El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.
Capítulo 4
De las tradiciones pasadas
La vida en Hogwarts no era nada más que interesante. En dos meses ella había pasado de ser la «Mandona sabelotodo rara» de la escuela a, bueno, solamente «Mandona sabelotodo». Pero ahora tenía amigos. Dos muy buenos amigos. Ron se había disculpado, un poco avergonzado y Harry, bueno en contra de Harry solamente tenía su predilección por ir en contra de las reglas. Pero tal vez eso no era malo, él salvó su vida al desobedecer las reglas. Pobre Harry, después de aquella experiencia penosa con su padre, había tenido una sesión de abrazos y regaños similar con su tío en medio del gran Comedor. Al menos sus padres no estaban ahí. Ron también tuvo un fuerte regaño por parte de su madre, pero al menos ella lo hizo en privado.
Pero había una cosa que les molestaba, a ella y a sus amigos. Aquella trampilla bajo el perro de tres cabezas. Harry le contó sobre el paquete que él había visto tomar a Hagrid en Gringotts el día de su cumpleaños. Aparentemente ellos se encontraron ahí y compartieron un carro. Ese mismo día hubo un robo ahí. Ron insistió que fuese lo que fuera, el profesor Snape estaba tras de ello. Harry no estuvo de acuerdo y Hermione supuso que Harry debía conocerlo bien, aunque pensando en la forma en que se veía que Snape odiaba a Harry, no pudo culpar el razonamiento de Ron.
Pero había otras cosas que venían con su nueva amistad. Justo como lo que estaba pasando. Corriendo hacia Ron sosteniendo el frasco con el fuego que acababa de poner en la ropa de Snape, estaba tan concentrada en lo que hacía que incluso derribó a algunos profesores, incluidos Quirrell, Black y Lupin.
Llegando a donde estaba Ron, pudo ver a Harry atrapar la Snitch, bueno, casi se la tragó, pero lo importante es que aterrizó a salvo y Gryffindor ganó. Ella y Ron corrieron hacia él, pero los profesores Black y Lupin llegaron antes y otra sesión pública de abrazos tuvo lugar. ¡Pobre Harry! Los profesores Black y Lupin era jóvenes, treinta años, o algo así, ellos no deberían de haber olvidado aún cómo avergonzar a un chico de once años. Harry se estaba sonrojando furiosamente y trataba de escapar del agarre de sus guardianes. Cuando lo logró, tomo a Ron y Hermione y los llevo a la cabaña de Hagrid, donde encontraron leche de chocolate y pastel, los cuales Harry y Ron rechazaron y ella pensó que eso era lo mejor.
—Entonces Harry, ¿Qué ocurrió con tu escoba? — Preguntó Hagrid.
—No lo…— Empezó a responder Harry, pero fue interrumpido por un enfadado Ron.
—¡Snape la encantó!
Harry realmente tuvo que intentar no reírse.
—¿Qué? — Preguntó él.
—Sí, él lo hizo— Declaró Hermione—. He leído sobre maleficios. Tienes que mantener contacto visual y él no estaba parpadeando, cuando incendié su túnica la escoba dejo de sacudirse.
—¿Tú hiciste QUÉ? — Oh, tío Sev no estaría feliz. Su padre, por otro lado, estaría contento por un mes.
—Incendié su túnica para distraerlo— Dijo ella casualmente.
—¿Por qué querría el profesor Snape herir a Harry? — Preguntó Hagrid.
—Porque lo odia y Harry sabe que está tras eso que está oculto bajo el perro de tres cabezas— Dijo Ron.
—¿Cómo se enteraron de Fluffy? —Preguntó Hagrid preocupado.
—¿Fluffy? ¿Ese es Fluffy? ¿El cachorro que conseguiste el año pasado? — Dijo Harry perplejo.
—Sí, dulce cachorro— Musitó Hagrid afectuosamente. Los niños lo miraban como si él tuviera tres cabezas—. Ustedes tres dejarán tranquilo a Fluffy y lo que sea que guarda— Dijo severamente—. Ese es un asunto del profesor Dumbledore y Nicolás Flamel.
—¿Quién…? ¡Ouch! — Ron estaba mirando a Harry mientras sobaba su muslo.
