--Tu novio ya debe de haber llegado a la ciudad --Claire hizo un puchero disgustado.

--Y yo le he dicho que no podríamos vernos hoy. ¿Contenta?

--Mucho. Aunque daría lo que fuera por que estos diez días que hemos podido pasar juntas no acabasen nunca --suspiró, soñadora.

--Las cosas son como son, watashi no ai. Ya lo hemos hablado muchas veces.

--¿Y mañana, después del torneo? ¿Tendrás que estar a solas con él?

--Sí, se lo he prometido --dijo Kagami con firmeza.

--¿Y qué haré yo mientras tanto? Me volveré loca de celos --se enfurruñó la pelirroja.

--Basta de dramas, Claire. Adrien es mi novio, y tengo un deber con él. Ya lo he obviado bastante todos estos días; pero mañana regresamos a París, y mi vida debe volver a su curso normal. Además, es un gran chico; me quiere, y yo a él. Aunque tú sigas siendo mi debilidad... --se acercó para darle un corto beso en los labios.

--Quizás salga con Ficelle y Marie a tomar unas copas por ahí; eso me ayudará a no pensar.

--¿Con Marie? --Kagami se tensó de golpe, dirigiéndole una mirada desaprobadora.

--¿Por qué no?

--¿Porque lleva años detrás de ti? Estoy segura de que intentaría aprovecharse de las circunstancias, si sabe que tú estás sola y yo con él.

--¿Y te parece justo pedirme eso? ¿Por qué tengo que soportar sin protestas que estés con tu chico, y sin embargo no puedo salir a divertirme con quien me apetezca?

--Porque yo me debo a mi honor y a mi familia, y tú... --se acercó para tomar sus labios con furia--. Tú eres mía.

Claire respondió a su contacto con intensidad, con entrega. Se besaron largamente, hasta que Kagami abandonó su boca para concentrarse en su cuello, perdiéndose en su tersa piel, que tan tentadora le resultaba. Navegó en aquel mar de pecas hasta su escote, y desabrochó uno a uno los botones de su blusa, recorriendo con su lengua la superficie que iba quedando expuesta. Claire gimoteó, excitada, cuando la japonesa soltó el cierre de su sujetador, y continuó arrullándola con sus sensuales jadeos cuando la mano de la chica siguió descendiendo hasta colocarse entre sus piernas.

--Creo que será mejor que te recuerde con claridad que eres mía, watashi no yume.

--Solo tuya --repitió Claire, dejándose arrastrar por el placer de sus caricias.

Chat noir abandonó su puesto de observación junto a la ventana, impactado por lo que acababa de presenciar. ¡Su novia le estaba siendo descaradamente infiel! Se había pasado aquellos diez días, y quién sabía cuántos más atrás, engañándolo con su amante, mientras él... Está bien, mientras él pasaba las tardes escuchando una y otra vez las canciones que le enviaba Marinette, y eligiendo cuidadosamente aquellas con las que le respondería. ¡Pero al menos había tenido la decencia de mantener todo aquello dentro de unos límites aceptables, durante casi todo el tiempo! Es decir, prácticamente todo el tiempo, hasta la noche anterior. Y además, su conciencia lo había estado martirizando después, haciéndolo sentir culpable, mientras ellas no parecían dispuestas a pensárselo dos veces, ni a contenerse...

¡Argh! Rogó en silencio por que le hicieran el maldito favor de dejar de entremezclar sus gemidos de aquella manera que le estaba volviendo loco. Desde luego, no iba a volver a mirar: respetaría aquella parcela que pertenecía a la intimidad de ambas como el gato decente que era. Por más tentador que le resultara imaginar sus cuerpos entrelazados mientras se proporcionaban placer la una a la otra, no pensaba caer tan bajo. De hecho, solo permanecía allí porque sus rodillas parecían de gelatina tras el shock, y no quería desperdiciar una de sus siete vidas precipitándose hasta el suelo desde aquella inestable cornisa situada a unos buenos treinta metros de altura.

Se sentó con cuidado en el saledizo, apoyó la espalda contra la pared, cerró fuertemente los ojos y tapó con sus garras las orejas gatunas, tan sensibles. Juró por lo bajo cuando tuvo que apartar una de las manos para recolocar su miembro, que reaccionaba, traicionero, al concierto de gemidos que había pasado del Moderato espressivo al Presto, y ahora abordaba con entusiasmo un Allegro prestissimo con fuoco digno del mejor pianista polaco.

