Capítulo 15: Fuera de rutina
En medio de la noche, se abre un portal donde aparecen dos personas: una es muy alta, con una silueta muscular bien marcada y un largo cabello azulado. Sus ojos verde azules se posan en la pequeña que se encuentra a su lado, quien está algo desconcertada por el lugar en el que se encuentran.
Saga ríe un poco al ver la expresión de su pequeña hija. Ambos llegaron a un lugar muy extraño... más bien, a una mansión con muchos muebles, cuadros y antigüedades de todo tipo. Agnes por un momento sintió que estaba en la mansión Kido, su hogar anterior.
-Padre... ¿Cómo sabes llegar a la mansión Kido?- pregunta extrañada, aunque su reacción es peor al notar la expresión de su padre.
-No Agnes. Estamos en mi mansión, que de alguna forma puedo decir...- y le acerca su mano- bienvenida a tu casa.
La niña se queda sorprendida por el lugar tan elegante y, sobre todo, nunca pensó que realmente alguien como Saga, tuviera una propiedad de ese tipo. Ella tiene la idea que las doce casas, son los hogares de esos seres tan peculiares llamados santos dorados. Al notar la mirada de su padre, toma la mano para que la guíe. Ambos salen de un salón y pasa un mayordomo que, al ver a Saga, primero hace una inclinación y después les da la bienvenida.
-Amo Saga, bienvenido sea... pensamos que llegaría por la mañana.
-No, Pasaron muchas cosas- hace que observe a Agnes- ella es mi hija Agnes- la pequeña sonríe y saluda con algo de nerviosismo.
-Un placer conocerla, señorita Agnes- hace una reverencia el mayordomo- deme esa mochila. La llevaré a su habitación.
-… eh yo… gracias...- dice apenada, hasta que siente la mirada de Saga.
-Agnes... deja de poner esa cara- cruza sus brazos- aunque no lo creas, la mayoría tenemos asuntos, dinero y propiedades fuera del Santuario. El único que realmente no tiene nada es Shaka, aunque se debe a sus principios budistas... - y sonríe con orgullo- pero los que podemos hacer frente a la herencia de Saori, somos Camus y yo.
-… ya veo- baja la mirada- mamá era una de las amas de llaves de la mansión Kido- realmente veía poco a Saori...digo, Atena aunque el señor Tatsumi, si no tenía asuntos... me enseñaba kendo- y sonríe con ternura, dejando un Saga levemente sonrojado.
-Dime algo, hija- ambos caminan por un largo pasillo mientras el mayordomo los lleva a la habitación de la niña- ¿cómo era Atena, siendo niña? Algunos caballeros de plata y bronce, han platicado toda clase de comentarios...
-A veces indiferente... un carácter pesado. Un día de repente cambió, y todas las noches la escuchaba llorar por el señor Kido y supongo, cuando aceptó que era Atena- Saga, al escuchar eso, se queda en silencio y porque llegan donde descansará la niña.
-Señorita Agnes, espero sea de su agrado- dice el mayordomo. La niña se paraliza al ver el lugar tan grande y de buen gusto.
-Pedí que todo estuviera listo a tiempo- comenta Saga, mientras mira a la pequeña sentarse en la mullida cama.
-...padre, ¿realmente huimos del Santuario? - pregunta de pronto. Su rostro se muestra un poco molesto. Saga nunca la había visto así, hasta que cierra un poco sus ojos.
-Mejor duerme. Mañana hablamos- al decir eso, sale de habitación y Agnes no aguanta el cansancio y se queda completamente dormida.
Llega un nuevo día y Agnes está dormida hasta que escucha unas cortinas correrse al grado que, los rayos del sol iluminan todo el lugar por lo que abre sus ojos de forma repentina. Al inicio se muestra confundida, hasta que ve una mujer sonriendo.
-Buenos días señorita Agnes. El amo Saga la espera en el comedor ¿quiere que la ayude a vestirse? - la niña se siente un poco apenada.
-No... yo puedo... je- al decir eso, la señora se retira de la habitación y mira que en un sillón hay unas bolsas de ropa, por lo que busca algo para arreglarse. Para sus adentros piensa que él hizo lo mismo, cuando llegó al Santuario y ríe al darse cuenta que Saga debe pasar más tiempo con ella, para conocerle sus gustos.
Mientras tanto, Saga se encuentra mirando el paisaje que tiene ante sus ojos: el mar y el cielo claro. Toma una pequeña taza y bebe café lentamente mientras mira el periódico. No pasa mucho cuando Agnes aparece, y nota que es un comedor de caoba rectangular largo. Lo que menos desea es sentirse alejada, por lo que toma sus platos y cubiertos para estar lo más cerca de su padre quien no deja de ver el periódico.
-Buenos días Agnes- deja el periódico y la mira fijamente- espero hayas podido descansar...
-Si padre. Estaba muy cansada... ¿de verdad esto es tuyo?
