Adrien llegó temprano a su práctica de esgrima. Había tenido que perderse las clases a causa de una sesión de fotos para la empresa de su padre, y quería pasar un rato antes del entrenamiento con sus mejores amigos, que, según le había dicho Nino en un mensaje, todavía estaban por allí.
Entró sin prisa al vestíbulo del instituto, echó un vistazo a su alrededor, y enseguida localizó al chico, de pie junto a la máquina expendedora de refrescos. Más al fondo, Marinette y Alya charlaban animadamente, intercambiando risillas cómplices, y no parecían haberse percatado de su llegada. Se acercó a su amigo y lo saludó chocando puños con él.
--¿Qué les pasa a esas dos? --inquirió, curioso--. ¡Parecen entusiasmadas!
--¿Esas dos? Ay, amigo... lo que pasa es que la pequeña y tierna Marinette se nos hace mayor --Nino fingió enjugarse una lagrimilla, burlón.
--¿A qué te refieres?
--Pues que al parecer hay por ahí un tío con suerte que todavía no es consciente de que le espera una noche estupenda... ¡Marinette está planeando acostarse con Luka, hoy mismo!
--¿Va a acostarse con Luka? --repitió Adrien, enarcando las cejas.
--Sí, hermano. Me parece que a partir de hoy su querido novio rockero va a poder tocar algo bastante más interesante que su guitarra.
--¿Y cómo te has enterado tú de eso?
--Bueno, estábamos hablando los tres antes de que llegaras. Pero me temo que hice algunos comentarios un poquito subidos de tono... ya sabes. Marinette se puso a balbucear, más colorada que un tomate, y Alya me mandó a paseo. Bueno, la versión oficial es que me envió a comprar unos refrescos; pero ya te digo yo que, teniendo en cuenta el tonito que usó, más me vale no acercarme a ellas en un buen rato.
--Me pregunto qué barbaridades habrás soltado por esa boca...
--Bueeeno, ya me conoces. Quizás fui un poco demasiado vehemente con mis consejos --se encogió de hombros, riendo por lo bajo--. Por cierto, ¿y tú qué me cuentas, amigo? ¿Ya has logrado que la reina de hielo se derrita por ti?
Adrien se limitó a hacer un gesto evasivo con las manos.
--No creo que ella aprobara que yo vaya por ahí hablando de nuestras intimidades...
--¡Pero yo soy tu mejor amigo! Y siempre te cuento todo lo mío con Alya --protestó Nino.
Eso era totalmente cierto. La incontinencia verbal del chico y su nula discreción tomaban especial protagonismo cuando le narraba sus propias experiencias: tanto, que a veces le costaba volver a mirar a Alya a la cara sin que le asaltaran algunos recuerdos incómodos procedentes de aquellas poco inocentes conversaciones.
--Lo siento, Nino, pero no pienso contarte nada. Lo que pase entre ella y yo, entre ella y yo quedará.
--Eso es que sí. ¡Tío, eres el mejor! --se entusiasmó Nino--. ¿Y cómo ha sido?
--¿Qué parte de «no voy a contarte nada» no has entendido?
--Joder, Agreste, ¿tan mal estuvo?
--¿Mal? ¡No estuvo nada mal! Estuvo bien. Realmente bien --protestó el rubio, indignado.
--¿Ves? Lo sabía, ¡ya ha caído en tus redes! --se carcajeó Nino, satisfecho por haberle sacado al fin algo de información--. Y, tranquilo: si cambias de opinión, o si necesitas algún consejo del as del sexo, ¡puedes contar conmigo!
Adrien se llevó la mano a la frente, exasperado.
--De acuerdo; lo tendré en cuenta.
--Y que conste que me estoy mordiendo la lengua para no pedirte detalles.
--Lo sé, y te lo agradezco.
--Aunque, si te decides a soltarlo, te prometo que a cambio compartiré contigo toda la información que averigüe sobre lo de Luka y Marinette.
--¿Y por qué tendría que interesarme a mí la vida sexual de nuestra amiga?
--¡Oh, vamos, no me jodas! Marinette es nuestra amiga, pero también es una auténtica preciosidad. Y, bueno, no me malinterpretes... yo tengo a mi leona ardiente, y tú a tu princesa dragón. Pero, sé sincero: ¿nunca has imaginado cómo sería hacérselo a Marinette?
