El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.
Capítulo 9
¿A dónde fueron las cartas?
—Me pueden decir, por qué no he escuchado o visto ni un pelo de ustedes las últimas ¡TRES SEMANAS!
—¿Qué? — Preguntó un desconcertado Sirius mientras Harry miraba con temor el furioso rostro de Severus.
—Harry te escribió varias veces, Severus, tú eres quién no contestó — Dijo Remus contrariado.
—No es cierto. Escribí muchas cartas que no fueron respondidas — Severus se retorció como un niño berrinchudo—. ¿Y dónde estaban? He esperado en ésta maldita casa por TRES DÍAS con ese irritante retrato y sin una pista de su paradero, ¡Todo lo que sabía es que podrían haber estado muertos!
—Estábamos en la reserva de dragones, ¡Se lo dije a Albus! — Gritó Sirius en respuesta. No le gustaba ser regañado.
—Albus está en la reunión anual de la Confederación Internacional de Magos, yo estaba en La Hilandera; no he tenido contacto con él. Hasta hace una semana creía que los Dursley estaban siendo un problema, pero cuando pasó la fecha de regreso de Harry y no tuve noticias, vine hacia aquí.
—Estoy seguro que esto es un malentendido — Dijo Remus intentando tranquilizar al hombre que los fulminaba con la mirada, pero su esfuerzo fue en vano. Severus estaba a punto de abrir la boca cuando Remus lo interrumpió.
—Mira, Harry te escribió. Él no ha recibido ni una sola carta de nadie desde que el verano comenzó — Dijo —. Ahora deja de actuar como un niño de dos años, lo estás asustando.
Severus salió del trance. Miró a Harry, el cual estaba temblando. Se acercó al chico y mientras se arrodillaba frente a él puso una mano sobre su hombro. Pretendió no notar como Harry intentó alejarse.
—Lo siento — Murmuró Harry.
—No, yo lo siento. Estaba tan preocupado que entré en una histeria los últimos días. Sobrerreaccioné y créeme, no quería asustarte.
Harry sonrió y Severus revolvió su cabello sonriendo.
—Ahora que estamos calmados — Dijo Remus—. ¿Qué ocurrió con las cartas? ¿Tuviste problemas con otra correspondencia, Severus?
—No, solo con Harry — Contestó después de pensar un momento.
—¿Recibiste cartas de Ron, Ginny, Neville o Hermione? — Preguntó Sirius a Harry.
—No, les escribí a todos excepto a ti papá, porque tenemos el espejo, pero ninguno respondió.
—Llamaré por la red flu a los Weasley para ver si recibieron algo — Dijo Remus—. Llama a Hermione, Harry.
—¿Por qué? ¿Crees que alguien está interceptando mis cartas? ¿Por qué lo harían?
—No lo sé, pero vamos a averiguarlo — Dijo Sirius saliendo junto a Remus con dirección a la cocina.
Harry se acercó al teléfono que Sirius había instalado para comunicarse con Petunia y marcó el número de Hermione.
—Hummm, Hola, ¿Puedo hablar con Hermione, por favor?
…
—Soy Harry.
…
—Sí, bien, señora Granger. Fuimos a la reserva de dragones, estuvo genial… Oh, perdón. Mi tío está usando la mirada. Necesito preguntarle algo a Hermione, perdón, no puedo hablar más… Gracias.
Harry se meció sobre sus pies mientras esperaba. Severus comenzó a rodar sus ojos; no le gustaban los teléfonos. Creía que tenía más sentido ver a la persona con quien hablaba.
—Hola Hermione, ¿Recibiste mis cartas?
…
—No, tampoco las recibí.
…
—Hummm.
…
—No.
…
—No lo sé.
…
—No lo sé.
…
—Ni idea — Severus se tornó impaciente.
—Hummm.
—¡Argh! — Tuvo que resistir la urgencia de tomar el maldito aparato y escuchar los que la chica decía.
—Está bien.
…
—¡Nos vemos! — Harry colgó y alzó la mirada.
—¿Entonces?
