--Chico, como sigas paseando de un lado para otro, ¡vas a dejar huella en el parqué!

--Muy gracioso, Plagg. Hace un rato te metías conmigo por pasarme media mañana en la cama, ¿y ahora también te molesta que camine?

--No me molesta; solo me hace gracia verte perder los papeles por otra chica, para variar. ¿Piensas ir a espiarla esta noche también? Me gusta lo generoso que te vuelves con el queso cuando te sientes culpable.

--No pienso volver a hacer eso --refunfuñó el rubio.

--Ya, ya... lo que tú digas. Mi precio ya sabes cuál es.

El débil sonido del timbre que anunciaba la llegada de Marinette llegó hasta sus oídos, haciéndole reaccionar enseguida. Se apresuró escaleras abajo, con la risilla irónica del kwami persiguiéndolo aún, y subió la voz para asegurarse de que la asistente de su padre lo escuchara:

--¡Es para mí! Nathalie, por favor, abre la verja; ya me ocupo yo de la puerta principal.

Abrió antes de que Marinette tuviera tiempo de tocar el timbre, y sonrió de oreja a oreja al encontrarla con el dedo extendido hacia el interruptor y la sorpresa brillando en sus ojos.

--¡Vaya! Qué eficacia. Deben de gustarte mucho los macarons --sonrió--. Me recuerdas a alguien que conozco...

--A alguien con buen gusto, entonces. ¿Quieres subir un momento a mi habitación?

--No hemos pedido permiso a tu padre para eso, Adrien --interrumpió Nathalie, que parecía haberse materializado a su lado de golpe.

--Marinette ha venido a traerme los apuntes de hoy; no sería muy cortés despedirla en la puerta, ¿no te parece?

--Yo... no quiero causar ninguna molestia, Adrien. Señorita Sancoeur, hay macarons para todos en esa bolsa. Me encantaría que usted y el señor Agreste los probaran también.

La mujer tomó el paquete envuelto en papel de estraza que le ofrecía, expresando su agradecimiento con una cortés inclinación de cabeza.

--Pero... --trató de insistir el chico.

--No hay problema, de verdad. Además, he quedado luego con Luka, y ya llego tarde. Nos vemos mañana en clase, ¿de acuerdo?

Ya se disponía a darse la vuelta sin darle tiempo a añadir nada más cuando él la retuvo, asiéndola con delicadeza por la muñeca. Se acercó con rapidez, y le plantó un suave beso en la mejilla, como había hecho ella aquella vez en el parque.

--Marinette... Gracias.

--De nada, Adrien --respondió la chica, ruborizada.

Se quedó mirando cómo se alejaba hasta que atravesó la verja, dándose la vuelta para agitar la mano como despedida. A su espalda, Nathalie lo observaba enarcando una ceja.

--Pareces bastante recuperado; mañana retomaremos el horario habitual. Será mejor que subas a tu cuarto para ponerte al día con los deberes.

--Eso haré. ¿Puedo llevarme algunos macarons para merendar?

--Claro. Enseguida haré que te suban una bandejita con unos cuantos.

Subió la escalera con tanta lentitud como prisa se había dado al bajarla, y se dejó caer de bruces sobre el colchón. La idea de que ella caminara en ese momento al encuentro de su novio lo torturaba sin piedad. Al besar su mejilla había percibido cómo la chica contenía la respiración, y el ligero temblor que la recorría, en respuesta al que él mismo había sentido.

Se entretuvo un buen rato echando un vistazo a los apuntes, y consultando entre sus libros para ampliar la información; pero le costaba sacarla a ella de sus pensamientos. Tomó el móvil entre sus manos y dudó antes de escribir: sabía que estaba actuando mal, que aquel era un impulso egoísta por mucho que intentara hacerlo pasar por amistosa cortesía. Pero de alguna manera necesitaba que Marinette, incluso estando con Luka, lo tuviera presente a él.

