isla base que sea nuestra.
Hallie miró hacia el océano en busca de más islas mientras los gemelos divagan detrás de ella.
Ella estaba más emocionada que los demás, era la primera vez que se alejaba de Berk y era parte de las aventuras de su hermano y los demás jinetes. Estaba feliz ya que no tendría que pasar el rato con Gothi que la educaba en todo lo relacionado en curación y herbolaria, junto con las demás mujeres matronas que le enseñaban a cocinar y bordar, hasta en situaciones extremas de aburrimiento pasaba tiempo con Bocón y Spitelout mientras que uno le enseñaba lo principal de herrería, otro le enseñaba a utilizar toda clase de armas y defensa.
—Sí, me gusta esa idea.— dijo Brutilda apoyándose en Guacara. —Mudarme de Berk, tener mi propia casa, lejos de…ya sabes quién.—después de decir la última parte, miró a Brutacio, que era totalmente ajeno a que Brutilda estaba insinuando claramente a su hermano.
—Sí, ni me lo digas, hermana.— dijo. —Estoy harto de….ya sabes quién. No sabe cuándo cerrar la boca. No lo quiero aquí.
—Chicos, concéntrense.— dijo Hipo con un profundo suspiro. —Necesitamos encontrar una isla protegida, segur, habitable tanto para nosotros como para los dragones.
—Bla, bla, bla. ¿Cuántas veces tenemos que oír eso?— dijo Patán con impaciencia.
—Um, hasta que encontremos lo que estás buscando.— dijo Hipo. Luego notó otra isla debajo de ellos. —Vamos a revisar esta otra.
La isla en la que aterrizaron parecía ideal, había mucha agua dulce y había dentro de los árboles. Incluso tenía arbustos de flores azules por todas partes.
—No está mal, no está mal.— dijo Hipo escaneando la isla. —Mucha agua fresca, un suministro abundante de alimentos.
—Muchas flores azules lindas.— dijo Brutilda sosteniendo un ramo de flores azules muy familiares y las inhaló. —¡Me quedo!
Astrid miró las flores y las reconoció. —Espera, ¿no son…?
—La Adelfa Azul.— Patapez se quedó sin aliento.
—Es mortalmente venenosa para los dragones.— dijo Hallie.
Brutilda había acercado las Adelfas Azules a las caras de Eructo y Guacara, pero rápidamente las alejó.
—Entonces, no nos quedamos.— dijo Brutacio.
Entonces Eructo y Guacara estornudaron causando una pequeña explosión.
Afortunadamente, después de las Adelfas Azules de hace tres años, se habían asegurado de llevar un antídoto en todo momento y curar el Cremallerus Espantosus.
Minutos después, estaban buscando otra isla. Patapez luego notó una isla debajo de ellos.
—Oh, esta isla es hermosa.— dijo mientras voló hacia ella. –Hasta tiene esos extraños puntos por toda…
Cuando se acercaron se dieron cuenta de que no eran puntitos, eran agujeros.
—¡No son puntos! ¡Son agujeros de Susurros Mortales!— Hipo gritó.
Luego vieron a los Susurros Mortales emergiendo sobre los agujeros.
—¡Yo quiero ver!—gritó Hallie inclinándose un poco hacia abajo.
—Ya estuve allí, ya lo hice.— dijo Patán.
—¡Siguiente!— dijo Astrid.
Patapez y Hallie los condujeron a otra isla, pero era la misma isla que descubrieron Hipo y Patán. Así que terminan corriendo por la vida con jabalíes persiguiéndolos.
—¡Creí que habías tachado esta isla de la lista!— Patapez gritó a Hallie.
—¡Lo hice!— grito Hallie antes de echarle un vistazo a su cuaderno.— Ups, mi error….tache la isla de al lado.
Todos saltaron del acantilado y aterrizaron en las espaldas de los dragones y volaron lejos de la isla. Hallie voltea a los demás jinetes y ve que Patapez, luego de aterrizar en Albóndiga desde una gran altura, lucía como si sus entrañas le suplicaran que se arrodillaran para que se unieran al mundo exterior.
Finalmente, después de varias horas, encontraron un ganador. La isla que encontraron era grande con bosques y montañas y una cascada.
—Esto se ve muy bien.— dijo Hipo.
—Esos acantilados podrían funcionar.— dijo Astrid estudiando la isla. —Buena campo de visión, fácilmente defendible.
Hallie asiente y miró la isla. Fue el mejor y probablemente uno de los cincuenta o sesenta lugares que habían visitado ese día que funcionaría.
—La ubicación es grandiosa.— dijo Patapez.
—Es perfecta.— dijo Brutilda.
—Sí. Demasiado perfecto.— dijo Brutacio con escepticismo. Todos lo miraron confundidos. —Solo repito las palabras inmortales del poderoso Thor: 'Cuando algo parece tan perfecto, probablemente apesta'.
Los otros jinetes de dragones y Hallie no estaban del todo convencidos.
—Sí, estoy seguro de que Thor nunca dijo nada remotamente parecido a eso.— dijo Hipo.
—¿En serio? ¿Cómo lo sabes? ¿Conoces a Thor? ¿Has hablado con él recientemente?— Brutacio preguntó alzando una ceja.
—No pero…
—Si fuera tú, no seguiría hermano.— murmuro Hallie mirando hacia abajo en la isla.
—Porque yo si, mm-hmm. Y no recuerdo que te mencionara a ti.— dijo Brutacio alzando una ceja. —Mira, tengo un presentimiento sobre este lugar, y creo que todos sabemos lo que pasa cuando tengo un presentimiento.
—¿Lo ignoramos?— dijo Astrid haciendo reír a Hallie.
Luego volaron hacia la isla.
—Recuerden mis palabras. Hay algo mal en esta isla, algo misterioso, algo horrible, algo ... algo ...— dijo Brutacio con temor.
Brutilda solo rodó los ojos. —¿Terminaste?— ella preguntó.
Era tarde, en la isla que Brutacio había prometido que era terrible. cuando encontraron un lugar lo suficientemente grande como para aterrizar, Hipo comenzó a transmitir instrucciones a los otros jinetes, mientras que su hermana menor observaba encantada el lugar.
—Bien, lo primero que tenemos que hacer es preparar el campamento para la noche.— dijo mientras alcanzaba su silla de montar. –Madera para la fogata, necesitamos agua, quiero a alguien con trampas.
—Amm.. hermano mayor, creo que están más ocupados en otras cosas.— dijo Hallie tirándola de la túnica de su hermano y luego señaló a los demás jinetes.
