Marinette caminaba hacia el instituto mordisqueando un croissant, sin prisas por una vez. O, al menos, sin prisas relacionadas con la posibilidad de llegar tarde a clase, pues las preocupaciones que aceleraban el ritmo de sus pasos tenían que ver con otra parcela de su vida, no precisamente con la académica.
Miró la hora en su teléfono. Vaya, Luka le había enviado un mensaje; ¿qué le contaría tan temprano?
Luka: Ves? Yo tenía razón.
Marinette: Sí, en muchas cosas, pero a q te refieres esta vez?
Luka: En q Adrien iba a reaccionar con rapidez. Aunque este giro de la trama no me lo esperaba!
Marinette: ¿¿??
Luka: Ops. De verdad él no te ha dicho nada?
Marinette: No nos hemos visto aún
Luka: Y tampoco has leído la prensa?
Marinette: ¿¿¿¿????
Luka le respondió enviándole un enlace que la llevó directa hasta una noticia de una revista digital. En el cabecero, una fotografía de un sonriente Adrien, rodeando con sus brazos los hombros de Kagami y de otra chica, una pelirroja cuyo rostro no le sonaba de nada. La japonesa y ella también sonreían, cogidas de la mano.
El titular destacaba: «La relación Agreste-Tsurugi se rompe por otra mujer» Y más abajo: «La esgrimista deja al modelo para salir con otra chica. Tanto su ya ex-novio como Tomoe Tsurugi muestran su total apoyo a la nueva y sorprendente pareja».
El joven modelo, en declaraciones exclusivas para este medio, ha afirmado que la relación sentimental entre ellos había derivado desde hace ya algún tiempo hacia una bonita amistad.
«Tanto Kagami como yo habíamos decidido de mutuo acuerdo que funcionábamos mucho mejor como buenos amigos que como pareja. Ahora que ella está con Claire, y que sabíamos que desde la prensa os haríais eco de esta novedad, hemos pensado que era necesario aclarar las circunstancias en las que ha sucedido. No ha habido infidelidad ni engaño alguno, y ambas cuentan con mi total apoyo, y el de nuestras familias, en esta relación».
Los negocios entre las empresas de ambas familias continúan en auge a pesar de la ruptura de sus primogénitos, e incluso se rumorea que saldrá una nueva colección de primavera titulada «Rainbow feathers» en la que la escocesa Claire Bain ejercería de modelo.
Marinette se frotó los ojos una y otra vez, sin poder creerse lo que estaba leyendo. Entró al vestíbulo del instituto escribiendo a Luka un mensaje agradeciéndole aquella información, y se acercó hasta donde Alya y Nino parecían comentar la jugada entre risas.
--¡Marinette! ¿Has hablado ya con Adrien? ¿Te has enterado de esta bomba? --soltó la morena, alterada.
--Justo acaba de mandarme la noticia Luka...
--¿Y qué tal estás con eso, amiga? Me alegra que él se haya tomado tan bien tu decisión.
--Es un cielo, la verdad. Espero no arrepentirme de esto --hizo una mueca.
--Mira, ahí está Adrien --la avisó Alya.
--Buenos días, chicos --saludó él.
--Pero tío --lo abordó Nino--, ¿qué demonios le hiciste a esa pobre chica que no quiere volver a ver un hombre ni en pintura?
--Así que ya os habéis enterado... --El rubio esbozó una sonrisa de circunstancias.
--¿Ves, Mari? Tenía yo razón en que este tiene de ser un desastre en la cama --siguió carcajeándose su amigo.
--Debe de haber sido eso --se encogió de hombros, girándose hacia Marinette--. Me temo que, después de esto, ni siquiera tú podrías defenderme.
--No seas tonto, y no le hagas caso a este bocazas --intervino Alya.
--¿Cómo estás? --se interesó Marinette--. A pesar de lo que dijiste en la entrevista, no creo que te esperases algo así.
--Estoy bien. La entrevista está un poco adornada... Pero ya sabes que es cierto que nos habíamos distanciado. Yo deseaba terminar con ella, pero mi padre me pidió un margen hasta que los acuerdos con los Tsurugi estuvieran bien cerrados.
--¿Y por qué querías dejarla? --preguntó Alya, incisiva, mirándolo de soslayo.