Adrien privado: Muchas gracias por venir, sweet eyes. Y también por esos deliciosos macarons: espero q Nathalie no se los coma todos, pq me muero por probarlos!

Marinette sonrió al ver el mensaje. Luka, sentado tras ella, pasó sus dedos por su cuello en una tierna caricia, sobresaltándola.

--¿Es algo urgente, preciosa?

--¡No, qué va! Es que antes pasé a dejarle unos apuntes a Adrien, y me lo estaba agradeciendo.

--Me encanta cómo te preocupas por los demás, cariño --empezó a recorrer con los labios el sendero que sus dedos habían marcado primero--. Pero... ¿te importaría contestarle más tarde?

--No, claro. No hay prisa.

--Bien --Luka apartó el teléfono, dejándolo sobre la mesilla de noche--. Lo siento, Adrien, pero ahora es mi tiempo con Marinette. Y pienso tenerla muy ocupada durante un buen rato --susurró.

Sus labios buscaron su boca con urgencia, cálidos, intensos, exigentes, y ella respondió con idéntica pasión. Las caricias buscaron sus senos, primero sobre la camiseta, y pronto también bajo esta.

--Luka, ¡está tu madre en la cubierta! --protestó ella, alarmada.

--No te preocupes por eso; cerraremos la puerta con llave y pondremos la música alta, ¿te parece?

Volvió a recorrer su cuerpo con ambas manos, despertando sus sentidos, avivando su deseo, hasta que fue ella la que buscó su contacto casi con desesperación. Todas sus reticencias parecieron desvanecerse de golpe, arrastradas por la excitación que comenzaba a invadirla, nublando cualquier pensamiento racional. Solo quería sentirlo más: más cerca, más dentro, más caliente. Pronto, ni siquiera las potentes notas de «Come on, feel the noise» resonando en todo su esplendor fueron capaces de cubrir totalmente el eco de sus gemidos.

Ya solo quedaban unas pocas migas de colores en el plato en el que habían estado los macarons cuando Adrien se cansó de esperar alguna respuesta a su mensaje. Sabía que ella lo había visto, pero no se había dignado a responder; lo que resultaba lógico, por otra parte.

Suspirando, se levantó dispuesto a darse una ducha. El agradable sabor azucarado de los pastelillos permanecía en su boca, pero no pudo evitar pensar que la suavidad de la piel de la azabache bajo sus labios le había resultado aún más dulce. Mientras enjabonaba su torso, disfrutando de la caricia tibia del agua, la imagen de la chica invadió sin permiso su mente. ¿Cuán tersa resultaría la piel de su cuello, de sus muslos, de su vientre? ¿Cómo enrojecería su rostro al acariciarla? ¿Cómo se endurecerían sus pezones si los tomaba entre sus labios?

Un intenso escalofrío le reveló que su cuerpo reaccionaba con ímpetu ante aquellos pensamientos. Casi sin darse cuenta, su mano se deslizó hasta rodear su miembro endurecido, comenzando a masajearlo. Imaginó la mano de la chica, o sus deliciosos labios de cereza, proporcionándole placer, y exhaló un gemido quedo. Soñó con tenerla desnuda ante sus ojos, con recorrer su cuerpo con sus dedos, y luego con su lengua, hasta probar hasta sus rincones más íntimos. Deseó hacerla gritar de placer bajo sus atenciones, con sus dedos enredándose en su cabello para animarlo a degustar cada recoveco, a acelerar los movimientos de su lengua, a introducirla en su húmeda entrada. A medida que el ritmo aumentaba, su imaginación trocó mágicamente su propia mano por el cálido interior femenino, intentando adivinar cómo se contraerían sus estrechas paredes alrededor de su miembro, y cómo subirían sus gemidos de tono mientras él la penetraba una, y otra, y otra vez. Hasta que el clímax lo alcanzó con el nombre de la chica escapando entre sus labios: Marinette...