—Está bien Hagrid. No buscaremos nada. Debemos irnos. Adiós adiós— Dijo Hagrid apresurando a sus amigos hacia la puerta.
—Oh sí— Dijo Hermione y empezó a empujar a Ron—. Tenemos mucha tarea que hacer.
—Pero no quiero hacer tarea— Protestó Ron mientras era empujado.
Cuando estuvieron fuera de alcance, Hermione se dirigió a Harry—. ¿Qué es lo que sabes?
—Nicolás Flamel es un viejo amigo de Dumbledore. Trabajaron juntos en los doce usos de la sangre de dragón. También es famoso por algo, pero no recuerdo por qué.
—Está bien, lo encontraré— Dijo Hermione.
—No Hermione, prometí a papá que no buscaría…
—Y no lo harás, yo lo haré.
Ron la miró orgulloso—. Nuestra Hermione está aprendiendo rápido—. Dijo limpiándose una lágrima falsa.
Realmente estaba de mal humor. No había pruebas suficientes. Bufó. ¿Qué estaba esperando?
Un suave golpe sonó en la puerta y él indicó que entrasen. La puerta se abrió y cerró. Una mirada verde de disculpa se dirigía hacia él.
—¿Estás bien tío Sev?
—Sí, tu amiga no pudo quemarme mucho— Gruñó.
—Ella solo quería ayudar. Y pensó que estabas maldiciendo mi escoba.
—Para tu información, estaba recitando el contra maleficio. Pero supongo que es lo que obtengo por ser un buen actor— Dijo dramáticamente.
Harry rio y se sentó en la silla junto a la de Severus—. Papá piensa que Quirrell estaba maldiciendo mi escoba. Me dijo que no esté sólo con él.
—Y tiene razón. Si yo soy un buen actor, ese hombre es aún mejor. Ha engañado a todos.
—¿Por qué lo hizo?
—No estoy seguro, pero no me gustan las ideas que tengo.
—¿Crees que es un Mortífago?
—Es muy joven para serlo. Aún estaba en el colegio cuando el señor oscuro cayó. Pero nunca se sabe. De lo que estoy seguro es de que alguien intentó tirarte de la escoba y tuve un mal tiempo manteniéndote en ella, aun cuando tu padre y Remus estaban recitando el conjuro también. Un estudiante no podría hacerlo y Quirrell es mi único sospechoso.
Harry mordió sus labios preocupado.
Este año pasarían Navidad en Grimauld Place. Lo cual no le importaba a Harry dado que no podría volar de todas formas. Los Weasley irían a visitar a Charlie en Rumania y Ginny estaba inaguantable con su plática sobre ver a los dragones tan cerca. A Harry le habría gustado ver a un dragón de cerca, pero incluso si hubiera sido invitado no había forma de que su padre lo dejase ir.
Unos años atrás, los Weasley no habían podido costear el llevar a todos los niños, pero desde que la señora Weasley comenzó a trabajar la situación mejoró un poco. No mucho, Ron aún se quejaba de tener que usar la vieja varita de Charlie y de no tener una mascota. Eso siempre había sido un asunto delicado de Ron, su falta de dinero, mientras Harry era el heredero de dos de las más grandes fortunas del mundo mágico. Los Black, siendo el hijo adoptivo del jefe de la familia, y los Potter, la cual obtendría cuando cumpliera diecisiete años. Justo ahora su padre era el albacea. Usualmente era bastante generoso con el dinero que le daba a Harry, pero después de confabular con tío Lunático, su papá había llegado a la conclusión de que había sido muy indulgente con Harry y decidió quitarle el dinero hasta nuevo aviso. Así que, para comprar sus regalos de Navidad, Harry tenía que darle a su padre una lista de lo que quería comprar, y a tío Lunático le decía qué comprar para su padre, lo cual significaba que Sirius sabía que tanto gastaba en él dado que Lunático le pedía el dinero. Simplemente no sabía qué tendría como regalo. La semana anterior a las vacaciones ya tenía todo lo que quería. Su padre se burló de eso y dijo que se estaba convirtiendo en un segundo Lunático.
