El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.
Capítulo 7
Caminando con el enemigo
Estaba calificando los exámenes de fin de curso cuando una indescriptible lechuza entró a la oficina. Tomó el sobre y observó el sello del ministro. Lo abrió, leyó la carta y entonces maldijo en un par de lenguajes que conocía. Se puso de pie y con apuro se dirigió hacia la oficina del director. ¿A qué demonios estaban jugando? ¿Y por qué ahora? ¿Después de tanto tiempo? Bien, ¡No dejaría que pasara!
Corrieron tan rápido como pudieron hasta la oficina del director. Uno de ellos gritó la contraseña y subieron a las escaleras giratorias. Los otros dos estaban tan preocupados que no tuvieron oportunidad de asombrarse con la belleza de la oficina, la cual estaba vacía. Harry miró a uno de los retratos.
—Tío Phineas, ¿Dónde está mi abuelo?
Hermione lo miró y musitó «Abuelo», pero Harry no tenía tiempo para explicaciones.
—Vaya, no vienes a hablar conmigo en todo el año y ahora, con la arrogancia que es tan común en los insufribles niños vienes a gritarme pidiendo información…
—Tío Phineas, no tengo tiempo para tus quejas, necesito saber dónde está mi abuelo, ¡Es una emergencia! — Dijo irritado.
—Todo es una emergencia para ustedes, mocosos…
—Bien — Miró a otro retrato—. Profesor Dippet, ¿Usted sabe?
—Sí, de hecho…— Comenzó Dippet, pero fue interrumpido.
—El perro callejero ese que es tu padre vino aquí muy alterado con una misiva del Ministerio y ambos se fueron a Londres — Respondió Phineas con un bufido al ser reemplazado por Dippet de esa forma.
—Gracias tío, profesor Dippet — Asintió y trató de salir de la oficina de forma calmada, pero una vez fuera chilló a sus amigos.
—¡Se fueron! ¿Cómo pudieron irse?
—¿Ahora qué? — Preguntó Ron igual de ansioso.
Hermione mordió su labio y comenzó a correr. Sorprendidos, los chicos corrieron tras ella, hacia la oficina de la subdirectora.
—¡Profesora McGonagall! ¡Profesora McGonagall! ¡Tiene que hacer que el profesor Dumbledore regrese! — Chilló Hermione abriendo la puerta sin tocar antes.
McGonagall estaba perpleja ante la abrupta entrada del sonrojado trío.
—¿Qué significa esto? — Dijo con voz severa.
—Hagrid le contó a un extraño cómo pasar a Fluffy. Creemos que está tras la Piedra Filosofal, ¡Mi abuelo se fue y Quirrell tiene el camino abierto! — Chilló Harry.
La primera intención de McGonagall fue regañarlos por saber más de lo que deberían, pero el desliz de Harry al llamar «Abuelo» a Dumbledore le dijo que el chico estaba realmente preocupado pues nunca lo había hecho. Por supuesto ella sabía de las sospechas de Dumbledore y de tres jóvenes profesores acerca de Quirrell.
—No tengo que recordarles a ustedes tres que no busquen problemas y dejen a los adultos lidiar con esto. Le contaré a Dumbledore de sus sospechas y no molesten. Fluffy, por obvias razones, no es la única protección. Ahora quiero que los tres suban a sus dormitorios y permanezcan ahí el resto del día, ¿Está claro?
En silencio, salieron de la oficina y se dirigieron a la torre. Hermione vio a Harry morder sus labios de forma pensativa y él los miró.
—Los veré arriba en la torre.
—Harry, la profesora McGonagall dijo…— Comenzó Hermione.
—No iré a buscar a Quirrell, solo le haré saber a alguien más nuestras sospechas, para estar seguros.
Asumiendo que se refería al profesor Lupin, ambos asintieron y se marcharon, pero Hermione no perdió de vista a Ron fruncir el ceño o la última mirada que le lanzó a Harry.
Odiaba ir al Ministerio. No importaba quién eras, o en su caso, con quién estabas, siempre tomaba una eternidad pasar todos los filtros de seguridad. Finalmente, después de una hora de repetir sus nombres y que sus varitas fueran revisadas una y otra vez, estaban frente a la puerta del idiota a cargo, perdón, quiso decir el Ministro Fudge. Y no estaba nada tranquilo como cuando leyó la maldita carta.
