Candice no pudo más y soltó el llanto que tanto estaba esforzándose por contener; sólo fue una pequeña convulsión pero lo suficientemente audible, y de inmediato realizó notorios esfuerzos por componerse... De seguro William la había escuchado, y yo sólo esperaba que él fuera capaz de quedarse en donde estaba, conteniendo su deseo de venir a rescatarla.
Con mucho esfuerzo, después de unos segundos, Candice por fin controló su llanto lo suficiente para contestar a todo pulmón y con toda sinceridad:
- ¡Si ese es el precio que tengo que pagar, no quiero padre ni madre!... Prefiero renunciar al apellido Ardlay que ver a Albert casa-do con o-tra...
Esas últimas sílabas las había dicho con temor y ansiedad, imagino que jamás pensó verse orillada a expresarse así, y menos delante de mí.
Candice se sonrojó como nunca y agachó su cabeza; se había quedado sin palabras.
Yo la observé con detenimiento, tratando de medir mis palabras para lograr mi objetivo. Pensé que siendo que ella estaba obviamente nerviosa esperando una reacción desmesurada de mi parte, mi mejor oportunidad era dirigirme a ella con compasión y tratar de que, a pesar de todo nuestro historial, me tuviera la suficiente confianza como para contarme sus sentimientos.
Si no me equivocaba, era muy posible que yo fuera la primera persona con quien se estuviera sincerando y cuando eso sucede es una verdadera catarsis para quien desnuda su corazón. Así que antes de que pudiera levantarse de la silla e irse sin decir más, le pregunté con toda la suavidad que pude colectar:
- Candice... ¿Estás enamorada de William?
Decidí ir al punto, no estaba para andar con rodeos. Candice brincó ligeramente en su asiento, no se esperaba esa pregunta, nunca levantó la mirada y echándose de nuevo a llorar asintió con la cabeza.
- Candice, por favor cálmate y mírame a los ojos... No muerdo.
La chica levantó su vista y me vio con ojos llenos de lágrimas, yo repetí mi pregunta; necesitaba más que un movimiento de cabeza, era lo único que sacaría a William de sus dudas.
- Te voy a preguntar de nuevo, pero esta vez quiero que me contestes con palabras: ¿estás enamorada de William?
Pude ver el miedo en sus ojos, estoy segura que pensaba que la retaría, pero después del miedo vi determinación y cuando por fin contestó me dio un "Sí" rotundo y sin miramientos.
- Y se puede saber ¿desde cuándo sientes esto por él?
- Tía abuela, por favor...
- No Candice, ¡necesito saber!, es de mi sobrino de quien estamos hablando, ¡tengo derecho de saber!
- Creo que pasó cuando vivíamos juntos en la Casa Magnolia, después de que yo terminé mi relación con Terry...
- Ya veo... Y, ¿cómo puedes decir entonces que no pasó nada entre ustedes?
- Yo no me di cuenta de lo que realmente sentía por Albert hasta que él se marchó. Cuando Albert se marchó sentí que me moría, lo busqué por todas partes y aún cuando llegué a ver a Terry en un estado deplorable, salí corriendo tras de Albert en vez de hablar con Terry y tratar de ayudarle.
Fue ahí cuando me di cuenta de que mis sentimientos por Terry habían cambiado y que sin darme cuenta me había enamorado de Albert. Todo lo que quería era verlo y decirle lo que sentía por él, pero...
- ¿Pero qué?... ¿Creíste que él podía no sentir lo mismo por ti?
- Sí... No... No sé... A veces cuando recordaba su mirada pensaba que él tal vez también sentía algo por mí, pero si así hubiera sido, ¿por qué se fue?, ¿por qué dejarme?, ¿por qué no confesar sus sentimientos?...
Pensé que tal vez era porque había recobrado la memoria, tal vez no era libre, tal vez ya estaba casado... Y por eso decidí regresar al Hogar de Pony en vez de seguir esperando que algún día él regresara al departamento que compartimos. Pero justo cuando lo había decidido, ustedes me mandaron llamar para comprometerme con Neal y después... Después...
- Y después te enteraste que William era tu padre adoptivo.
Candice con los ojos de nuevo anegados en lágrimas sólo pudo asentir con la cabeza y después de unos segundos contestó:
- Y ya no había nada que hacer. No puedo seguir sintiendo lo que siento por él, ¡yo lo sé!, no está bien, él es mi "padre adoptivo", aunque odio ese adjetivo, eso es lo que somos. Más que amigos, aún más que los hermanos que alguna vez fingimos ser; ante la ley somos padre e hija...
Candice tapó su cara con sus manos y de nuevo comenzó a sollozar... Su dolor era evidente.
- Candice, tú sabes que cuando William te adoptó en la familia él no tenía la edad suficiente como para adoptar a una chiquilla de trece años por si solo. Tu adopción es más que nada una tutoría, y si William o tú lo quisieran puede fácilmente anularse, créeme, yo lo sé, yo traté de convencerlo muchas veces de que lo hiciera.
- Pero no sólo es eso... Pedirle que anule mi adopción sería como ser una malagradecida, él me ha dado tanto, y sin embargo...