--Porque estoy enamorado de otra persona --clavó su mirada en Marinette, que enrojeció al instante--. Aunque sé que ella tiene novio, y no puede corresponderme como yo desearía.
--Bueno, hermano, eso nunca se sabe --lo consoló Nino--. Las relaciones empiezan, y acaban. Mira a Marinette, que se nos ha ido hasta Nimes solo para cortar con Luka...
A Adrien se le escapó una exclamación sorprendida, e interrogó a la azabache con la mirada, sintiendo renacer su esperanza.
--Y... ¿Puedo preguntarte por qué?
--Porque, por muy encantador que sea él, yo... estoy enamorada de otra persona --musitó la chica.
--Nino, deberíamos... teníamos aquello tan importante que hacer, ¿recuerdas?
Alya tiró de la mano de su novio para arrastrarlo lejos de allí, pero Adrien y Marinette ni siquiera parecieron darse cuenta, ensimismados cada uno en el otro.
--Y... ¿Se lo has dicho a él? ¿Le has dicho que le quieres?
--¿Al chico al que amo? Casi, pero nunca claramente --inclinó la cabeza, miró hacia sus labios, humedeció los suyos con la lengua--. ¿Y tú?
--Ojalá lo hubiera hecho, pero no he llegado a pronunciar esas palabras. Y... ¿lo has besado? --se acercó a ella todavía un poco más.
--No, no lo he hecho. Pero me gustaría --reconoció, con las mejillas ardiendo.
--¿Estás segura de que no lo has hecho? --insistió él.
--¿Cómo piensas que podría haber olvidado algo así? --se extrañó ella, divertida--. Y tú... ¿la has besado?
--Sí --afirmó Adrien, categórico, haciendo que a Marinette le diera un vuelco al corazón. ¿Cómo que sí? ¿No hablaba de ella, entonces?
--¿Estás... seguro? --le devolvió la pregunta, con un nudo en la garganta.
--Nos hemos besado. Nos hemos acariciado. Y hemos hecho el amor --Marinette parecía a punto de romper a llorar, confusa, así que se apresuró a continuar--. Pero ella... ella no lo sabe.
--¿Y cómo es eso posible? --sollozó la chica.
Adrien acarició sus mejillas con ambas manos, todavía muy cerca, y susurró contra sus labios.
--Porque ella... porque tú... no sabes que él... soy yo.
Marinette abrió desmesuradamente los ojos, impactada. De repente, sus latidos iban tan rápido que le costaba respirar.
--¿Chat noir?
--Princesa...
--¿Tú...? Pero...
--Perdóname, por favor. Llevaba tanto tiempo deseándolo, tanto tiempo desesperado por no poder tenerte, que aquella noche, simplemente, no me pude controlar. Siento si fue desleal por mi parte tomar lo que me ofreciste sin que supieras que era a mí a quien te entregabas. ¿Podrás perdonarme, Marinette? ¿Podrás hacerlo, mi amor?
Las lágrimas corrían, libres, por las mejillas de la chica.
--Todo esto es tan irónico que casi no lo puedo creer --murmuró entre sollozos--. Todo este tiempo, ¡eras tú!
--Lo siento. Oh, por favor. Esto es un desastre, y estás llorando, y yo... yo te quiero, princesa. Te quiero con toda mi alma y necesito decírtelo tantas veces como pueda antes de que mi corazón estalle.
Ella se lanzó a sus labios, acallándolo con un beso tan dulce como salado, intenso, desesperado.
--Yo también te quiero, Adrien. Te quiero, mi gatito. Todo está bien, y no hay nada que perdonar --aseguró, con voz todavía algo temblorosa--. Aunque... ¿no se supone que tu identidad tenía que ser un secreto?
--Bueno, es probable que Ladybug me mate cuando se entere de esto. Pero no puedo ocultarle algo así a la chica a la que amo, y menos después de lo que ha pasado entre nosotros.
--¿Y qué ha pasado con tu amor por ella, por Ladybug? ¿La has olvidado ya?
--Ella siempre ocupará un lugar importante en mi corazón, pero ahora estoy totalmente seguro de que la persona que sostiene el otro extremo de mi hilo rojo eres tú, Marinette. ¿Saldrás conmigo, princesa? ¿Lo intentamos? Por favor, dime que sí.