—¿Qué significa esto Fudge? No tienes ningún derecho legal de anular la adopción de Harry. Tu gente ya intentó alejarlo de mí una vez, ¡Y no funcionó! — Rugió.
—Sirius tiene razón, Cornelius, esa carta no tiene fundamento alguno. Me encuentro bastante decepcionado de tener que recordarte eso — Dijo Dumbledore en su siempre placiente voz, la que te hacía sentir bastante pequeño.
—¿Qué carta? — Balbuceó Fudge.
—Ésta carta — Gruñó Sirius agitándola frente a la nariz del ministro.
—No enviamos esa carta, no firmé eso, ¡Es apócrifa! — Alegó Fudge.
Sirius estaba a punto de morder su cabeza cuando un terrible pensamiento cruzó por su mente. Dumbledore ya estaba apuntando su varita a la carta, la agitó y la rodeó un resplandor rojo. Color incorrecto. Una firma auténtica debería brillar en color azul. ¿Cómo pudieron ser tan estúpidos y no revisar? Sirius salió de la oficina como un vendaval.
—Lamento el malentendido, Cornelius. Ten un buen día — Dijo Dumbledore antes de seguirlo.
—Quirrell — Escupió Sirius mientras avanzaban hacia los ascensores—. Él sabía que pediría tu ayuda y que ambos vendríamos.
—Sí, eso me temo. No gastemos más tiempo Sirius.
Ron estaba sentado en uno de los sillones frente a la chimenea, con sus codos recargados sobre sus rodillas, mordiendo sus uñas, lo cual era un logro dado que estaba agitando sus rodillas de arriba hacia abajo sin parar. Hermione estaba caminando frente a él.
—¿Qué le toma tanto tiempo? ¿No debería estar aquí ya? — Preguntó ella retorciendo sus manos.
Con el comentario los gemelos se acercaron para saber qué ocurría.
—¿Podemos ser de ayuda? — Preguntó Fred.
—No — Respondió Ron—. Estamos esperando a Harry, ya debería estar aquí desde hace un rato.
—Ah, entonces podemos ser de ayuda — Dijo George y desapareció en las escaleras. Ron y Hermione miraron a Fred pasmados, pero él solamente les dijo que se calmaran. Después de un corto tiempo, George regresó.
—Nada de qué preocuparse. Está caminando abajo, en el corredor del tercer piso con el profesor Quirrell.
Aparentemente eso era para preocuparse, porque Ron y Hermione corrieron hacia la puerta.
—Tenemos que decirle a alguien — Dijo Ron mientras corrían hacia la oficina de McGonagall, pero nadie estaba ahí—. ¿Ahora qué? — Preguntó.
—El profesor Lupin — Dijo ella.
Ron miró por la ventana, la luna estaba casi en su cenit.
—No, él está, hummm, ocupado con una cosa esta noche.
—Creo que el profesor Lupin pensará que la seguridad de Harry es más importante que lo que esté haciendo.
—No es como que pueda elegir — Dijo Ron mordiendo sus labios—. Hay otra persona, pero no sé.
—Bueno, no es como que tengamos opción, vamos — Dijo Hermione.
Habían pasado la trampilla y el lazo del Diablo. Quirrell estaba pensando cómo atrapar la llave voladora para abrir la puerta.
—Puedo atraparla por usted — Dijo Harry.
—¿Parezco estúpido, niño? — Respondió Quirrell.
—¿En verdad quiere la respuesta? — Si iba a morir, al menos diría lo que quería. Después de todo, el encantamiento de ligadura de cuerpo que Quirrell puso en él le impedía moverse, pero no hablar. Había intentado decirle a su tío Sev sobre Fluffy, pero aparentemente Quirrell lo había estado acechando, esperando el momento en que estuviera sólo. Al parecer tenía órdenes de obtener la piedra y matar al chico. Harry no podía determinar por qué aún no estaba muerto.
Quirrell decidió montar una escoba y después de perder la llave varias veces, en las cuales Harry sabía que podría haberla atrapado, descendió, abrió la puerta, levitó a Harry frente a él y comenzó a avanzar para encontrarse con un enorme juego de ajedrez. «Tía Minnie» pensó Harry con afecto y tristeza.
—Supongo que tenemos que jugar — Dijo Quirrell arrastrando las palabras.
Tomó el lugar de una de las piezas e hizo flotar a Harry hasta el lugar de otra. Harry solamente esperaba no ser sacrificado, pues el juego era brutal.
