Pasaron unos meses y William aún no regresaba a la mansión, y por más que trataba de convencerlo que era suficiente, que era tiempo de regresar y que podía agradecerle a la persona que lo cuidó durante su amnesia de otra forma que no fuera quedándose más tiempo a su lado, él no contestaba nada.
Lo notaba más serio conmigo pero al mismo tiempo de vez en cuando, mientras estaba sumido en sus pensamientos, podía observar como sus ojos comenzaban a brillar con un brillo que jamás había visto en él. Yo conocía ese brillo, en algún lugar lo había visto antes, y un buen día recordé de repente en dónde: era el mismo brillo que tenían los ojos de Anthony después de conocer a Candice... ¡No podía ser!, ¿acaso William se había enamorado de alguien?, y si era así, ¿de quién?
La suerte de la familia dio otro vuelco cuando recibimos ese horrendo telegrama desde Francia, Stear, ¡mi querido Stear había muerto!. William estaba en la mansión cuando nos dieron la noticia y fue él quien me sostuvo mientras sentía como el piso se abría debajo de mis pies.
Solo la familia y los amigos más cercanos asistieron al funeral de Alistair, que se llevó a cabo aún sin haber recibido sus restos desde Francia. William también estuvo ahí, a lo lejos y disfrazado porque aún no lo habíamos presentado oficialmente como el patriarca de la familia. Candice asistió a la misa, porque la entrada a la iglesia no se le niega a nadie, pero yo no iba a permitir que alguien como ella, de reputación manchada, estuviera al lado de nuestra ilustre familia en el funeral como si fuera una más de nosotros. William puso el grito en el cielo cuando se enteró, pero ya estaba hecho. Yo esperaba que al menos esta vez recapacitara y le quitara de una vez por todas el apellido que años atrás le había otorgado, y que a mi parecer, le quedaba muy grande a esa mujerzuela... ¡Qué se quedara con el hombre con el que vivía!, quien de seguro era de su misma clase.
Por fin, un día frío de invierno William regresó a la mansión, muchos meses después de lo que nos había prometido. Llegó cabizbajo y pensativo, y cuando me saludó cortésmente regalándome una de sus hermosas sonrisas, me di cuenta de inmediato que la luz que había visto brillar en sus ojos durante meses, estaba ahora cubierta por un dejo de tristeza. En ese momento me pregunté si la persona que había cuidado de él todo ese tiempo era en realidad un amigo hombre, o una mujer mayor como yo lo había dado por sentado, y comencé a pensar que tal vez podría ser una mujer joven, y que tal vez él en medio de su amnesia se había enamorado perdidamente de ella.
Cuando quise preguntarle al respecto, él solo sonrió forzadamente y me contestó:
- Tía, por favor, no quiero hablar de ello, si me disculpa me retiro a descansar a mi habitación.
Era obvio que el tema estaba cerrado para mí, y cuando quise indagar con George si él sabía algo al respecto fue tan críptico como mi sobrino, o más. Era por demás obvio que George sabía algo, ya sea porque William se lo dijo o porque él llegó a la conclusión por su cuenta; lo único que acertó a decirme fue que no, William no se había comprometido con nadie durante su amnesia y que seguía siendo libre, al menos en el sentido más estricto de la palabra. Yo respiré de alivio y recé para que si era como temía, y William estaba enamorado de esa persona, hubiera tenido la frialdad suficiente para cortar todo de tajo; a fin de cuentas él se debía a su familia y si esa mujer no era de nuestra clase, como imaginaba era el caso, sería mejor que la olvidara.
Me dolería ver a mi sobrino sufrir, pero lo último que quería era una repetición de la historia de Rosemary y Vincent Brown... y conociendo a William y su carácter inamovible, si ese era el caso y realmente estaba enamorado y decidido, no habría poder humano que lo convenciera de desistir. Yo por mi cuenta, por más agradecida que le estuviera a quien quiera que hubiera cuidado de él, aún albergaba la esperanza de que fuera una mujer mayor o un joven amigo.
Faltaban unos cuantos meses para que fuera la presentación oficial de William como patriarca de los Ardlay; iba a ser una celebración sin igual y toda la familia, así como los más altos funcionarios y empresarios de la ciudad de Chicago y de Estados Unidos asistirían.
Un buen día mientras hablaba con las floristas, Sara y Raymond se presentaron en la mansión con caras largas y casi temblando de pies a cabeza, al verlos sentí como me bajó la sangre a los tobillos y pensé lo peor, pero traté de calmarme. Despedí a las floristas y pasé a los Leagan a la sala de estar, en donde una vez dentro Sara dijo con voz temblorosa:
- Tía abuela, Neal quiere comprometerse.
- ¿Y por qué estás así? Neal está en edad... ¿Acaso la chica no es de buena familia?
Sara no pudo contener las lágrimas y pude ver como se le atragantaron las palabras, lo cual incitó a Raymond a contestar:
- Neal quiere comprometerse con Candice.