Pasó el domingo con su padre y tío. El tiempo se había ido volando y se encontró a sí mismo corriendo por pasadizos y atajos para llegar a la torre de Gryffindor antes del toque de queda. Cuando estaba pasando por una habitación para llegar de un corredor a otro, se encontró con un extraño espejo. No se habría detenido, pero vio a más de una persona en el reflejo de reojo. Retrocedió y se paró frente al espejo. Soltó un grito de sorpresa al reconocer a las personas. Junto a su reflejo, estaban mirándolo sus padres biológicos. Su madre con sus ojos verdes, su padre con su cabello alborotado. Junto a él, estaba su padre adoptivo riendo con un brazo alrededor de los brazos de James. Tío Lunático estaba a su lado también sonriendo y al otro lado de su madre estaba tío Sev, con la guardia baja como Harry lo había visto pocas veces, sonriendo como pocos sabían que podía. Junto a su mejor amiga, pero no escondiéndose, no usando nombres para llamarlos en frente de todos para guardar las apariencias. Así habrían sido, serían, hubieran sido en un mundo sin Voldemort. Harry no sabía cuánto tiempo llevaba ahí parado viendo a James alborotar su cabello, a Lily abrazarlo. Cuánto tiempo miró a Cornamenta, Lunático y Canuto bromear o a Lily y Sev sonriendo y charlando justo como había imaginado. Unas manos fuertes lo sujetaron y le dieron la vuelta, entonces se encontró con unos preocupados ojos cafés.
—Harry, ¿Estás bien?
Miró a su tío y luego al espejo. Ellos aún estaban ahí, excepto ahora había dos Remus y uno estaba intentando llamar su atención.
—Harry, regresa, solamente es una ilusión— Dijo pasando una mano frente a la cara del chico y girándolo hacia él.
—Todos están ahí. Somos felices, mis padres también y tú y papá, tío Sev no tiene que fingir— Dijo con voz perdida.
Remus sonrío con tristeza—. Es una ilusión Harry. El espejo de Oesed muestra tu más grande deseo. Nos estás viendo en un mundo que todos queremos, pero no es real. Solo es un sueño y un hombre sabio me dijo «No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir».
Harry asintió y tragó aire dolorosamente.
—Te llevaré a tu dormitorio y hablaré con Albus para sacar esto de aquí. Ron y Hermione se preocuparon cuando no llegaste después del toque de queda y alertaron a Sirius y Minerva. Te hemos estado buscando por un par de horas.
Harry asintió y salió con él, no sin antes lanzar una última mirada al espejo.
Harry se estiró en su cama y se levantó. No se quitó la pijama y bajo a la cocina para desayunar. Él adoraba desayunar en pijama, pero solo podía hacerlo ahí. Al pie de las escaleras saludó a su abuela.
—Hola abuela.
—Hola Harry, ¿Qué tal la escuela?
Su abuela era una mujer muy extraña. Siempre era educada y bien portada cuando él estaba en la casa, pero si su papá o tío Remus iban sin él, ella gritaba por horas. Su padre trató cada hechizo que sabía y un par de métodos muggles para quitar su retrato, pero no tuvo éxito.
—Bien, gracias. Llegamos ayer por traslador, pero estabas durmiendo— Para alivio de Sirius—. Papá tenía que ver a los Gryffindor partir dado que se tomaría las vacaciones y dejaría a Minnie lidiar con los demás.
—¿Y fuiste sorteado en?
—Gryffindor.
—Sin duda influencia de que ese bueno para nada de tu padre— Arrugó su nariz —. Vergüenza de mi carne. Espero que te hayas comportado como un noble Black debe.
—Sí, lo hice — No había necesidad de hablarle del troll, o del duelo.
—Bien, ahora vete. Necesitas alimentarte.
—Buenos días, madre — Se escuchó la voz de su padre desde arriba de las escaleras.
—Hummm —Murmuró ella y las cortinas a los lados del retrato se cerraron.
Sirius agitó su cabeza y sonrió a Harry. Él también estaba en pijama. Poniendo un brazo sobre los hombros de Harry y comenzando a avanzar a la cocina dijo —. Bien, ¿Qué clase de travesura y desastre causaremos hoy, joven Harry?