Milagrosamente lograron salir intactos. Harry estaba suspirando cuando se hallaron frente a un Troll. Con un perezoso movimiento de su varita, Quirrell asestó un encantamiento seccionador en su boca, matándolo al instante.
—Tengo un talento especial con los Troll — Sonrió con la sorprendida mirada de Harry.
En la siguiente sala fueron atrapados por muros de llamas. Una fila de botellas sobre una mesa y un pedazo de pergamino que Quirrell leyó en voz alta estaban frente a ellos. «Buen viejo tío Sev» Pensó Harry con cariño. Su tío siempre decía que los magos no tenían ni una pizca de lógica, bueno, él había dicho que ni magos o muggles tenían una pica de lógica, y no lo había dicho de forma tan amable.
Le tomó algo de tiempo a Quirrell descifrar el acertijo. «Mientras más, mejor» Pensó Harry. Para entonces Ron y Hermione ya lo estarían extrañando y con suerte, buscando ayuda.
Una vez que pasaron por el fuego, se encontraron en la última de las cámaras, pero no había una piedra sobre un pedestal como Harry había imaginado. La única cosa que había era el espejo de Oesed y Harry se preguntó si podría ver el reflejo de su padre y tíos Lunático y Sev una vez más antes de reunirse con sus padres biológicos. «Lindo pensamiento, Harry» Se dijo a sí mismo, pero la verdad es que estaba aterrorizado y no podía hacer más que pensar y dar respuestas impertinentes.
Quirrell estaba frente al espejo examinándolo y murmurando. Harry escuchó las frases «Presentar la piedra» y «¿Cómo la obtengo?» cuando decidió poner atención y mirar la espalda de Quirrell. Su cicatriz volvió a arderle y no le gustó saber lo que significaba. Entonces lo escuchó.
—Usa al chico, el anciano idiota seguramente le dijo cómo.
Harry tuvo el presentimiento de haber averiguado por qué aún no estaba muerto. Sintió desvanecerse el hechizo de ligadura de cuerpo y sus piernas ser dirigidas por alguien más. Decidió pararse de la mejor forma que podía. La ayuda debería estar en camino y no había forma en que permitiera que Voldemort obtuviera la piedra. Estaba frente al espejo, pero no vio a su familia, en su lugar vio el reflejo de sí mismo parpadeando.
—¿Qué es lo que ves, Potter?
—Nadie debería olvidar que mi nombre es Potter Black.
—No juegues conmigo, niño — Dijo Quirrell tomándolo bruscamente del cuello y sacudiéndolo.
—Me veo como capitán del equipo de Quidditch y con la Copa de las Casas — Mintió.
Quirrell lo lanzó hacia un lado y volvió a mirar el espejo. Harry pensó que podría tener suerte y aprovechar la distracción de Quirrell para escapar, cuando la voz volvió a hablar.
—Miente, déjame hablar con él.
—¿Está seguro, maestro? — Preguntó Quirrell y Harry comenzó a pensar que tenía algún tipo de desorden mental cuando él empezó a desenvolver su turbante y Harry descubrió que Quirrell no había estado haciendo voces. La cicatriz de Harry volvió a arder mientras miraba la fea cara de Lord Voldemort, quien parecía estar residiendo en la nuca de Quirrell.
—¿Por qué no eres un chico bueno y me das esa piedra para que Quirinus pueda matarte rápidamente en lugar de dolorosamente, Harry?
—No tengo idea de qué estás hablando — Dijo Harry tratando de sonar valiente, pero no estaba seguro de haberlo logrado con las sacudidas de terror que su cuerpo estaba teniendo.
—Estoy hablando de la piedra en tu bolsillo, Harry. No querrás suplicar por tu muerte como tu patético padre hizo, ¿O sí?
¡Mi padre no era patético y no suplicó! — Gritó Harry.
—No, tienes razón — Dijo Voldemort riendo, pero no era una risa cálida como la de tío Lunático, o el divertido ladrido que hacía su padre, o incluso la grave que tenía tío Sev, no, aquella era una risa cruel—. El opuso resistencia, lo hizo, bastante entretenida e inútil, pero suficiente plática, ¡Atrápalo! — Ordenó y Quirrell se lanzó hacía Harry y lo sujetó de los brazos.
