Chat noir exprimió toda la potencia de sus músculos y la precisión de sus reflejos para emprender una veloz y arriesgada carrera por los tejados de París, calculada para mantener a raya sus pensamientos. Cuando llegó a la mansión, pareció que todas sus fuerzas lo habían abandonado de golpe. Agotado, se dejó caer sobre su cama.

Al destransformarse, un sonriente Plagg se materializó frente a sus ojos.

--¡Creo que me he ganado al menos una tonelada de queso! --exigió con entusiasmo.

--¿Y eso? --Adrien se hizo de rogar, divertido.

--¿Sabes toda la energía que consumo cuando tengo que mantener tus habilidades heroicas con solo unos jirones de traje sobre ti? Si yo no colaboro, tu fiesta se acaba; no me digas que no me he portado muy bien esta noche.

--Ehm, sí... --tuvo que reconocer--. Gracias, amigo.

--Gracias, y queso; que no se te olvide --extendió la manita frente a él y no pareció satisfecho hasta que no tuvo encima una torre formada por más porciones de Camembert de las que era capaz de sostener.

--Plagg, no puedo dejar de preguntarme... ¿por qué nunca me habías hablado de esta... posibilidad?

--Muchacho, no quería ponerte la miel en los labios. Disculpa mi sinceridad, pero hasta ahora te habías mostrado realmente torpe en lo que respecta a tu relación con el sexo opuesto, así que nada hacía presagiar que fueras a necesitarla alguna vez.

--Oh, ya veo...

--No, eso todavía no. ¡Pero al menos has dado un buen paso adelante! --Plagg se fijó en su expresión de desconcierto, y siguió hablando con rapidez para que el chico no pudiera hacerlo, no fuera que pretendiese pedirle aclaraciones sobre lo que le acababa de decir--. Además, la magia no funciona con todas las mujeres, sino solo con la que está destinada para ti: la que se encuentra al otro extremo de tu hilo rojo.

--¿Marinette y yo estamos destinados a estar juntos? --se esperanzó él, incorporándose de golpe, con el corazón saltando en su pecho.

--Exacto. Pero lo único que eso significa es que hay una conexión especial entre vosotros dos. Lo que no quiere decir que vayáis a poder disfrutar de ella; ya sabes, ¡el destino es caprichoso!

--Vaya, bonita frase ¿desde cuando te has vuelto un poeta?

--En realidad, me refería a que el kwami del destino es una auténtica veleta; no se puede confiar en él --se rascó la cabeza--. Ni siquiera sé qué forma tendrá en este momento: ya sabes, lo reescriben a menudo.

--¿Existe un kwami del destino? --indagó Adrien, curioso.

Plagg asintió.

--Exacto. Y no está muy cuerdo, que digamos. Aunque supongo que yo tampoco lo estaría en su situación, con medio mundo luchando por alcanzarlo, y el otro medio, en cambio, por huir de él.

--Vaya...

Se dejó caer de nuevo sobre la cama, pensativo. El legendario hilo rojo de su destino le unía a Marinette. ¡A Marinette! Todo aquel tiempo había estado completamente seguro de que, si tal cosa existía, el otro extremo del suyo se encontraría firmemente amarrado al fino tobillo de Ladybug. Y, sin embargo, su alma gemela había resultado ser Marinette, su compañera de clase, la misma que se había llegado a enamorar de sus dos mitades por separado. Ahora, después de todo lo que había pasado a su lado, no sabía si sonreír o llorar.

Lo que empezaba a tener cada vez más claro era que no podía rendirse sin lucha. En ese momento tenía las manos atadas, pero intentaría mantener prendida aunque fuera solo una pequeña llama que le diera esperanza en su oscuridad hasta que se presentara una oportunidad para avivarla.

Se fijó en su teléfono; había un mensaje de Marinette en respuesta al que le había enviado él por la tarde, que no había tenido ocasión de ver aún. La canción elegida, Something stupid.

