Capítulo 16: Reencuentros inesperados
En el Santuario Shaina y Marín observan cómo algunas personas, buscan la forma de escapar del lugar. Notan que algunos aspirantes corren y más, cuando ninguno de los dorados u otros caballeros se los impiden. En otros tiempos, las salidas sin autorización eran sinónimo de traición y el castigo era la muerte...
-Es increíble que todas esas personas, están dejando el Santuario- comenta Shaina en tono molesto- resultaron ser unos cobardes...
-Tal vez- responde Marín- sin importar el tiempo que ha pasado, muchos siguen odiando a Saga, pero no puedo creer que esa sea la razón.
-Shaina, intenté convencer a algunos aspirantes, pero no me escucharon- dice el caballero Jabu.
Los presentes se quedan en silencio por unos instantes, pues piensan que se trata de una situación anormal
-Lo mejor será que lo informemos a Aioria- dice la mujer caballero de Ofuico- Marin, encárgate de eso...- al decir eso, la maestra de Seiya se sobresalta un poco pues en ocasiones, suele visitar al guardián de la casa de Leo. Al final, no dice más y se va rápidamente de la zona, dejando al unicornio con la joven de cabellos verdosos.
-¿Es verdad lo que han dicho muchas personas? ¿Saga tiene una hija?- pregunta Jabu. Shaina asiente.
-Sí. Yo sólo la vi una vez, es como visualizar a Saga en miniatura, pero más tierna. De hecho, las ruinas que has visto en Rodorio, son a causa de ella- al escuchar eso, Jabu se queda helado.
Desde que llegó al Santuario y fue testigo de los sucesos de la batalla de las 12 casas, siempre reconoció que Saga era un caballero de temer por su gran poder y, descubrir que la hija podría ser peor...siente un gran escalofrío que recorre su cuerpo, por lo que hace reír a Shaina.
-Ja, dicen que ella no es un monstruo como el padre. Lo comento porque es la adoración de todos los santos dorados... aunque, si entrena... seguramente sería una digna descendiente de Géminis- le da un ligero golpe a Jabu- vámonos de aquí, sigamos investigando cuántos siguen huyendo.
Tras decir esas palabras, ambos se retiran de la entrada del Santuario y al mismo tiempo, Marín corre para dar su informe a Aioria, quien se encuentra jugando ajedrez con su hermano mayor. Ambos están en la entrada de la casa de Leo, sentados alrededor de una pequeña mesa.
-¡Jaque Mate!- contesta un contento Aioros, tras derrotar fácilmente a su hermano menor quien, golpea la mesa con sus puños.
-¡De nuevo me ganas!... no sé cómo lo logras...- musita Aioria fastidiado, pues eran varias ocasiones que Sagitario lo derrota con facilidad.
-Mucha práctica y paciencia... especialmente si tienes como contendiente, a Saga- el hermano cruza sus brazos y mira hacia el paisaje del Santuario - ya te dije que ser impulsivo, limita tu visión en el campo de batalla y...
Al fondo, se observa a Marín, quien al parecer mira a ambos en pleno partido. El caballero de Sagitario sonríe divertido y le da un codazo a su pequeño león, quien se sonroja ligeramente al ver a la mujer caballero. Aioros se divierte ante tal escena.
-Ah... Marín, ehmm ¿ocurre algo?
-Creo que sobro aquí- se levanta de la mesa aunque su hermano se lo impide. Marín se acerca lentamente y al ver a su hermano mayor, piensa si debe saludar con el protocolo adecuado.
-No Marín, puedes decirme sin problemas...
-Está bien Aioria, la gente del Santuario sigue huyendo. En el último reporte, detectamos que unas 50 personas han desertado y se fueron. Shaina y otros caballeros, están al pendiente y en algunos casos, tratan de convencerlos que no se vayan.
-Eso es raro- comenta Sagitario- de hecho, muchos de ellos han actuado de forma extraña... exactamente, desde que Saga se fue del Santuario. En otros tiempos, todas esas personas ya estarían muertas.
-Marín ¿el Gran Patriarca ya sabe de esto?- pregunta Leo con seriedad y ella, simplemente asiente aunque entre los dos se genera un extraño silencio el cual, Aioros se siente un poco extraño y tose un poco.
-Creo que me encargo de dar aviso al Gran Maestro... hasta que Marín rompe el hielo con lo siguiente:
-También, he escuchado que algunos han desertado porque quieren la cabeza de Saga y su hija. Comentan que alguien les dijo que pueden lograrlo, si salían del Santuario- el tono de voz es un poco más serio, dejando extrañados a los hermanos, especialmente el antiguo compañero de Géminis.
-Mejor los dejo solos, iré con Atena y el Gran Maestro para informar esto- Aioros traga un poco de saliva al decir esto, pues no puede negar que ha estado preocupado por él y claro, la pequeña Agnes. Se retira corriendo, dejando al águila y al león completamente solos.
Ninguno dice alguna palabra. Marín simplemente cruza sus brazos y se sienta sobre la mesa, esperando que Leo diga alguna frase.
-¿No me vas a ofrecer algo?- al decir eso, Aioria despierta del trance y busca a alguien para pedir algo para ambos. La maestra de Seiya sólo toma un poco de aire, pensando que por fuera ese santo es el más agresivo, pero por dentro es un pequeño y tímido gatito.