Como la niña decía, los otros jinetes estaban más centrados en construir el puesto de avanzada real en lugar de prepararse para pasar la noche. Hipo suspira y se acerca a los jinetes con Hallie detrás de él.
—Patán ¿Qué es eso?— Astrid preguntó.
Patán dibujaba una S en el suelo. —Es una 'S' de 'Súper Patán'.— dijo. —Creo que estéticamente se verá bien al pasar volando.
—Eso es ridículo.— dijo Astrid. —No importa cómo sea vea la base. Tiene que ser funcional y operacional.
Hallie trata de asomar su cabeza por los costados para poder ver la 'S'.
Hipo intenta mirar por encima de sus hombros para llamar su atención. —Uh, chicos, lo que realmente necesitamos es...
—Es un lugar para descansar, relajarnos y reponerlos de un largo día de trabajo.— interrumpió Patapez. Luego metió la mano en su silla de montar. —Tienes toda la razón, Hipo. Miren, Albóndiga y yo estuvimos pensando.
Luego sacó un escudo con un modelo encima. Hallie estaba saltando para poder ver lo que los jinetes hacían pero su baja estatura no le ayudaba mucho. Su hermano sonrio enterneció por la escena, antes de levantarla de la cintura y cargarla en sus brazos, apoyándola en su cadera. Hallie iba a quejarse, porque a los ojos de cualquiera parecía una niña de cinco años siendo cargada por su hermano mayor, pero al ver que podía ver lo que los demás jinetes hacían, simplemente sonrió agradecida con Hipo.
—¿Es una bañera caliente?— Astrid preguntó señalando un círculo de rocas.
—No, es una bañera de lodo. La bañera caliente esta por acá.— dijo Patapez señalando la piedra del círculo junto a ella.
Chimuelo solo gruñó para decirle a Hipo que estaba molesto. –Ni me lo digas.— dijo Hipo y Hallie no podía estar más de acuerdo con él.
Los gemelos miraron el modelo. —Espera. Alto todos. No lo veo.— dijo Brutacio.
—Yo tampoco.— dijo Brutilda.
—¿Qué no ven?— Hipo preguntó con cansancio bajando a su hermana, quien volvió a quejarse por no poder ver nada, de nuevo.
—Um, la fosa de jabalíes.— dijo Brutacio. —¿Dónde está? ¿Dónde está la fosa de jabalíes?
—Veran. La parte importante de una buena base, es la fosa de jabalíes.— dijo Brutilda solemnemente.
—¿Por qué?— dijo Astrid mirando a los gemelos confusión incompleta.
—Todo necesitan un poco de entretenimiento de vez en cuando, ¿no es así?— dijo Brutacio suavemente.
Todo el mundo los miró en silencio, excepto Hallie, quien los miro confundida. Mientras que Chimuelo miras a los hermanos claramente preguntándoles cuánto tiempo van a dejar que eso continúe.
—¿A qué se refiere?— pregunto Hallie con inocencia. Hipo abrió los ojos, antes de mirar a los gemelos con enojo.
Hallie acaba de cumplir doce años, y aún no sabía muchas cosas, Gothi había sido la encargada de darle algunas charlas, por órdenes de Estoico, pero la anciana no lo hizo por temor a traumar a la niña. Bocón se había ofrecido pero tanto el padre como el hermano de Hallie se habían negado rotundamente. Así que Hallie aún se mantenía inocente en algunas cosas y Hipo agradecía que fuera así, pero sabía que tarde o temprano no podía seguir sobreprotegiendola de esa manera, y algún día iba a tener que revelarle varias cosas.
Hallie iba a seguir preguntando hasta que Patapez dijo: —Ya sabemos dónde conseguir los jabalíes.
Chimuelo disparó una ráfaga de plasma en la S de Patán llamando la atención de todos.
—Oops, perdón, lo lamento.— dijo Hipo. —Bien, entonces, ahora que tenemos su atención, realmente necesitamos armar el campamento para la noche.
Brutacio luego dijo. —Espera, ¿qué pasa con…
—¡Ah-da-da-da! Hablaremos del diseño de la base de dragones en la mañana.— dijo Hipo firmemente. —Por ahora, alguien tiene que traer agua.
—Ugh. No sé tú, pero me gustaría más el Hipo petulante de Berk que la princesa Hipo de la base lejana.— dijo Patán mirando a Astrid.
—¿Lo se, cierto?— ella dijo y mira con los pulgares arriba a Hipo.
—Bueno, eso funciono.— dijo Hallie mirando a los Jinetes y luego a su hermano.
Tanto Hipo como Chimuelo suspiraron.
Más tarde esa noche todos estaban sentados junto a una fogata mientras los dragones estaban acostados, pero Chimuelo se despertó cuando escuchó un crujido. Hallie lo miro quien estaba al lado de su hermano recargándose en el costado de Chimuelo. Hallie se habia subido al regazo de Hipo y se encontraba apoyada en su pecho.
—¿Qué pasa, amigo?— Hipo preguntó mirando a su dragón.
—Te diré lo que es. Ratas. Ratas del tamaño de yaks.— dijo Brutacio. —No, también puede ser … ¿Yaks del tamaño de ratas? ¡Yakratas! No, esperen, eso sería adorable—. Él rio. —No, no, ya sé lo que son, son yaks del tamaño de dragones. ¿Verdad, Chimuelo? ¿Me entiendes Chimuelo?
Chimuelo gimió y volvió a dormirse. Hallie rodó los ojos y escondió su rostro en el hueco del cuello de su hermano, una pequeña sonrisa se formó en el rostro de Hipo y dejó un casto beso en la cabeza de su hermana antes de abrazarla.
—Cambiar el tamaño de algunas cosas no lo hace más aterrador.—murmuró Hallie con los ojos cerrados, tratando de quedarse dormida.
—No existe algo así como yaks del tamaño de dragones.— dijo Patapez riéndose inclinándose hacia Astrid .
Brutacio reapareció detrás de ellos haciendo saltar a Patapez y Astrid. —¡Yakdragones para ti, mi amigo! Y cuando los oigan gritar, lo creerán. Créeme.
Luego comenzó a gritar de forma extraña, haciendo que todos los jinetes se taparan los oídos y Hallie se quejará cerrando los ojos con fuerza.
—¡Rakay-ya-na-na-na-ohhhh! ¡Pa-poo!— el grito. Luego se detuvo y miró a los jinetes. –Muy bien. Dejemos que lo mediten en su cabeza un minuto.