-Así es. Digamos que este es mi lugar de descanso... y el de Kanon. Estamos en Japón, alejados del bullicio de la ciudad y a dos horas de la mansión Kido- Agnes casi escupe el jugo de naranja, pues no creía que estuviera en otro país.
- ¿Japón?... pero… anoche estábamos en... Grecia- sonríe ligeramente el caballero de Géminis.
-Tengo la habilidad de la teletransportación. Podemos movernos a donde queramos, sin necesidad de un avión u otro medio de transporte. No sé cómo te sientes, regresar a tu hogar anterior- la niña nota que Saga tiene una mirada triste, mientras observa su reflejo en el café.
-Padre... a mamá le hubiera gustado este lugar- sonríe con alegría y después, lo mira con seriedad- pero dime... ¿esto es una huida?
Saga no aguanta las ganas de reír ante la expresión molesta de Agnes. Se da cuenta que tiene las mismas reacciones que Kalinka. La niña al inicio no entiende su reacción, pero después se ríe con él.
-Está bien, Agnes- deja la taza en la mesa y se acerca a ella- ahora que las cosas son diferentes entre nosotros. Te diré que lo único que me molesta, es que ocultes cosas. La confianza es vital, ¿quedó claro? - y la niña asiente- te diré la verdad... es imposible que un caballero Géminis opte por la huida, como un cobarde- se acomoda su cabello y cruza sus brazos- más bien, estamos aquí porque existen nuevos reportes sobre Fausto y… quiero proteger la memoria de Kalinka.
-¿En serio? Ese hombre- y se pone un poco nerviosa, pues siente terror al saber que sigue vivo y lo peor, nadie ha podido dar con él- su padre trata de calmarla, colocando su mano sobre su hombro.
-Es más fácil que ese hombre termine muerto, que te haga algo. Nunca rompo mis promesas, mucho menos si te lo juré como caballero dorado- regresa a su asiento- también estamos aquí porque decidí que lo mejor, es ayudarte a entrenar- su mirada es fija, dejando a su hija, en silencio- desconozco cuál será tu decisión final, para el próximo 30 de mayo, pero... si quieres seguir viviendo en el Santuario, debes aprender a defenderte sola.
-¿Me enseñarás a recrear tu Explosión de Galaxias?-dice emocionada. Saga al inicio se siente extraño, aunque asiente divertido.
-Eso es demasiado avanzado, hija. Mejor termina de desayunar para comenzar.
La niña nunca imaginó que su padre, se mostrara seguro en entrenarla. Eso la llena de emoción al grado que, come rápido. Desde su interior, se siente muy contenta porque desde el momento que Camus la ayudó a entender el cosmo, soñaba un día de entrenamiento con Saga.
Unas horas después, ambos se encuentran en la parte trasera de la mansión la cual limita con un barranco que lleva al mar. La niña mira que están en una zona alta y, una caída desde ese punto equivale a morir o salir muy herido. Saga la mira y se acerca a ella.
-El mejor lugar para entrenar siempre será el Santuario, pero debemos hacer creer a las personas que huimos por el ataque de Ker. Este lugar, será el sitio perfecto para tu entrenamiento.
-Si padre...
-Agnes... - se toca su cabeza- ¿sabes artes marciales? Realmente ese tal Tatsumi... ¿te enseño kendo?- la niña lo mira seriamente.
-Mamá me enseñó karate...desde muy niña.
Eso dejó helado al dorado. Ella sólo tiene 8 años y al parecer, Kalinka no quería que fuera simplemente una niña que necesita ser rescatada, por lo que inicia el entrenamiento colocándose detrás de ella para atacarla.
-Agnes...- e intenta darle un golpe, aunque se sorprende cómo ella, se mueve para esquivarlo. Sus movimientos son lentos, pero Géminis nota que sus reflejos están bien desarrollados... hasta que observa cómo se tropieza.
-… lo... siento...- ella abre sus ojos con sorpresa al notar a su padre con un puñetazo, cerca de su rostro. Intenta detenerlo, pero siente demasiada fuerza y decide esquivarlo para después, atacarlo. Agnes intenta golpear a su padre; nota que éste, esquiva todos sus movimientos hasta que ella visualiza una rama cerca de un árbol. Corre hacia ese punto, aunque Saga la alcanza rápidamente y ella, pasa por debajo de sus piernas para tomar la rama y, colocarse en posición de ataque.
Saga la mira con total seriedad. A pesar de ser su hija, se toma en serio cada movimiento, pues en ocasiones anteriores, Agnes ha demostrado que tiende a liberar su cosmo y si no le enseña a controlarlo, tendrá muchos problemas.
-Buena pose, intenta tocarme- comenta Saga y la niña, no duda un segundo en saltar hacia él para asestarle un golpe con la rama. Por un segundo, su padre se sorprende al ver la velocidad que tomó al grado que la pierde por un breve instante.