El cuerpo de Marinette vibraba con intensidad en respuesta a cada embestida, gimoteando de placer cada vez que Luka eliminaba cualquier resquicio entre ambos, fundiéndose con ella como si pretendiera que se convirtiesen en uno solo. Arqueó su espalda para recibirlo, aferrándose al cuerpo del chico, sintiendo próxima su liberación. Repitió su nombre entre jadeos mientras un intenso orgasmo la recorría, aflojando sus piernas y dejándola sin aliento. «Luka...», susurró de nuevo, intentando borrar de su mente ese otro nombre que no dejaba de resonar en su interior, por mucho que se esforzara en acallarlo: Adrien...

Nathalie rozó apenas con los nudillos la puerta del despacho de Gabriel, y entró en cuanto escuchó su voz severa dándole permiso. Depositó la bandejita con macarons sobre la mesa, y se encogió de hombros ante la mirada sorprendida de su jefe.

--Los ha traído la señorita Dupain-Cheng junto con los apuntes para Adrien.

--Gracias, Nathalie --Mordisqueó uno de los dulces distraidamente, con la vista todavía fija en la pantalla.

--Señor Agreste... --Ante su falta de respuesta, carraspeó para llamar su atención.

Él la miró como si acabase de reparar en que aún no se había marchado.

--¿Qué ocurre?

--Estoy un poco preocupada por Adrien, señor. Me parece que... no se siente muy feliz.

--¿Feliz? --rugió Gabriel, intimidante, atravesándola con una mirada gélida--. Ya estoy haciendo todo lo posible para que lo sea. Le doy cuanto está en mi mano, le dejo ir a ese instituto como es su voluntad, le he dado mi aprobación para su relación con la señorita Tsurugi...

Nathalie sostuvo su mirada sin arredrarse.

--En cuanto a la señorita Tsurugi... Hemos hecho bastante más que eso, Gabriel. Hemos diseñado sus agendas para que coincidan en cada evento, hemos programado viajes en común para que pudieran pasar tiempo juntos, y usted se ha asegurado de expresar su beneplácito ante cada avance. Quizás ha llegado un momento en el que ya no sabe si está con ella por amor verdadero o por complacer a ambas familias.

--Fue él el que comenzó a mostrar interés por esa chica. Es perfecta para Adrien: siempre correcta, capaz de aspirar a las mayores metas, una compañera digna de mí hijo. Y, que yo sepa, nadie les ha puesto una pistola en el pecho para que salgan juntos.

--No, pero tal vez la situación se haya forzado demasiado. ¡Si hasta conspiraste con Tomoe Tsurugi para que tuvieran la posibilidad de... estrechar su relación en la fiesta del hotel!

--Es bueno que se creen vínculos fuertes entre ellos. No queremos que el negocio que tenemos entre manos se vaya al traste por una riña entre adolescentes, y Tomoe temía que su chica estuviera empezando a descentrarse. Ahora han dado un paso muy importante en su relación, y se lo pensarán dos veces antes de echarse atrás.

--Apenas puedo creer lo que estoy escuchando. ¿Y se supone que usted conoció lo que es el verdadero amor? ¿Cómo se atreve a negarle a su hijo que escoja su propio camino?

--¡Se está usted excediendo, señorita Sancoeur! No quiero escuchar ni una palabra más al respecto, ¿está claro?

--Meridiano --respondió ella con sequedad--. Además, sé que no hace falta añadir una palabra más para que usted haga lo que es correcto.

Se dio la vuelta y se marchó, cerrando la puerta suavemente a su espalda. Exhaló un profundo suspiro, y se dirigió hacia su propio despacho sintiendo temblar sus rodillas por la tensión vivida. Sentía por Adrien un cariño profundo, y no podía dejarlo en la estacada después de que el muchacho hubiera confiado en ella; y él ya parecía tener suficiente lío en su cabeza como que la posibilidad de disgustar a su padre influyera también en su decisión. Esperaba que Gabriel tuviera el tacto de liberarle de ese peso; luego, decidiera lo que decidiera, al menos lo habría hecho con libertad.


