Fue duro verla acomodar todo en el mismo morral que ellos le compraron para un campamento al que fue de niña y hasta último momento le habían repetido que no estaban de acuerdo, intentaron prohibirlo. Sin embargo, supieron que todo estaba hecho el día en que ambos volvieron de sus trabajos y su hija no estaba en casa.
Se quisieron enojar. Lisa lloró, pero él no pudo hacer más que resignarse.
Unas horas más tarde, recibieron una llamada telefónica. Nicolo, el novio de su hija, les avisaba que ella llegó bien.
El señor Braus quiso pedirle que le pasara con ella, a pesar de saber que no quería hablarles y lo confirmó cuando Lisa obtuvo el teléfono.
Luego de cortar, ninguno pudo dormir bien esa noche. Las ganas de llamarla aumentaban, así como no habían faltado los reproches cuando ella les comentó de la nada que se quería mudar lejos de ellos, luego de una discusión que tuvieron. Al instante ellos supieron que era con su novio, pero no es que fuera ese el problema porque al fin y al cabo conocían al muchacho y ya éste anteriormente les había dicho que lo de él y su hija era serio. No aprobaban que vivieran juntos sin estar casados, pero tampoco era ése el problema.
Su hija acababa de terminar la Secundaria hace unos meses, no era ni siquiera mayor de edad y su novio estaba casi en las mismas, salvo que él había iniciado ya la carrera.
Su dirección no era tan lejana, fácilmente podrían estar allá en una hora, pero nada les aseguraba que ella respondería. De hecho, había pedido la renuncia según la jefa en su antiguo trabajo, solo para no encontrarse en un lugar que ellos recorrieran con frecuencia.
Los días pasaron, se cumplió una semana. Se preguntaron qué pudieron haber hecho mal, porque era definitivo que Sasha no iba volver y se negaban a pensar que era el momento de que ella tomara su propio vuelo, aunque sabían que sería más fácil si lo aceptaban. Que el enojo se le pasaría, que iba volver o al menos llamarlos, querían pensar en eso aunque fuera la posibilidad más remota y no la que iba cumplirse.
Era anormal verla con esa expresión. La chica que Nicolo amaba en general llevaba una sonrisa en los labios y un brillo especial en los ojos, cuando comía lo hacía a mucha prisa, siempre era feliz. Pero ahora los marrones ojos estaban apagados y trataba de distraerse mirando el otro lado de la ventana, no queriendo que viera las lágrimas inundando sus ojos.
Había estado llorando en silencio desde el día en que tomó el autobús hasta aquí con la clara determinación, abrazándolo cuando le abrió la puerta y dejó caer el morral a sus pies. Él había perdido sus clases para recibirla esa tarde y se quedó con ella hasta que se durmió sobre su pecho, optando no ir a las clases de noche tampoco.
Habían pasado varios días, pero de vez en cuando ella lloraba de nuevo. Como hoy, que acababa de llegar de sus clases. La vio cerrar los párpados por enésima vez en cinco minutos mientras sus ojos amenazaban con hacerla derramar más lágrimas, mirando del otro lado de la ventana al cielo oscuro.
El rubio entendía ya que no compaginaba con su propia familia, y la idea de salir de su casa, aunque involucró una discusión, fue bien tomada porque lo hacía para reducir costes entre ir y venir del edificio donde cursaba sus estudios. No entendía qué sucedió exactamente entre ella y su familia. A sus ojos, el matrimonio Braus siempre habían sido el tipo de padres que él hubiera querido. No porque odiara a sus padres, pero no podía usarlos de buen ejemplo en varias cosas. Hasta se sentía culpable por estar evitando que ella volviera a su hogar, no que él hubiera dado la idea o que le pidiera quedarse, aun si no negaba que le gustaba que estuviera ahí con él. No le agradaba verla deprimida. Se escandalizó cuando Sasha le comentó que, con el dinero que ahorró, se iba a rentar un departamento pequeño en algún lugar. Solo entonces él le ofreció vivir juntos.
—Voy a comenzar a cocinar, ¿quieres ayudarme? —le preguntó, sentándose en el extremo de la cama la cual había sido movida cerca de la ventana porque a ella le gustaba la brisa. Incluso si era brisa de ciudad, nada limpia.
—Aún no encontré un trabajo.