Harry nunca había sentido un dolor como ese, ni siquiera en el bosque. Su frente estaba estallando, no podía pensar o escuchar. De repente el dolor desapareció y Harry alzó la mirada para ver a Quirrell observar sus manos y tartamudear—. ¡Quema, maestro!
Harry las miró y notó que estaban rojas, incluso percibió el olor de carne quemada.
—¡No me importa! ¡TOMA LA PIEDRA!
Quirrell volvió a lanzarse hacia Harry, pero este puso sus manos en su cara. Mientras Quirrell gritaba por el dolor, lo tomó con fuerza del brazo. Estaba sintiendo mucho dolor, pero todo en lo que podía pensar era que, si Quirrell estaba distraído por el dolor, no podría obtener la piedra. Lo sujetó tanto como pudo, pero podía sentir a la oscuridad acercarse. Logró escuchar una voz familiar decir su nombre entre los gritos de Quirrell, entonces, no supo más.
El lobo estaba caminando en círculos. Algo le ocurría a su cachorro, podía sentirlo. Gimoteó y rasguñó la puerta, incluso cuando sabía que su contraparte humana la había sellado muy bien. ¡Tenía que llegar hasta donde su cachorro!
Estaba corriendo por los pasillos con el pequeño e inerte cuerpo entre sus brazos. ¿Había llegado demasiado tarde? ¿Cuánto tiempo había tardado en salir de las cámaras? Había logrado apartar a Quirrell de él bastante rápido. Se estremeció con la imagen del espíritu de Voldemort dejando el cuerpo de Quirrell ante la muerte. No había nada que hacer por él. Habría muerto una vez que Voldemort hubiera dejado su cuerpo, incluso sin lo que Harry había hecho.
Corría tan rápido como le era posible. Podía escuchar la respiración de Harry volverse más débil cada segundo, ni siquiera se detuvo al ver a las dos figuras que encontró en uno de los pasillos, las cuales ahora lo seguían y uno de ellos usó su varita para abrir las puertas de la enfermería. La señora Pomfrey salió de su oficina.
—¿Qué significa esto? ¿Harry? Oh, mi… Acuéstalo ahí — Dijo señalando una de las camas.
—Ahora salgan — Ordenó ella—. Déjenme hacer mi trabajo — Agitó su varita apuntándola hacia los tres hombres.
Estaba bastante sorprendido de haber sido echado de la enfermería por un fuerte viento y escuchó las puertas cerrarse.
—¿Qué ocurrió, Severus? — Preguntó el envejecido director.
Severus lo miró con la mirada perdida. Vio la misma expresión en el rostro de Sirius, el cual aún estaba mirando las puertas, como si de esa forma pudiese estar con su hijo, como si el hecho de que no las viera fuera a causar que Harry los dejase.
—Quirrell, él tomó a Harry — Respondió, nunca dejando de mirar las puertas—. Weasley y Granger fueron a buscarme, estaban preocupados. De alguna forma los gemelos averiguaron que Quirrell lo estaba llevando al corredor del tercer piso. Cuando llegué, Oh, dios, creí que era muy tarde. Quirrell chillaba de dolor, pero no me importó, solamente escuché los gritos de dolor de Harry, y pese al dolor, no lo soltó, lo seguía sujetando.
—¿Qué hay de Quirrell? — Preguntó Dumbledore.
—Muerto. El señor oscuro estaba ocupando su cuerpo y cuando lo abandonó, Quirrell murió.
—¿Estaba poseído?
—No, Albus, él sabía lo que estaba haciendo — Severus lo miró fijamente—. ¡Te lo dije! — Gritó—. Todos lo hicimos, pero insististe en darle una oportunidad. Las segundas oportunidades son buenas, ¡Pero algunas personas no las merecen! — Y caminó hacia una silla. Ni siquiera se movió cuando vio a un lobo trotar hasta donde estaba Sirius, ni cuando lo vio poner su hocico sobre la mano de este, lloriqueando. Lupin estaba bajo los efectos de la poción matalobos, no había riesgo, estaba bajo control, pero se preguntó cómo se había liberado a sí mismo.
El lobo guió a Sirius hasta una silla y subió a la que estaba a un lado, poniendo su cabeza sobre su regazo. Sirius lo acarició de forma mecánica, sin apartar la mirada de las puertas.
Horas más tarde la señora Pomfrey salió de la enfermería y puso una piedra roja en la mano de Dumbledore con fuerza. Miró a Sirius y al lobo que acababan de levantarse de sus sillas.