El caballero dorado de Géminis logra escapar de ese movimiento, aunque su mejilla izquierda es herida, pues la fuerza del aire le generó una línea que comienza a sangrar. Se toca y percibe el olor de sangre entre sus dedos, dejándolo sorprendido por ese resultado... hasta que nota que Agnes, acaba de caer del barranco, por lo que corre tras ella.
-¡Agnes!-y mira que trata de sostenerse con las rocas. La ayuda a que suba y ella se muestra cansada por ese extraño entrenamiento- ¿estás bien?
-¡Si! Pero... casi caigo de ese barranco. Soy un desastre...- y siente la mirada sería de Saga, quien le pega ligeramente en su cabeza.
-Dependes demasiado de tu instinto de supervivencia, eso te limita pensar y analizar a tu enemigo, por eso casi caes. Me gusta ver que sabes pelear, aunque eres demasiado lenta. Si un día quieres ser como Kanon o yo, tendrás que entrenar en todos los aspectos...- la ayuda a levantarse- a pesar de todo esto, lograste tocarme- y le enseña su mejilla herida.
-¡Papá!... lo... lo siento- intenta tocarlo, pero se da cuenta que ella aún es pequeña de estatura y, no logra alcanzarlo pues el dorado es muy alto. Éste por su parte, la toma en sus brazos y la lleva al interior de la mansión- no, espera... puedo ir yo sola...
-Eres una enana, aun- dice Saga- si no creces lo suficiente, mi armadura te quedará enorme, je- eso hace enfadar a la niña, quien intenta bajar, pero le es imposible- aprenderás a pelear, con el tiempo. Me encargaré de pulir todos esos defectos que tienes y por mientras, aprenderás lo primero que debe dominar un géminis.
El caballero de la tercera casa del Santuario, la lleva a la parte subterránea de la mansión. Se sorprende de ver una sala amplia y sin muebles, solamente una caja dorada con el signo de Géminis.
-¿Por qué estamos aquí?- Agnes baja de sus brazos y mira todo el lugar, hasta acercarse a la armadura dorada.
-Es un sitio seguro. Sólo tu y yo podemos entrar; no dejaría la armadura en manos de cualquier persona y, estamos aquí porque deseo enseñarte algo básico pero primordial para tu entrenamiento... la seguridad de la casa de géminis.
-¿Seguridad?
-Así es. Ya sé que todos te hemos dicho que nos sorprendió la forma en la que llegaste al Santuario- la pequeña asiente- se supone que ese lugar, tiene muchas barreras que evitan la entrada de personas extrañas, enemigos o cualquiera que tente con la vida de la diosa Atena- se sienta en el suelo y la invita a que haga lo mismo- si esa primera barrera se destruye, entran en defensa los soldados y los caballeros de menor rango y pues, después sigue la seguridad de las doce casas, donde entramos nosotros...
-Yo no vi nada raro- comenta Agnes- solo la decoración de Death Mask- sonríe un poco.
-No. Su pésimo gusto, no se relaciona con lo que intento explicar, Agnes- dice Saga pensando que la casa de Cáncer, es tétrica- los santos dorados no sólo debemos proteger a Atena o salvar a la humanidad sino, defender el Santuario. Cada caballero tiene su propia estrategia que impide al enemigo, acercarse. En el caso de la nuestra, se crea a base de ilusiones, un laberinto infinito y con ello, podemos atacar al enemigo sin siquiera estar presentes- al decir eso, Agnes se queda extrada.
-¿Cómo es eso?- al decir eso, Saga mueve sus manos y su armadura sale de la caja para tomar la forma de su silueta, como si fuera un títere de tamaño real.
-Sin importar la distancia, pero con una gran capacidad de concentración se puede manejar la armadura de Géminis y, esto será lo primero que aprenderás. Te enseñaré a concentrar tu cosmo, y enfocarlo para que puedas manejarlo.
-Vaya... eso suena complicado- y mira cómo la armadura se acerca a ella y le entrega el casco el cual, la niña se espanta un poco al verlo sin cabeza-… yo nunca vi esto en casa...
-Ahm, eso tiene explicación, hija- tose un poco para aclarar su garganta- extrañamente, la ilusión del laberinto te reconoció como si fueras Kanon o yo... por eso nunca notaste nada raro- siente la mirada seria de Agnes.
-Saga, ¿alguna vez pensaste que realmente no era tu hija? - el geminiano traga un poco de saliva, hasta que siente el casco en su cara.
-¡Arg! ¡Agnes! Claro que no...- toma el casco entre sus manos y observa su reflejo- eso me generó confusión, pues la ilusión nunca falla.
Por unos segundos ambos se quedan en silencio, asimilando todo lo dicho. Saga en el fondo, al inicio pensó que todo era una broma, hasta que esa ilusión le confirmó que ella es de su propia sangre, y sintió todas las emociones posibles al grado de decidir en protegerla.