A lo largo de las escaleras que conectan con las diferentes casas de los dorados. Aioros piensa en todo. Desde el día que Géminis se fue, su cabeza ha estado llena de pensamientos sobre quien fue su mejor amigo y compañero de armas en el pasado. Cuando conoció a la pequeña Agnes, nunca se imaginó que el gemelo mayor, tuviera la remota idea de sentar cabeza... desde que lo conoce, lo describe como una persona ambiciosa y dedicada en su deber.
Nota que las cosas han cambiado, desde que ambos eran amigos que estuvieron en las buenas y en las malas. A pesar que ambos han limado las asperezas del pasado; ninguno ha intentado reconstruir esa vieja amistad que desapareció en el momento que Aioros, escapó del Santuario con Atena en sus brazos. Sagitario en el fondo siempre ha deseado intentarlo, pero Saga prefiere mantenerse alejado sin dejar de ser cordial al momento que ambos, deben convivir. Muy en el fondo sabe que, a pesar de los años, le duele y siente culpa por sus pecados.
El dorado no se da cuenta que alguien camina en las mismas escaleras y al parecer, viene distraído porque lleva en sus manos, piezas plateadas y verdes, como si se tratara de armaduras. Ninguno nota la presencia del otro, por lo que terminan por chocar de tal forma que las armaduras salen volando y ambos caen al suelo, aunque Aioros termina por rodar en las escaleras.
-¡Aioros! … disculpa ¿estás bien? No debería pasar eso. Creo que estoy muy distraído...
-Ah... estoy bien, Mu...-el santo de sagitario se levanta con dificultad y ayuda a recoger las armaduras que están el suelo- oh, son las armaduras de Seiya y Shiryu... ¿de nuevo se dañaron? - Mu asiente, aunque su rostro es de molestia por esa situación.
-Esos niños, se fueron a pelear y así regresaron- dice tratando de mantener la calma- gracias por ayudarme.
-No hay de que- lo mira por unos segundos, pues tiene la curiosidad de saber si él, sabe algo de Saga- Mu, te veo un tanto desanimado... ¿Has sabido algo de Saga, en el último mes? -al preguntar eso, el rostro del lemuriano es más serio de lo normal, por lo que piensa que es algo incómodo.
-No. Sé que él y Agnes están bien, pero... no ha hecho nada para confirmarme eso- tras decir eso, decide usar la teletransportación para llegar más rápido a su casa, dejando un Sagitario con la palabra en la boca.
Aioros notó que Mu está molesto desde que Saga se fue. Evita a la gente y prefiere atender su trabajo en el arreglo de las armaduras del Santuario. Tras esto, no tarda en llegar a la sala del Patriarca Shion, quien se encuentra platicando con Dohko.
-Maestro Shion, tengo información importante sobre los habitantes del Santuario. Disculpe si lo interrumpo- el caballero hace una reverencia. Dohko, al escuchar eso, suelta una carcajada mientras coloca su mano sobre el hombro de Sagitario.
-Nunca Aioros. Yo me retiro porque hay muchas cosas por hacer; de hecho, yo soy quien interrumpe las actividades de Shion- se retira rápidamente, mientras el antiguo caballero de Aires, observa al santo dorado.
- ¿Y bien? ¿Siguen huyendo las personas? - el Patriarca prefiere ir directamente al tema, por lo que Aioros asiente para después, comentar lo último que escuchó.
-Así es. Algunos intentan convencer que se queden, pero muchos no cambiaron de idea. Eso incluye que se han escuchado rumores que una de las razones de su huida, es que desean la cabeza de Saga y, por ende, de Agnes.
Al escuchar eso, Shion se sorprende pues nunca imaginó que esos "actos de rebeldía" llegaran tan lejos al grado de buscar la muerte, de un caballero de mayor rango.
-El problema es que Saga, no dejó huella o alguna pista para saber dónde se encuentra- Shion piensa un poco- generalmente, toma este tipo de actitudes...
-Cuando no quiere que alguien más se involucre, en algo que ya tomó como personal- termina la frese y se arrodilla ante el hombre de cabello verdoso- considero es importante encontrarlo. Él está limpiando sus culpas, y no era necesario que se fuera- levanta la mirada- le pido me ordene ir a buscarlo. Su presencia en el mundo exterior, puede poner en peligro a las personas.
Shion sonríe con tranquilidad al escuchar eso. Él conoce perfectamente la relación cercana que había entre los dos; desde que tienen una nueva oportunidad de vida, siempre quiso saber si esa vieja amistad, se restauraría. Aioros se extraña por su reacción.
-Aioros. Es verdad lo que dices. Es una pena que los nuevos aspirantes están desertando y otros; viejos rivales de Saga, también están dejando el Santuario...lo peligroso aquí, ellos pueden afectar a otras personas mientras lo buscan.
-Sí. No creo que quiera regresar, pero... ¡lo convenceré! - responde con muchos ánimos, Sagitario- aunque... tanto Atena como usted, ¿ya tienen alguna decisión sobre el destino de los desertores? - pregunta con curiosidad, pues lo que menos le gustaría es acabar con sus vidas o algo por el estilo.
-… Atena no desea muertes innecesarias, pero si es verdad lo que quieren hacer con Saga... eso puede ser considerado traición- comenta el patriarca- por otro lado, yo creo que esta situación tiene que ver con la diosa Ker- su rostro es más serio- las flores que sembró, liberaron un perfume que debilitó el sello que protege el Santuario. Éste también afectó a las personas que salvamos esa ocasión.
-¿Realmente todo es obra de Ker?- pregunta Sagitario.
-Sí. Envenenó el alma de muchos de esos desertores... me sorprende que Shura, no terminara como ellos.
