Capítulo 4: No solo una guerrera. La decisión de Bibiana.
Sentada en una de las sillas del final de su clase, Bibiana miraba algo cansada por la ventana. Las clases por la tarde siempre la cansaban un poco pero era mucho mejor que tenerlas por la mañana. Al fin y al cabo necesitaba el trabajo en la biblioteca para mantenerse. La voz monótona de su profesor hacía que sus parpados se volviesen cada vez más pesados pero se esforzó todo lo que pudo por no quedarse dormida. Últimamente apenas tenía tiempo para descansar. Ni Marla ni Shai contestaban a sus intentos de contacto por lo que se pasaba gran parte de las noches en vela preocupada. Y según las ojeras de Jack a él le ocurría lo mismo. Incluso Sylvia estaba siendo más dulce con él. Las sillas empezaron a chirriar conforme sus compañeros se levantaban para marcharse a casa. Bibiana recogió sus cosas y se despidió de su grupo de amigos. A pesar de lo que la gente pensaba, Bibiana era bastante popular en la universidad, siendo una de las alumnas más prometedoras de la carrera de ciencias políticas. Casi toda su clase le tenía bastante aprecio y Bibiana tenía un pequeño grupo de amigos con los que siempre se sentaba. Antes de salir de clase, su profesor le llamó la atención un momento para poder hablar con ella en privado.
- Señorita Marin. – Bibiana se sentó frente a él. – He notado que últimamente está muy despistada en clase y me preguntaba si hay algo que le preocupase. No es normal que no participe en los debates de la clase.
- Agradezco su preocupación pero no hay nada de lo que preocuparse. – sonrió la chica.
- No se ofenda señorita Marin, pero me cuesta bastante creerla. – Bibiana se mordió el labio inferior y dudo un poco.
- Lo cierto es que estos días estoy pasando por ciertas dudas.
- ¿Puedo saber de qué se tratan? Quizás pueda ayudarla.
- Me temo que si se lo digo su opinión no será muy parcial. – rio. – Últimamente estoy pensando en dejar mis estudios.
- ¿Dejar sus estudios? – el profesor se sorprendió. – Disculpa mi curiosidad pero porque motivo pensaría una alumna tan brillante como usted dejar los estudios.
- No dejarlos para siempre pero… quizás darles un tiempo. – Bibiana suspiró. – Hace poco ha surgido una especie de problema. Ahora mis amigas y yo tenemos que solucionarlo pero… no puedo evitar pensar que se podría haber evitado si yo hubiese dejado atrás mis deseos y hubiese seguido mi deber.
- ¿Su deber?
- Sí… se trata de una especie de trabajo que tenía antes. – trató de explicar. – Algo ocurrió y me marche pero… quizás después debería haber vuelto.
- Comprendo. – asintió el profesor. – Como comprenderá me veo obligado a insistirle que no deje sus estudios, es usted una de las mejores alumnas que he tenido en toda mi vida. – el hombre suspiró. – Dicho esto, también entiendo que algunas veces es imposible escapar del deber. Mi consejo es que se dé un tiempo para pensarlo. Haga lo que usted de verdad desea hacer, sin hacer caso a deberes, y siga su corazón sin importar que le diga. – sonrió. – Usted tiene una buena intuición, estoy seguro de que le guiará por el buen camino.
- Muchas gracias señor.
Bibiana estrechó la mano del profesor un tanto aliviada por su ayuda y se marchó hacia su apartamento. Durante el camino pensó un buen rato sobre lo que le había dicho el profesor. Si bien era cierto que sus palabras eran muy alentadoras, Bibiana todavía no estaba del todo seguro. Al fin y al cabo, si tras derrotar a Reflecta hubiese vuelto con Marla al Castillo Celestial, quizás esto no estaría ocurriendo. Y por lo menos podría haber protegido a Marla. Un escalofrió le recorrió la espalda. El no poder contactar con la pequeña le impedía dormir todas las noches. Su consciencia no paraba de repetirle que todo aquello era su culpa. Se había centrado en sus propios deseos en vez de retornar a su deber de guardiana del castillo como debería haber hecho. Pero como no olvidar tal deber tan pesado cuando lo estaba pasando tan bien allí. Las discusiones sobre libros con Sylvia, escuchar los consejos de Clara, oír la risa cantarina de Elyon, hablar con Doggy sobre el castillo, pensar con Keyla formas de hacer que Marla aprendiese mejor, ayudar a Vlady con las costumbres del día a día, debatir con Jack los errores del pasado… No podía negarlo, aquellos pocos años con todos ellos habían sido mucho más divertidos que sus múltiples años como guardiana del Castillo Celestial. Pero eso no significa que pudiese darle la espalda al mundo sin más. Con estos pensamientos llego a su apartamento y se tumbó en la cama muy cansada.