--Me parece bien --ella asintió, sonriendo entre las lágrimas--. Además, por mucho que diga Nino, yo ya tengo comprobado que eres un amante excelente.
--Bueno, con respecto a eso, no tengo ningún problema en que te empeñes en comprobarlo una y otra vez. Ya sabes, solo por asegurarte...
--Me encantaría empezar cuanto antes, ¡pero me temo que la señorita Mendeleiev acaba de entrar en clase!
--Perfecto. Así nadie podrá venir a interrumpirnos en un buen rato --afirmó, travieso, tirando de ella hacia el vestuario.
--¡Adrien! --lo riñó ella, pero se dejó arrastrar por la tentación de lo prohibido, acompañándolo entre besos y caricias furtivas.
Se besaron con pasión entre las taquillas, liberando por fin toda la tensión que se había acumulado entre ellos día tras día, mensaje tras mensaje, canción tras canción. Ella coló sus manos bajo la camiseta del chico para recorrer su torso, disfrutando de su firmeza, delineando con los dedos su bien trabajada musculatura.
--Mmmm, me gusta esta ropa, parece más fácil de quitar... --murmuró, sensual--. Aunque reconozco que el cuero negro también tiene su encanto.
--Yo también me muero por desnudarte, princesa; después de todo, la otra vez te encontré ya con la labor a medio hacer --se deshizo de la chaqueta de la chica, dejándola caer sobre el banco.
--Pero aquí, ¡aquí no podemos! --protestó ella, apurada--. ¿Y si entra alguien?
--Está bien; nos centraremos en lo básico, por si acaso --desabrochó su sujetador, dejando la camiseta puesta.
Ella no dudó en seguir su ejemplo, obteniendo en respuesta un jadeo tan encantado como sorprendido al atacar directamente su cinturón, bajando luego la cremallera de su vaquero para tener acceso a su duro miembro. Al acariciarlo, sintió su propia ropa interior humedecerse ante la perspectiva de acogerlo dentro de sí.
--Plagg, por favor, vigila que no venga nadie, ¿de acuerdo? --le pidió Adrien a su kwami.
--Por favor, y queso, como siempre. ¿Y por qué no entráis, mejor, a los lavabos? Hay una puerta más en medio, y además hay espejo...
Marinette tiró de él en la dirección que había sugerido Plagg. Si no hubiera estado tan concentrado en ella, a Adrien debería haberle sorprendido la falta de reacción de la chica ante la presencia de la criatura mágica; pero estaba demasiado ocupado en sentirla como para reparar en nada más.
Avanzaron a pasos inestables, comiéndose a besos, susurrándose palabras cariñosas, y también otras más pícaras. Él la hizo girar para que le diera la espalda, quedando de frente ante el enorme espejo, las manos apoyadas en el mármol donde se encastraban los lavabos. Levantó su camiseta para poder disfrutar de la visión de sus pechos además de la de su rostro excitado, acarició su piel con devoción, y la penetró suavemente desde atrás, abrazado a su espalda, con el rostro refugiado en su cuello.
Se movió en su interior, deleitándose con cada suspiro, con cada gemido entrecortado que huía de aquella perfecta y blanca garganta. Colocó su mano sobre la boca de la chica cuando los sonidos comenzaron a subir de tono, y ella se removió, tremendamente excitada por aquel erótico y arriesgado juego que habían inventado para los dos.
--Si viene alguien, te escondes en el baño para que te dé tiempo a vestirte, ¿vale?
La ayudó a darse la vuelta, y bajó totalmente sus pantalones y sus bragas. Sentada sobre el mármol, quedaba a la altura perfecta para introducirse en ella si se elevaba ligeramente sobre la punta de sus pies. Marinette lo rodeó con sus piernas, y se aferró a su cuello mientras él comenzaba un rítmico vaivén, con movimientos cortos, profundos, y cada vez más rápidos. Unieron sus labios en un beso desesperado que les ayudara a ahogar los sonidos de su placer, y alcanzaron el clímax juntos sin que nadie hubiera osado interrumpir su momento.
--Te quiero, Adrien --acarició su cabello, casi sin poder creer todavía que hubieran podido amarse por fin de aquella manera, sin máscaras, sin secretos esta vez. Por lo menos, por parte del chico.
