Por culpa de estar enferma se me pasó totalmente tu cumpleaños y mi regalo llega tarde y encima, estoy segura de que no era lo que deseabas, pero en serio que esto fue lo que nació de lo que me dijiste.

Espero que al menos ese día fuera genial y que esto logre sacarte una sonrisa más.

Hagamos sufrir al soske.

¡Feliz cumpleaños atrasado Procrastinación!


Disclaimer: naruto no me pertenece, sino a su respectivo autor, Kishimoto.

Advertencias: OOC.


No hay tres

Naruhina (sasu)


Ellos eran de ellos

Él los miraba y ellos reían. Se tomaban de las manos con timidez, compartían miradas llenas de promesas que estaba seguro que cumplirían a la larga, con el paso de los años. Porque ellos eran de esas parejas que una vez se enganchaban no se soltaban. Que superan los baches, se entendían y perdonaban.

Sasuke no los comprendía del todo pero envidiaba eso que tenían.

Cuando Naruto le habló acerca de Hinata fue una tarde tras su regreso de la luna y aquella batalla lejana. Los demás parecían estar más enterados y él, siempre alejado, se enteró a últimas, sin poder ocultar su incomodidad ante ese hecho.

—¿Estás con ella?

—Sí.

Naruto sonreía como un estúpido enamorado. Tenía hasta una cara muy distinta a cuando pensaba en Sakura en aquellos tiempos remotos en que ambos eran niños y la chica ocupaba los pensamientos del rubio.

Ahora, Hinata Hyûga ocupaba su lugar.

Sasuke no la conocía demasiado, al fin y al cabo, la chica siempre se había asegurado pasar desapercibida para los demás. No era malo en sí, si lo pensaba como un ninja.

Y el tiempo la había cambiado a convertirla en una mujer hermosa, no podía negarlo. Piel suave y blanca, como una muñeca de esas que a su madre le solían gustar. Típico corte de cabello japonés y al parecer, muchas costumbres específicas que atraerían a ciertos hombres.

Naruto fue uno de ellos, por supuesto.

—¿Le amas?

El día que se atrevió a hablar con ella, acorralándola contra la pared, Hinata parecía estar en blanco. Por supuesto, no estaba acostumbrada a que él se acercara a ella y menos comenzase una conversación. Ella no era Naruto.

Y sin embargo, tenía algo especial.

—Responde.

Hinata dio un respingo y balbuceó. Aquello era algo adorable, pero él no tenía paciencia en esos momentos.

—Sí —respondió al final cuando notó que su humor empeoraba—. Le amo. Desde que éramos niños. La admiración se convirtió en amor. Pero… esto no es algo que deba de contarte a ti —añadió en un gesto valiente que reconoció y admiró.

Quizás esa era la parte que solo Naruto conocía en ella. Que su timidez no era suficiente como para evitar que existiera una fiera bajo esa coraza blanda. Quizás ahí fue donde comenzó a ver a Hinata Hyuga de otro modo.

Se dedicó a investigarla más a fondo, preguntándose cada vez más cosas sobre ella. Sin darse cuenta, descubrió un mundo femenino diferente al que conocía hasta ahora y que realmente, esa mujer estaba enamorada de Naruto. Su nombre siempre en los labios.

La respetaba algo más. Porque ambos amaban a la misma persona.

Él era suyo

—Está enamorada de ti.

Naruto sonreía como un estúpido, tanto, que la bebida escapó de su boca y resbaló por su barbilla. Se limpió rápidamente y carraspeó.

—Que tu me digas algo así, Sasuke, es increíble.

—No sé por qué —dijo seriamente.

No era raro que se mostrase interesado en asuntos del corazón o que alentara a Naruto en ello. Ya no eran críos. Habían madurado lo suficiente como para saber que existían otros senderos necesarios en la vida. Que él decidiera llevar una vida solitaria no significaba que ellos sí.

Y Naruto siempre había querido ser querido.

Lo era. Y no solo por Hinata Hyuga.

A veces, Sasuke, sin poder evitarlo sentía cierta rama de celos crecer en su pecho. Un fuerte impulso de deseo que le cosquilleaba los dedos cuando sentía ganas de aferrarlo entre sus dedos y besarle. O estrecharlo entre sus brazos.