--¿Pensar en guarradas con Marinette como protagonista? ¡Claro que no! ¿Acaso tú sí? ¡Estás fatal de la cabeza!
--¿Yo? Lo raro es más bien lo tuyo, si es que estás diciendo la verdad y realmente no lo has pensado nunca --aseguró Nino, echando un vistazo rápido hacia las chicas, y componiendo luego una expresión soñadora--. ¿Acaso no eres capaz de imaginar su cuerpo, menudo, precioso y esbelto, debajo de toda esa ropa rosa que lleva? Su piel blanca, suave y delicada, y sus pezones rosaditos, como esas flores que tanto le gustan. Además, apuesto a que estará deliciosamente estrecha por ahí abajo. Y debe de resultar muy excitante escucharla gemir con esa voz tan dulce que tiene...
--Nino, ¿no crees que te estás pasando? --le reprendió Adrien, incómodo.
--¿Sabrá él hacerla gemir como ella merece? ¡Mmmm, Luka, sigue, sigue así! ¡Dame más! --imitó su tono agudo, cerrando los ojos e ignorando a su amigo por completo
--¡Basta ya, Nino! --pidió este, con algo más de vehemencia de la que pretendía.
--Vaya, vaya... --el moreno abrió los ojos, sorprendido por su enfado, y lo escrutó de arriba abajo, pensativo--. Así que Alya iba a tener razón, después de todo.
--¿Razón en qué?
--En que te molesta, tío. Te molesta pensar en Marinette con otra persona --meneó la cabeza--. La has tenido a tus pies durante todo este tiempo, y no has hecho absolutamente nada por acercarte a ella. Pero ahora que está con Luka... te jode que sea él el que la va a tener.
--Eso es ridículo. Yo aprecio mucho a Marinette, y si ella está feliz con Luka, yo también lo estaré por ella.
--¿En serio? Pues tendrías que ver la cara que has puesto cuando supiste que se iba a acostar con él.
--Es su novio, están a gusto juntos --explicó Adrien con paciencia--, ¡es normal que quiera tener sexo con él! ¿Por qué iba a molestarme eso?
--Bueno, Alya tiene sus propias teorías, pero... mejor dímelo tú.
--¡Que no me molesta! Por mí, como si se lo hace a cuatro patas. ¿Entendido?
--Uuuuuh, ¿a cuatro patas? Eso estaría muy bien: con las rodillas así, un poco separadas, y el trasero bien hacia arriba, preparada para que se la claves hasta el fondo. ¡Qué visión, hermano, qué visión! Sería como estar a las puertas del paraíso.
Adrien le dirigió una mirada asesina, y Nino adelantó las manos con las palmas hacia el frente, conciliador.
--¡Vale, vale, ya me callo! Pero que conste que lo de ponerla a cuatro patas ha sido idea tuya. Y ahora, será mejor que vaya a la cafetería a por esos refrescos, que en la máquina no queda Cola light.
--Te acompaño.
--Mejor ve con las chicas; quizás a ti te dejen participar en la conversación. Así podrás darle buenos y sensatos consejos a nuestra querida amiga Marinette, y de paso dejar bien claro tu entusiasta apoyo a su idea de tirarse a Luka.
--Está bien: iré con ellas. Así al menos podré dejar de escucharte un rato.
Se despidió con un gesto y se acercó hacia sus amigas arrastrando los pies, sin tener muy claro cómo irrumpir en aquella conversación. Jamás lo admitiría ante Nino, pero lo cierto era que imaginar a Marinette en la cama con Luka le causaba una extraña desazón. Además, aquel maldito capullo al que tenía la suerte de llamar su mejor amigo había conseguido, con sus desvaríos, que ahora no pudiera dejar de pensar en ella de aquella manera tan poco decorosa. Las imágenes de su reciente experiencia con Kagami se entremezclaban con otras en las que el rostro angelical de su amiga se sonrojaba de placer, mientras cerraba sus preciosos ojos azules para abandonarse a sus caricias. Argh. Al final su padre iba a tener razón en cuanto a que su compañero suponía para él una mala influencia.