«And then I go and spoil it all, by saying something stupid like I love you...»

Solo que, en ese momento, lo que más le atormentaba a él era precisamente lo contrario: no haber llegado a decírselo con claridad. Sin detenerse a pensar en la hora que era, eligió otra para ella, una que le permitía decírselo todo, incluso lo que había vivido con ella tras el antifaz de Chat noir.

Adrien privado: Romeo Juliet, Dire straits

Juliet, when we made love you used to cry

You said 'I love you like the stars above, I'll love you till I die'

There's a place for us, you know the movie song

When you gonna realize it was just that the time was wrong, Juliet?


Marinette secó sus lágrimas y luchó por volver a poner su cuerpo en movimiento. Mejor sería que se diera una buena ducha y se acostara antes de que sus padres volvieran de cenar, y ya no debía de quedar demasiado tiempo para eso.

Acarició sus brazos, pensativa. Chat noir... Cada rincón de su cuerpo estaba impregnado de su olor, su sabor llenaba aún su boca, cada centímetro cuadrado de su piel recordaba vivamente su tacto: aunque hacía ya un buen rato que se había ido, su presencia seguía rodeándola intensamente.

--¿Estás bien, Marinette? --la vocecilla aguda de Tikki la sacó de sus ensoñaciones.

--¡No lo sé! --negó tristemente con la cabeza--. ¿Piensas reírte mucho de mí por todas las veces que te aseguré que jamás necesitaría usar el hechizo que me enseñaste?

--Claro que no --la kwami sonrió con ternura--. Yo ya sabía que, tarde o temprano, esto tenía que pasar.

--¿A qué te refieres? --se sorprendió su portadora.

--¿Cómo te sentiste al estar con él?

--Eh... esto, yo, yo... --tartamudeó la chica, enrojeciendo intensamente al recordar algunos de los momentos más... calientes.

--¡Bueno, no me refería exactamente a eso! Quiero decir, ¿en qué pensabas cuando estabas entre sus brazos?

Marinette reflexionó un instante antes de responder.

--No pensaba en nada, realmente. Sentía que todo estaba... en su sitio. Que todo estaba bien. Lo que no deja de ser curioso, teniendo en cuenta que estoy saliendo con Luka, y que sigo enamorada de Adrien, y... ¡Ay, dios mío, Tikki! ¡Que me he acostado con Chat noir! ¡Esto es un auténtico desastre!

--Bueno, quizás no habéis escogido el mejor de los momentos, pero... --Hizo un gesto vago con sus manitas--. Seguro que al final conseguís que todo quede en su sitio.

--¡¿Qué voy a hacer?!

--Lo primero, calmarte.

--¿Pero no te das cuenta? En realidad, él apenas me conoce. Es decir, como Marinette; ¿qué demonios pasó por su cabeza? ¿Habrá sido solo un capricho, una noche loca y nada más? ¿Y por qué me he dejado yo arrastrar? ¡Si lo he rechazado un centenar de veces como Ladybug! ¡Y yo no quería engañar a Ad... digo, a Luka!

--¿De verdad piensas que se comportaba como si no fueras más que un capricho para él? ¡Su corazón estaba destrozado al pensar que tenía que despedirse de ti!

La azabache ignoró el comentario, incapaz de enfrentarse por el momento a aquella idea, esforzándose en racionalizar la situación.

--Ha sido culpa de toda esta locura que hemos vivido: la pelea con Black painter, el rescate en ropa interior, su sacrificio por protegerme. ¡Esas emociones tan intensas nos deben haber hecho perder la cabeza!

--¿Y qué piensas hacer ahora? ¿Asumir que fue un error puntual y continuar con Luka? ¿O... plantearte si intentar algo con Chat noir?

--¡No lo sé! Además, el mismo Chat me dijo que no podía ofrecerme más.