--¡Buenos días, chicos!

--¡Adrien! Me alegra que ya estés recuperado.

--Gracias, Alya. Aunque confieso que estuve tentado de seguir quejándome un par de días más, para ver si Marinette se animaba a traerme otra tanda de deliciosos macarons --le dedicó un guiño pícaro a la azabache.

--Me alegra que te hayan gustado, Adrien --musitó la aludida, enrojeciendo hasta la raíz del cabello--. Y disculpa por tardar tanto en responder tu mensaje de ayer.

--No te preocupes; suponía que ibas a estar ocupada cuando lo recibieras.

El rubor de Marinette se elevó incluso un par de tonos más, y farfulló algo ininteligible, confirmando sus peores temores. ¿Es que aquellos dos no podían pasar una tarde juntos sin acabar en la cama?

Los siguientes días vinieron a dar más peso todavía a aquella hipótesis. Cada mañana se veían en el instituto; cada tarde intercambiaban mensajes en los que jugaban al equívoco con las palabras, buscándose sin llegar a decirse nada realmente comprometedor; y cada atardecer ella acudía de nuevo a la casa-barco para disfrutar de la intimidad con Luka, mientras Adrien se desesperaba en su cuarto, imaginándola entre los brazos de su novio. Cuando ella regresaba a su casa le escribía para desearle buenas noches, y compartían reflexiones, bromas y canciones, a veces hasta muy tarde.

Marinette privado: November rain?

De verdad acabas de mandarme esa canción? Acaso pretendes derretir mi corazón?

Adrien privado: Es una canción preciosa... y confieso q hoy encaja bien con mi ánimo melancólico.

Marinette privado: Q ocurre? Ha pasado algo malo?

Adrien privado: No, q va. Solo... me ha dado por reflexionar.

Marinette privado: When I look into your eyes

I can see a love restrained

But darlin' when I hold you

Don't you know I feel the same...

Adrien sintió su corazón encogerse ante aquellas palabras. Era tan fácil imaginar que se las decía de verdad... ¿De verdad sentía ella lo mismo? ¿También esperaba con ilusión aquellas conversaciones que compartían? ¿También dudaba cada noche sobre su propia relación, anhelando refugiarse en los brazos de la persona que respondía al otro lado de la pantalla?

Pero no, estaba muy claro que sus situaciones eran totalmente diferentes. Ella era feliz con Luka, pasaba con él todo el tiempo que podía, disfrutaba de su intimidad con él. Mientras que Kagami seguía contestando a sus llamadas con desgana, y él continuaba haciéndolas casi por obligación. Físicamente se encontraban lejos, ella en Lausana con su equipo de tiro con arco, y él en París; pero entre sus corazones esa distancia parecía haber aumentado exponencialmente, hasta situarlos a unos cuantos años luz.

Adrien privado: Marinette... puedo preguntarte algo?

Marinette privado: Claro. Dime.

Adrien privado: Estás enamorada de Luka? Estás bien con él? No dudas... nunca?

Ella tardó una eternidad en responder. Escribía, paraba... Habría ido demasiado lejos con aquellas preguntas? Pensó en disculparse y poner que las olvidara. Pero no lo llegó a hacer.

Marinette privado: Creo que la respuesta más sincera que puedo darte es que sí a las tres.

Marinette privado: Quiero a Luka, estamos bien juntos. Y, en ocasiones, dudo.

Marinette privado: Ahora te toca a ti responder a las mismas preguntas sobre Kagami.

Adrien privado: No sé si la quiero todo lo que debería. Estamos más lejos que bien. Y créeme si te digo que ahora mismo estoy ahogándome en un maldito mar de dudas.

