¿Qué tiene esa chiquilla que todos la adoran?... Nunca fue de mi agrado, siempre la culpé de las desgracias acaecidas a nuestra familia...

¿Qué hacer ahora con todos estos sentimientos en contra de ella?

¿Qué pensar ahora que sé que si no fuera por ella, la familia Ardlay no tendría continuidad? Si no fuera porque ella lo dio todo (incluida su reputación) para cuidar de mi adorado sobrino y único patriarca del clan, él no estaría aquí de regreso, recuperado y tomando por fin el lugar que le corresponde.

¿Qué pensar ahora de ella, después de que por tantos años he puesto todo mi esfuerzo en despreciarla?...

Y lo que es más: ¿Qué hacer ahora que puedo ver ese brillo en los ojos de William?

Por que sí, ahora que lo pienso fríamente de seguro se enamoró perdidamente de ella mientras estuvo sin memoria... por desgracia no me extraña. Parece que todos los Ardlay caen hechizados ante sus encantos. Pero lo que no entiendo es ¿cómo ella pudo cuidar de él diciendo que era su amigo?, ¿qué no se supone que no le conocía?.

Lo que es más, dudo que haya sabido quién era él realmente, porque de haber sido así hubiera al menos contactado a George para avisarnos.

Siento como si mi mundo se estuviera viniendo abajo, como si todo lo que siempre he creído empezara a tambalearse. William no quiso hablar conmigo de Candice, por más que traté de abordar el tema me dijo que hoy no era un buen día, que aún seguía molesto conmigo por haber hecho esto del compromiso a sus espaldas y que hablaríamos en otra ocasión.

Espero que podamos hablar mañana, realmente necesito poner en orden mis ideas, conocer toda la historia y confrontarlo con sus sentimientos. Aún no sé si podré idear alguna estrategia para disuadirlo de su enamoramiento si es que lo llega a confesar, porque, si ya accedí al compromiso de Candice con Neal y hasta lo planeé a sus espaldas, ¿con qué cara le diré que no quiero que tenga nada que ver con ella? Me temo que será demasiado tarde para decir algo como eso.


- Tía, recibí su mensaje. ¿Quería hablar conmigo?

- Sí William, por favor pasa, siéntate... Adelaida, sirve el té para dos y déjanos solos por favor.

La muchacha se despidió con una reverencia y salió cerrando la puerta tras de ella. Albert tomó asiento frente a su tía y esperó a que ella le dirigiera la palabra, era el día siguiente al fallido compromiso y aún estaba molesto; si George no hubiera actuado por voluntad propia rompiendo la promesa que le había hecho y enviando a Candy a Lakewood, él se hubiera enterado demasiado tarde de todo. No quería ni pensar en eso porque se enfurecía. ¿Cómo era posible que su tía hubiera actuado a sus espaldas?, pero bueno, aquí estaba frente a ella esperando a que le dijera el motivo por el cual mandó llamarlo.

- William, ¿sigues molesto conmigo por lo del compromiso?

- Tía, ¿es para eso que me llamó?, por favor no perdamos el tiempo con lo mismo...

- No William, por favor escúchame. Siento haberlo hecho a tus espaldas pero había muchas cosas de las cuales yo no estaba enterada y ... Neal fue muy claro diciendo que se enlistaría si no...

- Tía, lamento interrumpirle y sacarla de su ensueño, pero Neal es un cobarde, ¡jamás se hubiera enlistado!... Y podría decirle más sobre él pero dudo que crea la veracidad de mis palabras. Usted, con todo el respeto que me merece, siempre ha tenido un afecto desmesurado por Sara y sus hijos que muchas veces la ha cegado, y eso sin mencionar el prejuicio sin fundamento hacia Candy... Candice.

¡Ahí está otra vez, ese brillo en sus ojos cuando la menciona!

- Hijo, no he podido conciliar el sueño en toda la noche. No quisiste hablar conmigo ayer y lo entiendo, pero por favor concédeme el que hablemos hoy... hay muchas cosas que quisiera saber y quiero escucharlas de tus labios.

- Está bien tía, ¿qué es lo que quiere saber?

- Demasiadas cosas, pero empezaré por preguntar: ¿Desde hace cuánto que conoces a Candice?

Lo vi como casi imperceptiblemente se sobresaltó; si alguien más hubiera estado sentado aquí con nosotros no lo hubiera notado, pero yo lo conozco, yo lo entrené para siempre mantener sus emociones en línea sin importar a qué se estuviera enfrentando. Pude ver de inmediato que esperaba que le reclamara algo, pero no que de la nada preguntara de la forma más sincera que pude acerca de ella. William respiro hondo, se cruzó de brazos y dijo:

- No puedo entender a qué se debe su pregunta o qué relación tiene con el que usted haya tenido insomnio anoche.

