¿Qué tiene esa chiquilla que todos la adoran?...

Debo decir que nunca fue de mi agrado, siempre la culpé de las desgracias acaecidas a nuestra familia porque desde que llegó pareciera como que todo salió mal. Primero la muerte de Anthony, luego Stear enlistándose de voluntario en la guerra y por si fuera poco la desaparición de mi querido William...

¿Qué hacer ahora con todos estos sentimientos en contra de ella?

¿Qué pensar ahora que sé que si no fuera por ella, la familia Ardlay no tendría continuidad? Si no fuera porque ella lo dio todo (incluida su reputación) para cuidar de mi adorado sobrino y único patriarca del clan, él no estaría aquí de regreso, recuperado.

¿Qué pensar ahora de ella, después de que por tantos años he puesto todo mi esfuerzo en despreciarla?


La primera vez que la vi ni siquiera le puse mucha atención, aunque debo decir que me impresionó el destello de sus ojos verdes, tan parecidos a los de Rosemary.

La chiquilla tenía carisma, eso estaba clarísimo, y también me quedó claro que tres de mis sobrinos parecían estar siendo como hipnotizados por ella.

Pero, ¿a quién se le ocurre llevar a la sirvienta a un baile?! Bueno, en aquel entonces se suponía que era la "dama de compañía" de Eliza, pero aún así, ¡qué alguien de tan bajo estrato social se presentara en un baile de la familia Ardlay era inconcebible!.

Lo pasé por alto porque Stear me hizo reír con sus ocurrencias y porque simplemente no tenía ganas ni inclinación de darle más importancia... eso hasta que los vi bailando con ella, llevando ese vestido barato en el centro del salón y escuché el cuchicheo de todos nuestros invitados. Definitivamente Sara le había dado muchas libertades a la chiquilla y debía de ponérsele en su lugar.

Al mismo tiempo que me fui enterando de sus fechorías, su falta de clase y educación y por si fuera poco de sus robos de joyas y objetos valiosos en la Mansión Leagan, pude ver con mis propios ojos incrédulos como Anthony, Stear y Archie revoloteaban siempre a su alrededor como abejas atraídas a la miel.

Sin excepción empezaron a defenderla, se me enfrentaron más de una vez jurando su inocencia ¡y aún tratando de convencerme que abogara por ella!. ¿Yo, Elroy Ardlay abogando por una chiquilla huérfana y sin educación?, ¿En qué cabeza cabe?!

Contenta estuve cuando supe que por fin Sara le pondría un final a esa situación y la enviaría lejos a donde no pudiera ser de mala influencia para sus hermosos hijos, Eliza y Neal, y mis adorados sobrinos. Sí, sentí un poco de remordimiento que tuviera que ser enviada a México, una chiquilla de apenas 13 años de edad; pero me convencí que era lo mejor para todos. No había duda de que mis sobrinos estaban encaprichados con esa chiquilla de poca educación y mientras más lejos se fuera, más pronto la olvidarían y se desharían de su mala influencia.

Casi me desmayo cuando la vi de regreso en el Lozier de lujo que George manejaba a nombre de William. La verdad es que viéndola parada ahí, vistiendo un elegante vestido de seda rosa y encajes no parecía la misma chiquilla de antes, aún con toda la aversión que le tenía pude ver un brillo especial en ella y por un segundo entendí porque mis sobrinos estaban tan deslumbrados.

Vestida así me recordó más que nunca a Rosemary, con sus brillantes ojos verdes y su hermosa sonrisa... Rosemary, la hermosa hija de mi hermano William, siempre tan delicada y fuerte a la vez, tan dulce y tan decidida, tan cariñosa y firme en sus convicciones, una amalgama de opuestos que enamoraba a quien la conociera...

¿Sería tal vez por eso que mis sobrinos estaban tan cegados por esa chiquilla?, ¡no puede ser que se le pareciera tanto a mi princesa Rosemary!, no, de seguro que esta niña usaba bajas artimañas para atraerlos a ella.

Cuando George me extendió la carta de William diciendo que por recomendación de Anthony, Alistair y Archibald había decidido adoptarla, mi corazón se cerró de inmediato.

¡Pero qué descaro y qué locura! ¿Cómo es posible que William se deje llevar por las cartas de sus sobrinos que están bajo el hechizo de esta niña huérfana?!... ¡Pensé que era más sensato!, ¡Pensé que había dejado sus locuras y excentricidades de lado!... ¡Pero no! Esta, la peor de todas me golpeaba en la cara y yo estaba convencida que había sido una pésima decisión de su parte. Candice podría llevar nuestro apellido por capricho de William, ¡pero yo jamás estaría de acuerdo con ello!