Harto de esperar, y temiendo que terminara por haber algún que otro bis, se decidió a ponerse en pie, y fue moviéndose lentamente hasta lograr alejarse lo suficiente como para dejar de escucharlas. Descendió por la fachada con precaución, se confundió entre las sombras y se destransformó discretamente para regresar caminando con tranquilidad hasta su propio hotel.

Un maremágnum de pensamientos daba vueltas en su cerebro, mareándolo. ¿Cómo podía gestionar todo aquello? ¿Cómo hacer que lo que había descubierto, o más bien, confirmado, redundara en su beneficio? Por más que se esforzara, le costaba analizarlo con la frialdad que precisaba. Solo de intentarlo, comenzaba a sentir el estómago revuelto.

Por un lado se sentía estúpido, dolido. traicionado; por otro, no podía evitar empatizar con el dilema de Kagami, tan similar al suyo propio. ¿Qué decirle cuando la viera al día siguiente? ¿Cómo lograr que su padre, y la madre de la chica, les permitieran liberarse de aquel absurdo compromiso plagado de mentiras?

Bueno, lo primero era contactar con la que se había erigido en su principal aliada, y que seguro que sería capaz de ver todo aquello con más claridad que él.

Adrien: Nathalie, tenías razón en lo que me contaste. Kagami y Claire están juntas.

Nathalie: ¿Pudiste hablar con ella?

Adrien: No, las vi sin que ellas se percataran.

Nathalie: ¿Estás seguro de que no son solo amigas?

¿Que si estaba seguro? El chico soltó una risilla sarcástica antes de responder.

Adrien: Razonablemente seguro. Bueno, más bien, seguro al 100%

Nathalie: De acuerdo, buen trabajo. Iré a por tu padre.

Nathalie: A hablar. Voy a hablar con él.

Adrien: Ok. Suerte!

Adrien: Y gracias

Nathalie tomó aire antes de decidirse a entrar al despacho en el que se encontraba Gabriel, inmerso en la contemplación del libro de los prodigios. Lo cerró de golpe al notar la presencia de la mujer, y la miró interrogativo.

--Señor, Adrien ya ha partido rumbo a Lausana.

--Bien. Me alegra que finalmente haya entrado en razón.

--¿Se alegra? ¿Y de qué se alegra, exactamente? ¿De que su hijo sea capaz de renunciar a su propia felicidad por no disgustarlo? ¿O de que le crea capaz de hacer efectivas sus amenazas respecto a la chica que ama? Porque nada de eso me parece que pueda ser motivo de alegría.

Gabriel se volvió hacia ella para encararla, con la ira brillando en la mirada.

--Usted no entiende nada, señorita Sancoeur. Pero a mí la vida me ha demostrado que amor y felicidad son dos palabras que no caben en la misma frase --su voz era amarga, cansada.

--¿Cómo se atreve a decir eso? --se indignó Nathalie--. ¡Señor Agreste, le recuerdo que he sido la primera en apoyarle en sus planes, en acompañarle en sus designios! Hemos hecho muchas cosas, hemos puesto la ciudad en peligro, ¡he arriesgado mi propia vida! Y todo en nombre del verdadero amor. Pero empiezo a darme cuenta de que, tal vez, la oscuridad ha arraigado tan profundamente en su interior que ya no sería usted capaz de reconocer el amor ni aunque lo tuviera delante de sus propios ojos.

Sostuvo su mirada, temblorosa, apretados los puños. Sintió unas irresistibles ganas de huir. Y enseguida decidió que lo haría hacia delante.

--La vida es menos vida si se afronta con miedo a sentir, Gabriel. Deje al chico probar, amar, caerse, seguir adelante. A veces hay que avanzar, hay que atreverse; por una vez, dejarnos llevar. ¿No lo cree?

--Si me dejo llevar... si me dejo llevar terminaré por hacerte daño, Nathalie. ¿Es que no lo ves?

--Lo veo. Pero creo que... me arriesgaré.