—Ya, Brutacio, ya basta.— ordeno Hipo en un tono molesto mientras abrazaba a Hallie.
—Sí, no estás asustando a nadie.— dijo Patán.
—¿En serio?— dijo Brutacio moviéndose para que su cara estuviera a centímetros de la de Patán haciéndolo sobresaltarse. —¿Y si hubiera... serpientes en la oscuridad? ¿Hmm? ¿Serpientes gigantes? ¿Serpientes suficientemente grandes para tragar a un hombre entero y vomitar sus huesos?— Luego comenzó a hacer caras hacia Patán.
—¡Ja! Por favor. Vomitar sus huesos.— se burló Patán. A continuación, agarró el ala de Colmillo y lo puso sobre él. Todos lo miraron fijamente, incluyendo Colmillo. —¿Qué?
—Sí, eso es, acuéstense.— dijo Brutacio. —Duerman... si pueden.— Luego se acostó en el cuello de Eructo y comenzó a quedarse dormido. —Ahh, trolls, sapos endemoniados...
Todos simplemente pusieron los ojos en blanco y decidieron imitar la acción de Brutacio e irse a dormir.
Horas más tarde, Brutacio fue despertado por ruidos de animales.
—¡Aah! ¿Pero qué fue eso?— el grito.
Miró a su alrededor y vio que los otros jinetes como Hallie y sus dragones todavía estaban dormidos. Luego escuchó un crujido proveniente del bosque.
Se levantó y entró en el bosque con cuidado y en silencio, tuvo el sonido de las alas revoloteando y luego saltó cuando vio una sombra.
—¡Aah! ¿Qué es eso…?— jadeó. —Oh. Los árboles—. Luego vio la sombra otra vez. —¡Yakratas! Lo sabía.
Entonces algo pasó rápidamente detrás de él, haciéndolo saltar, lentamente miró hacia atrás y luego vio que era una gallina.
—Oh, es solo una gallina.— dijo aliviado. –Una pequeña gallina. Bien ... ¡Ahem! ¡Hola, desayuno!
Sin embargo, antes de que pudiera agarrar a la gallina, escuchó algo detrás de él y sonó enorme. Se dio la vuelta y vio un enorme dragón en el cielo, podía ser exagerado, porque estaba tan oscuro, pero sabía que era enorme.
—Oh ... mi ... Thor.— dijo atónito.
Los otros Jinetes de dragones y Hallie todavía estaban profundamente dormidos.
Un sonido se rompe en el aire y Hallie abre los ojos. Soltó un suspiro de molestia, durante doce años se entrenó para escuchar cosas desde muy lejos, para poder protegerse a sí misma de cualquiera, y se quedó, y dudaba que alguna vez desaparezca, tal vez pueda despertar con solo dejar caer una hoja en un claro vacío, muy lejos.
¿Entonces la gente se mueve a su lado? Bien, podría ser un cuerno de guerra sonando. Hallie cerro los ojos con fuerza y agarro los extremos de la túnica helada de su hermano, tratando de volver a dormir.
—Mmm, Astrid, pareces una almohada. Mmm.— dijo Patán mientras dormía y Hallie suspiró molesta.
Repentinamente fueron despertados por Brutacio quien gritó, —¡Axulio!
Hallie se levantó sobresaltada, sosteniendo su arco lista para atacar a cualquiera. —¡¿Monstruo?!
Vieron a Brutacio salir corriendo del bosque con aspecto de haber visto un fantasma. Se detuvo frente a ellos jadeando pesadamente.
—¡Gallina! ¡Rugiendo! ¡Una enorme gallina rugiendo! ¡Gallina rugiendo!— él jadeó.
—¿Dijo que vio una gran gallina rugiendo?— dijo Patapez desconcertado.
—Gallina no. Dragón. Enorme. Masivo.— dijo Brutacio después de calmarse finalmente. Luego miró a los otros jinetes. —¿Que otra palabra? Colosal.
—¿Pero qué le pasó a la gallina?— dijo Patapez.
—¡Olvida la gallina! ¡Tenemos que salir de aquí!— dijo Brutacio.
Los otros jinetes y Hallie no estaban convencidos.
—¿Alguien cree tanta tontería?— Astrid dijo bostezando.
—No lo sé.— dijo Brutilda. —No lo había visto tan asustado desde que encontró una sanguijuela en sus…..
—Muy bien, quiero que te detengas aquí.— dijo Astrid con una mirada de disgusto en su rostro.
—Todavía tiene un punto, debio haber visto algo allí afuera.— dijo Hallie refregándose un ojo con su mano.
Hipo suspiró. —Bien, está bien, vamos a revisar para que pronto podamos volver a dormir.
Siguieron a Brutacio hasta el lugar donde vio por última vez a ese dragón.
—Está bien, cuando esta bestia gigante nos arranque miembro por miembro, espero una disculpa completa de cada uno de ustedes. Y un apretón de manos.— dijo. –No podrán dar un apretón por que no tendrán miembros.
Luego escucharon crujir en los arbustos y Brutacio se llevó el dedo al labio y les ordenó que se callaran. Luego saltó al arbusto y golpeó a un oponente invisible, pero en lugar de encontrar un enorme dragón encontró una gallina.
—Bueno, eso fue decepcionante.— dijo Hallie.
—¡No! Estaba aquí, y era enorme. No estoy inventando esto.— dijo Brutacio con firmeza. Luego miró hacia abajo a la gallina. —Diles. Estaba parado justo aquí. Diles, gallina.
Los jinetes se miraron el uno al otro, encontrando todo extraño.
—Uh, me asustas, hermano, ¿de acuerdo?— dijo Brutilda. —Y compartimos un útero.
Luego todos se alejaron molestos por haber sido despertados de la nada.
Brutacio miró enojado a la gallina que cacareaba. –No puedo ni voltear a verte.— dijo mirando hacia otro lado. Entonces la gallina cantó y Brutacio volvió a mirarla. —¿Qué fue lo que dijiste?— La gallina cantó y satisfecho con la respuesta, la dejó. —No lo creo.
A la mañana siguiente, los jinetes y sus dragones se despertaron.
—Está bien, ahora, hablemos de la base.— dijo Hipo.
Hallie aún seguía recostada sobre el Furia Nocturna, ella bostezo pero rápidamente se cubrió con el ala de Chimuelo cubriéndose de los rayos de sol, el dragón al verla aún dormida gruño, diciéndole que se levantara.
—Ya voy…ya voy, niñera dragón.— murmuro la niña con burla. Ella chillo cuando Chimuelo le lamio la cara despertándola por completo, miro al dragón de su hermano que se reía de ella.— ¡Chimuelo, no tenías por qué hacer eso!