-Afrodita nos enseñó, en su momento, evitar la mayoría de los efectos de venenos o sustancias tóxicas- responde el santo dorado.
-Siendo así, te asigno la misión de regresar inmediatamente a Saga y Agnes. Si hay desertores creando caos, no queda de otra que eliminarlos ¿entendido? - Aioros asiente. Camina hacia la puerta del salón y voltea a verlo de nuevo.
-Señor Shion,… sólo quisiera pedirle un favor ¿me puede asignar como compañero de misión a Mu?- el maestro del lemuriano lo mira con extrañeza y después, lo observa con mala cara.
-Ya había olvidado que mi pupilo, está de pésimo humor por culpa del idiota de Saga- aprieta sus puños- estoy tan viejo que olvido las cosas.
El hermano mayor de Aioria, se siente incómodo con esa reacción. Todos en el Santuario tienen claro que Shion no sólo es el Gran Patriarca sino, el maestro y casi un padre para Mu. Su trato hacia él, llega a ser desde lo estricto hasta un padre amoroso... aunque al enterarse de su "relación amistosa" con Saga, fue la única vez que perdió la calma que siempre lo caracteriza.
-Mu debe decidirlo por su cuenta.
Tras decir eso, Sagitario sale del salón y se prepara para salir del Santuario por la noche. Piensa que, si Mu lo acompaña, Saga podría cambiar de opinión más rápido. Al anochecer, ya tiene todo listo y se encamina hasta llegar a la casa de Aries, donde Kiki se encuentra sentado mirando las primeras estrellas del cielo nocturno. Su pequeño rostro se muestra cansado pues últimamente, Mu es demasiado estricto con su entrenamiento. El niño, al ver a Aioros, lo saluda con una sonrisa.
-¡Aioros! ¡Hola! ¿Buscas al maestro Mu?- Pregunta el pequeño con curiosidad. El hombre que salvó a Atena, asiente- está en casa, sólo que no desea que nadie lo interrumpa.
-Está bien. Entraré de todas formas, necesito que me acompañe a una misión- no le importa nada más y entra. Nota que su casa es bastante cálida, hasta que observa que alguien se acerca con algo de seriedad en su rostro.
-Kiki, te dije que no permitieras que nadie...- y se queda helado al ver a su compañero Sagitario, con sus ropas de entrenamiento y en sus hombros, la caja dorada con su armadura- ¡Aioros! Disculpa, pensé... ¿ocurre algo?
El caballero de cabellos oscuros le da una palmada en su espalda, al grado que el joven tambalea y lo observa con mayor extrañeza.
-Toma tus cosas porque nos vamos de misión para obligar a Saga que regrese de inmediato, al Santuario.
-¿Qué? Pero, ¿yo qué tengo que ver en eso? - responde el lemuriano.
-Je, pensé sería buena idea reunir algunos tórtolos. Comenta mientras busca su caja dorada. Por otro lado, nos enteramos que han desertado muchas personas del Santuario y, algunos desean la cabeza de Saga.
-… no me sorprende- responde a secas- él lo puede resolver solo, no me necesita y menos al resto- cruza sus brazos.
Aioros nota que Mu, está molesto hasta que lo mira a los ojos para tratar de convencerlo.
-Mu, ¿tú sabías por qué, en su momento, te dieron la oportunidad de llevar a cabo misiones fuera del Santuario?- al escuchar eso, Mu baja un poco la mirada.
-Demostré que no sólo era un experto en arreglar armaduras...
-Y porque Saga insistió en darte esa oportunidad- se toca un poco nervioso la cabeza - ese loco doble cara, vio en ti muchas cosas... no sólo tus habilidades como armero del Santuario sino, un digno caballero de Atena. Él ya se había fijado en ti, desde el entrenamiento exhaustivo que tuvimos los tres con tu maestro Shion.
No se da cuenta que Mu está como un tomate. No pudo evitar el sonrojo, aunque en el fondo no entiende por qué le dice esas cosas. Piensa que tal vez, lo hace para convencerlo de que lo acompañe, pues su propia mente le dice que dejara todo y saliera del Santuario para buscarlo.
-… eso, ¿Saga realmente piensa eso?- responde el lemuriano.
-Así ha sido siempre- responde con una ligera sonrisa, Aioros.
En ese momento, Mu se aleja de él y desaparece por unos minutos. El dorado se queda extrañado, por lo que piensa que se trata de una respuesta negativa hasta que lo ve listo con su caja dorada y, una mirada entre seria y tranquila.
-Estoy listo. Ahorremos tiempo y nos teletransportaremos- Aioros se queda sin palabras, aunque asiente.
-… espera, ¿realmente sabes dónde encontrar a Saga?- pregunta tragando un poco de saliva. Mu sonríe divertido.
-Digamos que Kiki y Agnes, han mantenido comunicación telepática, desde los últimos días... sin que ninguno se diera cuenta, intervine para localizarlos. Sólo sé que están en Japón.
Aioros suspira divertido. Le agrada la nueva actitud de Mu, aunque por un momento teme por las verdaderas intenciones de Aries. No pasa mucho cuando ambos salen de la primera casa del zodiaco para iniciar con el viaje. Kiki los mira y se acerca a su maestro.
-Señor Mu, ¿finalmente se decidió por buscar al señor Saga?- el carnero sólo le revuelve el cabello.
-Kiki, termina el resto del trabajo de las armaduras...
-¡Está bien!