La mañana de navidad amaneció brillante y Canuto estaba trotando hacía la habitación de su amigo. Si había un día en el cual no le molestaba pararse temprano, era el día de navidad. Entró en la habitación y se abalanzó hacia la cama. Lamió la cara de la durmiente persona y salió corriendo antes de que el grito de Remus de «¡Ugh, Sirius!» terminara. Entonces procedió a hacer lo mismo en la habitación de su hijo y estaba trotando a través de los pasillos hacia la sala de estar cuando el grito de «¡PAPÁ!» terminó.
Impaciente, movió su cola mientras se sentaba junto al enorme árbol de navidad. Dos figuras malhumoradas aparecieron.
—Peor que un niño— Gruñó Remus—. Harry nunca fue así.
Canuto no se molestó. Se transformó y sentó entre su enojado amigo y su hijo que aún estaba rascando sus ojos con sueño.
—¡REGALOS! — Chilló y empezó a repartirlos.
—Sirius, ¿Ves a tu hijo gritando y saltando? — Preguntó Remus irónicamente.
—Eso es porque no aprecia las cosas buenas de la vida— Respondió Sirius.
—¿Qué? — Preguntó Harry cuyo cerebro aún estaba dormido, mientras mecánicamente rasgaba la envoltura de papel.
Sirius y Remus estaban mirando hipnotizados al objeto desenvuelto. De alguna forma, Sirius sabía que debería estar gruñendo, pero eso no evitó el flujo de recuerdos.
Harry finalmente despertó con la belleza de la capa y balbuceó—. Es… Ésta es…
—La capa de invisibilidad de tu padre— Dijo Sirius con voz ronca.
—Tuvimos muchas aventuras con esa capa. Te hemos contado todo sobre ellas, Harry— Dijo Remus sonriendo.
Harry tocó la capa cuidadosamente y antes de que se pusiera de pie y la probara, leyó la nota que traía y soltó una carcajada.
Cuando Harry estaba de pie, y todo lo que se podía ver de él era su cabeza, Remus tomó la nota y también rió. Sirius salió del trance de sus recuerdos sobre otro chico de once años con lentes y cabello desordenado corriendo por ahí sin cuerpo y tomó la nota de la mano de Remus:
Querido Harry,
Tu padre James dejó esto en mi poder antes de morir. Ya es tiempo de que te sea devuelto, incluso cuando Sirius habría querido que la tuvieras antes. Estuve bastante tentado en dejarlo correr por ahí como un niñito, pero ¡Ay de mí! Minerva me detuvo.
Utilízalo bien.
Feliz Navidad
Abuelo
—Creo que es algo que podemos decir que Minerva hizo bien— Dijo Sirius tratando de sonar solemne. Por las fuertes risas de los otros dos ocupantes de la sala, pensó que debió fallar miserablemente.
—Hummm…— Gruño Sirius— Voy a abrir mis regalos ahora— Y tomó uno con la letra de Harry. Siempre abría antes el de Harry que el de Remus, después cualquier otro que el profesorado y su prima hubiesen enviado. Arrancó el papel e inhaló profundamente. Frente a él había un marco de plata que tenía un ciervo, un lobo, un perro y un lirio tallados con varias versiones de James, Lily, Remus, él mismo y Harry. De reojo vio que Remus tenía un regalo similar.
—¿Les gustaron? — Preguntó Harry preocupado—. Son para sus oficinas. Noté que no tienen muchas fotos de la familia en ellas y decidí hacer un collage con algunas de sus años en Hogwarts y después de. Tuve que pedirle ayuda al abuelo para reunir los álbumes fotográficos y me enseñó a hacer las copias. Intenté bastante obtener solamente fotos de ustedes cuatro y no de, bueno, ya saben. ¿Está bien?
En un segundo Harry había sido atrapado por Remus y Sirius en un triple abrazo.
—Es perfecto— Susurró Remus y Sirius asintió sobre la cabeza de Harry.
—Pero, ¿Cómo los conseguiste? Nos diste tu lista, y este marco no estaba en ella. De hecho, recuerdo que el regalo de Lunático era un libro.