Además, un pensamiento punzante había conseguido hacerse hueco y sobresalir entre la maraña: «la has tenido a tus pies durante todo este tiempo». ¿Qué había querido decir Nino con eso? ¡Simplemente, no podía ser cierto! Siempre había habido una conexión especial entre ellos dos --al menos, desde que había logrado recuperar su confianza tras aquel malentendido con el chicle en su asiento--, pero no de ese tipo... ¿Verdad? Porque lo cierto era que en su vida actual, con su relación actual, no podían caber más dudas protagonizadas por chicas preciosas peinadas con coletas. Y Marinette tenía a Luka, del que estaba tan enamorada que había decidido dar un paso más a su lado, y acostarse con él. Como había hecho él mismo con Kagami. Y ahí acababa la historia.
Llegó junto a las chicas y esbozó un gesto que esperaba que se pareciera lo suficiente a una cálida sonrisa.
--¡Alya, Marinette! ¿Cómo va todo?
--¡Oh, Adrien! Estás aquí... Pues bien. Todo bien. Muy bien --dijo la azabache con una sonrisilla tímida.
--Extraordinariamente bien --puntualizó la morena, pasando un brazo sobre el hombro de su amiga, y escrutándolo inquisitiva--. Y mejor que se va a poner.
--Me alegro mucho por ti, Marinette. De verdad.
--¿De qué? --preguntó Alya, alzando una ceja.
--¿Eh?
--Que de qué te alegras tanto.
--Pues de que le vaya tan bien, ¿de qué va a ser?
--Ya... porque supongo que preguntabas así, en general. No porque el bocazas de Nino te haya contado nada sobre nuestra conversación anterior, ¿verdad?
--¿Por qué? ¿Ocurre algo malo? ¿O... algo bueno que yo no deba saber? --Aquel interrogatorio no presagiaba nada bueno, así que sería mejor andar con pies de plomo hasta entender un poco mejor qué estaba sucediendo allí.
--Ocurre algo bueno que sabrás si a Marinette le apetece contártelo. Pero si Nino se ha ido de la lengua sin consultar antes... es posible que lo corte en trocitos pequeños por entrometido.
--¿Nino? Qué va, no me ha contado nada sobre vosotras. Apenas hemos hablado un momento, y ha sido solo sobre tonterías.
--Lleváis un buen rato ahí hablando, Agreste. Justo frente a mis narices.
--Pues eso, lo que yo decía: que hemos hablado un rato sobre cosas sin importancia. ¿Por qué preguntas tanto, Alya? Cuando te pones en plan poli malo das hasta miedo.
--Solo estoy decidiendo el tamaño de los trocitos en los que cortaré a mi novio, que no parece saber el significado de la palabra «discreción»
--¡Te aseguro que no me ha contado nada que yo no deba saber!
Marinette observaba el intercambio con los ojos muy abiertos y las mejillas arreboladas, como si no supiera muy bien dónde meterse.
--Hummm... Conozco a Nino. Esas sonrisas, esos gestos... y me ha parecido intuir que estaba imitando la voz de una chica. Creo saber de qué tema estábais hablado.
La mirada ceñuda que Alya dirigió a algún punto tras su espalda le hizo girarse para comprobar que un sonriente Nino regresaba junto a ellos con los refrescos en la mano, sin percatarse de que su querida leona afilaba sus garras dispuesta a despedazarlo. Tenía que hacer algo, y rápido.
--¡Está bien, Alya! Estábamos hablando de sexo. Pero debes saber que tú tampoco es que estés siendo ningún ejemplo de discreción...
--¡Ajá! Lo sabía. Ese pedazo de cotilla se ha ido de la lengua.
--Bueno, en realidad era yo el que le estaba contando algo a él... --bajó la voz--. El viernes estuve con Kagami --soltó de golpe.
--¿Quééé? --se sorprendió la chica.
--Bueno, ya llevamos un tiempo juntos; coincidimos en una fiesta en un hotel, y, bueno... Se lo estaba contando a Nino --palmeó el hombro de su amigo, que llegaba junto a él.
--¿Qué ocurre, nena? ¿A qué viene esa cara de susto?
--¿Susto? ¡No, no! Solo... sorpresa. Disculpa, Adrien, de verdad; he malinterpretado la situación y he activado mi modo «periodista de investigación» de manera automática, pero no pretendía sonsacarte nada que no desearas contar.