Mu cierra por unos instantes sus ojos, para crear una onda que envuelve a ambos y en instantes, ya habían desaparecido. El pequeño discípulo observa el momento con gran alegría, aunque al reaccionar que tendrá que terminar con todo el trabajo, suspira con desagrado. Al final, entra a la casa y prefiere descansar para rendir al día siguiente.
No pasa mucho cuando Aioros y Mu, llegan a las calles llenas de gente en Tokio. Sagitario está muy sorprendido por todas las luces nocturnas pues al parecer, nunca había conocido un lugar tan bullicioso mientras que Mu, se muestra un tanto tranquilo.
-Creo que prefiero un poblado tranquilo. Responde Aioros.
-Alguna vez vine aquí, para saber si realmente Saori estaba viviendo en este lugar.
-Entonces este lugar, ¿es dónde vivía el señor Kido?- pregunta mientras nota que algunas personas los observan raro por sus ropas y cajas doradas.
-Así es. Ven, ya recordé que estamos cerca de un lugar conocido...-y sin pensarlo dos veces, jala al antiguo amigo de Saga del brazo y, desaparecen del sitio para llegar a una zona más alejada de la gente.
Los dorados llegan a unas ruinas que parecen un coliseo romano. Ambos están en lo que quedó del lugar que Saori mandó a construir, para su Torneo Galáctico. Mu le explica de forma breve lo que se hizo ahí, de tal forma que Aioros intenta imaginar a toda la gente y, su armadura esperando un nuevo dueño.
-Debió ser un lugar increíble... aunque ninguno de nosotros, participaríamos en un torneo como este. Creo que lo tomaríamos tan en serio que, algunos destruimos el lugar.
-Seguramente- comenta Mu mientras cruza los brazos- quiero pensar que mi maestro Shion, te asignó la misión pero... ¿dónde nos quedaremos esta noche?
Aioros se toca la cabeza, pues nunca pensó esa situación. Mu solo suspira un poco y piensa que lo mejor será que ambos se queden en ese lugar. El caballero de Sagitario, se disculpa con él por la situación y al final, buscan alguna zona en la que pueden descansar porque al día siguiente, buscarán a Saga.
Llega un nuevo día, el sol aparece lentamente y en lo que parece ser las ruinas del coliseo, donde se llevó a cabo el Torneo Galáctico, dos hombres despiertan lentamente aunque se sobresaltan al escuchar policías que entran al lugar, pues se dio aviso que dos desconocidos entraron a la zona sin permiso.
-¿Qué es todo ese ruido?- pregunta Aioros.
-No debimos quedarnos aquí, ya viene la policía... vámonos- responde Mu a punto de teletransportarse.
Cual va siendo la sorpresa de ambos que llega la policía. Ambos son rodeados y notan que todos los están apuntando con sus armas. Sagitario se acerca un poco a ellos.
-Señores, creo que esto es un error...no nos apunten con esas cosas.
-Nadie puede entrar a este lugar sin autorización. Les pediremos que salgan de una vez, o serán arrestados.
En ese momento, llega un señor calvo y con varios años encima. Lleva un traje oscuro con corbata negra y al parecer, se muestra molesto porque tiene invasores desconocidos en lo que queda del edificio.
-¿Ya vieron quiénes están invadiendo?- nota a los santos con sus ropas de entrenamiento y unas cajas doradas, especialmente se sobresalta con la de sagitario... hasta que mira a Mu- ¡no puedo creerlo! Realmente es usted... ¿señor Mu?
Mu simplemente sonríe con nerviosismo. Aioros se muestra un tanto confundido, pero algo en su interior le dice que lo mejor, es confiar en su compañero.
-Señor Tatsumi... hacía años que no lo veía - responde el lemuriano, por lo que el protector de Saori hace una ligera reverencia.
-¿Todo bien en el Santuario?... hace meses que la señorita Saori, no nos visita.
-Ella está bien, sólo estamos buscando a la pequeña Agnes...- Aioros no entiende por qué no menciona que es la hija de Saga.
-¿Agnes? ¿La pequeña de Kalinka? Ellas... se fueron de la mansión hace tiempo...- su rostro se muestra algo serio, aunque su mirada se posa en Aioros, por lo que Mu los presenta.
-Él es Aioros de Sagitario, el verdadero dueño de la armadura dorada que estuvieron protegiendo por años- el hombre se sorprende de verlo, pues se le hace conocido porque llegó a tratar al caballero de Leo.
-Un gusto... hicimos todo lo posible por proteger esta armadura- responde Tatsumi.
-Lo sé, han hecho un gran trabajo...- Entre todos se hace un pequeño silencio, hasta que Tatsumi lo rompe.
-¡Mejor los llevo a la mansión Kido! Seguramente, la señorita Saori estará de acuerdo que se queden ahí ¿realmente conocen a la pequeña Agnes?
-Si- es lo único que responden al unísono los dorados.
Tatsumi llama por la limusina y ambos entran en el coche elegante que muchas veces, llegó a usar Saori. Aioros se sorprende por todo lo que sus ojos ven y en el fondo, se da cuenta que encontrar a ese anciano y dejarle a la pequeña Atena, fue la mejor decisión. Mu sólo se dedica a mirar el paisaje mientras intenta detectar el cosmo, tanto de Saga como la pequeña Agnes...
Mientras tanto, en la mansión alejada de la ciudad. Saga ya se había levantado y se sienta en el comedor para esperar el desayuno. Toma el periódico y lee un poco, pasan algunos minutos y se extraña no ver al mayordomo sirviéndole los alimentos. Se siente un tanto desesperado, y decide entrar a la cocina para saber lo que realmente está pasando.