Se acercó lentamente hacia él y lo besó con parsimonia, aventurándose por primera vez a tomar la iniciativa en uno de aquellos contactos que cada vez eran más frecuentes entre los dos, y que habían terminado por convertirse en una adicción para ambos. Sus dedos largos y elegantes desabrocharon la camisa de Gabriel, y luego la suya propia. Él se dejó hacer, limitándose a permanecer inmóvil y a responder a cada beso, como si no se atreviera a creer todavía que aquella mujer realmente estaba dispuesta a tratar de sanar su corazón. Inseguro, aferró sus muñecas para detenerla.

--¿Cómo puedes quererme, si estoy maldito? --murmuró, meneando la cabeza con amargura.

--No lo estás, Gabriel. Solo perdido --afirmó ella con seguridad, liberándose con suavidad de su agarre para acunar su rostro.

--Dímelo, por favor. Necesito oirlo, Nathalie --rogó él, sintiendo resquebrajarse por fin las barreras que rodeaban su alma, constriñéndola dolorosamente desde hacía ya tanto tiempo.

--Te quiero --susurró ella, mirándolo directamente a los ojos--. Te quiero, mi amor. Te quiero --repitió, una y otra vez.

--Nath, yo... yo también te quiero --el hielo de su interior se derritió en un centenar de lágrimas cálidas y sinceras.

Se entregaron a un juego de besos y caricias apasionadas que pronto los llevó hasta el dormitorio principal. Entre aquellas cuatro paredes colmadas de recuerdos pareció detenerse el tiempo, cada uno perdido en el cuerpo del otro, hasta que los gemidos sustituyeron a las palabras en la tarea de transmitirse mutuamente todos los sentimientos que albergaban en su interior, exorcisando con su amor los fantasmas del pasado.

Cuando por fin estuvieron tan agotados como satisfechos, ahítos de placer, promesas y palabras dulces, Nathalie se recostó sobre el pecho de Gabriel, mientras él acariciaba lentamente su espalda.

--Está bien, Nath, tú ganas. Hablaré con Adrien para que sepa que, por mi parte, no habrá pegas para que haga lo que considere con respecto a su vida sentimental --se frotó los ojos bajo las gafas, que acababa de volverse a poner--. Dios mío, Tomoe Tsurugi nos va a destrozar por esto.

Ella sonrió con displicencia.

--No lo creo, Gabriel. Adrien y yo hemos descubierto un pequeño dato que puede jugar a nuestro favor, colocándote en la posición de ofendido y permitiéndote negociar con ventaja. Espera, que te cuento lo que he pensado que deberíamos hacer...

--Te escucho. Y vete pensando también cómo vamos a decirle a mi hijo que tú y yo... estamos juntos ahora.


Marinette bajó del tren y estiró las piernas, entumecidas tras las tres horas de viaje desde París. Preguntó en el mostrador de información, y una mujer canosa y amable le dio todas las indicaciones necesarias para llegar hasta donde se celebraba el encuentro de bandas al que había acudido Luka, junto al resto de componentes de Kitty section. Mapa en mano, recorrió las agradables calles de Nimes, hasta que la afluencia de grupos de jóvenes dispuestos a disfrutar de la tarde de conciertos facilitó notablemente su empeño de encontrar el lugar que buscaba.

Cuando llegó había una banda formada por cinco chicas tocando una bella balada en el escenario. Parte del público seguía el ritmo o la coreaba, otros estaban sentados en el suelo hablando de sus cosas o tomando unas cervezas. No había pensado que habría tanta gente allí; miró a su alrededor, buscando a Luka, pero no parecía fácil dar con él por casualidad. Lo más probable era que tuviera que acabar llamándolo, renunciando a su plan de aparecer por sorpresa. Quería comenzar la conversación con él frente a frente, saltándose el paso de «tenemos que hablar»; le había parecido más justo de aquella manera.

Se acercó a un chico muy atractivo y profusamente tatuado que la recorrió con la mirada sin disimulo al verla.

--¿Ya ha actuado Kitty section?

--Sí, preciosa. Han tocado hace un rato, y además este año han traído un montaje espectacular. ¡No me digas que te lo has perdido!

--Lamentablemente, sí.

--Pues ha sido digno de verse, con todo eso de los disfraces que usan; y de sonido también han estado muy bien.

--Sí, los he visto en los ensayos. El guitarrista de la banda es mi novio --aclaró, a ver si así entendía que le incomodaba que se acercase tanto a ella al hablar.

--¿Eres la chica de Couffaine? Vaya, eso es muy... interesante.