Astrid rápidamente corrió hacia Hipo. —Ya que lo mencionaste, he estado trabajando en mi diseño.— dijo y mostró su diseño de la base avanzada.
Astrid había dibujado algo que parecía una fortaleza con cráneos, ya que su base y espinas flamígeras lo rodeaban y en la parte superior del fuerte estaba Astrid sosteniendo una lanza con una calavera en ella.
—Wow, eso es interesante.—dijo Hallie mirando las llamas.
—Estableceremos puestos de vigilancia con intersección de campos de fuego…
—Nunca descansaremos.— terminó Patapez y luego les llamó la atención sobre su avanzada modelo. —Pero aquí, en mi jardín de meditación…
Patán luego se acercó, luciendo molesto. —Ninguno tiene forma de S.— dijo. —¿No viste mis dibujos?
—¡Fosa de jabalíes! ¡Fosa de jabalíes! ¡Fosa de jabalíes!— Brutilda gritó.
—Chicos, escúchenme bien.— dijo Hipo con calma. —Necesitamos una idea. No podemos diseñar cinco bases diferentes.— de repente, tuvo una idea. —O ... ¿Tal vez si?— Luego miró a los otros jinetes. —¿Sabes qué? Fosa de jabalíes. Gran idea.— dijo, y todos lo miraron todo estructurados.
—Whoa. ¿Qué acaba de suceder?— Preguntó Brutilda.
Hipo luego se volvió hacia Patán. —Oh, ¿forma de S? Me encanta.
—No me asustes, Hipo. Me haces sentir incomodo.— dijo Patán.
—Solo digo, que todos traigan el diseño que crean mejor, y votaremos por uno. ¿No es lo justo?
Todos lo miraron fijamente.
—¿Qué estas tramando Hipo?— Astrid preguntó con curiosidad.
—No, nada, nada de nada.— dijo Hipo inocentemente. —Solo trato de mantener a las tropas felices. Ya sabes lo que dicen. Tropas felices son, eh ... grupos ... ¿felices?
Astrid no estaba convencida, pero decidió aceptarlo.
Hipo entonces notó que faltaba una persona. —Oye, hablando de tropas, Brutilda, ¿dónde está tu otra mitad?— le preguntó a Brutilda.
—No me preguntes— Brutilda se encogió de hombros. –Lo único que sé, es que esta fosa de jabalíes no se acabara sola.
Brutacio estaba en el bosque con su gallina, tratando de localizar al dragón que vio anoche.
—Esta bien, dragón gigante, oficialmente te notifico. Que, puedes huir, pero no esconderte.— dijo. —Supongo que puedes volar, también correr. Puedes correr o volar, pero como sea, no puedes esconderte. Porque nada escapa al ojo vigilante de...
Estaba tan ocupado hablando que no se dio cuenta de que se había alejado del borde de un acantilado y se había caído gritando. Cayó de las rocas y aterrizó con fuerza en el suelo rocoso.
—¡Oh, me lastime! ¡Me lastime mucho!
La gallina se detiene para mirar hacia el borde del acantilado cloqueando felizmente.
Una hora más tarde, Brutacio logró subir de nuevo. Su casco estaba cubierto de ramas de árboles y estaba herido de pies a cabeza. Luego miró a la gallina.
—¿No pudiste advertirme?— dijo enojado.
Luego se puso de pie y se alejó y el pollo lo siguió. Luego continuó su búsqueda del dragón gigante, pero no encontró nada.
—Muy bien, así que me lo pones difícil. Bien, así es como a me gusta. Solo pregúntale a la gallina.— dijo haciendo clic en sus hombros.
Brutacio luego se detuvo de repente, esta vez vio el acantilado justo frente a él y se salvó de tumbarse.
—¡Ja, ves!— le gritó al cielo mientras retrocedía. —Oh, sí. Brutacio Tórton está preparado. No caerá de otro acantilado…
Entonces, al igual que antes, se cayó del borde de un acantilado y cayó dando vueltas gritando.
—¡Múltiples salientes!— él gritó de dolor. Luego aterrizó con fuerza en el suelo. —¡Esta isla tiene muchos acantilados!
La gallina solo cloqueó mirando por el acantilado.
Mientras tanto, más tarde esa tarde, Hipo y Hallie estaban viendo a los otros jinetes construir sus diseños. Estaban apoyados en Chimuelo disfrutando de la paz.
—¿Oyen eso?— él dijo. —Ese es el sonido de la paz y quietud. Saben, hacerlos trabajar juntos tal vez sea la mejor idea que he tenido.
Hallie estuvo de acuerdo, pero su concentración estaba más en jugar con su arco.
Sin embargo, esta paz no duró mucho. Todo se fue cuesta abajo cuando Patapez tomó una piedra que Patán estaba buscando.
—Uh, ¿discúlpame? Mi roca.— dijo Patán mirando a Patapez.
—Oh, ¿cómo lo sabes?— Patapez preguntó.
—¡La necesito! Esa roca es el final de mi 'S'. Y necesito mi 'S'.
—¿Enserio? ¿Tu 'S'? Tu genial maravilla arquitectónica— Patapez se burló.
—Dame la roca.— exigió Patán.
—Ah, ya que lo dices así ...— Patapez se adelantó a su mano. Estaba sosteniendo la roca, pero antes de que Patán pudiera tomarla, se la arrojó a Albóndiga, quien se la comió y luego lanzo lava al suelo. —Ahí tienes tu roca.
Patán luego se levantó y con su cuerpo aplasto el diseño de Patapez, para su horror.
—Y aquí tu maravilla arquitectónica.— dijo Patán con aire de suficiencia.
—Y hable demasiado pronto.— dijo Hipo cruzando los brazos con molestia luego de ponerse de pie.
—Sí, realmente no necesitaba una visión para ver venir esto.— dijo Hallie .
Ambos vieron como Patapez y Patán comenzaron a pelear y por alguna extraña razón Astrid decidió unirse.
Hipo miro a Hallie.— Oye, todos tienen pensado lo que quieren para sus bases, pero tú no dijiste nada, ¿qué te gustaría?— pregunto arrodillándose a su altura.
Hallie se quedó pensando antes de sonreír a su hermano.— Mientras este contigo, no me importa la base.
Luego de escuchar eso, él atrajo a su hermanita en un abrazo.—Yo igual, dragoncita.