Los ojos del geminiano se abren con sorpresa al observar a los sirvientes alrededor de Agnes, quien está en la estufa, cocinando algo. El personal trata de convencerla que se detenga, pero ella no hace caso... hasta que siente la presencia de su padre:
-¡Hola Saga! Hoy quise preparar el desayuno- sonríe con mucha alegría. Saga no sabe qué decir, pues no sabía que la pequeña tuviera esas habilidades- ya estoy por terminar.
-Señor Saga, tratamos de detenerla pero... es muy ágil- comenta el mayordomo, por lo que el dorado sólo se da media vuelta y regresa a su lugar.
No pasó mucho tiempo cuando la pequeña, sale con un carrito con todos los alimentos. Los sirvientes se acercan para servir, pero ella les dice amablemente que no lo hagan. Saga no dice nada, y prefiere observar lo que está pasando hasta que ella termina para después, sentarse a su lado.
-Padre, sería un honor que lo pruebes...- dice la pequeña algo sonrojada. El hermano de Kanon primero la observa sin mostrar expresión alguna y después, toma un cubierto para probar un pedazo de omelete. Al probarlo sus mejillas se sonrojan, pues lo considera delicioso. La pequeña ríe un poco por su expresión.
-…. Me agrada…
-¿Sólo eso?- responde un poco desanimada.
-Ahora le creo a Camus. Tu madre era todo lo contrario… un día casi me asesina- recuerda su padre imaginando una ocasión en la que Kalinka, le preparó un pastel y el dorado más poderoso del Santuario, casi muere de una indigestión.
-Por eso aprendí a cocinar- ríe la pequeña.
Agnes le platica algunos recuerdos mientras almuerzan. Al finalizar, Saga se queda pensativo unos segundos dejando a la pequeña, con mucha curiosidad. Ella piensa que probablemente, la mandará a entrenar de nuevo aunque él, primero se levanta de la mesa y se acerca a ella.
-Hoy no entrenarás.
-¿Qué dices? Pero…- la pequeña se sorprende por esa frase.
-Salgamos de paseo… ¿te gustaría?- el dorado sonríe ligeramente, haciendo sonrojar a Agnes quien asiente y no duda en abrazarlo con mucha efusividad, dejando al gemelo mayor paralizado.
-¡Sí!
En ese momento, la niña se va corriendo para arreglarse mientras Saga se siente orgulloso que esa pequeña, sea una caja de sorpresas.
No pasa mucho tiempo cuando ambos están listos. Saga viste un pantalón gris perla con una playera tipo polo azul claro y en sus hombros, un ligero suéter. Agnes prefiere usar un vestido de flores rosado y un sombrero beige. El santo le pide lo acompañe a lo que parece ser la cochera y su hija, se sorprende de ver un Lamborghini dorado y unas motocicletas.
-El auto es mío, las motos son de Kanon… ¿alguna opción, que te interese?
-Padre… no sabía que tú y tío Kanon, fuesen tan extravagantes…- Saga se acomoda un poco su cabello y al no conocer la respuesta de ella, toma su mano y la acerca al automóvil para abrirle la puerta.
-Todos los santos dorados, tenemos nuestros gustos culposos… vámonos- tras decir eso, sube al auto y no tarda en encenderlo. Agnes se coloca el cinturón de seguridad y observa cómo su padre, maneja tan elegante auto.
El auto sale rápidamente de la mansión y ninguno de los dos dice nada aunque Agnes, se muestra pensativa.
-¿Pasa algo?- pregunta Saga.
-Padre… ¿alguna vez, has deseado no ser un caballero de Atena?- el santo se sorprende un poco por la pregunta.
-Nunca. Desde que nacemos, sabemos que es nuestro destino. Ninguno de nosotros tiene miedo de morir por proteger al mundo o Atena; ya hemos muerto en el pasado, pero ahora tratamos de disfrutar de la vida…- y por un instante, voltea a verla- al menos yo ya tengo otra razón más, para pelear por el amor y la justicia.
Agnes se siente emocionada y estaba por decirle algo más, cuando se da cuenta que llegaron a su destino final: un parque de diversiones. Saga estaciona el auto y como todo un caballero, abre la puerta a su pequeña, a quien ayuda a que baje con cuidado.
Padre e hija pasan un día muy divertido en el parque de diversiones. Se suben a casi todos los juegos y no se dan cuenta que muchas personas los observan, especialmente mujeres jóvenes y adultas, pues consideran a Saga un hombre demasiado guapo. En la montaña rusa, Agnes grita con todas sus fuerzas mientras su padre, se mantiene paralizado y en la casa de los espejos, el dorado termina por quebrar algunos porque se desespera.
En la casa del terror, la pequeña se aferra a Saga, quien sonríe divertido por su reacción:
-Agnes, no puedes tener miedo a estas cosas. Has lidiado por situaciones peores… esto es una brisa ligera del mar.
-¡Padre! Pero estas cosas son feas…
-En el Santuario tenemos monstruos peores… además, un géminis no tiene miedo- al escuchar eso, ella se separa de él y mira todo el escenario oscuro de la atracción, pensando que él tiene toda la razón. Sabe que no debe tener miedo, y termina por disfrutarlo a lado de Saga.
Unas horas más tarde, los dos se encuentran sentados mirando el lugar. La gente pasa de un lado a otro, escuchándose los gritos de los niños y adultos que se divierten en los juegos mecánicos. Ambos parecen divertidos aunque el geminiano nota que Agnes, observa un pequeño local donde venden helados y piensa que probablemente, desea en uno. Sin decir nada, se levanta del asiento y camina con tranquilidad hacia el local, la niña se queda extrañada a la escena.