--No te preocupes, Alya. Sois mis mejores amigas, y confío totalmente en vosotras. ¿Por qué iba a querer ocultaros las cosas buenas que sucedan en mi vida?
Al chico no le pasó desapercibido el gesto de la morena, que apretó la mano de Marinette como si pretendiera confortarla tras sus palabras. Estudió su reacción: su mirada se perdía en el suelo, y la expresión en su rostro era inescrutable. Quizás, parecida a la que unos instantes habría tenido él, cuando supo lo suyo con Luka. Una extraña tensión se anudó en su estómago; ¿qué estaba pasando allí?
Además, debía reconocer que la frase que acababa de soltar había sido especialmente formulada pensando en impulsar a la chica a corresponder a su confianza haciéndole partícipe de sus intenciones con respecto a Luka. ¿Se podía saber desde cuándo se había convertido un maldito manipulador? ¿Y por qué había comenzado a sentir esa mezcla entre incomodidad y necesidad de saber más sobre aquel condenado asunto?
--Pero nena, ¿qué demonios has liado esta vez? --la regañó Nino.
--Nada, tío --se apresuró a responder Adrien por ella--. Solo que pensaba que habías metido la pata contándome algo indebido, y he tenido que aclararle que era yo el que te estaba comentando mis... avances con Kagami.
--Ajá, claro, eso es. Y la verdad es que no me importaría volverlos a escuchar --le propinó un pequeño codazo en las costillas.
--Pues lo que ya te he dicho: que había una fiesta en un hotel, y que hemos aprovechado para dormir juntos. Bueno, no exactamente dormir...
--¡Ya me imagino, ya, que habréis dormido lo justo entre polvo y polvo! --rio Nino.
--¡No, no! --se apresuró a aclarar Adrien, angustiado por la mirada dolida de Marinette--. Me refiero a que solo fue un rato. Ni siquiera dormí con ella: enseguida me tuve que ir. A mi casa. Y no la he vuelto a ver después.
--¿No ha querido verte más? ¿Tan mal se lo has hecho? --bromeó el moreno.
--Es posible... --le siguió el juego, encogiéndose de hombros.
--¿Ves, nena? --se dirigió a su chica--. Ya te decía yo que los mejores en la cama somos los feos. Los guapos se confían, piensan que con una sonrisa ya lo tienen todo hecho, y no se esfuerzan lo suficiente.
--¿Pero qué dices? --saltó Marinette-. ¡Tiene que ser absolutamente maravilloso hacer el amor con Adr...! Em, me refiero a... no es que yo haya pensado nunca cómo sería eso contigo, ¡claro que no! ¿Por qué iba yo a...? Pero eres encantador, y muy guap... em... quiero decir que seguro que te has preocupado en todo momento por ella, y... En fin, que yo de esto no tengo ni idea, pero no creo que... se te de tan mal. Kagami tiene mucha suerte de tenerte.
Marinette terminó de farfullar, tremendamente colorada, y Adrien se sintió morir de ternura ante su apasionada y balbuceante defensa. Siguiendo un impulso repentino, acarició su brazo con cariño.
--Gracias, Marinette.
--De nada. Es decir, ¿para qué están los amigos? --forzó una sonrisa.
--Bueno, al parecer unos para molestar, y otros para dar apoyo cuando se necesita --terció Alya.
--Yo... --La azabache soltó el aire de golpe antes de seguir--. Tú has confiado en nosotras, y quiero que sepas que yo también confío en ti. Eres mi amigo, y deseo que podamos hablar de cualquier cosa. Yo también... bueno, esta noche cenaré con Luka. Y luego, quizás... «no durmamos» un rato juntos. Y la verdad es que estoy un poquito nerviosa.
Ella lo estaba mirando directamente a los ojos, regalándole aquella preciosa sonrisa. Y, en ese momento, sus sentimientos eran un caos total, una mezcla absurda e incomprensible.
--Luka también es muy afortunado por tenerte a su lado, Marinette. Comprendo que estés nerviosa, ¡yo también lo estaba! Pero va a salir todo fenomenal.
--¿Tú crees? ¿Y si no sé hacer nada bien? ¿Y si... no le gusto?
