You Kousaka no sabía cómo él día que había sido tan bueno acabó siendo arruinado por su persona favorita en el mundo, su papá.
No, no había sido solo el día. Fue la semana, el mes, ¡El año! Su progenitor había arruinado su vida en un lapso de media hora… o el tiempo que ella estuvo distraída jugando y conviviendo con sus amigas. No debió dejarlo solo... siempre era demasiado débil para tomar decisiones, ella la mayoría de la veces terminaba eligiendo qué comer, vestir, donde ir de paseo, todo. Honoka siempre le dejaba decidir.
Y You no estaba en desacuerdo con la aparente ausencia de voluntad de su padre, de hecho, se sentía secretamente orgullosa de esa sensación dulce e indescriptible que es la libertad cada vez que hablaba con Chika y notaba sus restricciones o cuando se quedaba con su tía Rin y lo vivía en carne propia. Sin embargo, no le gustó que dejara que alguien que no fuese ella eligiera por él.
Lo odió con todas sus fuerzas, ella era la única familia de Honoka después de todo. Él era suyo y de nadie más. Es por eso que no concebía como había podido hacerle eso a ella ¿Cómo se había atrevido a romper su promesa?
Esa tarde, a sus cortos casi seis años (Edad con la que se sentía más cómoda e independiente, la misma que su padre acordó decir cuando le preguntaran.) había tenido tantas sensaciones variantes de ira, que todavía no sabía cómo identificar ni mucho menos nombrar, porque en teoría, aún era demasiado pequeña para conocer la decepción.
O como controlar la emoción.
Quería causar un alboroto. Sus emociones parecían haberse vuelto locas, lloró, gritó… le dijo cosas que incluso a ella le dolieron. Y aun así, Honoka Kousaka le envolvió en un abrazo que le pareció insoportablemente cálido, disculpándose con la voz rota, sin prestarle atención a nadie más que a ella.
Ignoró la mirada confundida e incómoda de la señora de cabello azul o el ceño fruncido del hombre pelirrojo que se había apresurado a sacar a Kanan de la casa. Ella había interrumpido algo allí, una conversación de grandes, pero no se veía mínimamente molesto por ello.
Estaba herida.
Honoka les dirigió una mirada de disculpa antes de cargarla con cuidado a la habitación de Rin y Hanayo, mientras ella seguía pataleando intentando soltarse.
Pasaron varios minutos en esa habitación bien decorada, pero él no la hizo callar, a pesar del espectáculo que había montado con tanta gente grande mirando. A You no le gustó esa pasividad, simplemente algo se sentía incorrecto. ¿Por qué era él quien se estaba disculpando cuando fue ella quien desató esa tormenta? ¿Por qué su papá se veía tan devastado cuando fue él quien rompió su promesa?
¿Por qué no le callaba?
Su llanto se tornó más débil, menos iracundo pero más triste.
Se sentía cansada.
La culpa ahora le hacía hipar y en algún momento en vez de intentar alejarse de él, echó sus manos al cuello abrazándolo con fuerza.
–pa- papi… no hip, no te vayas– con la voz entrecortada por el llanto comenzó a suplicar, negándose a soltarlo. Él no contestó, las falsas esperanzas era una de las cosas que más odiaba, él no las daría jamás, si estuviera en sus manos. – Por favor… ¡Lo prometiste!
Si no estuviera aferrándose a él, podría ver su rostro y lo que esas palabras produjeron en Honoka.
Horror, y una punzada en su pecho que le trajo un recuerdo del pasado, solo que las posiciones habían sido distintas. Él sabía cómo se sentía la decepción, con la diferencia que no recordaba haberla sufrido a una edad tan corta.
Y tuvo el impulso de llamar al cliente y cancelarle, porque su hija era su prioridad y todo lo que tenía.
Pero por ese mismo motivo sabía que no era una opción.
–Discúlpame yo, no puedo. – susurró mientras le devolvía el abrazo.
– ¿Po- por qué no?