--Te quiero, Marinette.
Plagg entró revoloteando en ese momento, y ella se apresuró a ocultarse en el aseo para limpiarse y volver a vestirse.
--¿Viene alguien, Plagg?
--Tardarán unos segundos en llegar.
--Por cierto, Marinette, él es mi kwami; me da los poderes de Chat noir --aclaró en voz baja.
--¡Encantada, Plagg! --disimuló ella, haciendo reír al pequeño gato negro.
Adrien se estaba lavando las manos con expresión inocente cuando la puerta se abrió, para dar paso a una sorprendida Alya.
--Agreste, ¿se puede saber qué estás haciendo en el baño de chicas?
--¿De chicas? --se horrorizó él--. Ejem, vaya, me temo que iba un poco distraído, y al parecer me he confundido de puerta --se rascó la nuca, azorado.
Cuando se oyó el sonido de la cisterna y apareció Marinette, la morena la escrutó, boquiabierta.
--¿Qué habéis...? --se frenó, aunque el brillo divertido de sus ojos les indicó que no iba desencaminada en sus sospechas.
Salieron los tres juntos para encontrarse de frente con un desconcertado Nino.
--¡Eh! ¿Habéis hecho una orgía ahí dentro y no me habéis invitado, o qué?
--No, Nino. Alya acaba de llegar...
--Ya, pero, ¿qué hacíais vosotros dos en ese baño? --les señaló, acusador.
--Es que le he pedido a Marinette que salga conmigo, pero como has estado denostando alegremente mis habilidades como amante, me ha exigido poder comprobarlas personalmente antes de decirme que sí.
--¡Adrien! --lo amonestó Marinette, avergonzada tras la estruendosa carcajada de Nino.
--Bueno, ¿y ha pasado la prueba? --le preguntó a la chica, con lágrimas de risa en los ojos--. ¿O te han dado de repente unas ganas terribles de renegar de los hombres y pasarte al sushi?
--Ha estado muy bien, pedazo de cotilla. De hecho, me ha costado controlarme para que no me oyérais gemir desde la clase --optó por seguirle el juego, sonriendo por la cara que puso el chico tras sus palabras.
Adrien se acercó al oído de su amigo:
--Y no se te ocurra ponerte a imaginar cochinadas sobre mi novia, que te conozco.
--¡Eh, pues dile que no me cuente esas cosas! --protestó él.
--Chica, estás que te sales --intervino Alya--: dejas al guitarrista del grupo de moda por un célebre modelo juvenil. ¡Ten cuidado, Adrien, o puede que pronto decida cambiarte por el héroe de París!
--¡Vaya! Contra eso sí que no podría competir --le guiñó un ojo a su chica, con gesto cómplice, y ella sonrió con dulzura en respuesta.
Marinette se dejó caer sobre el diván, agotada tras las intensas emociones del día. Tikki revoloteaba a su alrededor, parloteando incesantemente sobre lo que había ocurrido, y tranquilizándola de cara a las posibles consecuencias de la revelación de Chat noir.
Todavía riendo por las bromas de la kwami, se dispuso a enviarle un mensaje nocturno a Adrien.
Marinette SweetEyes: Q tal la tarde, cariño?
Adrien LoveOfMyLife: Echándote de menos
Adrien LoveOfMyLife: Q canción vas a enviarme hoy?
Marinette SweetEyes: Uy, esta vez lo tengo muy claro
Marinette SweetEyes: Holding out of a hero, Bonnie Tyler
I need a hero
I'm holding out for a hero 'til the end of the night
He's gotta be strong
And he's gotta be fast
And he's gotta be fresh from the fight...
Adrien LoveOfMyLife: De acuerdo, voy ahora mismo
Adrien LoveOfMyLife: Ah! Aquí está la mía para ti
Adrien LoveOfMyLife: I'm too sexy, Rigth said Fred
Marinette soltó una carcajada, sin saber muy bien si tomarse la amenaza en serio. Puso la música a todo volumen, y todavía estaba bailando por su cuarto al ritmo desenfadado de la canción cuando escuchó unos golpecitos en la trampilla, y se acercó a abrir, riendo.
--¡No me lo puedo creer! ¿Has venido de verdad?