-Agnes... quiero que aprendas el arte de las ilusiones, para tu defensa personal. Honestamente, no quisiera que lo hicieras por proteger a Atena pues eso incluye entregar todo... hasta tu vida, si es necesario...
De nuevo se hace un silencio en la sala, hasta que Agnes se levanta y abraza a su padre. Saga al inicio no sabe cómo corresponder, sólo cierra sus ojos mientras ella toca la cicatriz que le hizo tiempo atrás.
-Aun no decido algo, pero si no fuera por ti, mis tíos y Atena... creo ya estaría muerta. Sería lo mínimo, para agradecer. Yo quiero ser igual de fuerte que tú...- Saga sonríe y asiente. Le fascina escuchar que la pequeña Agnes, quiere ser fuerte y, sobre todo, se da cuenta que ella lo admira desde el momento que se conocieron.
-Está bien...- con su poder, coloca de nuevo el casco, en la armadura- cierra tus ojos e intenta imaginar tu cosmo. No pienses en nada y nadie, sólo en materializar tu energía.
Al decir eso, la niña obedece y se sienta en el suelo para realizar el ejercicio. Toma un poco de aire y recuerda la ocasión que logró sentir su poder, tras algunas prácticas con Camus. Saga simplemente se queda en silencio para observarla, y detectar si necesita un poco de ayuda. La pequeña logra concentrarse y lentamente siente un extraño calor que invade todo su cuerpo, así como una extraña fuerza.
El gemelo mayor se sorprende de lo que está viendo, pues nunca imaginó que ella lograra concentrarse tan rápido y nota que su armadura se mueve tratando de reaccionar, hasta que ella simplemente logra separar las piezas.
.-Vaya. Camus te explicó bien- le señala que la armadura tirada en toda la sala.
-¡Si!- dice Agnes divertida.
-No. Eso no es nada... te quedarás aquí, hasta que puedas armar y desarmar la armadura.
-¿Qué? Pero...-su padre la mira con seriedad.
-Sé que lo lograrás- se levanta y camina hacia el exterior- tienes hasta la media noche para practicar.
La niña trata de llamar su atención y no lo logra, pues Saga se retira rápidamente dejándola sola. Al inicio le da un poco de miedo, pero respira profundo para armarse de valentía y lograr su objetivo.
Al salir del salón, Saga toma aire. No le gusta mostrarse tan duro con ella, solamente desea ayudarla a ser más fuerte. Fija su mirada en el mayordomo, quien le tiene algo fresco para beber.
-Amo Saga ¿dejará a la señorita Agnes ahí, toda la noche? - el dorado sonríe un poco.
-Hasta la medianoche y así serán todos los días... ya que estás aquí, necesito una reunión para realizar algunos cambios.
-Sí señor, haré las llamadas que necesita... ¿puedo preguntarle algo? - Saga asiente- No se le veía de mejor humor, desde la última vez que se hospedó aquí. Le sienta bien el papel de padre...- el dorado se queda perplejo, para después sonreír con tranquilidad
-Algo así... bueno, regreso en unas horas. Tengo unos asuntos que atender y, si Agnes necesita algo, no duden en atenderla por favor.
Tras decir eso, el mayordomo hace una inclinación en señal de confirmación a su petición, mientras Saga cambia sus ropas, se peina con una coleta alta y sale de la mansión con rumbo a la ciudad.
El dorado sale cuando está a punto de anochecer, tiene la confianza que su hija está a salvo y, él puede investigar a Fausto sin que nadie lo moleste. Piensa por unos momentos en Mu, especialmente si está bien, aunque disipa esos pensamientos porque sabe que el lemuriano puede percibirlos. Por el momento prefiere dejar las cosas como quedaron, pues no desea que sus planes sean frustrados.
Sale de la mansión sin que nadie lo note y abre un portal para llegar más rápido a la ciudad. Tokio siempre le pareció un lugar muy ruidoso, aunque prefiere concentrarse en su misión. Desde el fondo de su ser, desea tomar venganza contra Fausto. Mientras recuerda la información que le llegó a sus manos, camina por las calles... hasta toparse con un enorme edificio.
Nota que se trata de otro centro de investigación e intenta entrar al lugar. Mentalmente agradece a su hermano por tener datos tan específicos, pues piensa que destruyendo todo, terminará con la misión rápidamente. Opta por entrar de la forma tradicional: golpea algunos guardias y accede al recinto sin tantos problemas.
En el interior del lugar, Ker pasa su tiempo leyendo libros y pensando que los humanos son realmente creativos. Desde que está con Fausto, pasa su tiempo observando todo lo que hay a su alrededor y piensa si realmente a sus hermanos, les hubiera gustado verla entre esos seres inferiores.
La diosa Ker se acerca al hombre de cabellos plateados. Observa lo que está haciendo, hasta que capta su atención. Fausto la mira pensando si realmente ella es una diosa o un ser paranormal, hasta que ella toma la palabra.
