Capítulo 7: El extraño comportamiento de Keyla ¡¿Qué?! ¿Qué está enamorada?

Elyon anotaba rápidamente los apuntes del temario que su profesor daba en esos momentos. Moviéndose de un lado al otro, el hombre anotaba varios temas y aspectos de la novela que podrían servir para el examen. Puso especial atención en que repetir una y otra vez la trama no iba a ganarles ningún punto. En su examen quería saber exactamente qué figuras literarias podían ver en el texto.

- Y sobre todo. – sonrió a la clase. – Quiero que me digáis que opináis. Quiero saber todos los sentimientos y emociones que os ha transmitido el autor.

La chica trató de no reírse al ver lo mucho que le recordaba ese profesor a Sylvia. Cuando su amiga se había enterado de que el señor White iba a darles clase, había pasado horas y horas lanzando cumplidos por su forma de enseñar hasta que Jack había empezado a refunfuñar por detrás. Aunque, por supuesto, Sylvia le había ignorado y había tenido que ser Elyon la que diese por zanjada la discusión. Neil White era un hombre joven de aspecto bastante apuesto, de pelo negro y con ojos de un bonito color azul, que solía llevarse bien con todos los alumnos. Con gran pasión por la literatura, hacia especial hincapié en que sus alumnos pudiesen analizar un texto por ellos mismo a base de la práctica, en vez de a través de horas y horas de tediosa teoría. El profesor White dio por finalizada la clase con una sonrisa recordándoles que tenían que leer el resto del fragmento para la siguiente clase. Elyon empezó a recoger las cosas y se giró para hablar con Keyla pero se encontró a su amiga con la mirada perdida. A Elyon le sorprendió esto bastante ya que normalmente Keyla era la primera en girarse a hablar. En esos momentos, la mirada de su amiga estaba pendiente en el señor White guardando sus papeles. Keyla se estrujó las manos por debajo del pupitre y con las mejillas rojas como un tomate, se levantó y se dirigió a la mesa.

- Se-señor White. – el profesor levantó la cabeza sonriendo.

- Señorita Hastings ¿en qué puedo ayudarla?

- Bueno vera… últimamente me cuesta entender los fragmentos que estamos estudiando así que… ¿cree que podría darme una tutoría?

- Vaya es raro en usted señorita Hastings. – se extrañó. – Pero supongo que todos tenemos problemas alguna vez. Veré que horas tengo libre entre el periódico y las clases y te informaré en la próxima clase. – dijo mientras se marchaba. – Dime si alguno de tus compañeros también le gustaría venir.

El profesor se despidió con una pequeña inclinación y se marchó dejando a Keyla suspirando. Elyon se acercó por detrás muy curiosa, prestando especial atención en las mejillas de Keyla.

- Esto… Keyla. – su amiga se giró con un sobresalto al parecer olvidando que estaba en clase. - ¿Te ocurre algo? Parece un poco extraña.

- No, no. – agitó la cabeza muy enérgica. – No es nada, tan solo estaba confundida por algo y le he pedido al señor White ayuda.

Su amiga pasó por su lado con rapidez y se sentó en su pupitre, entablando conversación sobre alguna otra cosa para distraer a Elyon. La chica siguió la corriente pero no se le olvidó lo nerviosa que había estado Keyla cuando hablaba con el profesor. Cuando el timbre sonó para el descanso, Keyla y ella se acercaron a la clase de Clara y Sylvia pero la última no estaba. La próxima edición del periódico iba a salir dentro de poco y tenía que ir a editarlo con el resto del club.

- ¡Deberíamos ir a ayudarle! – saltó entonces Keyla.

- ¿A qué viene eso? – se extrañó Clara.

- Bueno es nuestro deber como amigas ayudar a Sylvia cuando lo necesite.

Keyla empezó a andar hacia la sala del periódico mientras las otras dos le seguían. Clara le echó una mirada a Elyon quien se encogió de hombros. Ella tampoco entendía a que venía la extraña actitud de su amiga. Sin embargo, apenas entraron en la habitación y Keyla corrió hacia el señor White, Clara pudo ver con precisión lo que ocurría. Sylvia y Simone alzaron la cabeza del artículo en el que estaban trabajando pero ambas se miraron y encogiéndose de hombros decidieron ignorarlo. Clara resoplo pensando en lo mucho que se parecían esas dos en su interés por las letras. Elyon no prestaba mucha atención ya que su mirada estaba fija en una figura muy conocida que estaba sentada al lado de las chicas.

- ¡Allen! – se sorprendió la chica.

- ¡Elyon! – el chico se giró con una sonrisa.