—Hice todo lo que pude. Tuve que darle todas las pociones restaurativas que tenía. Está física y mágicamente agotado y no creo que despierte en un par de días, pero sobrevivirá. Cuando despierte tendrá que descansar y no se preocupen si se cansa constantemente. Pueden quedarse con él, pero por turnos. Como dije, dormirá un par de días y lo último que necesita es que todos ustedes lo agobien a la vez.
—Pero, ¿Ginny nunca pierde clases? — Escuchó decir a una voz a la distancia.
—No, porque en el día siguiente a la luna llena, usualmente teníamos sesiones de estudio con cualquier profesor que estaba disponible para cuidarnos, a veces, incluso la señora Pomfrey. Así nadie lo notaría o se daría cuenta. Si faltábamos una vez al mes, los estudiantes hablarían y los padres se quejarían.
—Eso es tonto, dijiste que es perfectamente seguro.
—Así es. La poción matalobos le permite mantener su mente y evita que se lastime a sí mismo. Esa era la peor parte de la transformación, antes, él solía herirse y le tomaba días recuperarse. Ahora solo necesita un día y es más que nada porque permanece despierto toda la noche y por el esfuerzo mágico de la transformación. El profesor Lupin dice que este trabajo lo salvó, pues de otra forma no habría podido conseguir la poción y se estresaría mucho. Ahora solo es un pequeño inconveniente con el que tiene que lidiar, pero no amenaza su vida ni nada por el estilo. Vivirá tanto como cualquier otro mago.
Decidió que estaba muy cansado y volvió a dormir. Aparentemente Hermione había descubierto el pequeño problema peludo de tío Lunático.
Miraba a su hijo dormir, rogando que despertara. Ya había estado inconsciente dos días. Su hijo. Aún recordaba la primera vez que Harry lo había llamado «Papi», el sentimiento de dicha y de culpa. Él no era su padre, era James. Intentó decírselo al niño de dos años y medio, pero él solo rodó sus ojos y dijo:
—Él mi «plimel» papi, tú mi «otlo» papi.
La simple lógica infantil. Le tomó un tiempo dejar de sentirse culpable y de tener pesadillas de James acusándolo de saber que Peter era un espía y de hacer todo lo posible para robar a su hijo. Después de muchas charlas con Lunático, se dio cuenta que no estaba tomando el lugar de James, pero ahora era «Papi». La dicha de escuchar la palabra nunca desapareció.
Cuando se apareció en casa de los Dursley con el trabajador del Ministerio que supervisaba el caso, tenía miedo de que Harry no lo reconociera, pero descubrió que no era así. Encontró a un niñito asustado encerrado en la alacena. Cuando dejo de temblar ante la voz calmante de Sirius, alzó la mirada y comenzó a decir «Canu-do» con su pequeña voz. Corrió hasta los brazos de su padrino para ser cobijado por ellos para toda la vida.
Sirius lo había llevado directo a Hogwarts, donde Poppy había tenido dificultades para revisarlo porque él no quería estar lejos de su padrino, hasta que cedió y se sentó sobre la cama mientras sostenía con fuerza una de las mangas de Sirius. Pero aun así ella no podía acercarse sin que el niño comenzara a temblar. La otra persona que Harry reconoció fue a Remus. Cuando este apareció, Harry comenzó a gritar «Lunádico» y se acercó a él. Cuando Remus lo cargó, Sirius descubrió que su manga y también su brazo estaban en poder de Harry.
Sirius presentó su renuncia al cuerpo de Aurores en cuanto Harry se quedó dormido. Tenía que darle toda su atención a su ahijado y no necesitaba el trabajo. Moody se había rehusado y había dicho que solamente aceptaría una petición de ausencia, pero Sirius sabía que no podía ser más un Auror, no podía tener un trabajo tan peligroso. Si algo le ocurría no habría forma de que el Ministerio dejase que Remus cuidara de Harry. La única razón por la que escucharon a Remus decir que Sirius era inocente, había sido porque Dumbledore quería convencerlo de que había sido el culpable, de otra forma, Remus habría gritado y gritado, solo para conseguir una celda junto a la de Sirius.