-Para los humanos, es imposible comprender la grandeza de un dios. A pesar de eso, hay seres que osan con superarnos... por eso algunos de nosotros, siempre hemos querido destruir a la humanidad, aunque ustedes degustan por destruirse los unos a los otros.
-La ambición humana es demasiada- cierra el libro que estaba leyendo- muchos humanos deseamos poder, porque deseamos ser eternos y tener todo bajo control- ese comentario deja en silencio a la diosa, quien por breves instantes recordó la razón por la que maldijo a Saga y Kanon.
-Y a pesar de eso, la diosa Atena siempre los perdona... ¿irónico, no?
-Me es indiferente. Sólo me sorprende que esa niña, nieta del señor Mitsumasa, sea una diosa o algo divino, como dices. Ahora entiendo porque los políticos y las Naciones Unidas, siempre la están observando y pidiendo ayuda... pero, con estos avances en mi proyecto, podré venderlo al mejor postor. Al escuchar eso, Ker sonríe divertida porque le señala que observe por la ventana.
-Te traje un poco de ayuda, Mira por la ventana.
Al decir eso, Fausto observa una gran cantidad de personas esperando entrar al recinto. Se muestra un poco desconcertado, hasta que nota la sonrisa de la diosa.
-Digamos que tienes humanos que quieren usar tus armaduras. Todos ellos eran gente del Santuario- explica mientras se sienta en el escritorio- hace poco planté unas flores, generé una revuelta y pues... aunque los estúpidos dorados acabaron con mis plantas, no pudieron revertir los efectos de las mismas. Todos ellos desertaron y están aquí...sólo para ti.
Fausto ordena que se les de acceso, aunque nota que algunos guardias recuperaron el conocimiento, por lo que piensa que no están solos.
Al mismo tiempo, Saga está revisando todo el lugar. Nota que es muy parecido al anterior sólo cambia que, en ese lugar, ya no había personas o niños que fueron asesinados con la vaga idea de dar vida a unas armaduras falsas. Escucha el ruido de un gran número de personas que lentamente entran al recinto, por lo que busca dónde esconderse para no ser detectado. Nota que son personas encapuchadas, algunas conversan y otras simplemente caminan en silencio.
Cual va siendo su sorpresa al notar que, muchas de ellas provienen del Santuario. Se queda completamente paralizado y no entiende lo que realmente está pasando. Él sabe que cualquier persona que huye del Santuario; comete crímenes graves o simplemente, deshonra a Atena, es sinónimo de traición y, por ende, el castigo es la muerte. También le sorprende que sigan vivos, pues son pocas las personas que realmente han salido de ese lugar con vida.
-Seguramente, la seguridad del Santuario no ha sido completamente restaurada...
Decide que lo más conveniente sea seguirlos y tener más respuestas a sus dudas. Espera que todos se vayan y les sigue el paso en silencio completo. Nota que todos se reúnen en un salón y al fondo, detecta a Fausto. Los presentes escuchan con atención:
-Gracias a todos por asistir. Ustedes serán los primeros en probar unas nuevas armaduras que estamos terminando de crear. Tengo entendido que vienen del Santuario, es un honor tenerlos aquí- y uno de los encapuchados se hace presente, muestra a todos su caballera roja y ojos verdes.
-Para nosotros, el Santuario ya no significa nada. Muchos estamos aquí porque deseamos ser fuertes, pero los santos dorados jamás permiten que los de menor rango, sean mejor que ellos. Si dices que esas armaduras son mejores, estamos de su lado- y otra persona toma la palabra.
-Desde hace tiempo, queríamos irnos del Santuario, especialmente porque dejaron vivo a un asesino conocido como Saga de Géminis. Él asesinó a la mayoría de los caballeros y por eso, decidimos salir de ese lugar.
Saga suspira ligeramente con esos comentarios. Sabe perfectamente que muchos se alegraron cuando él se quitó la vida, en la batalla de las doce casas. Se enteró del desagrado de otros, cuando Atena le dio otra oportunidad de vida y, así ha sido por largo tiempo. No le interesa lo que piensen los demás, pues últimamente sigue trabajando en limpiar todas sus culpas.
-Esos seres ahora son traidores... mejor acabo con esto, de una vez por todas- y se concentra para crear una explosión de galaxias, hasta que siente una presencia oscura muy conocida-… maldita Ker, esto es obra tuya- y se detiene por completo.
Al fondo, detecta la presencia de la joven diosa quien, al parecer, disfruta viéndolo decidir si mata a todos o piensa en alguna alternativa. Saga nunca duda de sus decisiones, pero en esta ocasión algo se lo impide. Se da cuenta que está tomando acciones con motivos personales, una norma muy estricta para todos aquellos que son caballeros... por lo que al final, desiste y se aleja lentamente del lugar.