—No recibió mis cartas y dice que ella me envió un montón. Creyó que la estaba ignorando; al parecer recibió cartas de Neville, Ron y Ginny, diciendo que no respondí sus cartas tampoco. ¿Puedo verme con ellos en el Callejón Diagon en mi cumpleaños? Todos irán a comprar los útiles escolares porque también es cumpleaños de Neville, ¡Por favor!
—Ese no es mi asunto, tienes que preguntarle al perro callejero. Y hablando de él, ahí viene con su leal camarada.
—Molly dice que los niños no recibieron cartas de Harry, pero sí las de Hermione y Neville. También dijo que ellos escribieron — Dijo Remus frunciendo el ceño y sentándose en el sofá.
Harry avanzó saltando hasta donde estaba su tío y se sentó junto a él, agitando sus pies mientras Sirius y Severus se sentaron en los sillones frente a ellos.
—Esto no es bueno — Comentó Sirius haciendo una mueca —. SI alguien interceptó las cartas, tienen información sobre ti, Severus.
Harry dejó de mover sus pies abruptamente al escuchar a su padre. Severus permaneció pensativo, recargando su barbilla sobre puño, con el brazo recargado en el sillón.
—Lo que no entiendo es por qué las tomaron — Dijo Remus—. Es decir, sabemos que las cartas fueron interceptadas, ¿Por qué no leerlas y volver a enviarlas? Esto no parece un error que alguno de los Mortífagos que evitaron ir a Azkaban cometería.
—Pero, ¿Por qué? — Preguntó Harry con preocupación —. ¿Por qué alguien se quedaría mis cartas? No tiene sentido, solo soy un niño. No pueden esperar obtener información valiosa de las cartas de mis amigos.
—Eso depende de qué es lo que consideran valioso — Dijo Snape—. Puede que no sepas información importante, pero así pueden averiguar quiénes son importantes para ti, para poder usarlos.
—¿Entonces mis amigos están en peligro por mi culpa? — Preguntó Harry asustado.
—Harry, esto no es tu culpa — Dijo Remus quedamente tomándolo del antebrazo.
—Pero no estarían en peligro si no fuera por mí. Ustedes no...
—Sí, lo estaríamos — Dijo Sirius inhalando profundo e inclinándose hacia el frente—. Harry, los tres estuvimos bastante implicados en la guerra y por ello siempre seremos objetivos. Los Weasley son la familia de traidores a la sangre más grande, los Longbottom no estuvieron inactivos tampoco, y Hermione es hija de Muggles. Siempre serán objetivos, con o sin ti.
—Remus tiene razón, esto no parece el trabajo de un Mortífago — Dijo Severus frunciendo el ceño—. Además, los que evadieron la prisión no son tan estúpidos para intentar algo tan arriesgado como atentar contra la vida de alguna de estas personas. Son objetivos potenciales por ti, pero tu fama los protege. Un atentado contra alguien cercano al Niño Que Vivió sería muy publicitado.
Remus suspiró y se puso de pie—. Como sea, no descubriremos nada hoy. Deberíamos desempacar y prepararnos para más tarde. ¿Quieres pasar la noche con Severus, Harry?
Harry asintió y Severus sonrió con algo de malicia—. ¿Te olvidaste de la poción en tu pequeño viaje?
Remus sonrió agradablemente—. No del todo. Creí que apreciarías pasar tiempo con Harry, pero si es un inconveniente para ti, Harry estará perfectamente a salvo en su habitación mientras Canuto y yo estamos en el sótano.
—Harry no es un inconveniente — Musitó Severus.
Remus sonrió y le guiño un ojo a Harry. Sirius ni siquiera intentó contener su risa.