- Vaya ¿qué haces aquí? – preguntó Clara.

- Es nuestra nueva sección estrella, cortesía de la señorita Black. – intervino Simone apartando a Allen de forma brusca. – Cada mes entrevistaremos a una de las estrellas de este instituto.

- Allen y los demás consiguieron el campeonato el año pasado. – dijo Sylvia agarrando a Simone y haciendo que se sentase. – Creí que sería justo que la primera sección fuese sobre él. Como compañera en el deporte, sé que eso es un gran mérito.

- Se lo agradezco mucho señorita Black. – añadió Allen inclinando levemente la cabeza. – Pero Jack me preguntó que cuando sería su turno.

- Nunca. – dijeron Simone y Sylvia a la vez.

Las dos empezaron a hablar sobre el artículo mientras Elyon y Allen se enfrascaban en una animada conversación. La atención de Clara se centró más hacia Keyla y el señor White. La chica hablaba con las mejillas sonrojadas con el profesor quien le contestaba de forma amable mientras hablaba a la misma vez con otro chico del periódico. El timbre sonó de nuevo pero Clara mantuvo en su cabeza lo que había visto.

Más tarde, las chicas estaban disfrutando de un helado en la heladería de Eric cuando Clara decidió sacar el tema.

- Keyla, - la chica se giró. – últimamente pareces un poco extraña… - empezó a decir.

- ¡Es cierto! – dijo Elyon. – Ayer estuviste muy rara en el cambio de clase.

- Ayer también vinisteis a visitarme sin motivo ninguno. – se extrañó Sylvia.

- Yo también me he dado cuenta. – comentó Bibiana. – Pareces más risueña.

- ¡No, no! – empezó a negar Keyla. - ¡No es nada de eso!

- ¿Seguro? ¿No tiene nada que ver con el señor White?

De repente, la cara de Keyla se puso completamente roja mientras la chica empezaba a desvariar diciendo mil cosas a la misma vez.

- ¿Quién es el señor White dodi?

- El profesor de literatura de nuestro instituto. – explicó Elyon. – Aunque no entiendo que tiene que ver con todo esto.

- Seguramente es porque Keyla tiene un flechazo con él. – dijo Sylvia sorprendiendo a todos.

- ¿Incluso tú te has dado cuenta? – se extrañó Clara.

- Creía que eras completamente inmune a esas cosas. – comentó Bibiana.

- Es un profesor bastante bueno y… también tuve un pequeño flechazo hace un par de años. – admitió. En la práctica de baloncesto, Jack estornudó sintiendo un escalofrío.

- ¡¿Tú también?! – preguntó Keyla.

- Así que es cierto, te gusta el señor White. – dijo Clara.

- Pero Keyla… te das cuenta de que ese flechazo no es posible verdad. – Bibiana la miró con una expresión seria.

- Bibiana, estoy segura de que Keyla tan solo admira al señor White y sabe que… - empezó a decir Elyon.

- ¿¡Y eso porqué!? – Keyla se levantó de la mesa muy airada.

- La diferencia de edad es bastante considerable, - empezó a decir Bibiana. – además de que es tu profesor. Tú todavía eres una adolescente, tus sentimientos no son lo suficientemente estables para empezar una relación con alguien mayor que tú.

- ¿Y qué hay de Sylvia? Jack tiene por lo menos un trillón de años. – se quejó.

- Cierto, pero su edad cerebral sigue siendo la de un niño de cinco años. – contestó la chica haciendo que Jack estornudase otra vez en la cancha.

- Vlady ni siquiera es humano de verdad, fue hasta uno de nuestros enemigos.

- El pasado de una persona no debe condicionar su futuro. – recitó Clara.

- Y Allen es… es…es… demasiado normal.

- No sabía que eso era algo malo. – pensó Elyon un tanto decaída.

- A lo que me refiero es que no tenéis ningún derecho a meteros en mi vida privada. – contestó muy enfadada. – Me da igual lo que opinéis de mis sentimientos pero yo sé que son verdaderos y no pienso dejar que ninguna se entrometa. Algún día le confesaré mis sentimientos al señor White y él los aceptará, ya veréis.