--Quiere protegerte, Marinette. Sabe que si Lepidóptero sabe que le importas estarás en peligro, porque tratará de ir a por ti. Pero quizás, en el futuro...

--No lo sé, Tikki --se sentía incapaz de decir otra cosa--. Creo que tengo que darle muchas vueltas a todo esto.

Miró el reloj de su móvil para calcular de cuánto tiempo disponía aún, solo para encontrarse con nuevos mensajes de Luka.

Luka: Buenas noches, mi cielo. Espero que estés mejor de tu dolor de cabeza

Luka: Nos vemos mañana en el descanso del instituto, ok?

Luka: Te quiero, preciosa

Luka : Y espero poder disfrutar cuando regrese de esas dos sorpresas que me prometiste!

Ay, dios. Las dos sorpresas. Esas dos sorpresas. Las que había preparado con ilusión para él. Solo que... bueno, ahora había un pequeño problema con ellas, dado que sus preciosas braguitas de encaje estaban hechas una bolita arrugada en algún lugar del suelo de su habitación, rotas y empapadas; y, además, había sido otro chico el primero que había disfrutado de la ventaja de poder sentirse sin barreras, y al que había invitado a derramarse en su interior tras el placer compartido. Ehm... en fin, siempre podía contárselo todo a Luka, y luego gritar: ¡Sorpresaaa!

Se llevó la mano a la frente, abrumada. ¡Todo aquello era un maldito desastre! Y, para colmo, ¡no podía ser! ¿De verdad acababa de recibir un mensaje de Adrien a aquellas horas de la madrugada?

Se disponía a leerlo cuando oyó el sonido de la puerta de la casa abriéndose, y a sus padres hablando en voz baja, imaginándola dormida. Apurada, dejó el teléfono a un lado y se apresuró a embutirse en la primera camiseta amplia que encontró en su armario. Se metió en la cama, se tapó hasta la nariz, y fingió encontrarse felizmente refugiada entre los brazos de Morfeo cuando se asomaron a su habitación.

--Oh, mira a nuestra pequeña, Sabine, durmiendo como un angelito --exclamó su padre en un tierno susurro.

--Vamos, Tom; no vayamos a despertarla, que mañana tiene que madrugar.

Bien; aguardaría a que se durmieran para volver a coger su móvil, que se había quedado sobre el diván, y mirar el mensaje de Adrien. Los oyó intercambiando risillas, felices tras su cena de aniversario; luego el sonido del agua salpicando en el lavabo mientras se lavaban los dientes, y por fin el crujido de los muelles de la cama bajo el corpachón de Tom. Estaba segura de que pronto escucharía sus ronquidos; sin embargo, continuaron los murmullos, y el ruido de muelles, y... ops. Al parecer, no iba a ser la única en disfrutar de un buen rato aquella noche en aquella casa. Bueno, esperaría un momentito hasta estar segura de que estaban suficientemente ocupados como para no oírla levantarse, y luego...

Bostezó, sintiendo que se le cerraban los ojos sin poder evitarlo. Aprovecharía para descansar un poco, y... abrió los ojos de nuevo, sobresaltada. ¿Por qué había tanta luz? ¿Y esa vocecilla era parte de su sueño, o la estaba llamando de verdad?

--Marinette, ¡Marinette! --Tikki revoloteó junto a su oído--. Despierta, ¡es muy tarde!

--¿Tarde? ¿Qué hora...?

--¡Marinette! --se sumó la voz de su madre--. ¡Levanta, dormilona, que están a punto de empezar las clases!

Ahogó una exclamación al comprobar la hora en su despertador, y se levantó de un salto, gimiendo al comprobar que cada rincón de su cuerpo protestaba por el ejercicio físico al que lo había sometido la noche anterior. Genial: el olor de Chat todavía envolvía su cuerpo, las agujetas en su trasero le recordaban el placer compartido a cada paso, y al quitarse la camiseta había comprobado que tenía una bonita huella sobre su clavícula causada por uno de sus mordiscos más pasionales, y un tenue arañazo en uno de sus pechos.