No tarda mucho en salir del edificio, aunque se topa con una silueta muy conocida. El rostro del geminiano se hace serio y muy molesto.
- ¿Por qué dudaste, Saga?- y sonríe- ya me acordé... estás haciendo esto a modo personal y eso, va en contra de tus principios de caballero de Atena, ¿verdad? La estarías traicionando por...ya perdí el número de veces...- al decir eso, observa que el dorado intenta atacarla, aunque opta por cruzar sus brazos y mirarla con seriedad.
-Y lo dice una diosa que se ha rebajado a trabajar con un humano, igual de miserable- sonríe un poco- nunca tuve el placer de conocer a tus hermanos, pero si tomo en cuenta las descripciones de Seiya e Ikki, creo que para ellos serías la burla.
-¡Eres un humano miserable!- e intenta atacarlo, pero Saga esquiva el ataque con facilidad- como osas insultar a una diosa...
-Me tiene sin cuidado- responde Saga- de verdad que complicas mi deber, pero esto ya requiere medidas más drásticas- y decide desaparecer en medio de la noche, dejando a Ker muy molesta.
Mientras tanto, Agnes se siente muy agotada por lo que se queda dormida. Estuvo entrenando toda la tarde y sólo logró mover un poco la armadura de su padre. Por momentos sentía que su cabeza quería explotar, hasta que lograba encontrar su punto de concentración y borraba toda clase de pensamientos. No se da cuenta que alguien entra a observarla, hasta que siente algo que la mueve.
- ¡Oye! ¿Cuándo te dije que debes quedarte dormida? - dice una voz grave.
- ¿Eh?- abre lentamente los ojos y observa a su padre de regreso- ¡Saga! … digo, ¡padre! - se asusta-… ¿cuándo entraste?- y lo mira de arriba hacia abajo- vaya,... a Mu le gustaría ver ese look- su padre evita mirarla y ayuda a levantarse.
-No digas esas cosas ¿tuviste un avance? - pregunta señalándole la armadura- ella baja la mirada y niega con la cabeza.
-No... Sólo logre hacerla vibrar un poco.
-Agnes... mañana seguirás haciendo eso y será así hasta que logres mover de un lado a otro, al menos una pieza ¿Quedó claro? - comenta el geminiano.
- ¿¡Qué!?...- hace sonreír a su padre.
-Nadie dijo que dominar el cosmos, sería fácil...
La pobre Agnes suspira pensando si realmente tomó la mejor decisión, aunque su interior le decía que no se rindiera porque Saga confía en ella. Ambos salen del salón y luego de comer algo, la pequeña corre hacia el jardín y se acuesta sobre el césped para mirar las estrellas, dejando un dorado algo extrañado.
-No te recomiendo te quedes aquí...
-¡NO! Sólo quiero mirar un poco las estrellas- cierra brevemente sus ojos- extraño a todos en el Santuario- al decir eso, Saga se acerca a ella y se sienta a su lado.
-No le digas a nadie, yo también extraño a todos- para Agnes fue una sorpresa y, sobre todo, lo observa cómo posa sus ojos verdosos hacia las estrellas. Los dos se quedan así unos minutos, en silencio absoluto, pues Saga no quería saber nada de Fausto o Ker, simplemente disfrutar del momento con la pequeña.
Desde ese momento, todos los días Agnes se dispone a aprender a manejar psíquicamente, la armadura de su padre. Su padre se sorprende al ver que se levanta sola, come algo y sigue su entrenamiento. Él por su parte, la ayuda en ocasiones y el resto del día prefiere tener un momento de tranquilidad, leyendo o simplemente observando el paisaje. Por otro lado, desde la noche que vio a Ker a lado de Fausto, prefirió no decir nada hasta que, algo en su interior le dice que lo más correcto, es avisar a Atena de la situación real.
Saga se asegura que Agnes siga en su entrenamiento y camina hasta otra zona de su mansión; junta sus manos para abrir un portal, donde entra rápidamente y se dirige al Santuario en plena noche.
El caballero de géminis aparece cerca de los aposentos de Atena y se asegura que nadie más, esté cerca. Camina un poco de tal forma que, la diosa abre sus ojos porque siente su presencia y se levanta rápidamente para escuchar noticias de uno de sus caballeros dorados.
Saga se arrodilla y espera pacientemente a que Saori, esté lista. Ambos están separados por una tela que evita se vea el área donde ella descansa, lo que permite atender algunos asuntos urgentes, sin la necesidad de perturbar su privacidad,
-Me da gusto verte de nuevo, Saga... no sabía nada de ti, en semanas ¿has decidido regresar al Santuario? - pregunta en todo dulce. El caballero baja la mirada y luego mira hacia la tela.
-Diosa Atena, le pido una gran disculpa por perturbar tu sueño y descanso... pero consideré adecuado visitarla, en este momento. Aún no decido regresar al Santuario, solamente vine para comentarle mis últimas investigaciones- Saori desde el otro lado, sonríe con tristeza por esa noticia, pero trata de escucharlo con atención.