Dicho esto, Keyla se marchó corriendo sin escuchar los gritos de sus amigas. Las cuatro se levantaron de forma rápida y trataron de seguirla pero Keyla era demasiado rápida. Bibiana pensó que quizás había sido muy brusca con ella pero Doggy le aseguró que seguramente Keyla se lo había tomado muy apecho por la situación emocional. Todas estaban de acuerdo en que los sentimientos de Keyla eran como mínimo complicados y que la situación requería de un pensamiento un poco más objetivo. El señor White era un hombre muy querido por las alumnas y no eran pocas las que en algún momento desarrollaban algún flechazo. Pero este solía disolverse al cabo del tiempo. El profesor no estaba casado ni estaba en ninguna relación, además de ser famoso por aceptar las ofrendas de todas las estudiantes. Sin embargo, este siempre dejaba claro que no podía aceptar los sentimientos de sus alumnas, quizás a sabiendas de que ninguno de ellos eran serios. Sylvia pensaba que también era ese el caso de Keyla pero tampoco podía juzgar los sentimientos de su amiga así que pensaba que lo mejor era que Keyla se tomase un tiempo pensando sus sentimientos. Además, quizás fuese su impresión pero desde hacía poco tiempo el señor White parecía un poco cambiado. Cuando Clara le preguntó el motivo, Sylvia no supo explicar exactamente qué pero notaba algo distinto en el hombre. Clara y Bibiana eran de una opinión más firme y coincidían en que esa clase de sentimientos no llevarían a nada bueno. Elyon prefería pensar que quizás había alguna oportunidad para su amiga mientras que Doggy admitía que no sabía nada de esos temas pero quería que Keyla fuese feliz. Las chicas empezaron a buscar por todo el parque mientras el cielo se cubría de nubes negras. El viento y el cielo denotaban avisos de tormenta por lo que las chicas se dieron prisa en su búsqueda. Mientras tanto, Keyla se sentó en uno de los bancos del jardín suspirando. Sabía que no había estado muy bien por su parte salir corriendo de esa forma pero en ese momento se encontraba muy enfadada con sus amigas. Entendía que ellas quisieran solo lo mejor para ella sus sentimientos eran muy reales. El profesor White siempre había sido muy amable con ella además era un hombre lleno de conocimientos y muy respetuoso con todas sus alumnas. Era como un ángel. Absorta en sus pensamientos no notó como el tiempo cambiaba poco a poco para convertirse en una tormenta.

- Vaya, tú eres la amiga de las Pretty Cure ¿no? – dijo una voz a su espalda.

- ¡Scorpio! – exclamó la chica viendo al villano.

- Lamento tener que decir esto pero no recuerdo tu nombre. – admitió.

- ¡Oh! No pasa nada, me llamo Keyla Hastings. – se presentó la chica.

- Mil perdones, prometo que no volverá a pasar. – se disculpó den nuevo Scorpio con una reverencia.

- No hace falta, no hace falta, de verdad. – se apresuró a decir la joven.

- Me temo que si hace falta. – Scorpio compuso una sonrisa triste. – ¡Levántate Orbisodi!

De repente, los rosales que había alrededor empezaron a retorcerse y atraparon a Keyla. Un monstruo hecho de rosales se alzó con Keyla en su centro. El Orbisodi tenía la cabeza como si fuese una rosa gigante, mientras que el cuerpo estaba cubierto por ramas y espinas. Los brazos eran como látigos llenos de espinas y tenía una especie de cola de serpiente hecha de ramas que acababa en una cola de escorpión.

- Lo siento pero tu corazón parece muy confundido. – explicó Scorpio. – Y eso es una forma estupenda para reforzar a los Orbisodi.

- ¡Keyla! – las chicas llegaron en ese momento observando a su amiga atrapada.

- ¡Ah! Aquí están las Pretty Cure.

- Rápido chicas a transformarse dodi.

"¡Pretty Cure, Power of the Cosmos! ¡Change it!"

"¡El deslumbrar de la luna que disipa las sombras, Cure Moon!"

"¡El brillo del sol que combate el mal, Cure Sun!"

"¡La luz de las estrellas que destruye la oscuridad, Cure Star!"

"¡La rectitud de los planetas que predice el destino, Cure Planet!"

"¡Los cuatro pilares que controlan el equilibrio del Cosmos, Pretty Cure Cosmos!"