- ¿Qué?!
Sentí que el piso se abría nuevamente bajo mis pies y tuve que sostenerme más fuerte de los brazos de la silla sobre la cual estaba sentada.
- ¿Pero cómo?!, ¿Qué no esa chica estaba viviendo con un hombre?, ¿Qué no fue expulsada del hospital en el que trabajaba porque su reputación está por los suelos?, ¿Cómo es posible que Neal quiera casarse con ella?, ¡Si fue él mismo quien me habló al respecto!
- Es lo mismo que nosotros nos preguntamos, pero Neal está decidido, y lo que es más, dice que si no avalamos el compromiso se enlistará como voluntario en la guerra.
Al oír salir esas palabras de la boca de Sara la sangre se me heló, ¡esa chica siempre trayendo desgracias a la familia!, ¿y ahora esto?!, ¿pues qué tiene que todos caen rendidos a sus pies?!
No podía creer que Neal también estuviera prendado de ella y por más que no la quisiera en la familia, preferiría que Neal se comprometiera con ella a perder a un sobrino más por su culpa.
Juntos, Sara, Raymond y yo trazamos un plan y mandamos llamar a Neal; el plan tenía que ponerse en acción apresuradamente, mientras William estaba en Lakewood y no pudiera enterarse, porque yo daría la orden como suya para que fuera acatada sin chistar.
Envié a George a traer a Candice en secreto, y cuando la chica se presentó ante nosotros le comunicamos las órdenes del "Tío William". Hasta cierto punto podía entender a Neal, en esos meses sin verla, Candice se había convertido en una hermosa joven, incluso para mi era imposible negarlo... pero a la vez me preguntaba si su belleza un tanto más madura no sería el resultado de haber estado viviendo en libertinaje con un hombre.
¿Cómo es posible que Neal que sabía bien lo que pasaba estuviera dispuesto a casarse con semejante mujer?!, ¡Nadie le garantiza que su virtud sigue intacta! Es más, ¡hasta podría asegurar que ya no tiene virtud!. Pero si eso quiere, eso tendrá, lo que sea con tal de no perder a otro Ardlay en su juventud.
Candice protestó que no lo amaba y que no estaba de acuerdo en casarse con él, pero en el momento en que se mencionó al Tío William, solo la vi agachar su cabeza en derrota y después de darse la media vuelta salir por la puerta. La fiesta de compromiso se celebraría en 3 días, ¡era necesario hacerlo así! William no podía enterarse hasta que ya hubiera sucedido, y faltaban tan pocos meses para su presentación como patriarca que un evento no podía empañar al otro con tanta cercanía.
Y ahora aquí estoy, sentada en la antesala de mi recámara tratando de agrupar mis pensamientos y mis sentimientos. Hoy celebramos el compromiso de Candice con Neal, o al menos ese era el plan original. Obviamente la chica no era de mi agrado, pero era eso o que Neal se enlistara en la guerra. Traté de convencerme que al menos ella llevaba el apellido Ardlay, tal vez a pesar de todo había sido buena suerte que nunca hubiera renegado de él o al menos que William se lo hubiera dejado; por lo menos podíamos anunciar el compromiso de 'Neal Leagan' con 'Candice Ardlay' y el escándalo no sería insoportable...
Sí, una huérfana e hija adoptiva, pero de buen apellido; lo único que tendríamos que hacer ahora era asegurarnos que dejara esa ridícula carrera de enfermería que no era digna de una dama y que aprendiera a ser una... El Colegio San Pablo había hecho un buen trabajo, aunque incompleto, pero con unos buenos tutores y un buen guardarropa esperaba poder arreglarlo.
Me pasó por la cabeza que la obstinada de Candice podría negarse al compromiso, pero nunca me imaginé que William, quien debía estar en Lakewood sin enterarse de lo que estaba pasando en la mansión de Chicago, se aparecería de la nada coartando su tan amada libertad para apoyarla en su negación, anular el compromiso y presentarse como William Albert Ardlay.
Eso en sí mismo era para mi inesperado, y si tengo que ser sincera también un tanto vergonzoso; pero NADA me había preparado para que Neal se echara casi encima de William gritándole que ¡nadie lo había llamado!, ¡que no tenía nada que hacer ahí!, para después voltear conmigo y decirme que "ese era el hombre que había 'fingido' tener amnesia y había vivido con Candice".
William como siempre, guardó la calma ante tales acusaciones, con cara impasible guardó silencio y cuando yo sin poder contenerme más, nerviosa y casi temblando de pies a cabeza pregunté (o quise preguntar y no pude completar mis palabras, ni siquiera lo recuerdo) si eso era cierto, William solo me vio y contestó:
- Sí, así es. Cuando tuve amnesia fue Candy quien cuido de mí.
Y ahí, frente a mis ojos lo vi, por unos segundos, ese brillo de nuevo en los suyos...
Y lo supe todo...