—Así es, y el de Sirius era una playera de los Chudley Cannons—Dijo Remus—. Oh, ese era el de Ron. Pensé que era raro que compraras una playera de los Cannons para Sirius, pero creí que seguías molesto por tu castigo.
—Ordené y pagué los marcos cuando me dejaron andar por el callejón Diagon con Hagrid. Tomó un rato para que estuvieran listos. Tuve que elegir un montón de fotos de sus años de Hogwarts. Pero tenía que poner algo en la lista así que agregué los regalos de cumpleaños de Ron y Hermione del próximo año— Dijo radiante y feliz de su propia astucia.
Se despertó tarde, sintiendo pavor de tener que reunirse con Albus y los demás alegres miembros del personal para el festín de Navidad. La única persona que él quería ver, se había marchado a Londres, e incluso si estuviera en el castillo tendría que mantener su fachada de odio. Aunque sabía que Harry hallaría una manera de escabullirse a sus cuarteles por un abrazo e intercambiar obsequios. Y hablando de regalos, los miró junto a su mesa de noche. Se estiró y acercó cautelosamente a ellos. Había cuatro regalos. Uno de Albus y Minerva por supuesto. Uno de Harry y uno que temía bastante. Nunca sabría por qué el lobo y el perro callejero insistían en darle un regalo. Siempre temía que explotara frente a él. Aunque nunca había pasado, Severus estaba seguro que lo estaban llevando a un estado de falsa seguridad. Los apuntó con su varita tratando de encontrar el de Harry y levitando el de los merodeadores lejos de él. Cuidadosamente desenvolvió el regalo de Harry y jadeó con sorpresa. En un hermoso cuadro de plata con figuras de calderos y hierbas talladas, encontró fotos suyas y de Lily en la escuela. Imágenes que pensó se habían perdido para siempre. Ahí estaba ella, sonriendo con él, discutiendo una poción. También encontró algunas fotos con Harry, ¿Y si alguien las descubría? También había una nota y sonrió después de leerla.
Querido tío Sev,
Encontré estas fotos en las cosas viejas de mamá. Mi abuelo me ayudó a hacerlas y a poner un hechizo de ocultamiento. Cualquiera que no sepa la verdad de nuestra relación, verá una copia de tu diploma de maestría de pociones. Incluso si alguien lo sospecha, pero no se lo decimos, no podrá ver estas fotos. Puedes tenerlas en tu cuarto en vez de en tu oficina si quieres. Solamente pensé que querrías algo para recordar a mamá.
Feliz Navidad.
Harry
Cuidadosamente puso el marco junto a su cama y lo miró fijamente. Perdiéndose entre las memorias de la hermosa bruja de su vecindario. Su primera verdadera amiga. Por un largo tiempo su única amiga, hasta que Harry apareció y le mostró que no tenía que estar sólo y triste todo el tiempo.
Harry y Sirius estaban montando en la motocicleta voladora del segundo. Irían a visitar a tía Andy y tío Ted para desearles una feliz Navidad, aunque el almuerzo había acabado ya. Los Tonks usualmente pasaban la Navidad con la familia de Ted y Sirius y Remus llegaban en la noche.
—Okey cachorro, veamos la lista. ¿Casco de seguridad encantado? — Preguntó Sirius.
Riendo, Harry respondió—. ¡Listo!
—¿Encantamiento de seguridad para menores de edad?
Harry trató de moverse en su asiento y sin poder hacerlo dijo—. ¡Listo!
¿Chamarra calientita y hechizos de temperatura para que Andy no me regañe por llevar al pobre niño durante este clima tan gélido en esta peligrosa maquinaria del infierno, listo?
—¡Listo!
—Muy bien, entonces podemos irnos— Dijo encendiendo el motor y abriendo la puerta de la cochera—. Oye cachorro, ¿Cuánto tiempo crees que Snape estará haciendo hechizos de detección y mirando sus regalos este año?
—No lo sé, el año pasado fue un mes entero.
—Tal vez rompamos un récord. Nunca pensé que la mejor manera de jugarle una broma a Snape, sería no hacer alguna— Sirius rió mientras se elevaban por los aires.
Continuará...