Desvió la mirada hacia el escenario, y ella se giró hacia allí también. La solista del grupo que lo ocupaba en ese momento era una chica alta, de larga melena rubia y ojos muy maquillados, embutida en una provocativa minifalda de cuero negro y una camiseta prácticamente hecha jirones que no escondía de la vista su sujetador. Cantaba las notas finales de la balada con tanta sensualidad como dulzura, concentrada al parecer en un punto muy concreto. Siguiendo la dirección de su mirada, lo vio. Sentado en el suelo, con expresión relajada, estaba Luka. ¿Qué demonios...?

Los últimos acordes de guitarra se disolvieron en el aire, ella hizo una graciosa inclinación para agradecer los aplausos, y descendió del escenario, contoneando sus caderas directa hacia él. Luka se levantó del suelo y la esperó, los brazos cruzados sobre su pecho.

Hablaron un instante, demasiado cerca para su gusto, aunque su posición fuera comprensible dado el ruido ambiental. Ella hizo amago de rodear con sus brazos el cuello del chico, y él la apartó con suavidad pero con firmeza, con un rictus de cansancio.

--No te preocupes por Maggie, preciosa; apuesto a que tu novio no dudará en mandarla a paseo, otra vez.

Efectivamente: la rubia volvió a tratar de acercarse, y Luka sujetó sus muñecas, frunciendo el ceño, y dedicándole algunas palabras secas. Luego debió de notar su mirada, porque la buscó, sorprendido, apartó a Maggie hacia un lado sin contemplaciones y se acercó hacia ella con una enorme sonrisa.

--Es una lástima que Luka sea tan buenazo. Si fuera de los cabrones, ahora tú estarías llorando y yo ofreciéndome amablemente a consolarte. Maldito Couffaine...

--Ey, Mike; deja tranquila a mi chica, que nos conocemos. --Chocaron las manos amistosamente.

--Solo la traigo a tus brazos, maldito capullo con suerte. ¡Qué pena que Maggie no te haya puesto en un apuro para poder ocuparme yo de esta preciosidad!

--Gracias, tío; venga, puedes largarte, que ya me quedo yo con ella --se volvió hacia Marinette--. No le hagas caso, pequeña; Mike es el mejor bajista del festival, y se le ha subido un poco a la cabeza; pero en el fondo es un buen tipo ¡Qué sorpresa me has dado! Me alegro muchísimo de que estés aquí.

La abrazó con fuerza, acariciando su pelo, antes de hablarle al oído.

--Oye, y no te preocupes por Maggie, ¿eh? Tuvimos algo una vez, y está empeñada en continuarlo. Pero yo le he dejado bien claro que mi corazón ya tiene dueña --se acercó para frotar dulcemente nariz con nariz.

Ella se aferró a su cuello, sintiéndose la peor persona existente a este lado de la laguna Estigia. Luka percibió su tensión y se separó para buscar el origen en el fondo de sus ojos.

--Ay, no --susurró--. Por favor, no me digas que nuestro tiempo ya ha acabado.

--Luka, tú te mereces a alguien mucho mejor que yo --la voz se le quebró en un sollozo.

--No, no, Marinette. Yo te quiero a ti. Solo a ti, a ninguna otra.

--¡Pero yo no puedo decirte lo mismo! Y eso me está rompiendo por dentro.

Él la tomó de la mano para retirarse de entre la multitud, y ella lo siguió con las lágrimas pugnando por asomar a sus ojos. Llegaron hasta el extremo del recinto, junto a uno de los gruesos muros de piedra gris, donde podrían hablar con más tranquilidad. Él se giró para encararla, y recorrió sus mejillas húmedas con las yemas de los dedos.

--No me importa, Marinette. Ya lo sé. Y no me importa --le aseguró--. Así que no lo hagas por mí; si tú no estás bien, adelante: podemos dejar esto así. Pero no decidas por mí, porque yo sé lo que hay, y lo acepto.

--Pero, Luka...

--¿Tú me quieres? --la interrumpió.

--Sí. Te quiero, te quiero mucho, de verdad. Esto ha sido realmente especial para mí, y no me arrepiento de un solo instante de los que he vivido contigo. Pero no puedo seguir así.

Él exhaló un profundo suspiro, derrotado.