Saga camina y se forma en la fila, no se da cuenta que algunas mujeres lo observan minuciosamente, pues les sorprende ver un hombre bien vestido, en un lugar como un parque de diversiones. Al inicio el geminiano no le presta atención, hasta que escucha algunas voces que hablan de él. Pide dos helados y mientras espera su orden, se mueve y no se da cuenta que empuja a una joven.
-¡Ay!- la joven está por caer al suelo, aunque Saga reacciona de inmediato y evita que ella se lastime por lo que la toma en brazos.
-Disculpe, no me fijé que estaba cerca…- responde el geminiano, mostrando su rostro apenado. La joven no puede evitar sonrojarse. Las otras mujeres suspiran y gritan de la emoción.
-No, yo…- la pobre chica casi no puede hablar porque Saga acerca su rostro al de ella, para ver si no tiene ninguna clase de herida- fue… mi culpa- su rostro está completamente rojo porque la mirada azulina-verdosa del dorado, es muy penetrante.
-Creo que ambos tendremos cuidado la próxima vez- y la baja para después, inclinarse un poco- buen día, dama.
En ese momento, el pedido está listo y se lleva ambos helados hasta donde está una Agnes con cara molesta por la escena. Las mujeres de la fila, notan que él se acerca a la pequeña y le da el helado que tiene fresas y malvaviscos mientras que él, se queda con uno más sencillo y con chocolate.
-Ten, un pajarito me dijo que te gustan las fresas y las golosinas- Agnes intenta decirle algo pero al ver el helado, la deja completamente callada. Se sonroja por el gesto y lo toma entre sus manos, Saga se sienta a su lado.
-Yo… gracias papá- y se escuchan los gritos de las mujeres por ver tan dulce escena. Saga dentro de sí mismo piensa que ellas son más ruidosas que las doncellas del Santuario, quienes suelen emocionarse al ver a los doce caballeros dorados, desfilar en alguna ceremonia o fiesta importante.
Algunas señoras intentan acercarse para hacer plática con Saga, quien no les hace caso, hasta que Agnes sonríe divertida y se aferra a su padre.
-Temo decirles que mi padre, ya tiene dueño…- las señoras se quedan perplejas y más, porque Saga está concentrado comiendo helado y al final, todas ellas se alejan. Cuando no hay nadie más, él sonríe con malicia y toca la cabeza de su hija.
-Esa es mi hija. Me estaban dejando sordo.
-Le diré a Mu.- lo mira con seriedad.
-Seguro ya sabe.
Tiempo después, ambos están en el auto rumbo a otra dirección. Agnes se da cuenta que no van hacia la mansión y se le hace conocido el camino, por lo que trata de preguntarle.
-¿A dónde vamos? ¿No iremos a casa?
-No. Vamos a otro lado. Un sitio que conoces bien- el dorado aumenta un poco la velocidad para llegar a su destino final.
Cual va siendo la sorpresa que Agnes, reconoce que están llegando a la mansión Kido. Sus ojos se abren llenos de sorpresa y mira a su padre para preguntarle mentalmente, la razón de visitar su anterior hogar.
-Necesito recoger unos documentos de tu mamá. No es difícil dar con este lugar…
No pasa mucho cuando el auto se detiene y Saga sale primero para abrir la puerta a su hija, quien se siente emocionada por regresar al lugar del que escapó con su madre. Agnes corre hacia la puerta principal, y no duda tocar el timbre.
Se escucha el ruido y Tatsumi corre para saber quien está en la puerta. Al ver de quien se trata, se sorprende de ver a la pequeña Anges, a quien ya consideraba perdida.
-¡Señorita Agnes! ¡Está bien!- grita de emoción para abrazarla y ella, corresponde de la misma forma- Que gusto me da verla… pero, ¿cómo llegó aquí?- y observa a Saga de brazos cruzados. Tatsumi se sobresalta al reconocer a esa persona, la misma que vio intentar acabar con todos en el Santuario. Sin pensarlo dos veces, se lanza sobre Saga- ¡Usted es el hombre que trató de matar a la señorita Saori! ¡Aléjese de él, Agnes! ¡Es peligroso!
El gemelo mayor, se mueve ligeramente y con un solo dedo, lanza hacia una fuente a Tatsumi, quien se molesta por esa acción y Saga, simplemente evade la mirada.
-¡Basta!- grita Agnes- señor Tatsumi… Saga es mi padre, venimos para recoger algunas pertenencias que se quedaron aquí.
El mayordomo y protector de Saori se queda helado. Las piernas le flaquean al darse cuenta que ella, es idéntica a él. En su mente piensa que ese hombre, podría ser de las personas que si le tocan o le hacen algo a su hija, desata el infierno.
-NO puedo creerlo… usted… realmente es…
-Sí. Agnes es mi hija y tuve una relación con Kalinka- se acerca a él- ahora bien, dime ¿dónde están las pertenencias de ella?
Al sentir la mirada asesina de Saga, Tatsumi traga saliva y prefiere obedecer a Géminis. Los invita a que entren a la mansión y ambos, son guiados hasta llegar a la zona donde están las habitaciones de la servidumbre.
Tatsumi saca unas llaves y abre una de las puertas, Agnes siente un vuelco en el corazón al recordar la noche en la que ambas, tuvieron que huir, pues su vida corría peligro. Saga nota su expresión y simplemente, acaricia un poco su cabeza. Los tres entran y el mayordomo se extraña por la petición, pues no hay muchas pertenencias salvo: una maleta y en el escritorio, varias hojas.