Brutilda caminó hacia Hipo con una misteriosa sonrisa en su rostro, haciendo que ambos hermanos se separaran de su abrazo. —Oye, Hipo, estoy lista para probarlo. ¿Quieres ser el jabalí?— ella dijo.
Hipo simplemente retrocedió con disgusto. Hallie miro confundida una vez más.
Luego vieron a Brutacio salir del bosque luciendo extremadamente maltratado y con casi la mitad del bosque en todo su cuerpo.
—Whoa. ¿Pero que le sucedió?— Preguntó Brutilda.
Brutacio luego explicó qué hacía todo el día.
—¿En verdad estuviste todo el día buscando ese dragón?— dijo Hipo.
—¿Y terminaste cayendo por cada acantilado en el área?— dijo Hallie.
—¿En lugar de cavar nuestra fosa de jabalíe? Prioridades, eh.— dijo Brutilda.
—O tal vez en verdad vio algo.— dijo Hipo.
—Si vi algo.— jadeó Brutacio. Luego miró a la gallina. —Tú también lo hiciste, pequeña traidora. Diles.— la gallina luego cloqueó. —Oh, olvídalo. Tuviste tu oportunidad.
—O todo esto es un montón de excremento de yak.— dijo Brutilda cruzándose de brazos.
—¿Sabes qué? Antes que nada, el excremento de yak, cuando lo preparas en té, puede ser muy aromático.— dijo Brutacio.
—De acuerdo. Pero sigo creyendo que quieres asustar a todos. No hay ningún dragón allá afuera.
—Sí, lo hay, Brutilda. ¿Estás dispuesta a apostar por lo que dices?
—Oh, no estás sugiriendo...
—Oh, lo hago. Yo sugiero a un Gronckle es una fosa de lava. Y sabes que significa.
—¿Qué está sucediendo con ustedes dos?— pregunto Hipo bastante preocupado.
—Sí, esto se puso más raro de lo normal.— dijo Hallie.
—¡Silencio!— Brutilda les gritó a ambos.
—Oficialmente declare el 'Reto Tórton'.— dijo Brutacio.
—Tórton, ¿qué?— Hipo gritó.
—Oh, eso no puede ser bueno.— dijo Hallie.
—Acepto. ¿La apuesta de siempre?— dijo Brutilda.
—Por supuesto.
—¿Qué apuesta?— Hipo pregunto muy preocupado.
—Es mejor que no sepas.— dijo Brutacio.
Luego ambos escupieron en las manos y las estrecharon. Luego se fueron montando en Eructo y Guacara, dejando atrás a Hipo y Hallie desconcertados.
Con el desafío desconocido de los gemelos en la estera de lucha libre por una sola piedra, Hipo estaba en su ingenio. Chimuelo se acercó a Hipo suspirando.
—Lo sé, amigo, tampoco lo soporto.— dijo Hipo.
Tenían dos opciones; ir tras los gemelos o quedarse y ver el partido de lucha libre para el paseo con los otros jinetes. Hipo miró a Hallie y asintió.
—¡Brutacio, Brutilda esperen!— Hipo gritó mientras él y Hallie corrían detrás de ellos. —¿Qué tal un par de jueces imparciales para el reto Tórton?
Los gemelos se fueron en Eructo y Guacara, y Hipo y Hallie los siguieron montando en Chimuelo, no querían quedarse con los otros jinetes.
—¡Por amor a Thor, llévennos con ustedes!— Hipo gritó mientras volaban detrás de ellos.
—¡No nos dejen en este manicomio!— Gritó Hallie.
Era tarde en la noche y todavía no habían encontrado el dragón de Brutacio. El propio Brutacio se había quedado dormido y roncaba abrazando a su gallina.
—Sabe cómo a pollo, trozos de pollo, pollo a la moda.— dijo mientras dormía.
Casi se cae de Eructo, afortunadamente Hipo lo atrapó y lo colocó de nuevo en su dragón. –Chicos ¿Qué tal si lo damos por terminado?— dijo.
—Pollo y helado.— dijo Brutacio aún dormido.
—¡Claro!— Brutilda estuvo de acuerdo felizmente. –Y como nunca encontramos ese famoso y infame Yakdragon, declárenme la ganadora del reto Tórton y podremos ir a casa.
—Uh, está bien, por supuesto.— Hipo se encogió de hombros. —Um, por el poder, eh, investido en mí, en este momento declaro que Brutilda es- ¡whoa!...
—¡¿Pero qué?!— chilló Hallie.
Comenzó cuando escucharon un fuerte rugido en la distancia, era lo suficientemente fuerte como para despertar a Brutacio. Luego vieron la fusión de los árboles con un gran dragón negro a escala.
—No puedo creerlo.— dijeron Hipo y Hallie al mismo tiempo.
—Yo tampoco.— dijo Brutilda alicaída. —Brutacio gano esta vez el reto Tórton.
—¡Sí!— Brutacio gritó en señal de triunfo y miró a su hermana con aire de suficiencia. —Te lo dije. Ahora paga.
Brutilda luego le dio una patada en la cara y los dos comenzaron a pelear entre ellos, hasta que Hipo los sacó de allí.
—¡Chicos, concéntrense! ¡Miren hacia dónde va! A nuestro campamento.— dijo. Se voltearon y vieron que tenía razón, el dragón se dirigía directamente hacia el campamento. —Si atrapa a los demas dormidos en el suelo ...
Los gemelos luego despegaron, para sorpresa de Hipo y Hallie.
—¡Chicos!— Hipo gritó.
Mientras volaban hacia el dragón, Brutacio miró a la gallina y sonrió mientras cloqueaba.
—Tambien te perdono.— dijo. Luego colocó a la gallina en la parte superior de su casco y gritó: —¡Te veo en Valhalla!
—¡Te veo en Valhalla!— Brutilda gritó.
Antes de que Hipo o Hallie pudieran detenerlos, los gemelos volaron directamente hacia el dragón, que se detuvo para enfrentarlos. Sin embargo, sucedió algo inusual, cuando hicieron contacto, el dragón se separó en varios dragones más pequeños.
—¿Que acaba de suceder?— Hallie preguntó confundida.
—¿En el nombre de ...?— Hipo se quedó boquiabierto. –Esto no es un dragón gigante. Son toneladas de pequeños.
Los gemelos no se habían dado cuenta de esto y se miraron el uno al otro.
—Si esto es Valhalla ...— dijo Brutilda.
—¿Qué haces aquí?— ambos dijeron.
—Oh, mira eso.— dijo Brutacio señalando.