No pudo decirle sobre la amenaza disfrazada de oferta que había recibido. No porque dudara de que la niña entendiera las consecuencias económicas de faltar a esa entrega personalmente, sino porque es algo con lo que no le corresponde lidiar.
Ella no necesitaba saber que podía perder su única forma de sustento. El hecho era demasiado violento, su pequeña no tenía por qué preocuparse por algo que no le correspondía.
– ¿Por qué no p-puedes? – Honoka sintió como si le hubieran dado una patada en el pecho, nunca había sido tan difícil no contestar una pregunta a alguien que la necesitara tanto. Su ingenio no le ayudaba, era una situación que no le permitía embellecer nada, y no podía postergar una excusa que requería desesperadamente una respuesta en ese mismo momento.
–Perdón.
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Rin estaba preocupada, su amigo se había ido con You dormida, seguramente cansada de llorar. Su amado Kayo le había dicho que actuó de forma inesperadamente madura, pero ella que lo conocía mejor, sabía que ese chiquillo solo no había podido reaccionar. Siempre fue impulsivo y un astuto que buscaba soluciones a todo rápidamente.
Lo más seguro era que esta vez no tuviera nada para usar a su favor.
El idiota se había confiado demasiado, y ella intentó decírselo en su caminata. La positividad de la que siempre se colgaba había hecho peor la situación. Lo rompió más de lo que debería, si tan solo hubiese predicho la reacción natural de cualquier niño al que siempre se le dio todo, no se habría ido con ese rostro destrozado de la tristeza.
Más que mal, era su hija, y con solo cinco años, era algo que arreglarían ineludiblemente en el futuro, tomase el tiempo que fuera. Si eso le hacía sentir mal, no quería ni imaginarse cuando You fuera una adolescente. Casi se sentía culpable por esperar un drama del reencuentro de dos de sus mejores amigos –literalmente es un niño criando a otro. –bufó con el ceño ligeramente arrugado antes de estirarse cómodamente.
–Para ser justos. – una voz gentil la hizo volver a la realidad y Hanayo, que estaba concertando algo que no podía entender con una disquera habló en defensa de su incorregible amigo. –Él hace lo que puede con los recursos que tiene a la mano. Es admirable.
Rin se rió estrepitosamente –Kayo-chin, eso no hace que lo que dije fuera mentira. Su comprensión sobre las emociones de la gente es mala. Siempre hace lo que cree que es mejor para los demás, no lo mejor.
Hanayo levantó la vista del computador portátil, y la miró por sobre el marco de sus lentes. –Rin-chan ¿No crees que estás siendo demasiado dura con él?
–Es porque lo quiero que soy dura con él. Aún recuerdo cuando me dejaban de niñera cuidándolo.
Él hombre de cabello castaño cerró el notebook y le dirigió una sonrisa comprensiva. –Aun así me siento mal por él. No sería feliz de ver a Chika-chan llorando con tanta tristeza.
–Kayo-chin es demasiado bueno. – murmuró poniéndose de pié rápidamente para luego aplastarlo en un abrazo. El aroma de su esposo siempre lograba que ella se relajara, él puede que ni siquiera dimensione cuanto significa para ella. Tomo distancia para mirarlo a los ojos con seriedad. –De verdad, eres la persona más amable que conozco… quiero decir, me amaste aun cuando-
–Rin-chan. Ni se te ocurra mencionarlo. No sabes la suerte que tuve de conocerte, ahora tenemos una hermosa familia y no cambiaría nada de lo que tenemos.
–Pero-
– ¿Quieres ir a cenar fuera? Vamos con Chika-chan.
–Bien, voy a buscarla. – Rin no pudo ocultar su sonrisa y salió rápidamente por la puerta de la sala, para volver de inmediato. –Eso no quita el hecho de que Honoka-kun es un idiota.
Hola, no desaparecí de nuevo. Les traje un twist dramático, porque la vida es drama(? Postergué eventos de la trama porque si no iba a ser demasiado pesado, gracias por comentar Suikyo lo de boca me ha hecho gracia xD y a los lectores también agradezco su tiempo.