Se estremeció al pensar qué habría sido de Harry si él hubiera ido a Azkaban. No creía que los Dursley lo hubiesen matado pues Petunia quería la protección que el sacrificio de Lily le daba a ella y a su precioso Dudders. Esa era la razón por la cual aceptaba las visitas anuales. Pero Harry no habría sido feliz, seguramente sería su elfo doméstico, claro, si no lo mataban de hambre o abusaban de él física y mentalmente, como hacían ver los moretones que tenía el pequeño de casi dos años de edad.
Sirius había querido matar a los Dursley, pero sabía que Harry necesitaba la maldita protección, así que dejó que los Dursley trataran con Remus. Él era bueno para controlar su temperamento, Sirius tenía que aprender a hacerlo. Contrario a la creencia popular, un hombre lobo no combatía a su contraparte todo el mes, pues no había un lobo interior. Cualquier otra noche del mes, era tan normal como todas las personas. En la noche de luna llena se transformaba en un lobo y olvidaba quién era, pero solo esa noche, mas las personas no creían eso y cualquier señal de furia de su parte, era interpretada con miedo de que dejara que el lobo interior ganara. Por eso Remus trataba con los Dursley: Era capaz de hacer a un lado su enojo, algo que Sirius no lograba.
La puerta se abrió y apareció no otro más que Remus luciendo como un Kneazle que se había tragado un hada. Se sentó en la silla al otro lado de la cama de Harry y alborotó el cabello del chico, sacudiendo alguna invisible pelusa y Sirius no pudo resistir más.
—¿Qué? ¿Qué hiciste? ¿Qué sabes?
—Oh, nada. Solamente di un paseo por la oficina de Filch.
—¿Alguna razón en particular?
—Sí.
—Y, ¿Qué encontraste ahí?
—La pregunta es qué no encontré ahí. Más precisamente en el cajón de «Objetos Confiscados Altamente Peligrosos» — Sonrió y Sirius se puso impaciente.
—No tengo idea sobre qué quieres decir.
—Bueno, verás, cuando Ron y Hermione nos contaron que Fred y George sabía exactamente dónde y con quién estaba Harry, comencé a pensar.
—¡NO! — Dijo Sirius sonriendo.
—Oh, estoy bastante seguro, eso explicaría por qué nunca los hemos atrapado. Ni siquiera Filch conoce este castillo como tú y yo.
—Dignos sucesores — Dijo Sirius con alegría.
—¿Quién es digno? — Dijo una voz proveniente desde la cama y ambos se sobresaltaron.
—¡Harry! Estás despierto — Chilló Remus ayudando a su sobrino a sentarse mientras Sirius le daba de beber agua.
—Entonces, ¿Quién es un digno sucesor? — Dijo Harry tratando de postergar el momento en el que sabía que tendría que hablar de lo ocurrido.
¡Quema, maestro!
Remus lo miró fijamente—. Los gemelos Weasley, sospechamos que encontraron y descubrieron cómo usar el Mapa del Merodeador.
—¡Wow!
El Mapa del Merodeador era un objeto legendario para Harry, el cual siempre había querido usarlo, pero de acuerdo a lo que le dijeron Sirius y Remus, Peter Pettigrew había perdido el mapa a manos de Filch en su séptimo año cuando fue descubierto deambulando. En ese momento no les importó a los merodeadores dado que estaban a punto de graduarse de Hogwarts y creyeron que algún futuro bromista lograría hallar el mapa, pero Harry recordaba que una vez Remus le había contado que cuando había nacido, James se había lamentado de no tener el mapa para dárselo a su hijo, e incluso tenía un plan para rescatar el mapa de manos de Filch, pero nunca pudo ponerlo en acción. En todos sus años enseñando en Hogwarts, Sirius y Remus nunca habían pensado en hacerlo.
Harry jugueteó con el vaso en sus manos hasta que Sirius lo tomó con delicadeza y lo puso en la mesa junto a la cama.
—Cachorro, necesitamos saber qué ocurrió — Dijo Sirius apartando algunos cabellos de la frente de Harry.
Harry negó con su cabeza. No quería contarles, lo odiarían, había matado a un hombre, no era mejor que Voldemort.
—Harry — Dijo Remus con suavidad tomando una de las manos de Harry, el cual se apresuró a intentar apartar su mano. No tenía derecho de tocar a alguien tan bueno como Remus—. Sabemos lo esencial, pero necesitamos entender qué pasó mientras estabas a solas con Quirrell, para poder ayudarte.
Harry alejó su mano de las de Remus y cruzó sus brazos, negando con su cabeza efusivamente.