Adrien privado: Y esa es la respuesta más sincera q puedo darte si pretendo mantenerme a flote un poco más.

Marinette se frotó los ojos, confusa. Aquello comenzaba a resultarle tremendamente difícil de analizar con objetividad. ¿Se referiría él, como comenzaba a intuir, a que si era totalmente claro con ella sus dudas podrían arrastrarla también? ¿Era una maldita declaración encubierta? O, más bien, la semilla de algo que podría llegar a convertirse en una en función de sus respuestas. ¿A qué estaba jugando? Solo que... tenía claro que aquello no era ningún juego.

Pensaba que tenía sus sentimientos controlados, que podría ser capaz de corresponder al amor de Luka como él se merecía. Pero cada mensaje de Adrien le provocaba un poderoso cosquilleo en el estómago, removiendo su culpabilidad.

O también podría ser que se estuviera equivocando de pleno. Quizás seguía viéndola como una gran amiga a la que pedir consejo, y eran sus sentimientos por él, que seguían mucho más vivos de lo que le convenía, los que la hacían ver amor donde en realidad no lo había.

When you gonna give to me, a gift to me

Is it just a matter of time, Sharona?

Is it d-d-destiny, d-destiny

Or is it just a game in my mind, Sharona?

Mejor pensar dos veces lo que escribía antes de contestar.

Marinette privado: Me gustaría mucho poder ayudarte con tus dudas.

Adrien privado: Creo q podrías. Pero estoy en una situación complicada; será mejor q primero trate de aclararme yo, antes de implicar a nadie más...

Ella se lo pensó un momento antes de teclear las siguientes palabras. Necesitaba decirlas, pero... ¿las entendería él?

Marinette privado: Como desees.

Hizo una pequeña pausa antes de continuar.

Marinette privado: Estaré aquí cuando necesites hablar.

Adrien sintió un centenar de mariposas revoloteando en su interior al leer aquellas palabras. ¿De verdad significaban lo que él quería entender? ¿Cómo averiguar si eran una simple casualidad, o una clara referencia a una de sus películas favoritas?

Adrien privado: Muchas gracias, Marinette.

Adrien privado: Es curioso lo complicados q pueden resultar los sentimientos a veces. Esto es peor q atravesar el pantano de fuego!

Marinette privado: O q escalar los acantilados de la locura...

Adrien privado: Incluso q enfrentarse al temible pirata Roberts.

Marinette privado: Q nunca deja supervivientes.

Adrien privado: Marinette...

Marinette privado: Sí?

Adrien privado: Yo también a ti.

Adrien apagó su teléfono con una dulce sonrisa en los labios. Definitivamente, se estaba enamorando de ella como un auténtico idiota.

Aquel sentimiento había surgido a fuego lento: no había sido una explosión de fuegos artificiales, como la que había sentido con Ladybug, ni un acuerdo tácito entre el corazón y el cerebro, como en el caso de Kagami. Vistos en perspectiva, quizás sus sentimientos por la heroína se parecían más a una obsesión por su inalcanzable y perfecta compañera que a un verdadero amor. Y con Kagami... en ella había encontrado una motivación a la que aferrarse cuando su horario de locos, repleto de actividades, amenazaba con desbordarlo. Compartían muchas cosas... pero ahora entendía que el amor no era una de ellas.

Tenía que hablar con ella, pero sería mejor hacerlo en persona, tras la competición de Lausana. Resolvería primero ese frente, y luego --sintiéndolo mucho por Luka-- pondría las cartas sobre la mesa con Marinette, y lucharía por conquistarla.

Por primera vez en muchas noches, y a pesar de las complicaciones que suponía la decisión que acababa de tomar, durmió como un angelito.