- ¡William, no seas sarcástico ni me evadas!... Estoy tratando de establecer una conversación civilizada contigo y quisiera conocer lo básico antes de preguntar otras cosas, pero si no quieres contestar...

- No es eso tía, disculpe. Simplemente esperaba todo menos esa pregunta, no entiendo cómo mi respuesta pueda serle de utilidad. Aparte, usted nunca se ha interesado en Candice, siempre me ha reclamado su adopción y ha hecho todo lo posible para que deje de tener validez.

- Está bien, te seré sincera. No he podido dormir pensando si todo lo que he creído durante todos estos años acerca de esa jovencita es verdad o no...

William sin disimular, abrió los ojos de par en par y contuvo la respiración... yo continué:

- Sí, entiendo tu sorpresa, sé que piensas que siempre he sido dura con todos ustedes, y en especial con ella, pero desde que Neal nos hizo saber que quería desposarla empezó esta lucha dentro de mí. Lo mandé llamar para preguntarle ¿cómo era posible que se fijara en esa muchacha?, si no solo había robado joyas en casa de sus padres sino que también él mismo me había dicho que llevaba una vida disoluta viviendo con un hombre...

- Tía...

- No William, por favor déjame terminar. Cuando le hice a Neal estas preguntas en privado, lo vi agachar la cabeza con vergüenza y me imaginé enseguida que Candice había sido acusada falsamente de ser una ladrona. Después Neal me confesó que habían sido él y Eliza quienes la habían acusado, porque Eliza no la quería cerca de Anthony.

En cuanto a lo de Candice viviendo con alguien más, Neal mencionó que ya no vivían juntos y que aún sabiendo lo que eso podría suponer, no le importaba y deseaba hacerla su esposa a como diera lugar. Ahora William, regresando a mi primera pregunta por favor contéstame:¿Desde hace cuánto que conoces a Candice?... Dudo que ella hubiera echado su reputación por la borda por un enfermo desconocido. Sin embargo, tú siempre me dijiste que la habías adoptado debido a las cartas que Anthony, Alistair y Archibald te enviaron, y jamás mencionaste que la conocieras personalmente.

William se hundió un momento en el sillón, se frotó la cara con sus manos, se enderezó y contestó tratando con todas sus fuerzas de no mostrar sus sentimientos:

- La conocí en los bosques de Lakewood cuando ella trabajaba para los Leagan. Se había escapado, el bote en el que se quedó dormida se soltó y se desplomó por la cascada, yo por fortuna estaba cerca y pude llegar a tiempo para salvarla. Candice... Candy se quedó recuperándose en la cabaña esa noche y me contó su historia, yo le hice creer que era un vagabundo sin posesiones y me presenté con mi segundo nombre: Albert. Ella dice que como yo le salvé la vida en esa ocasión, lo menos que podía hacer era corresponderme y cuidarme cuando me vio enfermo y con amnesia.

Lo miré inquisitivamente y después de pensar en lo que me dijo pregunté:

- Y entonces, ¿la adoptaste por las cartas que recibiste de tus sobrinos?, ¿o porque tu también lo deseabas?

- La verdad es que Candy era una chiquilla encantadora y llena de alegría, a pesar de todo su sufrimiento en la vida. Me pareció injusto que una niña de tan solo doce o trece años de edad creciera durmiendo en un establo y trabajando de sol a sol sin una madre que le diera cariño o una familia que la apoyara. Creo que tanto yo como mis sobrinos sentimos un deseo más grande que nosotros de protegerla y hacerla feliz. Sí fueron sus cartas, pero también fui yo mismo... Y aparte, sus ojos me recordaron tanto a los de Rosemary que no pude dejar de pensar que tal vez era alguien como ella quien le hacía falta a la familia Ardlay para inyectarle la vida que tanto necesitaba.

Ahí estaba, lo había dicho, una de las cosas que más me había temido... William veía un poco del carácter de su adorada hermana Rosemary reflejado en Candice.

- Pero no entiendo, ¿cómo es que te pudo reconocer después de tantos años?, en Lakewood tú llevabas anteojos, barba y te teñías el pelo, y según me dices cuando llegaste al hospital en Chicago lo hiciste rubio y sin barba.

Agachando la mirada contestó:

- Volví a ver a Candy en Londres, y le escribí desde África, como su amigo Albert...

- Ya veo. Y cuando perdiste la memoria y vivieron juntos te enamoraste perdidamente de ella sin saber que eras su tutor.