Se duchó a toda prisa, se vistió en un segundo, y salió a todo correr tras aferrar un croissant de la mesa de la cocina para ir comiéndoselo por el camino. Ignoró la mirada desaprobadora del conserje del instituto al colarse justo cuando estaba cerrando la puerta, y se sentó de golpe en su asiento, jadeando tras la carrera.

--Vaya, por tu cara de cansancio, y la expresión dolorida que has puesto al sentarte, apuesto a que ayer pasaste una noche genial... --comentó Alya, guiñándole un ojo.

Marinette se volvió hacia ella, mirándola espantada. ¿Cómo demonios sabía ella...?

--Entonces, ¿le gustó el conjuntito sexy a Luka? --preguntó Nino en voz baja, girándose para mirarla con una sonrisa.

--¿Luka? ¡Ah, sí, claro, Luka! No, no lo pude ver ayer.

Adrien continuaba mirando hacia el frente, la cabeza baja, tensos los hombros.

--¿Pero qué dices, chica? ¿Qué ocurrió?

--Pues que me persiguió el akuma, y destrozó mi cuarto, y me quedé tan alterada que, cuando todo acabó, solo quería descansar.

Ahora sí que tanto Nino como Adrien se giraron inmediatamente hacia ella.

--¿Te hizo daño? ¿Estás bien? --se interesó el rubio, con un toque de ansiedad en la voz.

--Sí, sí, no os preocupéis. Todo acabó bien --bajó la mirada, sintiendo un súbito calor en sus mejillas al recordar lo bien que había acabado el rescate.

--Yo intenté acercarme y grabar un reportaje para mi Ladyblog, pero con tanta destrucción por todas partes era prácticamente imposible avanzar. ¡Y tú estabas allí, en medio de toda la acción! ¿Cómo no me habías contado nada?

--Ya te digo que acabé con tal dolor de cabeza que ni siquiera pude quedar con Luka. ¡Y ahora acabo de llegar a clase, apenas nos hemos visto, y ya te lo estoy contando!

--¿Cómo fue? ¿Era Black painter tan poderoso como parecía? ¿Cómo provocaba todas aquellas explosiones? ¿Viste a los héroes? ¡Necesito saberlo todo!

--Nena, déjala respirar, ¿quieres? ¿No ves que está disgustada por no haber visto a su novio ayer? ¡Y además, él se va hoy al rollo ese de rock and roll! No me extraña que no estés tranquila; con tanta fan loca por ahí, hubiese sido mucho mejor mandarlo a Nimes con la pistola bien descargada. ¡Ouch! ¿Pero por qué siempre me tienes que dar tan fuerte? --se quejó, mirando indignado a Alya.

Bueno, a Adrien desde luego también le interesaba saberlo todo, pero eran otras preguntas bien distintas las que resonaban en su cabeza. ¿Cómo podría indagar discretamente sobre el asunto? Necesitaba desesperadamente ver qué expresión tomaba el rostro de la chica si salía a la palestra el nombre de Chat noir.

--Señor Agreste y señor Lahiffe, les recuerdo que la pantalla con los ejercicios que deben resolver se encuentra exactamente en la dirección contraria hacia donde están mirando. Hagan el favor de volverse hacia delante y permanecer en silencio; muchas gracias.

El rubio se giró, molesto por la interrupción, pero no le quedó más remedio que tratar de concentrarse en la clase durante toda aquella hora eterna. Las chicas hablaron en susurros todavía un rato más, así que pudo enterarse de que Luka pasaría a ver a su novia durante el descanso, y de que ella estaba preocupada porque pensaba que se había dejado el móvil en su casa con las prisas mañaneras.