Adrien terminó de desayunar sin prisa, nervioso por la idea de ver a la azabache al llegar. Si ya escribiendo --sin tenerla a ella delante, y con la posibilidad de pensarse cada mensaje o modificarlo si terminaba por parecerle inoportuno--, se le había ido todo un poco de las manos, no quería imaginar lo que sería enfrentarse cara a cara a Marinette. Por mucho que hubiera cambiado la resolución que lo animaba, tendría que mantenerlo todo en aquel punto un poco más, hasta que tuviera ocasión de hablar con Kagami.

Sonrió a Nathalie cuando esta retiró la bandeja para disponerse a recitar su agenda, como cada mañana.

--Adrien, hoy, después del instituto, tienes media hora para hacer tus deberes, una hora de ensayo de piano, al que tu padre intentará asistir, y noventa minutos de clase particular con tu profesor de chino.

--Entendido.

--Y ya tengo tu billete para ir a Lausana el fin de semana. Gorila te acompañará.

El chico tomo aire y lo expulsó de golpe, como si tratara de reunir toda su determinación ante la perspectiva.

--Muchas gracias, Nathalie.

--¿Estás ya más tranquilo?

--Lo estoy. Esto no va a ser fácil, pero al menos ya he tomado una determinación. Solo espero que mi padre no se enfade demasiado...

Ella asintió, comprensiva, y apretó su mano para infundirle ánimo.

--¿Y por qué se supone que me debería enfadar? --interrumpió Gabriel con voz grave, sobresaltándolos a ambos.

--Papá, tengo que hablar contigo sobre... algo. ¿Tendrías un rato para mí esta tarde?

--¿Y para qué esperar? Quiero verte inmediatamente en mi despacho.

Comenzó a caminar sin molestarse siquiera en comprobar si su hijo le seguía. Por supuesto, fue así. En cuanto el chico cerró la puerta comenzó a hablar, aún dándole la espalda.

--Me ha parecido entender que últimamente albergas en tu cabeza algunas ideas absurdas sobre la felicidad y el amor. Ideas que quizás podrían llevarte a tomar una mala decisión.

--¿Ideas absurdas? --se sorprendió Adrien, preocupado por el cariz que estaba tomando la conversación.

--Exacto. Y, como comprenderás, mi deber como padre es impedir que algo así ocurra.

--Creo que no entiendo bien a qué te refieres.

--Seré claro, entonces. Tomoe Tsurugi y yo tenemos ahora mismo un importante negocio entre manos. Estamos a punto de firmar un acuerdo que resultará muy beneficioso para nuestra compañía; y no estoy dispuesto a ponerlo en peligro por culpa de las hormonas revolucionadas de un adolescente.

--Pero, padre...

--¿Necesitas que sea más claro aún? --siguió vociferando Gabriel--. Mantendrás tu relación con Kagami Tsurugi por lo menos hasta que yo te de permiso para plantearte lo contrario. ¿Lo has entendido?

--¡No puedes pedirme eso! --estalló Adrien, sin poder creerse lo que estaba escuchando--. Kagami es una gran chica, ¡pero yo no estoy enamorado de ella!

--Pues deberías haberlo pensado antes. ¡No puedo presentarme ante Tomoe-san y decirle que mi primogénito se ha cansado de su hija nada más arrebatarle su virginidad! ¡Adrien, yo no te he educado para ser ese tipo de hombre!

Adrien palideció ante su acusación, dando un paso hacia atrás.

--¿Qué ocurre? --escupió las palabras Gabriel--. ¿Acaso pensabas que podría ocurrir algo, cualquier cosa, en vuestro entorno de lo que Tomoe, y yo mismo, no nos fuéramos a enterar?

--Padre, lo haces parecer algo horrible. ¡Y te aseguro que no es como lo planteas! Ella... ella me evita. Creo que tampoco desea continuar.

--La señorita Tsurugi cumplirá con su deber.

--¿Su deber? ¿Dónde te crees que estamos, papá? ¿En el maldito siglo diecisiete?

--¿Vas a atreverte a retarme? --el tono era ahora bajo, peligroso. Su voz temblaba de ira contenida.