Eran cosas naturales, pensaba, aunque equivocadas.

Naruto estaba ahí, de pie, frente a él, sonriendo con esa boca suya tan apetecible, hablando sin cesar de otra persona.

Parecía haberse olvidado que era suyo.

Ella podía ser suya

El sentimiento que le atormentaba muchas veces le despertaba con sudores fríos por la noche. Dormir a la intemperie no ayudaba, pero algo a lo que se había habituado. Su cuerpo solía tensarse si pasaba muchas horas bajo el techo de una casa.

El problema con sus sueños es que mostraban la ansiedad de su día a día cuando estaba en Konoha. Quería a Naruto, más de lo que pensaba, más allá de algo tan real como una batalla en la que perdieron un brazo cada uno.

Se había acostumbrado a que Naruto formase parte de sus intranquilos sueños. Solía despertarse antes de que pudiera tocarle, a veces besarle y otras, llegar al orgasmo. Era frustrante y doloroso.

Lo problemático es que en esos tiempos, otra persona se había unido a sus sueños.

Hinata Hyûga comenzó a entrometerse como la típica villana que es adorable y que se merece quedarse con el protagonista, mientras que él es la típica zorra popular que la odia y es mala con ella. Sólo que en versión hombre, claro.

Luego, sus papeles cambiaron.

Cuando estaban en medio de un encuentro que le hacía feliz, Hinata aparecía, tomaba a Naruto de la mano y se lo llevaba. Naruto nunca volvía a mirarle.

Y, repentinamente, su ferviente deseo de formar parte de eso en lo que era excluido lo llevó a imaginarse que ella también podría ser suya. Podía enamorarla. Podía hacerle desear más de él igual que deseaba a Naruto.

Hinata Hyûga debía de mirarle con el mismo deseo que miraba a Naruto.

Debía ser suya.

Los sueños no son ellos

Le contó a Naruto uno de sus sueños cuando le preguntó por qué tenía ojeras. Naruto seguramente habría esperado que fueran pesadillas de su vida pasada o alguna misión que le quitaba horas de descanso. Pero no, él tuvo que ser sincero y soltar sus ocurrencias.

Naruto enmudeció, algo que era casi catastrófico.

Al parecer, lo único que captó fue Hinata, sexo y juntos, porque le asestó un puñetazo que hasta la quijada le tembló.

Estuvo varios días sin hablarle.

—Eres despreciable.

Hinata Hyûga lo buscó en el bosque aquella noche y, sí, también le abofeteó, para su sorpresa. Porque al parecer, Naruto había pensado erróneamente que ellos se acostaban.

Aquello estaba muy lejos de sus sueños pero a la vez era tan real, que el dolor fuera más profundo ante el rechazo.

Él sabe a Ramen

Tiempo después logró explicarse mejor. Naruto le escuchó cruzado de brazos y su semblante fue cambiando mientras entendía, esa vez mejor, a qué se refería. Sobre qué se trataban esos sueños que le quitaban la vida.

Le contó lo malo y lo bueno, los cambios y las novedades.

—Tu subconsciente es extraño, Sasuke —dijo Naruto dándole una palmada amistosa en los hombros—. Mira que imaginar esas cosas. No me extraña que no puedas dormir.

Sasuke se tomó aquello muy a pecho. Demasiado.

Odiaba que pensaran que sus sentimientos eran algo tan vacío y banal como antes.

Por eso se atrevió. Lo tomó de la camiseta con fuerza y buscó su boca.

Naruto sabía a Ramen y estaba delicioso.

El empujón y el rechazo no tuvo tan buen sabor.

Ella sabe a helado de limón

—¿Has besado a Naruto?

—Sí.

Hinata se tomó su tiempo antes de mirarle. Sus labios estaban tensos y pese a que la situación era tensa, en aquel callejón y a solas, Sasuke esperaba que moviera su cuerpo para atacarle. Quizás un Kunai hacia sus partes bajas, asegurándose de que no volviera a tocar a su hombre.

—¿No te sorprende que yo lo sepa? —cuestionó, sin embargo.