--Primero, para que alguien no sea capaz de apreciar tu belleza, tendría que ser ciego o un idiota integral, y desde luego Luka no me parece ninguna de esas dos cosas. Y, segundo... él te adora. Se nota cuando te mira, cuando estáis juntos. Sabrá hacerte sentir bien, estoy seguro. Solo... déjalo fluir.
--¿Y si me pongo tan nerviosa que no me salen las palabras y me tropiezo con mis propios pies?
--Entonces, él te tenderá la mano para que no te caigas, como aquella vez en la pista de hielo. Y luego te besará despacio, y te llenará de caricias hasta que los nervios desaparezcan. Y si no te salen las palabras, no importa: no es necesario hablar. O siempre puedes concentrarte solo en las dos más importantes: te quiero --terminó en un susurro.
Los dos estaban muy cerca, frente a frente, mirándose como si durante ese momento no existiera nada más alrededor. Incluso habían entrelazado sus dedos, casi sin darse cuenta. Nino y Alya se habían apartado a un lado, y los miraban, boquiabiertos. El DJ fue el primero en reaccionar, encogiéndose de hombros antes de hablar.
--Bueno, y por si te pones muy nerviosa, nunca está de más llevar un frasquito de lubricante --aportó, llevándose una rápida colleja de su novia--. ¡Aayy, no seas bruta! ¡Si solo era un buen consejo!
--Bueno, está bien; has sido un poco inoportuno, pero no dejas de tener razón --admitió ella.
Adrien soltó a Marinette y se rascó la cabeza, algo abrumado por aquel momento que no sabía muy bien cómo digerir. El próximo que tomaría sus manos, y luego el resto de su cuerpo, sería Luka, y ese pensamiento lo desasosegaba. Por otro lado, estaba seguro de que si Kagami los hubiera visto de aquella manera... lo más probable era que hubiese terminado akumatizada otra vez, presa de un ataque de celos.
Por fortuna, cuando ella apareció acababa de despedirse de sus amigos, que se alejaban hacia la puerta, dispuestos a afrontar su próxima misión: comprar preservativos y lubricante. Nino y Alya discutían amistosamente, y continuaron de largo; Marinette saludó a Kagami agitando la mano con una pequeña sonrisa, y esta se limitó a corresponderle con un cabeceo casi imperceptible y una intensa mirada de soslayo, sin molestarse en sonreír.
--Vaya, ya veo que estaba por aquí tu buena amiga Marinette.
--Sí, llegué con tiempo y charlamos un rato... los cuatro --remarcó las últimas palabras, y luego dulcificó su expresión--. Tenía ganas de verte, Kagami-chan.
--Y yo a ti, Senpai --respondió ella, juguetona.
El tonillo sensual que imprimió al apelativo envió un escalofrío directo a su entrepierna. Tuvo que contenerse para no besarla, sabiendo que la chica se mostraría reticente ante cualquier demostración de cariño en público; así que se contentó con acariciar suavemente su hombro antes de dirigirse juntos hacia el gimnasio donde ya les esperaba D'Argencourt.
Alya y Nino acompañaron a Marinette hasta la puerta de la panadería de sus padres. La azabache les dedicó una sonrisilla nerviosa mientras apretaba entre sus manos la bolsa que contenía sus recientes adquisiciones, y su amiga se acercó para abrazarla antes de despedirse.
--No te pongas nerviosa, todo irá como la seda, estoy segura. ¡Y quiero todos los detalles! ¿De acuerdo?
--Dalo por hecho. Y... muchas gracias por todo, chicos --les guiñó un ojo y se perdió en el interior del edificio, dispuesta a prepararse para la cita.
Sus amigos intercambiaron una mirada y se tomaron de la mano para caminar juntos hasta una cafetería cercana.
--Y bien, ¿qué opinas tú de todo esto? --comenzó Alya.
--Pues que está bastante nerviosa, así que apuesto a que estrenarán el lubricante casi seguro...
--¡No me refiero a eso, idiota! Pensaba en el momento tan extraño que ha habido entre Adrien y Marinette.
--Es cierto. Hablaban de otras personas, ¡pero te juro que por un momento llegué a pensar que se iban a enrollar ahí mismo!
--Cada vez tengo más claro que ese tonto está tan loco por Marinette como ella por él. ¡Pero está tan ciego que es incapaz de darse cuenta de ninguna de las dos cosas!