--Padre, sabes que nunca suelo llevarte la contraria. Pero en este asunto tendremos que buscar una solución aceptable para todos, no solo para ti.

--¿Es por otra chica?

--¿Qué?

--Todo esto es porque piensas que te has enamorado de otra chica, ¿verdad? Y es ella la que te da fuerzas para luchar. Hijo mío, tanto romanticismo me resulta conmovedor --se burló--. Pero esto es la vida real. Y te aseguro que como te atrevas a poner fin a tu relación con Kagami para comenzar otra después, no me temblará el pulso a la hora de destrozar a la... afortunada.

--No serás capaz...

--¿Apuestas algo?

--Te has convertido en un ser despreciable, padre. Estás podrido por dentro --Adrien apretó los puños, conteniendo las lágrimas a duras penas.

--Yo solo te lo advierto. Si tanto piensas que la quieres... aléjate de ella.

El portazo del chico al salir resonó en toda la mansión. Gabriel se dejó caer en el sillón, mesándose los cabellos. «El amor es peligroso, hijo mío; el amor puede destruir a un hombre y marchitar su corazón. Puede que ahora me odies: pero solo intento protegerte, y asegurarte un buen futuro en el que nada te falte».

Nathalie reprimió como pudo el impulso de abrazar al chico y acariciar maternalmente su cabello. Recorrieron en silencio el trayecto hacia el instituto, y solo cuando estaban a punto de llegar se atrevió a buscar su mirada, colocando la mano sobre su hombro.

--Es mejor ceder por ahora, Adrien. No ganarás nada en un enfrentamiento directo; sé paciente, y estoy segura de que encontraremos una solución.

Él respiró profundo para frenar la amarga respuesta que trepaba por su garganta. Después de todo, la mujer solo intentaba ayudarlo.

--Gracias, Nathalie. Lo intentaré.

Resultaba difícil pensar en tener paciencia en una situación así. Pero, ¿qué otra cosa podía hacer? Sabía que Marinette sentía algo por él, sabía que si se acercaba la haría dudar. Quizás haría tambalear su relación con Luka --un amor que valía la pena--, sin poder ofrecerle nada a cambio. Simplemente, no podía ponerla al pie de los caballos al enfrentarse con su padre. Y sabía que su amenaza iba en serio. ¿Cómo arriesgarse a que utilizara su poder, y sus influencias en el mundo de la moda, para truncar la prometedora carrera de la chica antes de que tuviera oportunidad de empezar? Estaba atrapado. Peor aún: estaba realmente jodido. Y no podía arrastrarla a la mierda a ella también.

La vio nada más bajar del coche, algo apartada, hablando con Alya. Cuando ella se percató de su llegada, le dedicó una preciosa sonrisa que le rompió el corazón.

--Hola, chicas. Marinette, ¿podemos hablar un momento?

--Claro; voy.

Alya le hizo un gesto emocionado, pulgar arriba y guiño incluido, al ver que se alejaban buscando algo de intimidad, y él rehuyó cobardemente su mirada.

--¿Estás bien? Te noto pálido --se preocupó Marinette cuando llegaron al vestuario y pudo mirarlo de frente.

Él asintió, sintiendo un nudo en la garganta, pero esforzándose por sonreír.

--Ya sabes que estoy pasando un momento sentimental bastante complicado. Pero estoy... bien, supongo.

--Sí. November rain...

--Exacto. Yo...

Sintió que se le quebraba la voz, y se limitó a abrazarla. Ella apoyó la cabeza en su pecho, y el aroma fresco y dulce de su cabello inundó su nariz. Le pareció pequeña y frágil entre sus brazos; sintió el golpeteo acelerado de su corazón, y controlar el impulso de besarla le costó un mundo. Odió a su padre, odió su vida, se odió desesperadamente a sí mismo. Y se dispuso a hacer lo que tenía que hacer.