Cuando sonó la campana que indicaba el comienzo del tiempo de recreo, todos los alumnos se apresuraron a abandonar el aula, salvo dos: Adrien, que se limitó a recostarse cómodamente en su silla, y a conectar los auriculares al teléfono móvil; y Marinette, que volcó el contenido de su cartera sobre su pupitre para comprobar si realmente había olvidado en casa el suyo.

--¿Perdiste algo? --se interesó él.

--Creo que he olvidado mi teléfono en casa. ¡Ay! --recordó de repente--, ¡Tu mensaje! Ni siquiera he podido ver el mensaje que me mandaste ayer. Bueno, más bien hoy... esta madrugada.

--Solo era una canción.

--Me gustan tus canciones --reconoció ella con voz suave, haciendo cosquillear su estómago--. ¿Puedo saber cuál es?

Él se limitó a ofrecerle uno de los auriculares, y ella lo aceptó y se sentó a su lado, muy cerca, ambos unidos por aquel cable negro a través del que se deslizaban las notas de la canción. Y él... si dejaba la mente en blanco, casi podía sentir dentro de su pecho el palpitar del hilo rojo que entrelazaba sus corazones también.

Juliet, the dice was loaded from the start

And I bet, and you exploded into my heart

And I forget, I forget the movie song...

Él tenía la vista perdida al frente, ella el corazón acelerado. Marinette tenía tres nombres dando vueltas en su mente; Adrien solo el de la chica que estaba junto a él. Su mano se movió como si tuviera voluntad propia, su pulgar acariciando suavemente el dorso de la de ella. Se giraron a la vez, quedando frente a frente, los ojos de cada uno clavados en los del otro.

I can't do everything, but I'd do anything for you

I can't do anything except be in love with you

--¡Ey, Marinette! ¿Dónde te metes, chica? ¡Luka está buscándote!

Ella se apartó bruscamente, apurada, devolviéndole el auricular.

--¿No... no vienes fuera? --tartamudeó.

--Prefiero quedarme aquí --se excusó Adrien.

«No soportaría ver cómo lo tocas, cómo lo besas. Hoy no tengo fuerzas; hoy no.»

La chica salió a toda prisa. Vio a Luka en la distancia, sonriente, y le devolvió la sonrisa. Él se adelantó para darle un tierno beso en los labios, y ella se colgó de su cuello para abrazarlo, y un poco también para no tener que mirarlo a los ojos.

--¿Cómo estás, preciosa?

--Muy bien. Sobre todo ahora que tú estás aquí.

--Te noto tensa; ¿sigue dándote la lata ese dolor de cabeza?

--La verdad es que sí; no puedes hacerte una idea de cuánto.

--¿Y tienes que quedarte en clase? A lo mejor deberías descansar --Acarició su cabello para confortarla, y exhaló un profundo suspiro antes de seguir hablando junto a su oído--. Voy a echarte mucho de menos en Nimes, mi pequeña.

«No lo harías si supieras cómo te traicioné ayer»

--Y yo a ti.

--Te quiero, Marinette.

«Pero yo no lo merezco»

--Yo también te quiero, Luka.

Hablaron un rato sobre el festival, sobre los temas que tocarían, sobre los exámenes que tenían que estudiar, y otra vez sobre lo mucho que iban a extrañarse. Luka le dio un largo beso antes de marcharse, y luego agitó la mano para despedirse también de Alya y Nino, que hablaban algo apartados de la pareja. Cuando el músico se fue, la morena se acercó para rodear sus hombros.

--¿Estás bien, Marinette?

--Claro. ¿Por qué lo dices?

--Estás muy extraña esta mañana; ¿y qué hacías antes, cuando fui a buscarte al aula, tan cerca de nuestro querido amigo Agreste?

--Escuchábamos una canción.

--¡Ajá! ¿Y qué canción era?

--Una de Dire straits --se encogió de hombros, pensando en cómo zafarse de aquel interrogatorio.

--Mira, y por aquí se acerca Adrien. ¿Qué pasa, Agreste? ¿No te apetecía saludar a Luka?