--Lo que está claro es que, por mucho que lo niegue e intente disimularlo, a Adrien le molesta pensar en Mari con otra persona.
--Pues, aprovechando lo dispuesto que parece a apoyar a su «amiga», va a tener el tema hasta en la sopa. A ver si así logramos que reaccione por fin.
--Buen plan, nena.
--¿Y con la reina de hielo? ¿Te contó cómo fue?
--Poca cosa. Ya lo conoces; es demasiado discreto como para explayarse en un tema así. Pero no se le notaba demasiado entusiasmado, así que intuyo que no debe de haber sido la experiencia de su vida.
--Bien, bien --Alya esbozó una sonrisa malévola--. Por lo pronto, ¿te parece si lo hacemos sufrir un poquito más?
Adrien se empleó a fondo durante la práctica de esgrima, disfrutando de aquel ejercicio que dominaba a la perfección y que le permitía mantener las preocupaciones alejadas de su mente. Cuando el entrenamiento concluyó se dirigió a los vestuarios, y al recuperar su teléfono móvil de la taquilla observó, sorprendido, que tenía pendientes de leer un número considerable de notificaciones. Desbloqueó la pantalla y se dispuso a comprobar de qué se trataban.
«Nino te añadió al grupo Marinette and Luka's night»
«Nino cambió el nombre del grupo a Marinette and Luka's fucking party»
«Alya cambió el nombre del grupo a Marinette and Luka's eternal love»
Alya: Cómo vas, preciosa? Preparada para una gran noche?
Adrien meneó la cabeza. No estaba muy seguro acerca de si deseaba leer todo aquello: el entusiasmo de Marinette, los consejos de Alya, las meteduras de pata de Nino... ¿Qué podría aportar él a la conversación?
Marinette: Acabo de salir de la ducha, estoy decidiendo qué ponerme!
Vaya, podía imaginar perfectamente la cara que habría puesto su amigo al leer esa frase. Y, por suerte o por desgracia, tras su pequeña conversación con él, también cruzaron por su mente algunas imágenes interesantes de su amiga tecleando en el móvil cubierta solo por una pequeña toalla...
--¿Qué estás leyendo? --el tono seco de Kagami le hizo dar un respingo.
--Nada, una tontería.
--Pues se te veía bastante interesado...
--Solo repasaba los mensajes del grupo de Whatsapp que tengo con mis amigos.
--¿Y qué se cuentan?
--Bueno, Marinette tiene una cita con Luka esta noche. Y Alya le estaba deseando suerte.
--Luka. El chico de la pista de hielo, ¿verdad?
--El mismo.
--¿Están saliendo?
--Desde hace unas semanas.
--¿Y comentáis vuestras citas por Whatsapp? --enarcó las cejas, con gesto desabrido.
--Solo en esta ocasión. Ella está nerviosa, y le hace falta un poco de apoyo --se encogió de hombros.
--Tienes una relación un tanto... peculiar con tu buena amiga Marinette.
--Vamos, Kagami; no me puedo creer que estés celosa.
--¿Celosa yo? --se indignó ella, alzando la barbilla en un gesto no exento de soberbia--. Adrien, esa chica no me llega ni a la suela del zapato. Serías un estúpido si la prefirieses a ella antes que a mí; y a mí no me parece que lo seas.
--Kagami, creo que te he demostrado con creces que lo nuestro va en serio, y lo importante que eres para mí. Esta conversación no tiene ningún sentido. Y, por favor, no vuelvas a hablar así de la gente a la que aprecio.
--De acuerdo, Adrien. Confío en tu palabra. Sé que no me traicionarás.
La abrazó, depositando un tierno beso sobre su cabeza, sin poder evitar sentirse algo culpable por la mezcla de inquietantes emociones que cosquilleaban en su pecho. Bloqueó su móvil y lo lanzó con ademán despreocupado a su maleta, ganándose una pequeña sonrisa aprobadora y un beso en los labios. Compartieron un rato de charla relajada mientras aguardaban a que sus respectivos chóferes los vinieran a recoger, y se despidieron cariñosamente cuando estos llegaron.