Estaba señalando a uno de los dragones. Era ligeramente más grande que los Terrores Terribles. Tenía dientes pequeños y una lengua redondeada. También tiene dos pequeñas repisas en forma de cuerno en la parte superior de la nariz. Su cola era corta con cuatro puntas cortas y delgadas sobre ella. Sin embargo, mientras que los otros dragones eran negros, este era blanco y un poco más grande que los otros.
La retirada del dragón y los otros parecen responder a él retrocediendo hacia el. Los dragones rodearon una versión redondeada de sí mismos.
—Se están uniendo de nuevo siguiendo al blanco.— dijo Brutilda.
—Debe ser el líder.— dijo Hipo junto a ellos mirándolos con asombro. —Es sorprendente.
—Nunca antes había visto a los dragones actuar así.— dijo asombrada Hallie.
Entonces los gemelos volaron hacia los dragones.
—Chicos, ¿Qué están haciendo?— Hipo gritó.
Los gemelos luego sacaron una red y la abrieron para capturar al dragón blanco pero el dragón reacciono a tiempo y esquivo volando en la dirección a Hipo y Hallie. En el momento en que lo hicieron los pequeños dragones se separaron actuando todos confundidos y volando en diferentes caminos.
Hipo grito agachándose, y fue en ese momento donde se arrepintió haber dejado que Hallie montara detrás de él, porque el dragón blanco la derribó del lomo de Chimuelo. Hallie gritó con todas sus fuerzas al sentir que iba cayendo.
—¡HALLIE!— Hipo gritó aterrado en el momento que se dio cuenta que su hermana se apartó de su lado
Chimuelo rápidamente voló en dirección a la niña, utilizando toda su velocidad para poder atraparla antes de que cuerpo impacte contra el suelo.
—¡HIPO!— Hallie grito aterrada extendiendo sus manos como si pudiera alcanzarlo.
El dragón blanco se había quedado elevado en el aire, y al oír el grito de la pequeña niña, se zambulló hacia abajo en su dirección. Hallie se cubrió los ojos con sus manos al ver lo cerca que estaba del suelo.
Chimuelo jadeó sorprendido cuando el dragón blanco lo rebasó en velocidad, el pequeño dragón agarró el arco de Hallie y comenzó a agitar sus alas en un intento de elevarse pero el peso de Hallie era mucho para un animal de su tamaño.
Hallie, sin pensarlo dos veces, abrazo al dragón blanco contra su pecho fuertemente, cerro los ojos con fuerza cuando su espalda chocó contra la fría tierra y gritó mientras rodaba por el suelo, hasta quedar acostada en el. En ningún momento soltó al dragón blanco.
El pequeño dragón se removió con fuerza en sus brazos y rugió en el rostro de Hallie.
—¡Hipo!— volvió a gritar Hallie.
—¡Hallie! ¡¿Te encuentras bien!? ¡¿Estas lastimada?!— pregunto Hipo bajando rápidamente de Chimuelo y corriendo en dirección a su hermana, pero al escuchar sus risas hizo que se quedara perplejo en su lugar.
El dragón blanco había descubierto que Hallie era extremadamente cosquilluda, ella estaba intentando evitar que la cabeza del dragón le acariciara los costados. Chimuelo soltó un resoplido, con los ojos muy abiertos mirando a Hipo.
—¡Hipo, detenlo! ¡No! ¡No puedo respirar!— Halli se carcajeó, antes de entrar en un ataque de risa cuando el dragón continuó haciéndole cosquillas.
Cuando el pequeño se quitó del vientre de la chica, Hallie siguió riendo ante los lengüetazos que el dragón le daba en el rostro. Parecía que al pequeño dragón le agradaba Hallie.
Los gemelos aterrizaron cerca de ellos y se acercaron a los hermanos confundidos.
—Wow.— fue lo único que dijo Brutilda.
—¡Bam! Problema resuelto.— dijo Brutacio girándose y volviendo a montar en su dragón. —Vámonos a casa.
—Estas pesado.— dijo Hallie sonriendo con el dragón en sus brazos. Rio suavemente cuando el dragón le lamio la nariz.— Y con babita.
Tanto la preocupación de Hipo como Hallie, que dejo de jugar con el blanco dragón, era de esos pequeños dragones revoloteando en el caos.
—No sé ustedes, pero tengo un mal presentimiento sobre esto.— dijo Hipo.
—No te preocupes, tengo esa sensación también.— dijo Hallie con el dragón en sus brazos que no dejaba de gruñir con molestia al estar cerca de Chimuelo.
Luego volaron después de que los gemelos regresaran al campamento.
Minutos después despertaron a los otros jinetes y les mostraron el dragón blanco que Hallie tenía, que gruñía a los demás jinetes con furia y solo quería estar con Hallie.
—Sorprendente.— dijo Patapez.
—Se parece como a Terror Terrible.— dijo Astrid mientras el dragón blanco chillaba fuerte. —Pero más grande y más malo.
—Sí, pero viajan en manadas grandes.— dijo Hallie sonriendo al dragón.— Además, es un chico bueno ¿No es así? – el dragón saco la lengua como un cachorro al mirar a la niña.
—Y parece que son nocturnos.— dijo Hipo. Los cuatro miraron a Patán, quien los miró en blanco. –Ya sabes, salen de noche.
—Sí, ya se. Noc-a-turnos. Iba a explicárselos a ellos.— dijo Patán haciendo un gesto a los gemelos, que están corriendo alrededor de la gallina riendo.
—Y supongo que es verdad lo que dicen, 'la ignorancia es felicidad'.— dijo Hallie.
Luego dirigieron su atención al dragón blanco.
—Digo que los llamemos Terror Nocturno.— dijo Patapez dramáticamente solo para qué la gallina de Brutacio se zambullera en él, cloqueando.
—Oye, yo los vi primero, así que yo les pongo nombre.— dijo firmemente Brutacio. La gallina luego cloqueó hacia él. —¡No! Siempre dices eso. Luego dirigió su atención al dragón. —Ahora, pensemos esto lógicamente.— dijo mirando al dragón y arrugó la cara en un intento de pensar. –Salen de noche y son aterradores.
—¡Oye!— dijo Hallie frunciendo el ceño abrazando al dragón con recelo.
—Terror de la noche. ¡Lo tengo! Smidvarg y su Grupo.
Todos les dieron miradas en blanco.
—Y será Terror Nocturno.— dijo Hipo.
Hallie miro al Terror Nocturno con cariño, era la primera vez que tenía un dragón en sus brazos, y a decir verdad se sentía halagada que el dragón le agradaba estar con ella y no con los demás.