--Luego le mandaré un mensaje para desearle suerte en Nimes. Es una ciudad preciosa, ¿sabes? Tiene uno de los templos romanos mejor conservados del mundo, y también un anfiteatro espectacular.

--Si tú lo dices... --se giró hacia Marinette, mirando alternativamente hacia ella y hacia Adrien. Ambos mantenían la mirada baja--. Un momento... vosotros... Mari, si afirmas que ayer al final no pudiste ver a tu novio, ¿qué demonios es esa marca que tienes en el cuello?

--¿Eeh? ¿Marca? ¿Qué marca? --se sobresaltó la aludida llevándose la mano a la zona, colorada como un tomate maduro--. ¡Yo qué sé! Me habrá arañado un gato...

Adrien también reaccionó con cierta brusquedad, acercándose para examinar el cuello de la chica, y enarcando las cejas ante su excusa.

--Alya, yo no le veo ninguna marca --afirmó, confuso, al terminar su escrutinio.

--Porque no la tiene. ¡Pero menudo susto os habéis llevado los dos! Vamos, confesad: ¿habéis pasado la noche juntos?

--¿Pero qué estás diciendo? --se indignó la azabache--. ¡Claro que no!

--Alya, eso no ha tenido gracia. Ambos tenemos pareja, ¿recuerdas?

--Sí, ya. Lo tengo presente.

--Estoy seguro de que Marinette quiere demasiado a Luka como para plantearse dejarlo por otra persona, y menos por alguien que no tiene nada bueno que ofrecerle. Además, ¿puedes imaginar lo que haría mi padre si lo dejo en evidencia ante los Tsurugi traicionando a Kagami? Y, sobre todo, ¿puedes imaginar lo que le haría a ella? --señaló a Marinette con un ademán--. Te aseguro que tiene poder suficiente para destrozarle la vida, y amargura de sobra para ejercerlo. Así que, por favor, no vuelvas a jugar con ese tema.

Se dio la vuelta, apartando de una furiosa patada una bola de papel que había en el suelo antes de marcharse hacia la clase. Alya lo observó, boquiabierta, con los remordimientos atenazándola al recordar lo cruelmente que lo había tratado durante los últimos tiempos.

--Mierda... creo que he metido la pata hasta el fondo. Lo siento, Marinette; y luego me disculparé con Adrien también. Ahora... bueno, creo que me ha quedado bastante claro el motivo por el cual no lucha por ti. Y te aseguro que me siento una amiga horrible.

--No te preocupes --susurró Marinette--. Yo también necesitaba saber algo más sobre sus razones. En cierto modo, te lo agradezco.

--¿Hablarás con él? ¡Seguro que encontramos alguna forma de solucionar todo esto? O... bueno, también puedes continuar con Luka, que es un encanto, y no complicarte la vida con él, y... ¡Joder, qué dilema! ¿Qué demonios vas a hacer?

--Iré a Nimes.

--¿Eh? ¿A qué?

--Sí, bueno, me han dicho que tiene unas ruinas romanas fantásticas, y... --bromeó, sarcástica--. ¡Pues a hablar con Luka! ¿A qué va a ser?

--¿Y qué piensas decirle?

--Alya, yo no puedo seguir así. Ya sé que Adrien tiene que continuar su relación con Kagami, y que nunca podremos estar juntos; ¡pero Luka no merece lo que le estoy haciendo! No puedo seguir a su lado estando enamorada de otra persona.

«Y no puedo seguir a su lado después de haberme acostado con Chat noir», añadió para sí.

Las dos chicas se abrazaron con fuerza. Se separaron al oír un discreto carraspeo de Adrien, que se dirigía a la salida con su maleta en la mano.

--¿Te vas? --se sorprendió Alya.

--Acaba de avisarme Nathalie; el tren hacia Lausana sale en una hora. Mañana es la competición de tiro con arco de Kagami, y quedé con ella en que iría a verla.