Neal y Eliza se opusieron tanto o más que yo, gritando que era imposible que algo así estuviera pasando y que Candice volvería a robar como lo había hecho en su casa. Candice negó haber robado alguna vez y Anthony, como siempre lo hacía, la defendió. No había nada que yo pudiera hacer para evitar esa locura, pero aunque tuviera que aguantar como toda una dama las decisiones intransigentes de William y educar a esa huérfana lo mejor posible para que no le trajera más vergüenza a los Ardlay, ¡mi postura jamás cambiaría!; no podía negarme pero tampoco podía aceptar que alguien de tan baja cuna llevara nuestro ilustre nombre. Llevaría la fiesta en paz, sí, pero siempre que pudiera daría a conocer mi oposición a semejante decisión.

Así que tuve que presentar a Candice en una cena familiar y de ahí en adelante asegurarme de que tuviera los mejores maestros y tutores para que aprendiera a comportarse como una dama y no deshonrara a la familia.

Me di cuenta enseguida que no estuve tan errada en mi primera impresión, esa niña era Rosemary en bruto con necesidad de ser pulida incansablemente para poder llegar a ser la sombra de la dama que mi sobrina alguna vez fue, pero talvez, si ponía de su parte, alcanzaríamos a refinarla un poco. También corroboré los sentimientos de mis tres sobrinos hacia ella, en especial los de Anthony... Al parecer Stear y Archie habían decidido hacerse a un lado en lealtad a su primo, a pesar de que se les notaba en la mirada que también adoraban a la chiquilla. Los ojos de Candice eran siempre tan expresivos y transparentes que enseguida supe que nadie más ocupaba su corazón como lo hacía Anthony; sí, sentía un cariño inmenso por los tres, pero solo uno la hacía soñar, y justo era el hijo de Rosemary... me pregunto ahora si fue mera coincidencia.

Anthony, mi preferido, el hijo de mi sobrina Rosemary y tan parecido a William... aún ahora, años después de su partida, siempre que pienso en él se me humedecen los ojos. Ese día mi dolor era tan grande que no pude pensar en nada más que eso jamás hubiera pasado si Candice no hubiera llegado a nuestra familia. Si ella nunca hubiera regresado de su viaje a México, si no hubiera sido adoptada por William, si no se hubiera organizado esa cacería del zorro en su honor, ¡Anthony jamás hubiera muerto!...

¿Cómo era posible que ahí estaba yo, con una huérfana que jamás quise bajo mi cuidado y con mi sobrino preferido fuera de mi alcance?! El dolor era inimaginable, lo único que quería era sacarla de mi vista, gritarle que era su culpa que Anthony ya no estuviera con nosotros, echarla de la mansión, despojarla del apellido, ¡no verla jamás! Tal vez eso ayudaría a sanar mi dolor, pero por desgracia, jamás volvería el tiempo atrás y Anthony ya no regresaría a nosotros.

Recuerdo muy bien los ojos anegados en lágrimas de mi querido William; como siempre, él no asistió a la cacería del zorro pero vio todo desde lejos y por desgracia fueron él y George quienes escucharon los gritos de Candice y acudieron al claro en el bosque a ver qué había sucedido. Encontraron a Candice inconsciente y a mi adorado Anthony sin vida.

No puedo imaginar el dolor de William al verlo tendido ahí, él que como yo había perdido ya a su padre, madre y hermana, ahora perdía también a su sobrino, lo único que le quedaba de Rosemary en este mundo... Me pregunto si alguna vez culpó a Candice por la muerte de Anthony como yo lo hice, o tal vez, aún él mismo se culpó por haberla adoptado.

¿Le habrán pasado por la mente alguna vez mis mismos pensamientos? Que si no hubiera sido por su descabellada idea de darle un apellido a esa niña, tal vez Anthony seguiría con vida. Ahora, mientras los años se me acumulan y mi mente se esclarece, me doy cuenta de que por más que queramos culpar a otros, los accidentes ocurren... y también ahora que veo hacia atrás me doy cuenta de que por más que trate de negarlo, nunca vi a Anthony tan feliz después de la muerte de su madre que como lo fue los meses que convivió con Candice. Tal vez las cosas tenían que ser como fueron, pero aún extraño a mi adorado sobrino de cabellos rubios y ojos transparentes y puros como su alma. Siempre que veo a William me pregunto si las personas a nuestro alrededor hubieran sabido que eran tío y sobrino o si los hubieran confundido con gemelos... son tan parecidos.

Los recuerdos se me acumulan, muy posiblemente en los pliegues de mi frente. Mis lagrimas recorren los surcos de mis mejillas... ¿Cómo es posible que yo sigo aquí y tantos jóvenes tan amados se han ido? Esto me parece injusto...