Aquella noche, mientras Canuto y Lunático pasaron una pacífica velada en Grimauld Place, Harry y Severus la pasaron en La Hilandera. Severus había heredado la casa de sus padres y la había conservado por su valor sentimental. Detestaba los recuerdos que tenía de su padre, pero al mismo tiempo apreciaba aquellos donde aparecían su madre y Lily. La chica había vivido a un par de calles y la había observado por un largo tiempo antes de decidir acercase a ella para decirle que era una bruja. La había observado y había detectado las señales mágicas. Había planeado bastante la forma en que la introduciría a su mundo. Bueno, las cosas no habían salido según el plan, pero al final ella se había convertido en su mejor amiga.
Había sido pobre, aun cuando su madre era parte de una antigua familia sangre pura, pues fue hasta tiempo después que había obtenido la fortuna de los Prince al ser el último heredero, pero en ese entonces su madre había sido expulsada de la familia por casarse con un Muggle. Y cuando ese Muggle se tornó violento hacia su esposa e hijo por su magia, los Prince no habían hecho nada para ayudarlos, condenándolos así al maltrato de Tobías Snape.
Eileen había amado profundamente a Severus y lo protegió tanto como pudo, muchas veces atrayendo la furia de su padre hacía ella, y esa era la razón por la cual había conservado la casa: Eran tantos los recuerdos horribles de su padre como aquellos donde el amor estaba presente, amor de las dos mujeres que habían visto algo que valía la pena en él. El odio hacia su padre lo había guiado hasta Voldemort, pero el amor de su madre y de Lily lo habían hecho reflexionar, y en aquella casa, él podía sentir la presencia de ambas.
Al principio, cuando comenzó a enseñar, no cuidaba mucho la casa, en la cual parecía que nadie habitaba, pero cuando Harry ingresó a su vida, el pequeño quería conocer dónde vivía Severus, y este comenzó a limpiar. Pidió a Dumbledore dos elfos domésticos prestados y así la casa volvió al estado prístino en que Eileen la mantenía. Incluso había una habitación exclusiva para Harry.
Harry adoraba ir la casa y escuchar historias sobre la infancia de su madre. Ahí podían ser libres, pues no había un mago o bruja en kilómetros y a los Muggles no les podía importar menos quiénes eran ellos dos.
Estaban cenando mientras Harry le contaba todo sobre la reserva de dragones a Severus, y Severus le contaba a Harry sobre la investigación que había estado haciendo, de la cual solo sabían ellos dos, cuando escucharon un ruido proveniente de la habitación de Harry. En un parpadeo Severus estaba de pie con varita en mano. Dudó un momento, pero no había forma de dejar a Harry solo en la cocina así que susurró:
—Permanece detrás de mí en todo momento.
Harry asintió y siguió a Severus silenciosamente. Cuando subieron las escaleras, Severus le indicó que se quedara en la pared junto a la puerta. Pateó la puerta y enseguida apuntó su varita directo a un elfo doméstico. Un muy emocionado elfo que estaba saltando en la cama de Harry.
—¿Quién eres? ¿Quién es tu amo? — Preguntó Severus y Harry se asomó desde la puerta.
El elfo detuvo sus saltos y bajó al suelo.
—Dobby, señor — Dijo enrollando sus orejas.
—¿Quién es tu amo? — Repitió Severus.
—Dobby no puede decirlo, no se supone que Dobby esté aquí, señor. ¡Pero Dobby tiene que advertir a Harry Potter, señor! — Respondió el elfo agitado y se lanzó hacia la lámpara que estaba en la mesa de noche. Severus fue más rápido y lo sujetó por la funda de almohada que vestía.
—¿Qué es lo que debes decirle a Harry? — Preguntó gentilmente después de sentarlo en la cama.
Al escuchar su nombre, Harry ingresó a la habitación, permaneciendo detrás de su tío.
—Harry Potter no debe volver al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Cosas terribles pasarán Y Harry Potter debe estar a salvo — Chilló Dobby.
—¡Pero yo vivo ahí! — Protestó Harry y Severus lo silenció con la mirada.
—¿Qué cosas terribles, Dobby?
El elfo intentó tomar la lámpara de nuevo y una vez más Severus lo capturó en el aire.
—No te castigues, Dobby. En ésta casa los elfos domésticos no se castigan a sí mismos — Dijo Severus seriamente.