No, no es sólo eso, y aquí frente a mí tengo la prueba: yo no vengo de una buena familia como las jóvenes de estas fotos, ni siquiera sé quienes fueron mis verdaderos padres, no hablo varios idiomas ni se tocar instrumentos musicales, y muy posiblemente por más que me esfuerce jamás llegaré a ser una dama, y una dama es lo que él se merece y necesita.
Eso sin mencionar que tendría graves problemas para que usted y la demás familia me aceptaran, siempre los he tenido... Yo sé bien lo que tengo que hacer, y aunque me duela es lo que voy a hacer y es precisamente por eso que vine hoy a hablar con Albert antes de hablar con usted.
- ¿Así que ese es tu verdadero motivo para regresar al Hogar de Pony?... ¿Quieres olvidarlo, no es así?
- Sí, necesito irme para tratar con todas mis fuerzas de olvidarlo, y ahora sé que con lo que usted me ha pedido, de ayudarle a escoger esposa, es lo correcto. Tengo que poner espacio de por medio para que cuando eso pase y Albert elija con quien casarse, a mí no me duela tanto o al menos lo pueda soportar. A fin de cuentas, aunque lo amo y quisiera que las cosas fueran diferentes, sé que lo nuestro es imposible y yo sólo deseo su felicidad.
Ya no había nada que decir, Candice me había confesado sus sentimientos; con suerte William había escuchado todo y a mí no me correspondía hacer nada más, sólo esperar a que él decidiera... A final de cuentas y al igual que Candice, lo único que yo también deseaba a estas alturas era la felicidad de William.
Candice se despidió agradecida de que por fin hubiéramos tenido una plática civilizada y me pidió encarecidamente que no le dijera a nadie nada sobre lo que habíamos hablado ese día. Yo le deseé suerte en su viaje al Hogar de Pony y le reiteré mi gratitud por haber cuidado de William y por amarlo tanto como para dejarlo ir.
Cuando Candice salió de la mansión yo entré al cuarto de al lado en donde William esperaba sentado en el sillón más cercano a la pared. Su expresión era una que jamás había visto, tenía los ojos húmedos, una mirada tierna y una mueca de dolor, no sabía si estaba feliz por lo que había escuchado o si le dolía haberse enterado de ello; me imagino que eran ambos sentimientos encontrados.
- ¿Y bien?, ¿escuchaste todo?
- Sí tía... Aunque más de una vez estuve a punto de entrar a detenerla para que parara de torturarla.
- Lo sé William, y lo siento si te hice sufrir a ti también, pero creo que era la única forma de que esa niña se sincerara conmigo.
- Candy ya no es una niña, tía.
- Lo sé, no tienes que decírmelo. Entonces, ¿te convenciste de que ella también te ama?
La sonrisa que apareció en sus labios nunca antes la había visto, todo él resplandecía y comprendí que sólo esa chiquilla podría hacerlo realmente feliz. No pudo contestar con palabras, sólo asintió con la cabeza, se paró de donde estaba sentado y me abrazó fuerte.
- Gracias - dijo
- No tienes nada que agradecer, hijo. Pero, ¿por qué dejaste ir a Candice al Hogar de Pony?, ¿qué piensas hacer ahora?
- Candy es una mujer independiente tía, y esa es una de las cosas que más me gustan de ella, no puedo negarle la libertad ni cortarle las alas, si ella quiere regresar al Hogar de Pony, yo no se lo impediré.
- Sí, pero ahora sabes porque quiere ir, ¡está decidida a olvidarte!
- Y ahora que gracias a usted sé lo que siente por mí, no pienso dejar que eso suceda. Lo estuve pensando y he decidido visitarla pronto en el Hogar de Pony, pero necesito esperar por el momento perfecto... Aún tengo una carta bajo la manga que no me había querido jugar por temor a su rechazo, pero ahora, sabiendo lo que sé, ¡lo apostaré todo!
- ¿Una carta bajo la manga?
- Sí... Cuando le dije que había conocido a Candy por primera vez al salvarla de la cascada, le mentí.
- ¿Me mentiste? Entonces, ¿cuándo la conociste?
- Cuando ella apenas tenía seis años...
- ¿Pero, cómo es posible? Ni siquiera estaba trabajando con los Leagan en aquel entonces, nadie la habíamos conocido a esa edad...
- Así es, yo fui el primer miembro de la familia en conocerla... ¿Recuerda mi broche de plata que perdí cuando me escapé de aquella fiesta en Lakewood?...
Y así fue como mi sobrino me contó sobre la primera vez que vio a Candice, como se le quedó grabada su sonrisa en el corazón y como ella llevó siempre sobre el suyo el broche que mi William perdió ese día, aún sin siquiera saber quién era ese chico misterioso.
No cabe duda de que algunas personas están unidas por el hilo rojo del destino y pase lo que pase siempre se encontrarán.
Conociendo su historia, como si hubiera sido sacada de un cuento de hadas: "El príncipe y la niña huérfana", ¿cómo puedo yo oponerme a los designios de Dios?
Si el Universo se ha empeñado en juntarlos, ¿quién soy yo para evitarlo?