--Mi preciosa pequeña... si debe ser así, así será. Jamás olvidaré todo lo que me has dado --acunó su cara con las manos, y ella se acercó para besarlo, incapaz de contenerse.

Él acarició sus labios con adoración, las manos en su cintura, y fue subiendo la intensidad progresivamente hasta volcar toda su alma en aquel beso. Ella le correspondió, disfrutando de la suavidad de sus labios, permitiendo danzar a sus lenguas, tratando de olvidar que en realidad se trataba de una despedida.

--Mejor buscaos un hotel, Couffaine --les interrumpió la voz burlona de Maggie, que iba agarrada de la mano de Mike. Al parecer, el chico ya había encontrado a quien consolar.

Marinette le dirigió una mirada retadora a la rubia, tomó la barbilla de Luka para que volviera a mirarla, y ambos la ignoraron ostensiblemente para volver a devorarse con pasión.

--Quizás deberíamos hacerle caso --susurró Luka--. Si esto es un adiós, me gustaría que nos despidiésemos por todo lo alto.

Marinette asintió, y él la tomó en brazos. Avanzaron besándose a cada instante, hasta llegar al cercano hotel donde se alojaba el chico. El recepcionista les tendió la llave enseguida, subieron las oscuras escaleras en pocas zancadas, y las prendas cayeron al suelo en el corto trayecto desde la puerta hasta la cama. Luka recorrió el cuerpo de la chica como si pretendiera grabar profundamente en su memoria cada rincón, empaparse de su olor, embriagarse con su sabor. Y ella se entregó sin contención, sin mesura.

--Marinette --jadeó él cuando ella se colocó a horcajadas para guiarlo a su interior--. Deberíamos...

--No te preocupes, está controlado --lo tranquilizó ella.

No hablaron mucho más: vaciaron todo su deseo el uno en el otro, y luego volvieron a hacer el amor despacio, de un modo más íntimo y reflexivo. Al terminar, se abrazaron con ternura.

--No puedo creer que esta vaya a ser nuestra última vez --Luka apretó los párpados con fuerza, tratando de contener las lágrimas.

--Luka... --él apoyó los dedos en sus labios para acallar sus palabras.

--No. No hace falta. No quiero explicaciones, ni excusas. Te agradezco el tiempo que me has concedido, la oportunidad de amarte así, y tu sinceridad al venir para hablarlo cara a cara.

--Créeme, no te merezco.

--¿Has... estado con él? --quiso saber Luka--. ¿Has estado con Adrien?

--No. No ha pasado nada entre Adrien y yo, te lo prometo. De hecho, él debe de estar ahora mismo en Suiza, con Kagami.

--¿Va a dejarla por ti?

Ella negó con la cabeza, y él frunció el ceño, sin comprender.

--No hemos hablado de esto, Luka. Yo siempre le he dicho que estoy bien a tu lado, y él lo respeta. Y yo sé que Adrien tiene dudas con respecto a su relación, pero hay negocios implicados de por medio y creo que tanto Kagami como él han optado por seguir hacia delante y no contrariar a sus familias.

--Eso suena espantosamente frío.

--Lo sé --suspiró ella.

--No pretendo juzgarlo; nuestros caminos han sido diferentes, y no sé cómo sería vivir una vida como la suya. Solo espero que sea capaz de darse cuenta de la oportunidad que tiene delante, y sobre todo que sepa hacerte feliz.

--No vamos a estar juntos, Luka. Esto va de aclarar mis propios sentimientos, no de cambiarte por él.

--Bueno, su manera de mirarte es distinta desde hace un tiempo. Ya veremos lo que hace cuando sepa que tú y yo ya no estamos juntos.

--¿De verdad estás tratando de animarme para que intente algo con Adrien?

--Si realmente no deseas replantearte todo esto y continuar conmigo, preferiría que esta ruptura tuviera algún sentido, que sea por lograr algo que te haga feliz. Te quiero demasiado para desearte cualquier otra cosa que no sea la felicidad que mereces.

Volvieron a abrazarse, hasta que ella miró el reloj y se dio cuenta de que su tren de regreso a París saldría pronto. Se vistieron con calma, ambos con un nudo en la garganta, y se despidieron con un último beso lleno de cariño.