Al día siguiente se despertó con un extraño mal humor. Normalmente le gustaba levantarse temprano para poder disfrutar del día pero aquella mañana le había costado levantarse más de lo normal. Con los ánimos un tanto por los suelos, Bibiana se dirigió al instituto para trabajar en la biblioteca. Como siempre, la compañera que la sustituía por las tardes había vuelto a dejar los libros por todos los lados sin ningún orden. Suspiró un tanto enfadada y comenzó a recoger los libros por todos lados mientras los colocaba en su sitio. Se sorprendió entonces cuando volvió y vio que un montón había desaparecido. Escuchó entonces a alguien murmurar una canción y descubrió a Sylvia un par de estanterías más allá colocando los libros en orden.
- Hola Bibí. – le sonrió. – He visto que tenías algo de trabajo hoy y he decidido ayudarte.
- Gracias Sylvia pero deberías aprovechar tu descanso. – dijo cogiendo los libros de las manos de la chica. – Y el nombre es Bibiana. – Sylvia se quedó mirándola un buen rato.
- ¿Ocurre algo?
- No ¿Por qué lo dices? – le preguntó un tanto extrañada.
- No sé, - se encogió de hombros. – simplemente tienes una expresión extraña. Como si te preocupase algo.
Bibiana no pudo evitar una leve sonrisa tierna al oír esto. Revolvió el pelo de Sylvia como lo haría una hermana mayor. Apenas podía creer que esa era la misma niña que había encontrado sollozando en un rincón de la biblioteca apenas unos años después de perder sus poderes. Bibiana jamás se lo había contado a Sylvia, pero fue en ese momento cuando decidió aprovechar su vida en esa desconocida ciudad y empezó a pensar en un futuro allí.
- Tierra llamando a Bibí. – Sylvia zarandeó la mano frente a la mujer para llamar la atención.
- Lo siento, estaba pensando en otras cosas.
- ¿Significa eso que vas a ignorar mi pregunta? – le preguntó escéptica levantando una ceja.
- No es nada importante. – Bibiana se giró y siguió organizando los libros.
- No te creo. – Sylvia apareció frente a ella. – Ni siquiera has corregido tu nombre. – le dijo. – No importa si no me lo dices, sabes que soy a la primera a la que le cuesta compartir sus problemas pero… ya sabes dónde estoy si necesitas cualquier cosa.
- Te lo agradezco pero es algo que tengo que pensar por mí misma.
La chica asintió comprendiendo a lo que se refería Bibiana. La mujer volvió a su trabajo mientras el timbre sonaba avisando a Sylvia que debía de volver a clase. La chica suspiró y se marchó, no sin antes lanzar una mirada preocupada a Bibiana. Por la tarde, Sylvia estaba tomando un helado con Jack sin prestarle demasiada atención. Mientras el chico hablaba sobre alguna trivialidad, Sylvia se dedicaba a mordisquear su cuchara ensimismada en sus pensamientos.
- Sabes preciosa, normalmente cuando se habla con una persona, uno espera una respuesta. – se burló el chico.
- Lo siento. – se disculpó dándose cuenta de que estaba ignorándolo. – Tan solo estoy un poco preocupada por Bibiana. Y deja de llamarme preciosa.
- Cuando los sapos sepan cantar una sonata. – Jack esquivó la cuchara le lanzó Sylvia. – No debería preocuparte por ella, Bibiana ya sabe solucionar sus problemas solita.
- Eso no significa que de vez en cuando no necesite ayuda. – arrugó la nariz.
- ¿Qué te parece esto? – propuso Jack levantando un dedo. – Que tal si vamos con los demás a hacerle una pequeña visita a la universidad.
Sylvia estuvo a punto de contestarle de forma mordaz hasta que se dio cuenta de que en realidad era una buena idea. Contactando rápidamente con las demás en apenas unos minutos estaban todas reunidas. Llegaron a la universidad y Sylvia las guio por las clases hasta encontrar la de Bibiana. Esta acababa de terminar y los alumnos salían de la clase. Las chicas esperaron pero al ver que Bibiana no salía, las chicas pegaron la oreja a la puerta escuchando la conversación.
- ¡¿Cómo que vas a dejar la carrera?! – las cuatro chicas cayeron en la clase asombrando tanto a Bibiana como al profesor mientras Jack las miraba desde atrás suspirando.