--Si mi princesa necesita un héroe antes del final de la noche, ¿cómo voy yo a negárselo?
La hizo girar al ritmo de la música, bailando con ella, juguetón, aprovechando para hacerle cosquillas y para robarle algún que otro beso. Ella intentaba escabullirse o devolverle las cosquillas, pero el chico siempre lograba ir un paso por delante de todos sus intentos.
--Venga, quítate el traje, que con tus habilidades de héroe tienes demasiada ventaja --se enfurruñó, harta de no poderlo alcanzar.
--Tus deseos son órdenes; pero pienso seguir ganándote, cariño. ¡Garras fuera! --el resplandor verdoso no tardó en rodearlo.
--¡Ajá! Ya eres mío --fue a por él, dispuesta a vengarse.
--Pues claro que lo soy, preciosa --la atrapó en un dulce abrazo, y la besó hasta que perdieron la noción del tiempo--. ¿Ves? Hasta sin poderes soy capaz de hacerte olvidar tus malvadas intenciones cosquilleadoras --rio, satisfecho.
Ella se encogió de hombros, divertida, relajada, feliz. Le parecía imposible poder estar así con él, después de tanto tiempo conformándose con insinuaciones y dudas. Ahora podrían ser una pareja normal, y hacer las cosas que las parejas hacían juntos. Aparte de las cosas que los héroes debían hacer juntos, por supuesto; pero eso aún no se lo quería confesar, hasta estar segura de cómo gestionarlo.
--Y, aparte de torturarme con tus jueguecitos, ¿qué te apetecería hacer? --preguntó Marinette--. Teniendo en cuenta que están mis padres abajo, ¿eh? --se apresuró a aclarar, al ver la respuesta brillar en su mirada.
--Vaya, si es así... ¿Ver una peli, quizás? La princesa prometida estaría bien.
--Será perfecto --asintió ella, buscando el archivo en su ordenador portátil.
--¡Marinette! Es tarde; ¿ya estás en la cama? --se escuchó la voz de Sabine.
--¡Enseguida me acuesto, mamá!
--Prometo no mirar mientras te pones el pijama --susurró Adrien.
--No seas tonto... Claro que puedes mirar, si prometes estarte quieto y portarte bien --sonrió con coquetería.
Se desnudó lenta y sensualmente ante sus ojos, que la recorrieron de arriba abajo una y otra vez, y se puso un pijama corto y ajustado antes de recostarse a su lado.
--Buen chico.
--¿Puedo tocarte ya? --suplicó Adrien.
--No sé a qué estás esperando... Solo recuerda que no vale hacer ruido.
Se entregaron a un intenso juego de besos y caricias con la película arrullándolos de fondo, concentrados en no subir demasiado la voz.
--Hummm... estaba recordando cómo gemías la otra noche... tu postura en el diván, tus preciosas medias negras...
--Hablando de eso, te recuerdo que me debes unas braguitas nuevas --se cruzó de brazos.
--De acuerdo; te regalaré unas cuantas, para poder romperlas luego una a una --le prometió él, con una sonrisa lobuna.
--Menos mal que al menos mis medias terminaron intactas.
--Sí, ¡gracias a las mariquitas mágicas, que hicieron bien su labor!
--Es genial que puedan reparar todo, y volver a poner cada cosa en su lugar --suspiró--. Voy a estar muy preocupada cada vez que tengas que luchar contra un villano.
Marinette se percató de que los dedos de Adrien, que hasta entonces habían estado acariciando su espalda, se habían detenido de golpe. Buscó sus ojos, y vio en ellos una mirada pensativa, difícil de interpretar.
--¿Qué ocurre, cielo?
--¿Por qué aquella noche, cuando fui a buscarte, estabas donde te dejé?
--¿A qué te refieres?
--Cuando derrotamos a Black painter, regresé a buscarte a Notre Dame, y allí estabas.
--Estaba en aquel pasillo tan alto, en ropa interior. ¿Dónde querías que me fuese?
--A tu casa. Cuando la magia de Ladybug reparó tu habitación, tú tendrías que haber aparecido de nuevo allí, donde el villano te atacó. ¿Por qué no fue así, Marinette?