-Es una pena, Saga. Tú sabes que eres bienvenido con Agnes... que no te preocupen las personas. Considero que debes decirme algo importante... ¿pasó algo? - y Saga toma un poco de aire para darle todos los detalles.
-Sí. Encontré a ese tal Fausto, el problema es que la Diosa Ker está con él y pues... lograron activar las armaduras que ya había diseñado. El otro problema fue, la presencia de algunos habitantes del Santuario con ellos. Desertores.
Cuando escucha eso, Atena se muestra un poco preocupada, pues el Gran Patriarca le había notificado que algunas personas habían desaparecido y con esto, se confirmaban sus sospechas.
-Atena, Ker es culpable de todo esto... de alguna forma sigue manipulando a las personas y yo, no pude hacer nada porque la estaría traicionando.
-Si es verdad lo que dices, debemos prepararnos si ella desea atacar de nuevo el Santuario... hiciste bien en venir aquí, Saga. Yo sé que jamás me traicionarías- responde con tranquilidad- siendo así, vigila los pasos de Fausto, especialmente si intenta atentar la vida de las personas... honestamente, nunca pensé que algunos de los deseos de mi abuelo, causaran tantos problemas...
En ese momento, Saga no escucha a la diosa sino a la joven Saori quien, por un segundo, solloza lo cual, deja desconcertado al dorado y un poco incómodo. En ocasiones, tanto a él como el resto de sus compañeros dorados, se les olvida que Atena es demasiado joven y en ocasiones, suele mostrar su lado más humano. No se le ocurre cómo tranquilizarla y simplemente, tose un poco.
-Disculpa Saga- dice ella mientras se limpia algunas lágrimas- continúa con tu misión... espero pronto verlos a los dos, de nuevo. Yo hablaré con el Gran Patriarca para pensar en cómo detener a Ker y Fausto.
-Señorita Saori, digo... Atena- en ese momento, comprende por qué siempre Seiya y sus amigos, prefieren referirse a ella con ese nombre- Agnes está bien y entrena duro. Esperamos el momento de regresar a este lugar- se levanta y hace una reverencia- debo retirarme.
Tras decir eso, Saga sale del lugar y abre un portal de nuevo. Al momento de entrar, algo le dice que mire hacia un pilar; se queda unos segundos esperando algo, al no ver nada sólo sonríe y desaparece del lugar.
En ese pilar, Mu estaba observando todo y en sus brazos, un Kiki casi morado porque no podía respirar. Cuando escuchan el silencio completo, el carnero suelta a su pupilo, quien respira agitadamente a falta de oxígeno.
-... ¡Ah!... señor Mu,… casi muero...- habla de forma entrecortada- ¿por qué no se acercó?...
-Prefiero no molestar a Saga. Regresemos a casa Kiki, tenemos muchas armaduras que arreglar- y se retiran de la zona, aunque la mirada de Mu es un poco triste pues sintió el cosmo del geminiano y tuvo el deseo de verlo por un momento. Al final decidió que lo mejor, era dejarlo seguir con su misión.
-Señor Mu... desde que se fue, usted está de mal humor y... y...- el caballero de Aires mira con total frialdad a su pupilo, pues no quiere reconocer que está molesto.
-Kiki, mañana haremos un entrenamiento más severo- ambos caminan hacia la casa del primer signo zodiacal- ese Saga, hizo esto para trabajar solo y quitarnos a todos de encima. Lo peligroso, Agnes está con él. No puedo entender cómo la expone de esa forma- nota que su discípulo lo mira sin palabras-...lo siento, Kiki. Sólo estoy preocupado por ambos.
-Vaya con él- responde el niño de cabello pelirrojo y su maestro niega con su cabeza.
-Hay mucho trabajo por hacer- y al llegar a su casa, apagan todo para descansar, aunque los pensamientos del lemuriano, no lo dejan tranquilo por completo.
Los días transcurren sin muchos cambios. Agnes sigue con su entrenamiento, aunque en ocasiones, invoca su cosmo al grado que no logra controlarlo y, genera algunos daños. Otras veces, Saga tiene que detenerla porque por instantes pierde el conocimiento y de forma inconsciente, su poder ataca todo lo que se mueva.
Un día, la pequeña está tratando de meditar. Tiene su mente en blanco y todo su cuerpo está brillando para concentrar su cosmo. Tuvo que pasar un mes para que ella, finalmente lograra mantenerse concentrada, por lo que está intentando mover la armadura. Cual va siendo su sorpresa que finalmente logró separar todas las partes mientras éstas, se mantienen levitando... hasta que escucha una voz conocida.
-¡Agnes!