Luego escucharon el rugido de un dragón en la distancia y vieron al Terror Nocturno encogiéndose en los brazos de Hallie asustado, como si su vida dependiera de ello.
—¿Qué está pasando allá afuera?— Astrid preguntó perpleja.
—No sé, o lo que sea, a Smidvarg no le gusta, y su grupo no está poniendo atención.— dijo Brutacio.
—Vamos a revisar.— dijo Hipo.
Pero antes de que pudieran montar a los dragones, Smidvarg salió volando de los brazos de Hallie pero Patán lo atrapo en la red para que no pudiera escapar. Smidvarg chillo con fuerza para liberarse.
—Eso lo detendrá unos momentos.— dijo Patán con orgullo.
—¡Patán!— grito Hallie furios, estuvo apunto de liberar a su nuevo amigo, pero fue detenida por su hermano.
—Hallie, tenemos que ir a revisar lo que sucede allá.— dijo Hipo con firmeza sujetándola de la muñeca, sin lastimarla.
—¿Pero qué hay de Smidvarg?— pregunto Hallie preocupada.
—Lo liberaremos luego, lo prometo.— Hipo dijo y Halli asintió no muy segura.
Luego montaron a los dragones y volaron hacia el sonido.
A medida que se acercaban, vieron a los otros Terrores Nocturnos atacados por Alacambiantes.
—¡Alacambiantes!— Hipo se quedó sin aliento. Chimuelo les gruño mientras los veia atacar a los indefensos Terrores Nocturnos. —Lo sé, amigo, no es exactamente una pelea justa, vamos a emparejar las cosas.
Luego dispararon directamente contra los Alacambiantes y Chimuelo disparo una ráfaga de plasma en un Alacambiante que estaba a punto de devorar un Terror Nocturno. Les giró la cara y luego desapareció de repente.
Luego reapareció detrás de ellos y estaba a punto de atacar, pero luego fue atacado por Astrid y Tormenta.
—¡Nada de bravucones en nuestra isla!— ella dijo.
—¡Busquen su propia isla!— grito Hallie.
Patán atacó a un par de Alacambiantes que atacaron algunos de los Terrores Nocturnos.
—¡Oye! ¡No puedes tratar a nuestros dragones así!— gritó Patán.
Los gemelos luego atacaron otro Alacambiante con gas de Eructo y un ataque de chispas de Guacara.
—Solo nosotros podemos tratar a nuestros dragones así.— dijo Brutilda.
—Eso debe detenerlos.— dijo Hipo.
Vieron la retirada de los tres Alacambiantes, pero luego vieron que todos los demás descendían sobre ellos.
—¿Pero que pasara con todos esos?— Patapez preguntó con temor.
Hipo sacó su catalejo y miró a los demás Alacambiantes. Había tantos, pero no se molestaron en camuflarse.
—¡Allá vienen!— el grito.
—¿Cuántos son?— Astrid preguntó.
—¡Demasiados!
—¿Por qué vienen tantos ahora?— dijo Patapez desconcertado.
Hipo luego vio uno de los Terrores nocturnos chillarle, se dio cuenta de lo que había cambiado. –Pues, debe ser por los Terrores Nocturnos.— dijo. —Cuando capturamos al blanco, todos se separaron.
—¡Oh, por supuesto! Se unen para formar una forma gigante de ellos, como un mecanismo de defensa para alejar a los predadores.— dijo Patapez con la cara en la palma de la mano.
—Ahora comprendo por qué Smidvarg intento salir volando, era para reagruparse con su manada y ahuyentar a los Alacambiantes .— dijo Hallie sintiéndose culpable de separar al Terror Nocturno blanco de sus amigos.
—Ahora que no pueden...— dijo Hipo preocupado.
—Serán el almuerzo.— terminó Astrid.
—Oh, lo sabía, esto está mal.— dijo Hipo maldiciéndose a sí mismo por no darse cuenta más tarde. Luego miró a los otros jinetes. —Tenemos que ayudarlos. Hallie y yo iremos por el Terror Nocturno blanco. Él es su líder. Ustedes traten de detenerlos tanto como puedan.
Hipo luego voló al campamento y los otros jinetes volaron a la llegada de Alacambiantes.
Segundos más tarde, Hipo llegó al campamento y se bajó de Chimuelo. Corrió hacia el blanco Terror nocturno y quitó la red. Una vez que fue liberado, el Terror nocturno blanco despegó, pero antes de que lo dejara rugió ruidosamente en el oído de Hipo y canturreo amigablemente a Hallie que lo abrazo sonriendo.
—Sí, probablemente me lo merezco.— dijo Hipo frotándose la oreja.
—Ve a enseñarles a esos Alacambiantes quien manda.— alentó Hallie rompiendo el abrazo.
El Terror Nocturno entonces comenzó a volar en la dirección de los otros Terrores Nocturnos, pero luego aparecieron dos Alacambiantes y comenzaron a perseguirlo. Chimuelo derribo uno con su explosión de plasma, pero el segundo estaba fuera de alcance y se acercaba al Terror Nocturno.
— ¡Smidvarg!— Hallie grito asustada.
Hipo monto rápidamente en Chimuelo y volaron hacia el Alacambiante. Sin embargo, podrán llegar a tiempo cuando el Alacambiante empezó a cerrar la boca alrededor del Terror Nocturno. Hallie se cubrió los ojos aterrada gritando.
Entonces, de repente, de la nada, aparecieron los gemelos, cubrieron el Alacambiante con gas y luego chispearon causando una explosión.
—Dejas a nuestro Smidvarg en paz.— dijo Brutacio.
—Gran trabajo.— dijo Hipo volando junto a ellos. —Tu cubres a Smidvarg por detrás, Chimuelo y yo vamos a abrirle paso—. Luego vio a los gemelos y su hermana sonreírle. —¿Qué? Empieza a gustarme.
Luego llevaron a Smidvarg a reunirse con los otros Terrores Nocturnos.
Los jinetes se defendían contra los Alacambiantes, pero se estaban desbordando. Lo cual fue comprobado cuando un Alacambiante volo contra el grupo de Terrores Nocturnos, Astrid estaba protegiendo y derribó a Tormenta.
Las dos aterrizaron en una roca debajo de ellos a menos que se recuperaran rápidamente para evitar que un Alacambiante la aplastara. Ella rodó, pero accidentalmente rodó por el borde de la roca, pero fue capaz de agarrarse a la repisa.
Sin embargo, el Alacambiante estaba avanzando y no había que defenderse contra él mientras se sostenía en el borde.
—¡Ataque de lava!— La voz de Patapez gritó.