—El señor Profesor es muy amable. El amo siempre dice que el Profesor Snape es un bastardo grasiento, pero el amo se equivoca.
Harry se rió, pero rápidamente intentó disimularlo con una fuerte tos cuando su tío lo miró por segunda ocasión.
—¿Así que tu amo me conoce? ¿Quién es tu amo?
—Dobby no puede decirlo — El pequeño elfo sacudió su cabeza efusivamente—. Dobby tendrá que castigarse por estar aquí. Dobby no debería estar aquí, pero Dobby debe proteger a Harry Potter, señor.
—¿De qué? — Preguntó Harry.
—Dobby no puede decir — Chilló.
—Dobby — Dijo Severus—. Como profesor de Hogwarts debo saber si algo pondrá en riesgo a los estudiantes.
—No, Dobby no puede. Dobby intenta mantener a Harry Potter lejos de Hogwarts, pero no puede lograrlo. Dobby pensó que, si detenía las cartas de Harry Potter, Harry Potter no regresaría, pero Dobby escuchó a Harry Potter y a usted profesor, señor, hablando del nuevo año escolar.
—¡Oye! ¡Tú eres quién tomó mis cartas! — Chilló Harry—. ¡Devuélvemelas!
Dobby, con timidez, apareció de la nada un montón de cartas atadas con una cuerda y se las ofreció al chico que lo fulminaba con la mirada.
—Si Harry Potter promete no volver a Hogwarts, puede tener sus cartas — Dijo el elfo.
—¡Yo vivo ahí! ¡Mi papá y mi tío están ahí! ¡Mis amigos! ¡Mi abuelo vive ahí! ¡Mi Tío…! ¡Los otros profesores están ahí! — Exclamó.
—Dobby, ¿No sería mejor decirnos lo que va a ocurrir para que podamos detenerlo? — Preguntó Severus amablemente tratando de hacerlo razonar.
El pequeño elfo negó con su cabeza vigorosamente y jalando sus orejas con sus manos dijo—. No, Dobby no puede. Dobby lo lamenta mucho, pero Dobby no puede dejar que Harry Potter vuelva — Dejó caer las cartas, chasqueó sus dedos, y el caos comenzó: Todos los muebles y objetos comenzaron a moverse alrededor de Dobby, el cual desapareció con otro chasquido antes de que los objetos se detuvieran.
«¡Ahora estamos en un grave problema!» Pensó Severus desde el lugar hasta donde fue empujado por una colcha.
—¡Tío Sev! ¡Hizo magia! — Chilló Harry histéricamente desde el suelo.
—Sí, lo hizo — Gruño Snape.
—Pero, tío Sev, ¡El detector! ¡Sabrán que estoy contigo!
—No te preocupes, pensaré en algo — Dijo levantándose del suelo y agitó su varita para poner todo en su lugar. No había razón para evitar usar magia ya. Nunca usaba magia en la casa cuando Harry estaba con él, debido al detector que el Ministerio de Magia tenía en los magos menores de edad. Sabrían si se hacía magia alrededor de Harry. Sabrían la dirección y ligarla a Severus tomaría solo un segundo. ¿Cómo explicar que Harry Potter estaba en su casa y que no pareciera que fuera por su propia elección? Tenía que actuar rápido. Sabía que era cuestión de tiempo para que Lucius o algún otro ex colega se enterase.
Apresuró a un muy nervioso Harry escaleras abajo justo a tiempo para ver una lechuza entrar zumbando. La carta del Ministerio para Harry.
Una idea se le ocurrió y le sonrió a Harry. Era lo suficientemente buena para permitirse usar magia una vez más.
Se aseguró de poner su mejor cara de «Murciélago de las mazmorras», se dirigió a la chimenea y la encendió. Lanzó los polvos flu y gritó «Mafalda Hopkirk, Oficina Contra el Uso Incorrecto de la Magia, Ministerio de Magia». Después de una sensación de nauseas, su cara estuvo frente a frente con una pequeña bruja que usaba lentes cuadrados y tenía un montón de pergaminos sobre su escritorio. Miró en dirección a la chimenea, al enfurecido hombre.