--Deséale suerte de mi parte --musitó Marinette.

--Gracias, se lo diré --En realidad, no pensaba hacerlo--. Y, Alya... siento haberte gritado antes.

--Perdóname tú también, Adrien, por favor.

--Eso está hecho.

Antes de irse, se acercó a Marinette para hablarle al oído.

--No tienes marcas en el cuello, pero sí un poco más abajo. Y no sabes lo que daría por haber podido ser yo el causante, mi linda Juliet...

Ella lo miró, enrojeciendo al instante, y su corazón casi se detiene al ver brillar al fondo de sus ojos verdes una chispa del deseo salvaje que había compartido con Chat noir. Le dedicó un guiño travieso, y se marchó rumbo a la ciudad donde lo esperaba su novia.

Una seria Nathalie lo aguardaba en el asiento trasero de la limusina para acompañarlo hasta la estación.

--Supongo que no has conseguido que mi padre ceda ni un poco... --dijo Adrien, sin pizca de esperanza.

--Ya lo conoces: es difícil. Solo te pido que recuerdes que te quiere a su manera, y que está convencido de que esto es lo mejor para ti.

--¡Es que es una situación absurda! He avisado a Kagami de que salía hoy hacia Suiza, ¿y sabes qué me ha contestado? Que mejor vaya mañana, porque hoy no permiten visitas en la concentración del equipo. Así que, después de diez días sin vernos, voy hasta la maldita Suiza a cenar solo en un hotel.

--Bueno, si esas son las normas habrá que acatarlas, aunque nadie me advirtió de esa circunstancia cuando hice la reserva.

--No es culpa tuya, Nathalie. ¿Por qué tiene que ser ella tan fría?

--Y la señorita Dupain-Cheng tan dulce, en cambio.

Adrien la miró sin poder creerse lo que había escuchado.

--Pero... ¿Qué? No sé por qué dices... --estudió la expresión de Nathalie y supo que a ella no podría engañarla --. ¿Lo sabe mi padre? --claudicó.

--Por supuesto que no --esbozó un amago de sonrisa al comprobar que él volvía a respirar--. Pero yo vi cómo la mirabas el otro día, y fue fácil atar cabos. Bien, te diré que no me parece mala opción; a Gabriel le agrada, y tiene talento.

--Y pareja también tiene --resopló Adrien.

--Ese obstáculo ya es cosa tuya. Centrémonos primero en tu padre, y en aclarar las cosas con la señorita Tsurugi sin perjudicar a la empresa.

--De acuerdo.

Nathalie lo observó un instante, como si dudara sobre si debía o no decirle lo que vendría a continuación, y él trató de convencerla dedicándole su mirada suplicante más encantadora.

--Está bien. Te contaré algo que te atañe, pero debes tratarlo como lo que es: un rumor sin confirmar, de procedencia estrictamente confidencial. Bien; ¿estás preparado?

--¡Dime lo que sea, Nathalie, por favor!

--Creo que Tomoe Tsurugi ha apostado fuerte por vuestra relación, entre otras cosas, porque le interesa para tapar un posible escándalo. Seré clara: hay sospechas de que Kagami y su compañera de equipo, la escocesa Claire Bain, puedan ser... algo más que amigas.

Adrien se frotó los ojos, confuso. ¿Quizás por eso ella parecía tan incómoda durante algunos momentos de aquella noche? ¿Por eso lo había estado evitando de esa manera después? ¿Estaban sufriendo los dos lo mismo, inmersos cada uno en su lucha entre dejarse llevar por un amor prohibido, o conformarse con otro agradablemente conveniente?

Recordaba a Claire, una preciosa pelirroja de blanca piel cuajada de pecas. ¿Sería ella su salvación?

--Gabriel está empeñado en atar bien los negocios que hay en marcha antes de que algo pueda torcerse. Pero yo estoy empezando a pensar que, si es su hija la culpable de vuestra ruptura, Tomoe se verá obligada a negociar desde una posición de inferioridad.

