- Buenas tardes Señora Elroy, aquí estoy como me lo pidió.

- Buenas tardes Candice, siéntate, y por favor llámame tía abuela.

La joven hizo una pequeña reverencia y tomó asiento frente a mí. Se podía notar que trataba de controlar sus nervios y también pude ver en su cara un dejo de melancolía.

- Supe que llegaste hace más de media hora.

- Así es, eh... Tía abuela, quise llegar antes de la hora de nuestra reunión para hablar con Alber... con el tío William acerca de algo importante.

- Ah...

- Le pedí al tío William su autorización para regresar al Hogar de Pony. Quisiera ayudar a mis madres atendiendo las necesidades de salud de los niños del hogar.

- Ya veo... ¿Y qué te dijo William?

- Él... me dio su autorización.

- Mmhh... ¿Y cuándo te irás?

- De ser posible mañana o pasado mañana. Eso si usted está también de acuerdo.

- Candice, tú nunca has pedido mi consentimiento para nada, no veo porque ahora sería diferente. Si William dio su aprobación no hay nada que yo pueda hacer, así como no hubo nada que yo pudiera hacer cuando se le ocurrió la idea de hacerte su hija adoptiva.

Candice bajó la cabeza y pestañeó más rápido de lo normal, por su expresión pude darme cuenta de que el término "hija adoptiva" no le hacía ninguna gracia, íbamos por buen camino...

- Lo siento tía abuela, sé que para usted fue muy difícil aceptar la decisión del tío William respecto a mi adopción, y tal vez aún ahora lo sigue siendo. Yo de verdad le estoy muy agradecida por haberme dado tanto, y sé que nunca podré pagarle tanta bondad.

- ¿Por eso decidiste hacerte cargo de él cuando lo encontraste con amnesia?

Confundida, la chica contestó:

- Eh, no, esa no fue la razón... Bueno, sí, el tío William había hecho mucho por mi, pero cuando llegó al hospital con amnesia, yo no sabía quién era él en realidad. Para mí solo era Albert, la persona que me salvó la vida, un amigo querido y nada más. Yo no tenía la más mínima idea de que él y el tío William eran la misma persona. De eso me enteré hace apenas unos días.

- Entiendo... Bueno, pues te mandé llamar primero para disculparme por engañarte al decirte que tu compromiso con Neal lo había ordenado William, él obviamente no sabía nada al respecto. Y también para agradecerte por cuidar de mi sobrino cuando tuvo amnesia.

- Acepto sus disculpas pero no tiene nada de que agradecerme, yo cuidé de Albert con mucho gusto, porque le debía la vida y porque de alguna forma quería corresponderle. No podía dejarlo solo cuando él más lo necesitaba.

- Ya veo, ¿y también porque él te había salvado no te importó perder tu reputación y que la gente supiera que vivías con un hombre en pecado?

- ¡Tía abuela!... Yo no... Nosotros no... ¡Lo que la gente dijo no es verdad!, Albert y yo vivíamos juntos, sí, pero fingiendo ser hermanos, no como usted piensa. Él es un caballero y yo jamás...

- Bueno Candice, en realidad eso no importa ya, William está de regreso y gracias a ti está sano y salvo. Por fin ha tomado el papel que le corresponde en la familia como patriarca y quiera Dios que pronto también se case con una elegante dama y le de a la familia el heredero que tanto necesitamos.

Ante estas palabras, pude ver como Candice bajó la cabeza, pasó saliva y contuvo las lágrimas. No dijo nada, pero se podía ver a leguas que no estaba contenta con lo que había escuchado.

- Candice, me imagino que tú y William, o Albert como tú lo llamas, llegaron a ser buenos amigos durante el tiempo que vivieron juntos, ¿no es así?

- Quisiera creer que así fue tía abuela.

- Precisamente por eso también te mandé llamar. Creo que en estos últimos años nadie ha conocido a mi sobrino tan bien como tú... - pude ver como el rostro de Candice se tiñó de rosa - Entonces, quisiera pedir tu ayuda. Si mal no recuerdo tú mantuviste durante algún tiempo una relación a distancia con un actor de Broadway, ¿no es así? ... Y me imagino que mi sobrino también salió con algunas chicas durante ese tiempo, y tal vez tú pudiste observar sus gustos.

Quisiera pedirte de favor que antes de que te vayas al Hogar de Pony me ayudes con algo: William va a necesitar asistir a muchas funciones sociales, de beneficencia y demás, y por supuesto no puede ir solo... Y yo, no quisiera perder el tiempo presentándole a jovencitas que de entrada pueden no ser de su agrado. Aquí tengo una lista y fotos de jóvenes damas en edad casadera y de excelente familia, y se me ocurría que, ¿quién mejor que tú para que me ayudes?!, tú que lo conoces bien, eres su amiga y claro, ¡su hija adoptiva!... ¡Si corremos con suerte tal vez hasta pueda llegar a casarse con alguna de ellas! Definitivamente William ya está en edad de formar una familia, ¿no lo crees Candice?

Durante toda mi letanía no quité los ojos de Candice ni un segundo... Esta chica no había cambiado nada, y por más que trataba de ocultar sus sentimientos, tenía las emociones a flor de piel; era imposible no leerla como a un libro abierto.

La cara de Candice pasó del shock al mencionar su relación con el actor, a ojos abiertos cuando mencioné a mi sobrino; los colores le subían y bajaban. Pude ver como se ponía nerviosa, se mordía los labios, se aguantaba las lágrimas y finalmente se estrujaba el vestido con sus manos al bajar la cabeza. Estaba convencida, ella también sentía algo muy fuerte por William... La pregunta ahora era, ¿cómo hacerla confesar?

Así que mientras Candice luchaba en vano con mantener sus sentimientos al margen, yo saqué las fotografías que tenía preparadas de las "jóvenes damas en edad casadera y de excelente familia" y las coloqué sobre la mesita frente a ella. Candice vio el paquete y levantó sus ojos para mirarme... Parecía como si me estuviera rogando que por favor le evitara esa tortura, ¡pero no me doblegué, tenía que escucharlo de sus labios lo más claramente posible!

William estaba en la sala contigua y ya que él no podia ver las obvias señales en la cara de Candice, tenía que ser capaz de escucharla de una u otra forma, ¡la tortura por la que la estaba haciendo pasar tenía que rendir frutos!

Candice por fin levantó el paquete de fotos y las pasó una a una, apenas leyendo la parte de atrás en donde estaban escritos los nombres, edades y múltiples talentos de las damitas... Pude ver cómo le empezaron a temblar las manos y los labios, y cómo se detuvo sin haber terminado de verlas todas, las colocó de nuevo en la mesa y cuando por fin levantó sus ojos humedecidos dijo con voz un poco quebrada pero audible:

- Lo siento mucho tía abuela, no puedo hacerlo... Por favor no me pida hacer esto...

- ¿Por qué no Candice?, ¿cuál es el problema? Estoy segura de que conoces a William muy bien y puedes ayudarme, por eso te estoy preguntando a ti. Aparte, tienes que tener en cuenta que esta es una gran oportunidad para ti también... ¿Qué hija no quisiera poder ayudarle a su padre a encontrar la mejor esposa para él y la mejor madre para ella? ¡Imagínalo!... ¡Por fin podrás tener padre y madre como me imagino siempre lo deseaste!.