—Está bien. Sabes que no soy el casero, yo no voy a echarte —trató de que sonara divertido lo último, pero al tocar el tema delicado su sonrisa se borró cuando ella se cubrió la cara y él se maldijo para sus adentros.
—No quiero ser una carga para ti, Nicolo —ella dijo en un hilo de voz, entrando en llanto nuevamente.
—No lo eres —Habían tenido esta conversación hace tiempo, pero algo había cambiado, así que intentó recordárselo.
Se acomodó para permitirle más cómodamente a ella echarse en sus brazos para llorar en su hombro. Cuando ella se calmó y logró verlo a los ojos, él pasó la mano sobre su mejilla, intentando apartar el cabello de su rostro.
—Me gusta tenerte aquí, más de lo que imaginas. Nunca pensé en qué tipo de carrera querías, solo pensaba estar contigo —confesó, avergonzado—. Solo pensaba en que quería casarme contigo, en tener una familia…
—No dije que no quería tener una familia —ella aclaró, sonriéndole para reconfortar sus ideas.
No quiere echarles la culpa a sus familias, pero es bastante así. Aun si fuera algo que pudieran restregarles, cuando estaba molesta ni siquiera lo hizo porque no es que lo hagan por ser malos. Pero para Sasha es difícil estar en una nueva generación que está obligada a dedicarse a algo que no sea un trabajo manual, en lo cual toda su vida fue experta, mas sus padres quisieron que tenga un camino diferente al que sus padres tuvieron. Con Nicolo es igual. En todo caso, saben que la presión viene por que quieren lo mejor para ellos, incluso si no lo expresan de la forma más adecuada.
—Lo que sea que hagas, estará bien.
—Ése es el problema… no sé-no sé qué quiero hacer, no tengo la menor idea de qué…
Tal vez sí puede imaginarlo, pero en comparación a lo que esperan de ella, lo que ella quiere hacer suena estúpido.
—Cuando digo lo que sea, me refiero a que no debe ser algo convencional.
—Aunque ni siquiera sería una buena ama de casa, si es ahí a donde quieres llegar. Tú eres quien cocina —dijo, mitad risa y lágrimas.
—Ya te dije antes, no quiero echarte nada en cara, nunca me avergonzaría de ti.
La joven piensa en cuán equivocado está él, porque sí o sí necesita un título en su pared y un trabajo que le haga ganar más que lo suficiente para simplemente alimentarse y pagar sus facturas. Debe tener algo que la haga ver como alguien que morirá dejando una herencia y que haya quienes se la disputen debido a lo basta que sea. Es la única forma en que sus padres se sentirán orgullosos. Es la única forma de la que los padres de Nicolo dejen de verla como poca cosa también. Por la forma en que Nicolo habla, pareciera que él quisiera tenerla en casa. No es que ella desprecia a las mujeres que hacen tal cosa, para empezar las madres de ambos tuvieron tal papel y duda que haya sido un desperdicio o algo fácil. Pero incluso así, ellas tenían más labores extras en su haber. Ése es el camino que sus padres parecen no querer que ella ni piense. Se pregunta si una vez tenga hijos, si acaso los tiene, ellos esperan que vuelva al trabajo apenas naciera el bebé o se les ablandaría el corazón y le dirían que lo cuide al menos sus primeros años.
—Lo que sea que decidas, por mí estará bien —recordó él—. Puedo ayudarte con lo del trabajo mientras tanto. Mi antiguo jefe necesita personal, atender la registradora en un supermercado.
La joven pensó que no debería aceptar esa oferta, mas pudo darse cuenta de que era por mero orgullo, debería estar agradecida por esta oportunidad. Lo primero era obtener algo qué hacer, tanto para distraerse y más importante, para que le diera un ingreso, así que respiró profundamente y se reafirmó contra el cuello de Nicolo, aceptando en silencio lo que sea que viniera de ahora en adelante. Al menos, ya tenía un problema resuelto. Iba a darle las gracias, pero en cambio preguntó:
—¿Qué vamos a comer? —tras separarse de él, ella le dio un beso rápido en los labios y se alzó para revisar la bolsa de compras.
Su mamá siempre dice que siempre se piensa mejor con el estómago lleno y si iba pensar seriamente en qué elegiría para los años próximos, necesitaba comer muy bien.