--Nathalie, eres la mejor. Reconozco que a mí me pone bastante nervioso hablar de todo esto, de nuestros sentimientos, como si fueran parte del negocio... pero comprendo que ese es el tipo de argumento que mejor entiende mi padre. Lo dejo en tus manos. Por favor, ¿lo abordarás al llegar a casa?

Los ojos de la asistente brillaron de repente de una manera que no supo bien cómo interpretar.

--Descuida. Lo... abordaré cuanto antes.

--Nathalie, espero que no te metas en ningún lío por mi culpa. Y que mi padre sepa valorar a la increíble mujer que tiene a su lado. Es un hombre muy exigente, nada fácil de complacer... pero parece que tú eres capaz de conseguirlo.

--Hago lo que puedo, Adrien --ella apartó la mirada, y comenzó a abanicarse disimuladamente con la tablet, como si de repente tuviera calor--. Intentaré conseguirlo de nuevo esta misma noche --prometió, casi como si hablara para sí misma.

--Gracias. Muchísimas gracias, de verdad.

--No te preocupes, Adrien. Será un placer ayudarte --musitó.

Se despidió del muchacho y de Gorila en la estación, y condujo de regreso hacia la casa, nerviosa por saber que pasaría todo el fin de semana a solas con su jefe. Definitivamente, aprovecharía para abordarlo... en más de una ocasión.


Adrien se removía en su asiento, nervioso, mientras el tren devoraba kilómetro tras kilómetro. ¿Serían ciertos los rumores que habían llegado a oídos de Nathalie? ¿Sería capaz de hacer que Kagami se lo confesara, llegado el caso? ¿Podría convencerla para que luchara por aquel amor si le ofrecía su total apoyo? Si era así, estaría en deuda para siempre con aquella mujer fría y reservada a la que no parecía escapársele ni un solo detalle en varias millas a la redonda. Y, además, estaba dispuesta a enfrentarse a un posible estallido de furia de su padre. Una punzada de culpa se clavó en su pecho al pensar que, en ese mismo instante, ella debía de estar a punto de llegar a la guarida del león...

Seleccionó Romeo and Juliet de su playlist para escucharla por quinta vez consecutiva. Un momento, ¿eso era un mensaje de Marinette?

Marinette privado: Should I stay or should I go, The Clash.

Inmediatamente, la seleccionó en su reproductor.

Darling you got to let me know

Should I stay or should I go?

If you say that you are mine

I'll be here 'til the end of time

So you got to let me know

Should I stay or should I go?

Y no tardó demasiado en decidir con qué parte contestar:

Adrien privado:

If I go there will be trouble

And if I stay it will be double...

Ahora, necesitaba encontrar una canción que enviarle a ella. ¿Tal vez Bryan Adams podría volver a acudir en su ayuda? Desde luego, aquella respuesta sería verdaderamente fácil de interpretar. Pero las palabras de Nathalie habían despertado la esperanza en su interior, y Marinette le estaba haciendo una pregunta muy clara, y él deseaba responder con la misma transparencia.

Adrien privado: Please, stay. Bryan Adams.

We shared a special moment

I think you felt it too

I know you wanted more but

Right now this is the best that I can do

If I give it too little too late

How was I to know?

I don't wanna give you up

No, I don't wanna let you go

Ella aparecía en línea; le agradaba la idea de estar escuchando la misma canción los dos a la vez, compartiendo aquel lenguaje que habían ideado para poder decírselo todo a través de las palabras de otros.

I might not settle the right things

But I know the way I feel

So give me one more chance

Maybe we can make this real

Por favor, por favor, loco kwami del destino; ¿nos ayudarás con esto?


¡Perdón por el largo hiatus! Intentaré no tardar mucho en subir el final.

Cuídense mucho,

Butercup