—No —negó—. Eres su novia. Debe de contártelo.

Hinata asintió lentamente.

—Si sabes lo que soy, si comprendes el concepto, no puedo entender por qué lo has hecho —reconoció afligida—. Imagina que yo lo hiciera contigo, no tendría lógica alguna.

—Eso no se sabe hasta que se hace.

Antes de que ella retrocediera, la abordó. Fue un beso torpe pero el suficiente para entender las descripciones de cremoso y afrutado que describía Naruto de cuando se besaban.

Aunque él pensaba que había un toque de limón. Quizás a helado.

Ellos creen que está loco

—¿¡Has besado también a Hinata!?

Naruto se detuvo sólo cuando sintió las manos de Hinata tirar de su ropa. Estaba furioso y podía entenderlo. Con el paso del tiempo había aprendido a leer sus ojos, tan cristalinos y capaces de mostrar sus sentimientos. Dolor, rabia, irritación, incomprensión.

—Sí.

Naruto rechinó los dientes.

—¿¡Es que no sientes ni una pizca de vergüenza!? —acusó Naruto cerrando los puños.

—¿Por qué debería de avergonzarme de besar a alguien? No fue desastroso.

Naruto apretó los labios, atónito por su respuesta. Hasta Hinata parecía confundida.

—Es cierto, es cremoso y sabe a fruta ácida. Limón o helado. Y tú eres duro y sabes a Ramen —murmuró más para sí que para ellos.

Ambos se miraron de nuevo.

No necesitaron decirlo con palabras: pensaban que estaba loco.

Él necesita comprenderlo

—Sasuke, intento comprenderte pero no puedo. Pensé que te conocía y sin embargo, no haces más que volverme loco.

Sasuke le observó desde su altura, sentado sobre una de las ramas de los cerezos que rodeaban la calle que cuando niños transitaban para ir a las misiones. Muy lejos ya de aquel tiempo.

Naruto echaba la cabeza hacia atrás para poder mirarle. Veía dudas en sus ojos y sus labios se movían, inquietos, en busca de respuestas.

—Comprendo que pueda gustarte Hinata, es… ella es increíble. No tendría sentido que me besaras a mí más que para fastidiarme y provocarme.

Sasuke le dejó rumiando las posibilidades, hasta que suspiró.

—No lo entiendes.

—¡Claro que no! —respondió frustrado.

Sasuke levantó la mirada a lo lejos. Cuando Naruto, fastidiado, se dio la vuelta para marcharse, comprendió que lo necesitaba de otras palabras. Esas que pensó que nunca usaría.

—Estoy enamorado de ti. Y ella forma parte de ti.

Ella entiende una parte

—Has vuelto a hacerle algo a Naruto. ¿Verdad?

Sasuke detuvo la taza que había llevado a sus labios mientras la observaba. De pie, apretando el bolso entre sus dedos. Sus ojos brillaban como si estuviera aguantando las ganas de llorar, hasta que se percató de la rojez en su mejilla.

—¿Os habéis peleado? —cuestionó sorprendida—. Si él no tiene ninguna marca.

—Sólo dije lo que sentía —respondió indiferente.

Hinata era más inteligente para esas cosas que Naruto, por suerte.

—Me lo imaginaba —dijo—. Te gusta Naruto también.

Asintió lentamente, preguntándose si ella también le golpearía por conocer sus sentimientos. Sin embargo, no lo hizo, se apoyó contra la mesa y le sonrió, sorprendiéndole.

—Comprendo que ames a Naruto —puntualizó—. Él es el hombre más increíble que conozco. Puede que tú le sigas.

Sasuke levantó los ojos hacia ella de nuevo.

—Le amo —confirmó.

Ella asintió, reafirmando.

—¿Por qué me besaste a mí entonces?

Se tomó su tiempo en responder.

—Porque eres de él.

Hinata infló las mejillas.

—No soy un añadido.

—No, no lo eres. Si lo fueras, ya estarías fuera de esto —aseguró.

Hinata no comprendió esa parte. No supo interpretar si era una amenaza o si, que era realmente a lo que se refería, era un recordatorio de que sin ella no habría Naruto alguno.