--Marinette, solo quería darte las gracias por estar siempre a mi lado cuando te he necesitado --se separó de ella, y perdió la mirada en algún punto del suelo--. Quiero que sepas que eres para mí la mejor amiga que jamás pude soñar. Y que me alegra mucho que Luka te haga feliz.

--No te preocupes --sonrió ella, con la decepción impregnada en la mirada, en la voz--. Para eso están los amigos.

Se dio la vuelta con rapidez para alejarse de él. Y Adrien la siguió poco después hacia el aula.

Sintió la persistente mirada de Alya clavada en su nuca, hora tras hora. Al finalizar las clases, antes de que Gorila llegara a recogerlo, lo abordó por fin.

--¿Se puede saber qué demonios te pasa, Agreste?

--Tú no lo entiendes, Alya, pero te prometo que...

--¡Claro que lo entiendo! Lo único que ocurre aquí es que eres un maldito cobarde.

Sostuvo su mirada unos segundos, dolido por sus palabras.

--¿Sabes lo que te digo, Alya? Que a lo mejor tienes razón --zanjó, antes de darse la vuelta y caminar hacia la limusina.

La tarde se le hizo realmente larga; sin embargo, no tenía sueño cuando llegó la hora de dormir. Echaba de menos sus mensajes, las canciones, las bromas que se habían convertido en parte de su rutina diaria. Antes de decidirse a apagar su móvil, tecleó un corto mensaje, incapaz de resistirse a robarle al menos un segundo de sus pensamientos.

Adrien privado: Dulces sueños, Marinette.

Para su sorpresa, ella no tardó en contestar.

Marinette privado: No hay canciones para mí hoy?

Adrien privado: Tú me mandas una, y yo a ti otra. Trato hecho?

Marinette privado: De acuerdo.

Marinette privado: These boots are made for walking, Nancy Sinatra.

Adrien sonrió a su pesar: bien merecido se lo tenía. ¡Por todos los demonios! Cómo adoraba a esa chica...

Adrien privado: Please forgive me, Bryan Adams.

Marinette sintió su corazón encogerse cuando aquella melodía comenzó a sonar.

So if I love you a little more than I should

Please forgive me, I know not what I do

Please forgive me, I can't stop loving you

Cada una de las canciones que habían intercambiado había encerrado un mensaje, había tenido un significado. Y el que guardaba esta estaba dolorosamente claro. Él la quería, sentía algo por ella de verdad, a pesar de que aquella mañana hubiera pretendido fingir que lo que había entre ellos continuaba siendo solo amistad. Y también le estaba pidiendo perdón. Una y otra vez, perdón.

Don't deny me this pain I'm going through

Please forgive me, if I need you like I do

La noche anterior le había dicho que tenía que aclararse él mismo antes de pedirle ayuda a ella para solventar las dudas que lo atormentaban. Y, al parecer, el resultado de aquella reflexión había conllevado una dolorosa renuncia para ambos.

Please believe me, every word I say is true

Please forgive me, I can't stop loving you

La sensación que la invadía era agridulce. Saber que él la quería, y que sabía que ella le correspondía, calentó su corazón; pero la idea de que ni siquiera eso era suficiente para plantearse estar juntos volvió a congelarlo al instante. Él había decidido por los dos, y ella tenía que continuar hacia delante.

«Eres mi mejor amiga, me alegra que estés bien con Luka». Si el mensaje que le había transmitido aquella noche estaba claro, el de la mañana no lo estaba menos.

Pues bien: ella ya había logrado antes hacerse a la idea de renunciar a Adrien como algo más que un amigo, y centrarse en su relación actual. Solo se trataba de hacerlo otra vez.

Are you ready, boots?

Start walking...


Pues justo cuando Adrien termina por aceptar sus sentimientos y decide luchar, aparece Gabriel con sus amenazas...

Cuídense mucho y gracias por leer y comentar!

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