--No lo sé --farfulló ella, indecisa--. ¿Tal vez las mariquitas se olvidaron de recogerme?
Buscó en el interior de sus ojos verdes. Al concentrarse, le pareció percibir tras ellos el movimiento de los engranajes de su cerebro mientras el chico iba atando cabos, y la música que hacían al encajar por fin. O, a lo mejor, eran solo imaginaciones suyas. No se habían dado cuenta en aquel momento del detalle que había levantado la liebre, pero Adrien tenía razón, y no parecía dispuesto a dejar pasar el tema sin más. ¿Era mejor seguir disimulando y negarlo todo? ¿O debería rendirse al fin a la evidencia de que la había pillado?
--Tú... ni siquiera estabas preocupada durante la pelea, como sueles estarlo cuando hay algún civil implicado --continuó él--. Cuando el villano amenazó con hacer saltar Notre Dame, conservaste tu temple, y solo dijiste: me juego lo que quieras a que ella no está allí. Apostabas sobre seguro, ¿no es así? ¿Qué tienes que decir a eso... Milady?
--Que, como diría Vizzini, lo que insinúas es, simplemente, inconcebible --señaló con un gesto la pantalla del ordenador.
--Pues si el hombre de negro consiguió vencerlo a pesar de todo, yo no pienso cejar hasta que tú confieses la verdad.
--¿Vas a seguir insistiendo? ¿Y qué quieres que te diga, gatito? ¿Que por supuesto que habría ganado esa apuesta?
--No me lo puedo creer. No me lo puedo creer... ¡No me lo puedo creer! ¡Eres tú! --repitió él, asombrado.
Ella se cubrió la cara con las manos, y respiró profundamente antes de volver a enfrentarse a él.
--¿Estás enfadado? ¡Se supone que nuestras identidades eran un secreto! Solo necesitaba encontrar la manera adecuada de decírtelo, ¡de verdad!
Su expresión de asombro se transformó enseguida en una enorme sonrisa de felicidad.
--No estoy enfadado, bichito. ¡Estoy encantado! Esto es mejor de lo que jamás hubiera podido soñar; es, simplemente magnífico. ¿No te das cuenta? ¡Podemos salir juntos, podemos luchar juntos, podemos compartirlo todo!
--Mi gatito tonto. Te quiero tanto... --se relajó ella por fin.
--Y... ya que estamos siendo sinceros, ¿puedo preguntarte por qué me rechazaste tantas veces?
--No me lo recuerdes... ¡No quería enamorarme de Chat noir porque ya lo estaba de Adrien! Y tú también me rechazaste aquella vez, cuando mi padre te invitó a desayunar.
--Exacto. A pesar de tus innegables encantos, me mantuve fiel a tu alter ego. Y, hablando de eso, ¿cómo te las arreglaste para aparecer y rescatarte a ti misma?
--Primero liberé al akuma, y luego recuperé mis poderes.
Él recorrió su rostro, pensativo, mirándola con adoración.
--Tenemos tantas, tantas cosas de las que hablar... Pero la más importante es esta: ¿has pensado que los dos nos enamoramos dos veces, de cada una de nuestas dos mitades? O al menos yo, que tú de mi versión heroica solo te aprovechaste sexualmente.
--Qué tonto eres --amagó con propinarle un suave puñetazo en el hombro.
--¡Eh, no hay problema! Sabes que me presto encantado cuando quieras a que te aproveches de mí.
--Venga, pues mímame un poco antes de dormir...
--¡Marinette! --interrumpió Tikki--. Tu madre está subiendo a darte las buenas noches. ¡Mejor será que tu Romeo se esconda bajo la cama, y rápido!
--¡Vamos, Adrien! --le instó Marinette--. Por cierto, ella es Tikki, mi kwami. Me da los poderes de Ladybug --susurró, burlona, cuando estuvo bajo la cama.
--Muy graciosa, Milady. Encantado de conocerte, Tikki.
La chica se metió en la cama a tiempo para dar las buenas noches a su madre con su expresión más inocente.
--¿Qué estás viendo, cielo? ¿La princesa prometida? Me encanta esa película: «Me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, ¡prepárate a morir!», ¡Qué escena más épica! Aunque mi favorita sigue siendo la pelea con las espadas, cuando Westley dice lo de «yo tampoco soy zurdo».