Las cuatro se pusieron en posición de ataque mientras el monstruo absorbía la energía de las plantas del lugar. Moon y Planet saltaron para golpearlo con una patada doble pero el monstruo se colocó de tal forma que fuese Keyla quien recibía el golpe. Las chicas se detuvieron y el monstruo aprovechó para golpearlas con su cola de escorpión. Las dos aterrizaron de forma brusca levantando escombros. Sun y Star lo rodearon y trataron de atacarle por cada lado pero el Orbisodi hizo un giro con sus brazos golpeándolas a ambas en el estómago. Ambas derraparon a ras del suelo cayendo finalmente rodando. Planet y Moon les ayudaron a levantarse y con una mirada intentaron acercarse las cuatro a la vez. El monstruo comenzó a lanzar espinas por todos lados mientras giraba con las ramas hacia afuera, creando una especie de tornado de espinas. Star se adelantó saltando con rapidez y empezó a desviar las espinas. Planet y Sun saltaron por detrás de ella cuando el camino estuvo despejado y golpearon con una potente patada los dos brazos, desviándolos. Moon fue por debajo y saltó para golpear con una patada la cabeza del Orbisodi. Este cerró la rosa que formaba su cabeza en el último momento haciendo que la pierna de Moon golpease un duro caparazón. La chica soltó una maldición y se incorporó en el aire. Echando el puño hacia atrás, golpeó con todas sus fuerzas la rosa con un puñetazo. El caparazón de la rosa se quebró en mil pedazos y el monstruo se echó hacia atrás confundido.

- Que mareo. – exclamó Keyla dentro del Orbisodi.

- Tenemos que encontrar una manera de sacar a Keyla de ahí. – dijo Star.

- ¿No podemos lanzar nuestro ataque con ella dentro? – preguntó Moon.

- ¡Claro que no! – le reprendió Planet. – No sabemos qué efecto puede tener en ella.

- No os preocupéis, ya tengo un plan. – sonrió Sun.

- Vaya, parece que habéis tomado una decisión. – sonrió Scorpio. – Pero parece ser que todavía tenéis asuntos pendientes con vuestra amiga. Recordad que hablar los problemas siempre es beneficioso para la amistad.

- No necesitamos que nos digas algo así. – frunció el ceño Sun.

- En realidad es un buen consejo. – admitió Moon.

Sun se giró mirándole con gesto enfadado por lo que Moon se giró silbando disimuladamente. Sin perder ni un segundo, Sun y Planet empezaron a adelantarse, esquivando las espinas que lanzaba el monstruo mientras Moon y Star saltaban por el aire desviando las que podían.

- Keyla ¿puedes escucharnos? – preguntó Sun mientras se adelantaba. – Sentimos si te ha molestado algo de lo que hemos dicho. Nosotras solo pensábamos ayudarte dándote nuestras más sincera opinión.

- Es cierto que quizás hemos sido un poco duras pero no queremos que sufras por algo así. – explicó Planet.

- Sabemos que es una decisión delicada pero pase lo que pase… - Star le sonrió

- … nosotras estaremos a tu lado en todo momento. – finalizó Moon.

Los brazos de Keyla se adelantaron entonces viendo una luz dentro de tanta oscuridad. Moon y Star golpearon juntas al monstruo en ese instante mientras Sun y Planet agarraban las manos de Keyla y la sacaban del cuerpo del monstruo. Scorpio sonrió al ver la habilidad de sus contrincantes, fijándose especialmente en Sun. Las chicas dejaron a Keyla con Doggy mientras se preparaban a terminar con el monstruo.

"Que nuestra unión restaure la perturbación del orden… ¡Pretty Cure Cosmic Bond!"

Scorpio se despidió con una inclinación y desapareció con un chasquido de dedos. Keyla se despertó un tiempo después con la cabeza todavía un poco confusa.

- Siento mucho haberme comportado así chicas. – les dijo cuándo ellas terminaron de contarle lo que había ocurrido. – Es la primera vez que siento algo así y me siento muy confusa.

- Es normal sentirse así Keyla. – le sonrió Elyon. – Cuando conoces a alguien especial tu corazón late demasiado rápido y no sabes cómo actuar.

- Pero siempre tienes que intentar mantener tu cabeza firme. – asintió Clara.

- Deberías darte un tiempo para pensar en esos sentimientos y si de verdad crees que hay un futuro para ellos. – le dijo Bibiana.

- Si… eso. – añadió Sylvia.

- ¿Es eso todo lo que vas a decir dodi? – le miró Doggy con escepticismo.

- ¡No se me dan bien estas cosas de acuerdo! – se quejó la chica. – El romántico de nuestra relación es el cerebro de algas ese. – Jack volvió a estornudar. "¿Me habré resfriado?" pensó.

- Muchas gracias por vuestros consejos chicas. – sonrió Keyla. – Trataré de pensar un poco mejor que es todo esto que siento. Y muchas gracias por estar siempre a mi lado. No podría pedir mejores amigas.

Con una sonrisa, Keyla se lanzó sobre ella, dándoles un cariñoso abrazo. Las chicas sonrieron y le devolvieron el abrazo contentas por haber solucionado sus problemas.

Próximo mes: Capítulo 8: Necesito dinero ¡La búsqueda de trabajo de Jack!