Bibiana imitó al chico y estaba a punto de explicarse cuando hubo un ligero temblor en el suelo. El profesor cayó desmayado en mitad de la clase mientras Doggy salía de su escondite alertando de una presencia maligna. Jack agarró a Keyla antes de que esta se cayera al suelo. Las cuatro chicas salieron corriendo a la plaza observando que los alumnos también se habían desmayado. Sobre la estatua del centro de la universidad se encontraba Scorpio absorbiendo energía de su alrededor. Al verlas, el hombre guardó el orbe de energía en su espalda mientras las chicas sacaban sus espejos para transformarse.
"¡El deslumbrar de la luna que disipa las sombras, Cure Moon!"
"¡El brillo del sol que combate el mal, Cure Sun!"
"¡La luz de las estrellas que destruye la oscuridad, Cure Star!"
"¡La rectitud de los planetas que predice el destino, Cure Planet!"
"¡Los cuatro pilares que controlan el equilibrio del Cosmos, Pretty Cure Cosmos!"
Scorpio entonces dibujó su símbolo en el aire y con el grito de "Levántate Orbisodi" invocó uno de los monstruos a través de la estatua de la universidad, quien ahora además de representar una diosa del conocimiento, contaba con una cola de escorpión. La estatua rugió y lanzó una estocada de su espada contra ellas. Las chicas la esquivaron mientras la estatua comenzaba a lanzar golpes por todos lados.
- Necesitamos quitarle esta espada. – planteó Sun al comprobar que no podía acercarse.
- Lo que necesitamos es hablar seriamente con alguien – dijo Moon visiblemente enfadada mirando a Planet.
- Ahora no es el momento Moon. – interrumpió Star.
En ese momento la estatua volvía a lanzar una estocada contra ellas. Planet entonces se adelantó y saltó sobre la espada. Apoyándose en el borde, saltó para golpear al monstruo en la barbilla. El monstruo retrocedió pero se recuperó rápidamente y cargó un puño contra Planet. La guerrera puso sus antebrazos para defenderse cuando notó una fuerza que la empujaba. Moon la había empujado en el aire recibiendo el golpe en su lugar. Preocupada, Planet fue hacia ella mientras el monstruo la perseguía.
- ¡No te lo permitiremos! – desde un tejado, Sun y Star lanzaron una patada doble que consiguió hacer caer al monstruo.
- Moon ¿te encuentras bien? – Planet se acercó a ella. - ¿Por qué has hecho algo tan estúpido?
- Por la misma razón por la que tú estás pensando en dejar tu vida humana. – le recriminó mientras se quitaba el polvo del traje. – Porque quiero proteger a la gente que me importa.
- Moon escucha…
- ¡No! Escucha tú. Yo no soy como Sun, no se dar buenos consejos y eso de escuchar no se me da muy bien que digamos. Pero si algo sé es de errores. Y lo que estás pensando es un error grandísimo. Lo que está ocurriendo, todo esto, - hizo un gesto señalando a Scorpio y al Orbisodi. – nada de esto es culpa tuya. Es culpa de esos villanos por aparecer y de nadie más. Sé que estás preocupada por Marla pero sacrificar un futuro tan brillante como el que puedes tener es tirar los esfuerzos de todos por la basura. Y no solo por nosotros sino por ti. Te has esforzado más que nadie para llegar a dónde estás ¿De verdad vas a ser tan hipócrita y cometer el mismo error que estuve a punto de hacer yo hace unos días?
Planet miró a Moon con la boca abierta mientras la chica seguía hablando sin parar. De repente, empezó a reírse sin poder controlarse.
- Tienes toda la razón del mundo. – coincidió Planet. – Aunque todavía no sé qué camino debo elegir, creo que de momento debería disfrutar de lo que tengo. Cuando todo esto termine, tomaré una decisión, mientras tanto, sé que tengo a mis compañeras para apoyarme.
Moon sonrió mientras Sun y Star se reunían con ellas. Planet asintió con la cabeza agradeciéndoles su ayuda mientras el monstruo comenzaba a levantarse.
"Que nuestra unión restaure la perturbación del orden… ¡Pretty Cure Cosmic Bond!"
El ataque cayó sobre la estatua que intentó defenderse con su espada, pero tras un leve forcejeo, esta se partió en mil pedazos, destruyendo al monstruo. Scorpio frunció un ceño y se despidió llevándose el orbe con él. Los alumnos se fueron levantando poco a poco todavía un poco mareados. Bibiana se apresuró hacia la clase para ayudar a su profesor mientras se despedía de las chicas. Mientras hablaba con el profesor diciendo que de momento seguiría con las clases, no pudo evitar mirar por la ventana para observar a sus amigas encaminarse a la salida de la universidad. Jamás lo admitiría que aquel día no solo se sentía muy orgullosa de Sylvia y las demás, sino también de sí misma por haber encontrado compañeras tan leales.
Próximo mes: Capítulo 5: Llamada al Castillo Celestial ¡Vayamos a investigar!