--Y la mía cuando Buttercup empuja al misterioso hombre de negro colina abajo, y él grita: «¡Como desees!» --bostezó con expresión soñolienta.
--Duerme bien, Marinette.
En cuanto Sabine cerró la trampilla para bajar por las escaleras, Adrien asomó de debajo de la cama.
--Bien, menos mal que a mí no me empujaste tejado abajo, aunque fuera vestido de negro...
--Y no supiera que eras tú --concluyó ella--. ¿Qué tal se está debajo de mi cama, mi dulce Westley?
--No está mal, pero prefiero encima, si me dejas elegir.
--Anda, ven a mi lado.
--Me cae bien tu madre, ¿sabes? Es una suerte que mi futura suegra sea tan encantadora.
--¿Futura suegra? ¿No vas un poco rápido? --rio Marinette.
--Entonces mejor no te hablo de los hijos que quiero tener contigo, ni del nombre que le pondremos al hámster...
--Y... ¿qué crees que pensará tu padre de mí? --preguntó ella, preocupada.
--Te adorará, ya lo verás. Ya tiene buena opinión de ti, y tu dulzura y tu talento terminarán de conquistarlo. Por cierto... quiere que cenes con nosotros la semana que viene. Nathalie también estará. Le debo mucho, ¿sabes?; fue ella la que intercedió ante mi padre para que dejase de anteponer sus negocios, y sus miedos, a nuestra felicidad.
--Me alegro mucho de que lo consiguiera. ¡Le llevaré un buen surtido de macarons!
--Además... --bajó la voz, como si compartiese una confidencia-- ¡Creo que están juntos! Se miran como tontos cuando piensan que no les veo, y la he pillado saliendo de la habitación de mi padre en alguna ocasión. ¡Incluso sonríen a veces!
--Me alegro mucho por ellos, Adrien, de verdad. Y también por ti.
--Vaya, creo que escucho a tu padre roncar; ¿crees que será un buen momento para hacer un poquitín de ruido también nosotros?
--Ven aquí, mi gatito insaciable.
Alya y Nino sonrieron encantados, más que satisfechos por el curso que había tomado al final la relación entre sus mejores amigos, al ver el enlace que Adrien había enviado al grupo común. En el cabecero de la noticia, había una fotografía de la pareja en la que aparecían cariñosamente abrazados, con expresión de felicidad.
«Malas noticias para las fans de Adrien Agreste»
Tras su reciente ruptura con Kagami Tsurugi, el modelo no ha tardado demasiado tiempo en encontrar quien reconforte su corazón. Fiel a sus gustos, su nueva pareja también es una chica de cabello oscuro y ascendencia asiática.
Se trata de Marinette Dupain-Cheng, una joven aspirante a diseñadora cuya creatividad y buen hacer ya han tenido reconocimiento público a pesar de su corta edad. Sin ir más lejos, resultó vencedora en el concurso de talentos que organizó el propio Gabriel Agreste el pasado año, y también ha trabajado para personalidades tan importantes como el célebre rockero Jagged Stone.
Ya se había especulado anteriormente con la posibilidad de un noviazgo entre los dos jóvenes, tras unas fotografías publicadas por los fans de Agreste en las redes sociales en las que se les veía juntos en un parque, el cine o el metro. Aunque en aquel momento salieron del paso afirmando que solo eran amigos, con el tiempo esta relación ha llegado a convertirse en una realidad.
«Ambos estamos muy felices e ilusionados» declaró el modelo. «Queremos agradeceros vuestro interés, y también pediros el mayor respeto posible a nuestra intimidad; sabéis de sobra que no soy partidario de airear mi vida privada, y Marinette no pertenece al mundo de la farándula, así que estoy convencido de que sabréis ser comprensivos con nuestra decisión.
Además, puedo garantizaros que no habrá novedades en largo tiempo: estoy seguro que en ella he encontrado a mi compañera en esta vida, y mi deseo es que pasemos juntos el resto de nuestros días, hasta que os aburráis de vernos juntos.»
Desde esta redacción queremos expresar nuestra enhorabuena a esta bonita pareja, garantizarles que respetaremos su intimidad tal y como nos piden, y decirles que esperamos que el próximo reportaje que les dediquemos sea ya dentro de algunos años, con la exclusiva del nacimiento de su primer retoño. ¡Disfrutad de vuestro amor!