--Por supuesto, si Agreste es lo suficientemente idiota como para no aprovechar esta oportunidad, o si llega hacerte daño... te estaré esperando. O si simplemente te das cuenta de que en realidad no puedes vivir sin mí --le guiñó un ojo, con un atisbo de sonrisa en el rostro.

--Siempre tendrás un lugar en mi corazón, Luka. Siempre.

La acompañó hasta el taxi que la llevaría a la estación. Y el ruido de la portezuela al cerrarse se clavó con fuerza en su alma. Volvió a la habitación, donde lo esperaba su fiel guitarra, a la que arrancó un puñado de acordes melancólicos.

I should have seen it coming when the roses died

should have seen the end of summer in your eyes

I should have listened when you said goodnight

You really meant goodbye...


Adrien ocupó el asiento reservado para él en el palco del recinto deportivo, y siguió la competición de tiro con arco con demasiadas cosas en la cabeza como para poder prestarle atención. Aplaudió distraídamente los certeros lanzamientos de Kagami, y los aciertos de su equipo en general, y se sorprendió cuando la japonesa y sus compañeras hicieron piña para celebrar la trabajada victoria, y el entusiasmo del público se desbordó sacándolo de su ensimismamiento.

Consultó su móvil, nervioso por no tener noticias de Nathalie aún. Soportó con impaciencia la entrega de medallas, el discurso de clausura y el rato que tardaron las chicas en ducharse y cambiarse en los vestuarios; al menos, Kagami salió de las primeras, dirigiéndose hacia él con una gran sonrisa. A Claire no se la veía por ninguna parte.

--Hola, Adrien. ¿Has visto? ¡Nos hemos llevado el campeonato! --presumió, mostrándole la medalla conseguida con orgullo.

--Me alegro mucho por vosotras. Se nota que habéis aprovechado muy bien estos días de concentración... --dijo con un punto de acidez, pensando en las dos amantes.

--Sí, ha valido la pena. Aunque te he echado de menos.

--¿Te lo has pasado bien con las chicas? --vaya, al final sonreír le estaba costando bastante más de lo que había previsto.

--Ya sabes, mucho entrenamiento y poca diversión. Pero hemos tenido nuestros momentos.

--Oh, sí; me lo puedo imaginar. Y, ¿al final podremos tener un rato a solas para nosotros? ¿Te apetece acompañarme a mi habitación? El hotel está muy cerca de aqui; luego te llevaré de regreso al tuyo.

--Ya le he pedido permiso a la entrenadora; ¿acaso creías que iba a olvidar mi promesa? --le dedicó un guiño, lo tomó de la mano y arrancó a caminar--. Tengo que estar de regreso a las siete y media, así que disponemos de casi dos horas para los dos.

--No sé si en tan poco rato nos dará tiempo de ponernos al día...

--Bueno, puedes comenzar por demostrarme todo lo que me has echado de menos --sonrió con coquetería, invitadora, instándolo a apretar el paso.

Adrien se dejó llevar por ella, con un nudo de nervios alojado en el estómago. Sonrieron al conserje del hotel, subieron en el ascensor, llegaron frente a la puerta. ¿Acaso ella sería capaz de entregarse a él como si nada pasara?

Respondió por inercia a sus primeros besos, la miró desnudarse frente a él, y se dejó arrastrar por sus caricias con la mente algo embotada. La chica se pegó a su cuerpo, acarició su torso con ambas manos, y tanteó luego su entrepierna, frunciendo el ceño al comprobar que su virilidad todavía estaba a media asta. Se arrodilló con presteza para introducirla en su boca, y él gimió al sentirla crecer de golpe en aquella húmeda cavidad.

--Así está mejor --aprobó ella, sensual.

Rodeó su ahora abultada erección con su mano y lo acarició, elevando luego el ritmo, dispuesta a regalarle otra sesión de perfecto placer mecánico. Pero él ya había conocido otros labios, otras manos, otra clase de pasión, de verdadera entrega; y ahora todo aquello le sabía vacío, a fracaso, a mentira. Sujetó la muñeca de la chica para que se detuviera, y cuando ella lo miró sorprendida la ayudó a levantarse para mirarla de frente.

--Kagami, ¿tú me quieres? --preguntó con seriedad, a bocajarro.

--Claro que sí --respondió ella con rapidez.

--¿Me deseas? ¿Te gusta compartir esto conmigo?

--Por supuesto que me gusta complacerte. ¿Qué ocurre, Adrien?