—Ha… — Comenzó Sirius, pero fue interrumpido por una voz proveniente de la puerta.
—¿Puedo hablar a solas con Harry?
Los tres alzaron la mirada y vieron a Severus Snape parado en su forma más desolada junto a las puertas de la enfermería. Pareció que Sirius protestaría, pero cuando Remus lo detuvo comprendió que tal vez Snape era la mejor persona para tranquilizar a Harry. Remus tenía una clara idea de qué era lo que estaba atormentando a su sobrino, no es que no hubiera tenido que matar en la primera guerra, pero él había sido mayor en ese entonces y había tomado la decisión de entrar al conflicto. Se apresuró a salir con el protestante padre y cerró las puertas con un encantamiento silenciador.
Snape se sentó en la silla que previamente había ocupado Remus y espero en silencio a que Harry hiciera el primer comentario. Después de un rato escuchó un susurro.
—Lo maté.
Severus suspiró, un chico de once años no debería pasar por algo así—. Técnicamente, no lo hiciste. Su destino fue sellado cuando dejó que el Señor Oscuro lo poseyera de manera voluntaria, cuando dejó que el Señor Oscuro lo usara para sobrevivir. Él habría muerto de todas formas debido al daño hecho por el Señor Oscuro, incluso si hubiera sido liberado y estuviera sin lesiones. Irónicamente lo que lo mantenía vivo era el Señor Oscuro, pero pronto su magia se habría agotado y Voldemort habría dejado atrás un caparazón vacío, tal como hizo. Tus acciones solamente aceleraron el proceso.
—Pero lo aceleré, y yo sabía que él estaba sufriendo, estaba gritando «¡Quema, maestro!» y no lo solté. Solo quería alejarlo de la piedra y esperaba a que alguien llegara antes de no soportar más — Dijo Harry rápidamente con voz queda, como si fuera un horrible secreto que no quería que nadie escuchara.
Severus limpió los rastros de lágrimas en la cara de Harry con sus pulgares y haciendo que lo mirara dijo—. Tienes razón, no puedes ni imaginar el horror que habría causado el Señor Oscuro si hubiera obtenido la piedra. Desearía que no hubieras tenido que tomar esa decisión, pero hiciste lo correcto. Eso no te hace una persona mala. Voldemort mató por placer y poder, lo que tú hiciste fue por amor a las personas que quieres, y es ese amor lo que impidió que Quirrell te tocara, el mismo amor que Lily te tuvo y por el cual salvó tu vida hace tantos años, y ese sacrificio vive en tu sangre, en tu piel.
La mirada verde de tristeza era intensa y Severus continuó—. Algunas veces tenemos que hacer cosas terribles e inimaginables para proteger a los que amamos. Tus padres, Sirius, Remus, Dumbledore y… — Vaciló—. Yo mismo, todos tuvimos que matar en la primera guerra, pero lo que diferencia lo que hicimos de lo que Voldemort y sus seguidores hicieron, es que nosotros no tuvimos elección, ellos nos cazaban. Nunca hemos dejado de lamentar lo que hicimos, eso nos hace diferentes a él — Tragó saliva con dificultad mientras se levantó para sentarse sobre la cama, abrazando a Harry. Acarició en círculos su espalda y su cabello mientras dejaba que Harry digiriera todo.
Había estado reluctante de agregarse a sí mismo a la lista, pero sabía que no era tan inocente. Sí, únicamente había matado de forma directa al servicio de la Orden. Voldemort pensaba que las habilidades de pociones de Severus eran demasiado valiosas como para enviarlo al campo de batalla, pero él no era tonto, sabía que sus pociones habían ayudado a los Mortífagos a lograr su cometido. ¿Cuántas vidas sin rostro había arrebatado indirectamente? No lo sabía, pero se sentía más culpable de ellas que de las que había tomado al combatir a Voldemort, las que había tomado en defensa propia y para defender a otros.
Se había unido a las filas de Voldemort lleno de odio y amargura. Odio por la crueldad que representaba su padre, odio que hizo que perdiera a la persona más importante en su vida, eso era lo que más lamentaba: Que ella hubiera muerto odiándolo, odiando la persona en la que se había convertido. Había peleado contra Voldemort buscando su perdón. Tal vez, algún día lo obtendría. Tal vez él perdonaría sus propias tontas decisiones.
Continuará...