Adrien miró por la ventanilla hasta que la elegante limusina que llevaba a su novia a casa desapareció de su vista. Luego, con una pequeña punzada de remordimiento removiendo su conciencia, introdujo la mano en la maleta para buscar el móvil y continuar leyendo aquella conversación que a punto había estado de desencadenar su primera discusión de pareja.
Alya: Estarás perfecta con cualquier cosa que elijas
Alya: Aunque deberías haberme hecho caso y haberte comprado aquel precioso conjunto de ropa interior de encaje negro que vimos en la tienda...
Marinette: Era muy bonito, pero también muy caro!
Ugh. A pesar de que lo habían invitado a participar en aquella conversación, no podía evitar la sensación de estarse inmiscuyendo en algo íntimo, privado. Y tampoco podía luchar contra la idea de que eso le resultaba, en cierto modo, excitante. Marinette con lencería de encaje... aquello sonaba demasiado tentador.
Nino: Alya, cariño, sé que amenazaste con echarme del grupo a la primera salida de tono, pero me lo estáis poniendo un poco difícil, no crees?
Alya: Pues sigue controlándote, porque la amenaza sigue en pie.
Marinette: Alya, podrías venir a mi casa y ayudarme a elegir?
Alya: Me toca cuidar a mis hermanas. Pruébate y mándame fotos a nuestro chat privado!
Alya: (Lo siento chicos, este pase de modelos va a ser solo para mis ojos)
Y, más tarde, el que quiera que seleccionaran sería solo para los de su novio, se recordó Adrien. Maldito Luka y su suerte... Aunque, ¡un momento! Él no tenía ningún derecho, ni ningún motivo, para quejarse por eso, ¿verdad?
Miró la hora a la que aquellos mensajes habían sido enviados: unos veinte minutos atrás. Después, una pausa, durante la que las chicas habrían continuado mensajeándose en privado. Y, por último, un pequeño texto recibido apenas dos minutos antes.
Marinette: Ya estoy lista.
Todavía tenía la vista fija en la pantalla, tratando de decidir qué debería contestar un buen amigo como él en aquellas circunstancias, cuando llegó un nuevo mensaje de Marinette. Era una imagen, una fotografía en la que la chica sonreía con timidez frente al espejo, ataviada con un bonito vestido corto que resaltaba su figura, y con el cabello suelto acariciando sus hombros.
Adrien: Wow! Estás absolutamente preciosa, Marinette.
Marinette: Muchas gracias, Adrien
Adrien: Perdona por no haber escrito antes, he visto los mensajes al salir del gimnasio.
Marinette: Sí, ya suponía que estarías ocupado :)
Alya: Amiga mía, estás guapísima
Nino: Luka se va a caer de culo cuando te vea!
Adrien: Suerte en tu cita!
Marinette: Gracias a todos :D
Marinette: Chicos! El timbre! Creo que ya llega Luka a recogerme
Alya: Disfruta, preciosa!
Nino: Eso, eso. Pásalo bien!
Adrien: Saluda a Luka de mi parte.
Alya: Adrien, querido, salúdalo tú cuando lo veas. Esta noche solo van a tener ojos el uno para el otro.
Marinette: Sííí! Es él.
Un carraspeo de Gorila le hizo tomar conciencia de que el vehículo llevaba ya un buen rato detenido frente a la puerta de la mansión. Se bajó, salvó las escaleras saltando los escalones de dos en dos, y al llegar a su cuarto se dejó caer de espaldas sobre la cama, ahogando un suspiro.
--¿Qué te ocurre, chico?
--No lo sé, Plagg. Sinceramente, no tengo ni idea.
Volvió a mirar la fotografía de Marinette y releyó la conversación entera. Luego, apartó el móvil a un lado y se quedó un buen rato allí acostado, con la mirada perdida entre las sombras del techo, intentando no pensar, esforzándose en no plantearse lo que ocurría más tarde en aquella casa-barco anclada en el Sena. Y, sobre todo, evitando cuidadosamente preguntarse por qué darle vueltas a todo aquel asunto le molestaba tanto.
Bueno, pues parece que Adrien está teniendo que gestionar un buen montón de emociones inesperadas, y además Alya y Nino no van a ponerle las cosas fáciles...
¿Será capaz de aceptar el motivo de su tormenta interior? Y, si llegara a hacerlo, ¿será ya demasiado tarde?
Abrazos,
Butercup