-Gracias Tatsumi, puedes irte- ordena Saga, generando molestia en el hombre. Agnes sonríe nerviosa y le hace señas que se vaya- queremos estar a solas.
-… que hombre tan más extraño- musita Tatsumi mientras se aleja del lugar. Camina por los pasillos de la mansión y tanto Mu como Aioros, escuchan que está murmurando cosas casi imperceptibles.
-¿Ocurre algo, señor Tatsumi? Pregunta Mu con curiosidad.
-¡Arg! ¿Acaso este lugar ya es un punto de reunión para ustedes? Acaba de llegar el tal Saga con la pequeña Agnes…. ¿por qué nadie me dijo que él, es su padre?
Mu deja caer el libro que estaba leyendo y Aioros, escupe el agua que estaba tomando y ambos saltan para buscar al hermano mayor de Kanon. El lemuriano siente un nudo en el estómago, pues nunca imaginó que se encontraran en la mansión Kido.
-… si claro, no me hagan caso- dice el mayordomo- están en una de las habitaciones de la servidumbre.
-Gracias señor Tatsumi- agradece Mu haciendo una leve inclinación y corre con Sagitario para toparse con Agnes y su padre.
Al mismo tiempo, Saga revisa todo el lugar y lamenta darse cuenta que el sitio fue limpiado y acomodado, por lo que es difícil saber si hay alguna pista. Piensa que podría tener respuestas en las hojas y, la maleta que contiene una computadora.
-¿Aquí vivían?- pregunta en seco.
-¡Sí! Mamá y yo llegamos cuando tenía un año- toma las hojas y se las entrega a su padre- ¿Qué más quieres saber de mamá?
-… lo necesario para vengar su muerte- la mirada de Saga se torna triste- nunca pensé que ella pasó por tanto. Si las cosas hubieran sido diferentes, ustedes…- siente la mano de Agnes, quien le sonríe para calmarlo.
-Mamá sólo quería que yo estuviera bien. Escapamos porque Fausto no sólo vino aquí a robar los planos sino, también quería matar a mamá… y de paso a mí. Los hombres para los que trabajaba, ya no la querían- mira las hojas- creo que esos son nombres.
-Tengo mucho material para revisar…
En ese momento, Aioros y Mu llegan a la habitación y el lemuriano se queda helado al ver a Saga de espaldas. El gemelo siente una presencia.
-Tatsumi, le dije que nos…- deja caer las hojas al sentir un cosmos conocido. Agnes voltea y se sorprende al ver a Mu y Aioros.
-¡Mu! ¡Tío Aioros!
-¡Agnes! Me da gusto verte…- Mu no duda ningún momento en abrazarla con mucho cariño. Estaba preocupado por ambos.
-Hola Agnes, nunca pensamos encontrarte aquí- responde Aioros y luego observa a un perplejo Saga- vaya, es un gusto verte de nuevo… Saga- y le extiende la mano para saludarlo pero el gemelo dorado, no responde al gesto y su rostro se pone serio.
-¿Qué hacen aquí?
-Nos enviaron del Santuario porque debes regresar con nosotros- dice Aioros con tranquilidad.
-… a mi no me engañas, Aioros ¿esto es idea tuya, verdad?...- mira a Mu- Creí que tenías muchas armaduras por arreglar…
-Saga...- ambos se miran unos segundos y el santo de Géminis no dice más, prefiriendo hacerse a un lado para salir de la habitación con la maleta y las hojas. No dice más a nadie, ni siquiera al lemuriano quien lo detiene- ¿Estás molesto?
-Un poco- y se va de la habitación. Agnes suspira pensando que su padre es demasiado complicado de entender. Observa a Mu serio y Aioros, tratando de entender toda la situación.
-Pasan los años y Saga sigue siendo un cabeza dura- responde Sagitario, tratando de animar al caballero de Aries, quien evita que lo toque y sale muy serio de la habitación, quedando sólo la pequeña y él.
Mu trata de alcanzar a Saga, quien camina con gran rapidez hasta que, choca con el muro de cristal del lemuriano. Géminis se toca adolorida la cabeza y mira con frialdad al hombre cabellos violetas.
-¿Por qué me detienes con tu muro?
-¡Eres un idiota, Saga! Ya estoy cansado que siempre te sales con la tuya. Yo sabía perfectamente que te fuiste del Santuario, porque querías tomar venganza personal de todo lo que ha pasado. Nunca dejas que el resto de nuestros compañeros, te ayuden. Lo peor, expones a Agnes al peligro.
-Fue mi culpa, el daño en el Santuario- responde con seriedad- Agnes siempre estará más segura conmigo… además, deberías estar atendiendo tus armaduras ¿por qué dejaste de hacerlo?- Mu aprieta con fuerza, sus puños.
-Porque gracias a tus actos, mucha gente se fue del Santuario y buscan tu cabeza…
-Eso ya lo sé- responde rápidamente- ahora están trabajando con Fausto y Ker. Esa maldita diosa envenenó sus almas- se acerca a él- ¿Por qué no me detuviste, el día que fui a reunirme con Atena? Ya te dije que nunca te limites, sobre todo cuando sabes el momento, en el que debes romper las reglas…
-¡Estúpido Saga! Mínimo alégrate de verme… - grita Aries- si no fuera por Aioros, estaría en el Santuario. Estaba preocupado por ti y Agnes.