La noticia se propagó como la pólvora, y pronto el vestíbulo del instituto se convirtió en un hervidero de risas y comentarios, del que solo Chloe permanecía apartada, exclamando a cada rato «altamente ridículo» para quien la quisiera escuchar.
--¡Hacen una pareja precioooosa! --se emocionó Rose, aplaudiendo entusiasmada.
--Bueno, sí; me gustaba más la idea de que saliera con mi hermano, pero reconozco que se les ve bien juntos --admitió Juleka.
--¡Son tan monos! --exclamó Mylene, abrazada a Iván.
--Calculo que tienen un 98,3 % de compatibilidad, así que las probabilidades de éxito son elevadas --resonó la voz metálica de Markov.
--¿Tan alta? --se extrañó Max--. No me parecía que tuviesen tantas cosas en común.
--Recuerda que yo manejo datos que pasan desapercibidos para los humanos --afirmó el robot, muy seguro.
Todos se acercaron a la puerta cuando entraron Adrien y Marinette, sonrientes, sonrojados y sin soltarse de la mano un instante, para felicitar a la pareja, hasta que la señorita Mendeleiev tuvo que salir del aula, hecha una furia, para recordarles que la clase estaba a punto de empezar.
Nino se acercó a Adrien en cuanto este se sentó junto a él:
--Por cierto, bro; ¿de verdad que no sabías que hay cámaras instaladas en la zona de lavabos?
--¿Quééé? Esto tiene que ser una broma. ¡Por favor, Nino, dime que es una broma!
El moreno se carcajeó un buen rato antes de responder.
--Claro que es broma, colega. ¡Pero deberías ver la cara que has puesto!
--No me puedo creer que todo vaya a terminar al fin --musitó Ladybug--. ¿Crees que es posible? ¿O habrá truco? ¿Será una trampa?
--Por ahora todo está donde dijo que estaría --Chat noir se encogió de hombros--. ¿Abrimos la caja?
--De acuerdo --ambos contuvieron la respiración mientras la heroína retiraba la tapa.
Lepidóptero se había puesto en contacto con ellos aquella misma tarde, por un curioso procedimiento: la mensajera había sido una mujer desconocida, a la que había akumatizado para hacerles llegar una nota, mecanografiada en un elegante papel de alto gramaje con la marca de agua de una mariposa. En ella, el villano les expresaba su intención de entregar los dos prodigios que estaban en su poder, y les pedía disculpas a ellos y a la ciudad entera por su proceder pasado.
«Aunque no sirva de excusa, puedo asegurar que el motivo que me ha guiado siempre fue el amor, no la ambición o el ánimo de hacer daño. Sin embargo, ahora entiendo que hubo un momento en el que extravié mi camino, y que ha llegado el momento de retomarlo para poder avanzar, antes de que acabe por perder el resto del amor que me rodea, al que lamentablemente había llegado a darle la espalda.
Reitero mis disculpas; espero que tanto vosotros, como París, valoréis este gesto y sepáis perdonar a un hombre que llevaba demasiado tiempo sumido en la desesperación.»
Ladybug y Chat noir se inclinaron a la vez para comprobar qué les esperaba dentro de la cajita, ahora abierta, y ambos soltaron una exclamación al notar el cosquilleo típico que provocaban los residuos de la magia, así como el tenue parpadeo asociado a las anomalías espacio-temporales que esta podía provocar.
En lugar de los prodigios prometidos, estaba estampada la firma de Grafitempo, grafiteada en colores brillantes, y una nueva nota, esta vez en un papel cuadriculado arrancado de una libreta y manuscrita en bolígrafo azul:
«Me alegra haber llegado a tiempo en esta ocasión para hacerme con los prodigios de la mariposa y el pavo real. Preparáos, pequeños aprendices de héroes, porque os aseguro que el Lepidóptero del futuro jamás habría cometido tal burdo error, y menos sabiendo que estaba en nuestro punto de mira. Volveremos a encontrarnos...»
FIN
Y aquí termina esta historia de sentimientos enredados, canciones y caricias. ¡Espero que les haya gustado!
Nos leemos pronto,
Butercup