--Que no es verdad.

Ella boqueó, con sus bellos ojos rasgados muy abiertos, como si le costara respirar.

--¿Por qué dices eso? ¿No te gusto? ¿No lo hago bien? Dime cómo debo tocarte; aprenderé a hacerlo mejor --prometió, agobiada.

--No es eso. Eres preciosa, y sexy, y sabes muy bien cómo tocarme para hacerme sentir placer. Pero no te entregas realmente. Y creo saber el porqué.

--Dame tiempo, Adrien. Es normal que esté un poco nerviosa estas primeras ocasiones, ¿no te parece?

--Por favor, Kagami. Necesito que seas sincera conmigo. No perfecta; solo sincera. Quiero que confíes en mí lo suficiente como para contarme lo que hay en tu corazón. ¿Lo harás?

La chica pareció dudar un instante, sin saber bien qué decir, ni cómo comportarse. Él recompuso su ropa, le tendió una sábana por si deseaba cubrirse, y le hizo un gesto para indicarle que se sentara en la cama, a su lado. Ella se dejó caer pesadamente junto a él, los hombros caídos, confusa y abatida. Él le estaba tendiendo la mano, pero, ¿cómo reaccionaría ante la verdad, ante su traición? ¿Acaso la odiaría, tal y como sentía merecer?

--Kagami --buscó sus ojos y habló con suavidad--, no voy a enfadarme. No voy a odiarte. --Ella se irguió, sorprendida; ¿acaso era capaz de leer su mente?--. Y no voy a dejarte sola con esto frente a nuestros padres. Si hay otra persona en tu corazón, me gustaría saberlo.

--No hay ningún otro chico en mi corazón, Adrien.

--No he dicho «chico». He dicho «persona». Y te estoy ofreciendo mi completo apoyo con esto. Frente a mi padre, a Tomoe-sama, frente a la prensa y frente a lo que se nos ponga por delante.

Ella pareció quebrarse de golpe, estallando en sollozos. Se cubrió la cara con las manos, avergonzada, y él la abrazó, tratando de consolarla.

--Claire --reconoció entre hipidos--. Se llama Claire.

--Estoy seguro de que es encantadora --la animó, comprensivo--. Lo siento. Quizás no habrías deseado llegar tan lejos conmigo la otra vez. Y yo no supe verlo.

--Sí quería. Yo te quiero, Adrien, de verdad; no pienses, por favor, que te he mentido, o que te he utilizado, porque no es así. Pero fue duro comprobar que no era capaz de establecer contigo una conexión física como la que puedo tener con ella. Lamento no haber sido sincera; ni siquiera fue fácil reconocerlo ante mí misma. Siento haberte evitado durante estos días. Tú no tienes la culpa; la que está mal soy yo.

--¿Mal? ¿Por qué dices eso? No hay nada malo en sentir, en enamorarse. Claro que me duele que me dejes. O, más exactamente, que me hayas engañado con ella antes de aclarar las cosas conmigo. Pero no pienso que haya nada en ti que esté mal.

--¿Dejarlo? --se sobresaltó ella ante sus palabras--. ¿Quieres que lo dejemos? Pero mi madre, y tu padre...

--Tendrán que aceptar nuestra decisión. Tenemos que ser listos, Kagami; a ninguno de los dos les interesa un escándalo. Convenzámosles de que presentar un frente unido es nuestra mejor opción.

--¿Y si, simplemente, continuamos así un tiempo más, hasta que los negocios se asienten?

--No. No cuentes conmigo para eso. Te estoy ofreciendo todo mi apoyo, pero, a cambio, me gustaría que fuéramos con la verdad por delante.

Ella pareció tomar una decisión, asintió y le tendió la mano con formalidad.

--Acepto.

Él se la estrechó, feliz, y luego se fundieron en un amistoso abrazo. Ella revolvió su pelo, y se acercó para decirle al oído:

--Ahora ya eres libre para perseguir a tu amiga Marinette.

--¡Eh! ¿Por qué dices eso? --exclamó, sorprendido.

--¿Y tú me pedías sinceridad? --Kagami enarcó una ceja, burlona.

--Está bien; ella me gusta --reconoció Adrien, tras un largo suspiro--. Pero ahora tiene pareja, y no pienso meterme en medio de los dos. Necesitaba aclarar las cosas contigo; pero perseguirla a ella no entra en mis planes. Al menos de momento.