-Yo no quería meterte en este problema, Mu- el rostro del gemelo se muestra menos serio y mira fijamente al carnero- esto es un asunto de mi pasado… y una promesa que le hice tanto a Agnes, como su madre pero veo que por más intento separarlos, siempre estás… aquí- y Mu lo abraza.
-¿Acaso lo has olvidado? Yo te dije que siempre te quiero apoyar y ayudar a limpiar tus culpas. Siempre he querido estar a tu lado…sabes que te amo, Saga- se aleja de él- pero no sé si tú, sientes lo mismo por mí.
Esto último, desarma por completo a Saga. El caballero de géminis pensaba decirle algo más pero escuchar esas palabras, lo dejan en silencio. Muy en el fondo de su ser, Mu es demasiado importante para él y, lo que menos desea es verlo sufrir con su pasado o sus eternas culpas.
-… Mu, yo… yo... también te amo- dice algo nervioso- no quería que te pasara algo. No quería que estuvieras con alguien tan miserable como yo. Arruiné la vida de Kalinka y la dejé a su suerte… Agnes fue víctima de Ker y… y… creía que haciendo esto, podría arreglar las cosas pero, esta situación ya está fuera de mis manos.
-Déjame apoyarte, también deja que Agnes te ayude…y Kalinka sabe que estás haciendo bien las cosas pero, no nos alejes de ti.
Saga lo mira con tristeza, aunque toma una de sus manos para sentir su calidez en su rostro. Ambos se quedan en silencio unos segundos, hasta que Mu besa su mano.
-Deja que te ayudemos. Aioros también está preocupado por ti- musita Mu, mientras acaricia su rostro.
Sagitario y Agnes, miran todo desde la puerta de la habitación. Ambos suspiran aliviados porque al parecer, ese par de tórtolos han arreglado sus problemas.
-Vayamos a donde no los interrumpamos- propone Aioros.
-Sígueme, por aquí hay una ruta para llegar a la cocina- y ambos se alejan de la zona para dejar solos a la pareja…
Ambos se quedan en silencio unos segundos, hasta que Saga se separa de Mu y lo mira con malicia:
-Vaya, me agrada saber que siempre revuelvo tu consciencia, mi querido y amado Mu- eso último, lo hace sonrojar.
-Cállate Saga- y le roba un beso apasionado, dejando al geminiano paralizado, quien no tarda en responderle de la misma forma.
Entre los dos, se enciende una pasión que incita al lemuriano arrinconar a Géminis, quien no pone ninguna clase de resistencia por la actitud tan fugaz de su santo dorado preferido. Siente los labios suaves, recorrer su cuello hasta que Mu se detiene.
-…vayamos por ahí- y jala del brazo al dorado para buscar alguna habitación vacía y encerrarse. Saga se acuesta sobre la cama y lo mira fijamente.
-No te conocía ese lado, Mu.
-Muchas cosas de mí, aun no conoces… mi querido Saga…
Y lo vuelve a besar de forma desenfrenada. En ese momento, el gemelo lo abraza de tal forma que lo aprisiona en sus brazos y le dice en su oído que nunca lo alejaría de su vida, pues es todo para él. Mu se sonroja por ese comentario y su mirada se transforma a una más atrevida. Saga siente un escalofrío que le hace sonreír, pues le vuelve loco lidiar con ese carnero que es capaz de hacerlo suspirar de placer…
-Mu…ah…
En la mansión, algunos sirvientes escuchan ruidos en una habitación y prefieren alejarse de la zona aunque los más afectados son sin duda, Aioros y Agnes. Tatsumi nota la reacción de un Aioros temblando y la pequeña Agnes, en shock porque lograron percibir el cosmos de Géminis y Aries, unirse en uno solo.
Sagitario se maldice mentalmente la conexión telepática que tiene de forma permanente, con todos los dorados. Evita imaginarse el momento entre esos dos, aunque su mayor sorpresa es visualizar la reacción de la pequeña: completamente paralizada.
-¿Agnes? Acaso, ¿ya puedes percibir el cosmos de otros?- mueve un poco a la niña.
-Si...- dice con voz entrecortada.
-¿Estás bien? – pregunta el hermano de Aioria, tratando de recuperar la calma.
-Adiós infancia.
-.-.-.-
¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¿Cómo viven la cuarentena, generada por el coronavirus?
De corazón, deseo estén bien. No dejen de hacer la cuarentena y las medidas básicas: lavado frecuente de manos, uso de gel antibacterial, evita salir de tu casa y no generes compras de pánico.
Hoy subo un capítulo un tanto peculiar, alejado de lo que se ha desarrollado en esta historia y al mismo tiempo, conectando con otras partes que empiezan a dar forma a la parte final de esta historia.
Siendo honesta, disfruté mucho escribiendo este capítulo, especialmente la parte del paseo de Saga y Agnes; así como Aioros, tratando de convencer a Mu que lo acompañe. Creo era necesario hablar un poco de la amistad entre Saga y Sagitario o bueno, lo que había quedado de ella.
Al final, creo que unos tórtolos la pasaron de maravilla, aunque la pobre de Agnes ya percibe los cosmos de los dorados.
¿Qué pasara? ¿Saga y Agnes regresarán al Santuario? Sagitario y Géminis volverán a ser amigos? ¿Agnes aprenderá cosas nuevas? Y lo más importante… ¿Qué están haciendo Ker y Fausto? Esto y más, en el siguiente capítulo de esta historia.
Nos vemos en la siguiente actualización.
Con cariño,
Bunny Saito