La niña abre sus ojos con gran sorpresa y las piezas de la armadura, caen de forma estrepitosa, creando un terrible ruido que resuena en toda la mansión. Agnes se asusta y coloca sus manos sobre la cabeza para evitar algún golpe, aunque sigue escuchando la voz de un niño.
-Ese cosmos es tuyo... ¿Agnes?- la niña se sorprende tener comunicación telepática con alguien. Al inicio no entiende cómo lo logró, pero sonríe de felicidad al darse cuenta que...
-¿Kiki? ¿Eres el discípulo de Mu? - Pregunta mentalmente- ¡Soy feliz en saber de alguien del Santuario!
-¡Guau! Has avanzado mucho... yo estaba meditando y sentí un cosmo especial- comenta Kiki- todos los extrañan, pero el maestro Mu está enojado... ¿es verdad que el señor Saga salió del Santuario por una misión secreta?
Agnes se sorprende por la facilidad que tiene para mantener una conversación. Escucha que todos han estado trabajando duro para reconstruir los daños de Rodorio y el Santuario, aunque la queja más constante es sobre el caballero dorado de Aries.
-Si Kiki. Mi padre tiene asuntos pendientes. Yo tampoco estoy feliz de lo que hizo, pero aprovecho en entrenar...
-A mí me daría miedo que el señor Saga, me entrene- ríe un poco- también quiero que mi maestro sea feliz ¡Está insoportable y sólo se dedica a arreglar armaduras o entrenarme con mucha severidad...!
-Saga creo que también lo extraña. Mi padre es demasiado obvio... el otro día lo encontré dormido y lo escuché balbucear su nombre- ríe Agnes- mejor trata de convencerlo para que se reúna con mi padre.
Para Kiki, es una gran idea. Le agradece a Agnes por la propuesta y le dice que la llevará a cabo para que ambos, se puedan ver. En ese momento, llega Saga extrañado por el gran ruido que generó la armadura e inmediatamente, todo quedó en silencio; debido a esto, Agnes pierde la comunicación con su amigo.
-¡Agnes! Está todo...- y mira todas las piezas de la armadura, tiradas por todo el salón- ¿qué paso aquí? - la niña sonríe nerviosa.
-Yo lo hice... perdí la concentración y, todo salió volando.
Saga suspira, pues pensó que pasó alguna otra situación y se acerca a ella:
-¿Crees mostrarme un avance?
-¡Sí!- dice Agnes con una sonrisa- en ese momento, cierra sus ojos y comienza a concentrarse para realizar el ejercicio. Con mucho cuidado, con ayuda de su cosmo, levanta cada pieza de la armadura y lentamente la acomoda para darle forma de una silueta portándola. Su padre se muestra satisfecho, por el gran avance que logró.
-Increíble. Estás avanzando muy...- y nota que la pequeña cae rendida al suelo, pues el avance es muy grande y, eso la desgasta muy rápido- ¡Agnes!...- logra tomarla en brazos- ese esfuerzo, te dejó agotada.
-Sólo necesito dormir...-musita la pequeña-...estaré bien, papá- y se queda profundamente dormida. El geminiano sonríe por lo que acaba de ver y no duda en llevarse a Agnes a su habitación para que descanse.
.-.-.-.-
¡Hola a todos!
Ha pasado un poco más de un mes, desde la última vez que publiqué algo de esta historia. La verdad, tuve muchas cosas que hacer y preparar pero ahora, ya estoy completamente de regreso y, con el tiempo suficiente para seguir escribiendo.
¿Cómo están? Honestamente ya extrañaba actualizar y compartirles mis locuras. Por otro lado, invitado a tod s los escritores que si están afectados por el Coronavirus COVID-19, sigan todas las instrucciones sanitarias y sobretodo, traten de no salir de sus casas, salvo para lo más esencial.
Lávense seguido las manos, usen gel antibacterial y sobre todo, eviten contacto directo con la gente y, si deben quedarse en casa, es un buen momento para leer fanfics de nuestras series favoritas o cualquier otra actividad que es haga sentir bien.
No se desanimen, pues es una etapa complicada pero que podrá controlarse poco a poco…
Y sobre esta historia, finalmente inicia la tercera y última parte de "Flor del Zodiaco". Tal y como lo leyeron, la relación padre e hija de Saga y Agnes, ha mejorado mucho.
Agnes es una cajita de sorpresas porque no sólo sabe cocinar sin importar sus 8 años, sabe karate y está desarrollando con rapidez, sus habilidades.
Sobre Saga y sus excentricidades, siempre me he imaginado que puede ser una persona que le gusta la buena vida, y es divertido visualizarlo en un plano alejado de la vida del Santuario.
¿Qué pasará? Ker y Fausto han unido fuerzas, y Saga prefiere entrenar a Agnes…¿qué pasará con el Santuario? ¿Los dorados sabrán las verdaderas intenciones de Géminis? Todo esto y más, en la tercera parte de esta historia.
Nos vemos el siguiente viernes!
Con cariño,
Bunny Saito