El segundo, Albondiga apareció como un ningún lado y atacó el Alacambiante con una ráfaga de lava. Esto lo enfureció y comenzó a perseguirlos, haciendo que Patapez entrara en pánico y se fuera volando.
—¡Tormenta!— Gritó Astrid.
Tormenta se había recuperado de la caída y se dirigía hacia Astrid.
Mientras tanto, Patapez estaba esquivando las explosiones ácidas del Alacambiante y voló hacia una bandada de Terrores Noctunor que Patán estaba protegiendo y luego se estrelló contra él.
Esto causó que tanto los jinetes como sus dragones cayeran al suelo. Levantaron la vista y vieron a Alacambiantes descender hacia ellos. Ambos gritaron, pero luego los Terrores Nocturnos, que se habían fusionado en una versión más grande de ellos mismos, rugieron en el Alacambiantes y los hicieron volar.
—¡Si!— gritan Patán y Patapez alegres.
Tanto Patapez como Patán vitorearon aliviados mientras Hipo, Hallie y Chimuelo daban vueltas alrededor de los Terrores Nocturnos.
—¡Bien hecho Smidvarg!— Hallie lanzo su puño al aire en señal de victoria, Smidvarg miro a los demás Terrores Nocturnos y todos juntos rugieron alegremente.
A la mañana siguiente, los jinetes observaban un diagrama que Hipo había creado.
—¿Qué es esto?— Astrid preguntó.
—Un diagrama de nuestra base nueva. Me dio la idea Smidvarg.— dijo Hipo. Luego miró a los jinetes y comenzó a explicárselo. —Miren, combiné todas tus ideas para una base gigante. Y estaba pensando que podríamos llamarlo La Orilla del Dragón. ¿Qué les parece?
Los Jinetes de dragón y Hallie lo miraron y asintieron en señal de aprobación.
—Es que, solo queria señalar que esta es la primera vez que esto ha pasado. Echen un vistazo.— dijo y se inclinó hacia el diagrama. –Cada uno tiene su sección en la Orilla del Dragón, tal como quieran que sea. Astrid, puedes hacer el área más fuerte y armada del mundo vikingo. Y, Patapez, tu lugar es el más silencioso y apartado con vista al océano, muy sereno, muy relajante, con muchas áreas para tu jardín de rocas. Patán, tu lugar está aquí. No tiene forma de S, pero puedes enloquecer con la S y pintarla en todas partes.
—¡Claro que puedo! ¡Súper Patán!— Patán aplaudió.
—¡Fosa de jabalíes! ¡Fosa de jabalíes! ¡Fosa de jabalíes!— los gemelos gritaron de emoción.
—Sí, sí, ¡aja! Me alegro que lo mencionaran.— dijo Hipo poniéndose de pie y mostrándoles el diagrama. —Hay un espacio para una fosa debajo de su cabaña. Solo háganme favor de y encierren a los jabalíes después que terminen con ellos.
—Te importa.— olfateó Brutacio.
—Conectaremos todas las secciones con puentes, tirolesas y rampas. Tendremos grandes establos con nuestra pista de aterrizaje. Y, un arena de entrenamiento de dragones. Y en el centro, dominando todo estará el área comun, el ojo de la Orilla del Dragón.
Más tarde esa noche, Hipo examina el trabajo que hicieron durante el día y se veía realmente complacido.
—Ya esta tomando forma.— dijo. Luego miró a los otros jinetes. —Y ahora vamos a agregar algo mas a nuestra nueva base ... ¿Brutacio?
Brutacio estaba aquí, estaba demasiado ocupado jugando con su gallina. —Así es.— dijo haciendo cosquillas al pico de la gallina mientras cloqueaba hacia él. Luego miro a los otros jinetes que lo miraban. —¿Qué?— él dijo. Luego se dio cuenta de lo que se suponía que debía hacer. —¡Oh, Smidvarg! –La gallina lo atacó por alguna extraña razón y Brutilda se rió. —¿Qué? ¿Ahora no puedo tener amigos?
Los jinetes se voltearon y vieron a Smidvarg volando hacia el cielo y aterrizando en una percha que habían creado.
—Si vamos a compartir la isla, pensé que también podíamos compartir la base con ellos.— dijo Hipo.
Smidvarg lanzo un rugido feliz y voló para posesionarse en el hombro de Hallie, quien sonrió con ternura.
—Además, no está mal porque parece que tienen el instinto de proteger.— agregó Patapez.
—Y con su mecanismo de defensa, no tendremos problemas en cuanto a los ataques de dragones en la isla.— dijo Hallie.
—Serán como los guardias. ¿Verdad, Smidvarg?— dijo Hipo mirando a Smidvarg.
Smidvarg chilló y Hipo lo tomó como un sí. Luego se volvió y miró a los gemelos.
—Muy bien, ahora, el reto Tórton.— dijo. —¿Cuándo va a pagar Brutilda?
—Ya lo está haciendo.— dijo Brutacio mirando a su hermana, que parecía extremadamente deprimida. —¿No lo ves? Es decir, mírala. Perdió, así que cambio su ropa conmigo.
—Claro. ¿Y si hubieras perdido?— Hipo preguntó con curiosidad.
—Uf. Hubiera cambiado la ropa con ella.
—Sí, pero ustedes usan exactamente, eh ...
Astrid luego puso su mano sobre su boca. —No te metas en eso.— dijo ella.
Entonces, de repente, Smidvarg chilló y todos los Terrores Nocturnos dieron vueltas alrededor de Chimuelo.
—¿Que están haciendo?— Hipo preguntó confundido.
—No tengo idea.— dijo Patapez.
—Yo tampoco.— dijo Hallie frotándose la cabeza.
Smidvarg luego voló en el aire y los Terrores Nocturnos comenzaron a rodearlo.
—¡Hipo, mira!— dijo Patapez con asombro.
Antes de que lo supieran, podrían convertirse en una Furia Nocturna gigante y todos miraron con asombro.
—¡Guau! ¡Que maravilla!— dijo Brutilda.
—Increíble.— dijo Hipo.
—Impresionante.— dijo Patapez.
Chimuelo gruñó al gigante Furia Nocturna y comenzó a posarse justo en frente de él. Todos rieron y luego la gallina en la mano de Brutacio comenzó a cloquear.
—Aw, gallina, no lo hubiera cacareado mejor.— dijo Brutacio.
Vieron como el gigante Furia Nocturna voló alto en el cielo y luego con un poderoso rugido se separó en los cientos y miles de Terrores Nocturnos que lo habían creado.