--Lo que tú digas. Pero apostaría a que ella no se va a quedar de brazos cruzados cuando sepa que ya no estamos juntos.

--Bueno, resolvamos lo nuestro y ya veremos lo que sucede después.

--De acuerdo. Oye, todavía sobra un rato hasta tener que reunirme con el equipo; ¿te apetece dar un paseo?

--¿Por qué no vas mejor a contárselo a Claire? No tiene que estar muy contenta, pensando que estás conmigo.

--Tienes razón; iré con ella. Gracias, Adrien, de verdad.

Se vistió a toda prisa, y cuando ya se despedían, se giró con una sonrisa pícara.

--¡Dale recuerdos de mi parte a Marinette!

Esquivó el cojín que le arrojó Adrien, y se perdió riendo por el pasillo.

Desde luego eso no le parecía lo más adecuado para decirle, pero quizás una canción... ¿podría considerarse eso perseguirla?

Adrien privado: Love of my life, Queen

Love of my life, don't leave me

You've stolen my love, you now desert me

Love of my life, can't you see?

Bring it back, bring it back (back)

Don't take it away from me

Because you don't know

What it means to me...

Ella no tardó en responder; pero no era una canción sino una fotografía un poco borrosa, como si hubiera sido tomada desde un vehículo en marcha: la imponente silueta de la Arena de Nimes, el anfiteatro romano del que le había hablado él. Así que estaba allí, con Luka.

Adrien privado: Estás en Nimes!

Marinette privado: Ya de camino a la estación. Mi tren de regreso sale pronto!

Adrien privado: Q tal estuvo la actuación de Kitty section?

Marinette privado: No llegué a tiempo para verlos, pero me contaron q estuvo genial :)

Adrien privado: Q pena q no hayas podido verlos tocar...

Marinette privado: Lo del viaje fue todo un poco improvisado, un impulso de último momento. Necesitaba hablar de algo con Luka

Vaya, no sabía cómo interpretar eso. ¿Un impulso tipo «no puedo seguir a tu lado después de haber disfrutado del mejor sexo de mi vida junto al héroe de París»? ¿O más bien del tipo «necesito borrar cuanto antes sus huellas de mi cuerpo y volcarme en esta relación que sí vale la pena»?

Marinette privado: Tú sigues en Lausana? Q tal le fue a Kagami en la competición?

Adrien: Bien, ganaron! La he visto poco, pero tb hemos aprovechado para aclarar algunas cosas entre ntros

Ahora le tocó a Marinette quedarse pensativa. Aquellas palabras, la música elegida... meneó la cabeza, negándose a que sus reflexiones la llevaran por aquel camino. Después del complicado tira y afloja que llevaban tanto tiempo manteniendo, prefería no hacerse ningún tipo de ilusiones, temerosa de volver a caer.

Adrien privado: Me debes una canción

Marinette privado: Entonces, tú a mí una foto

Adrien privado: Me parece justo

Le envió un selfie en el que aparecía sonriendo junto a una apetitosa fondue de quesos suizos. El pie rezaba «Deliciosa cena para uno».

Marinette privado: One way, or another. Blondie.

One way or another, I'm gonna find ya

I'm gonna get ya, get ya, get ya, get ya

One way or another, I'm gonna win ya

I'm gonna get ya, get ya, get ya...

«Si ya me tienes, preciosa. Ya me tienes a tus pies», pensó Adrien, abrazando el móvil un instante contra su pecho, con una sonrisa boba.

Adrien privado: Bueno, eso te lo pienso poner fácil...

Adrien privado: Mañana al llegar tengo lío con temas de prensa. Pero te parece si el lunes intentamos llegar con tiempo al instituto para hablar un rato cara a cara antes de las clases?

«Depende», pensó la chica. «¿Vas a volver a decirme lo de que somos súper buenos amigos?»

Marinette privado: OK :)

Adrien privado: Nos vemos pronto ;)

A pesar de la distancia que les separaba, sus dos corazones latieron al unísono, firmemente atados por un vibrante hilo rojo.


Ains... Adoro a Luka, y mi corazón sufre por él.

En fin, que solo queda ya un último capítulo, que intentaré subir a lo largo de la semana.

Sigan cuidándose!

Butercup