Ellos "no"

—Tenemos que hablar.

Sasuke estaba de acuerdo.

Se sentó en el salón y esperó a que ellos intercambiarán esas miradas complices que se leían entre susurros de ondas de amor. Se tomaron de la mano, como si necesitaran apoyarse el uno en el otro para encararlo. Sasuke pensaba que no era demasiado.

Pero quería poner su mano sobre la de ellos, formar parte de esa unión. Que le mirasen en busca de aprobación igual que hacían entre ellos.

—Tienes que detenerte —dijo Naruto finalmente—. Sasuke, sé que habrás pasado muchas cosas en este tiempo y que necesitas un calor que nosotros no podemos darte.

Sasuke se tocó el mentón, pensativo.

—No entiendo por qué no.

—Porque… —Naruto parecía haberse quedado sin palabras. Buscó la mirada de Hinata.

—Porque no —dijo ella—. No es no, Sasuke.

Cuando se marcharon, él continuaba sin entenderlo.

Ellos no son suyos

—¡Sasuke, no puedes entrar así!

Sasuke se detuvo en el umbral de la puerta, completamente decidido a no ser expulsado de la casa. Naruto, en calzoncillos, intentaba echarlo. Se permitió observar la piel expuesta. Reconoció las marcas de uñas y de besos y el sudor.

—No he hecho nada malo —recalcó.

Naruto abrió la boca, sorprendido.

—¿¡Cómo que no, ttebayo!? ¿Te has dado cuenta de cómo estábamos Hinata y yo? —cuestionó frustrado—. ¡Íbamos a…!

—Tener sexo —interrumpió impasible.

—¡Sí, joder! Eso hacen las parejas. Entre otras cosas, claro.

—Bien.

Se llevó las manos hasta su propia ropa para empezar a desnudarse.

—Falto yo.

Naruto cerró la boca de golpe.

—No puedo creerme esto —soltó en una carcajada irónica—. Sasuke, no vamos a acostarnos contigo.

Detuvo sus dedos sobre los botones, mirándole.

—¿Por qué?

Naruto se golpeó la frente con su palma abierta.

—¿En serio? —exclamó—. Sasuke, nosotros no somos tuyos. Somos una pareja de dos.

Sasuke se quedó con la ropa colgando entre sus dedos mientras Naruto, tras mirarle con cierta tristeza, cerraba la puerta.

¿Acababa de ser rechazado?

Sí.

Ellos siguen su camino sin él

—Van a casarse.

Sakura le mira desde la distancia, mientras se despide de él. Sasuke no le prestaba mucha atención hasta que dijo esas palabras.

—¿No puedes esperar hasta la boda? Estoy segura de que Naruto se alegrará de que estés en ella.

Él negó con la cabeza. Todavía sentía el corazón pesado, las ganas de gritar y, sin poderlo remediar, el llanto que que quería salir de sus ojos.

—No. Me marcharé.

—¿Quieres que vaya contigo? —propuso ella enseguida.

—No —negó también rápidamente—. No.

Comprendía el rechazo, el dolor que eso le ocasionaba a ella. No podía darle más porque él tampoco obtenía más.

—Sakura.

Ella le miró esperanzada.

—Nada, no importa.

Si le preguntaba a Sakura acerca de ello, sus sentimientos quedarían expuestos en alguien que no debía. Los que sí debían iban a casarse y no le querían con ellos.

Ellos, sus dos personas, continuaban el camino sin él. Iban a casarse, tendrían hijos posiblemente. Compartían una cama juntos. Comerían juntos felizmente.

Él no estaba entre ellos. No iban a sostenerle la mano, ni invitarle a dormir a su lado. Podría sentarse alguna vez en su mesa a comer pero no habría la misma complejidad entre ellos tres. No se leerían con la mirada, ni se prometerían más intimidad más tarde.

Ellos podrían seguir su camino. Un camino forjado con sus lágrimas y su sangre, con sus sentimientos. Porque él, desde lejos, continuaría amándolos en silencio, ya que ser sincero no funcionó.

No hay tres donde dos no quieren.

FIN

10 de mayo del 2020

El año de la pandemia.

¡Gracias por leer!