—¿Puedo ayudarlo, señor?
—¡Sí! — Gruñó—. ¡Soy Severus Snape, profesor de pociones de Hogwarts y acabo de recibir una carta diciendo que se realizó un uso inadecuado de magia en mi casa! Quiero hablar con el imbécil que la envió.
—Sé quién es usted, señor. ¿Su casa dice? ¿Dónde está? — Preguntó nerviosamente.
—La calle de La Hilandera — Respondió secamente.
—Oh, mi… ¿Esa es su casa? Envié la carta a Harry Potter Black. Ese es un vecindario Muggle, no sabía que esa es su casa, señor — Dijo casi suplicando.
—Entonces, Dumbledore me obliga a cuidar al insufrible mocoso mientras su padre está indispuesto, ¿Y soy atacado por lechuzas del Ministerio? ¿Se supone que deje de hacer magia solo por cuidar al pequeño héroe? ¡Es un ultraje! Quiero hablar con el responsable. Le mencionaré esto a mi buen amigo Lucius Malfoy y estoy seguro que él estará más que feliz de llevar ésta situación al mismísimo Ministro Fudge.
—No, no, por favor, señor. Esto no volverá a suceder en el futuro. Por supuesto que debí haber revisado si era la residencia de un mago, arreglaré el error y cancelaré la notificación. Por favor, señor, no lleve esto al Ministro Fudge — Suplicó.
—Veré lo que puedo hacer — Bufó y sacó su cabeza de la chimenea. Miró a un preocupado Harry.
—Eso debería ser suficiente. Para esta hora mañana todo el Ministerio sabrá que Severus Snape fue obligado por Dumbledore a cuidar a un chico que claramente él odia, o ella hará desaparecer cualquier prueba de que estuviste aquí y nunca le dirá a nadie.
—¿Estás seguro, tío Sev? — Preguntó nervioso.
Severus se puso de pie, agitó el cabello de Harry y guiándolo hacia la cocina—. Positivo. No soy un Slytherin por nada, ¿Sabes? Ahora sigamos cenando — Después de pensar un momento agregó—. Creo que es mejor comenzar a mantener nuestra fachada también aquí, nunca se sabe cuándo quieran venir a revisar en persona.
Gruñó. Genial, el elfo les había quitado el único lugar donde no tenían que preocuparse por nada. Tenía la vaga impresión de haber visto al elfo doméstico en algún lugar, pero no recordaba dónde. Lo estaba volviendo loco, ¡Por Merlín, era un espía! Es lo que debería hacer; ¡Poner atención a los detalles! ¿Dónde había visto al elfo? ¿Pero no era esa la mejor habilidad de un elfo?
No ser visto.
—Entonces, al menos sabemos que las cartas no fueron leídas — Dijo Sirius escoltando a Harry hacia fuera de la casa.
—Asumimos eso, pues no parece que hayan sido abiertas — Lo corrigió Remus saliendo tras él—. Aún no sabemos a quién le pertenece ese elfo.
Sirius le lanzó una mirada que claramente decía «Deja de preocupar a Harry» —. Sí, pero todas estaban cerradas — Dijo.
Se detuvieron en la esquina más oscura de Grimauld Place y Sirius tomó la mano de Harry—. ¿Listo cachorro? — Harry asintió y de repente fue engullido por la sensación de ser apretado por todas partes. Cuando la sensación se detuvo se encontró a sí mismo en un callejón cercano al Caldero Chorreante.
Entraron al bar, saludaron a Tom y se dirigieron al pasadizo hacia el Callejón Diagon, donde encontraron a los Weasley, los Longbottom y los Granger en la heladería Florean Fortescue. Tan pronto como los vieron, dos pelirrojos idénticos corrieron hacia ellos.
—Profesor Lunático, profesor Canuto, es un placer verlos. Por favor, muéstrennos sus técnicas — Chillaron.
Harry escuchó a su tío gruñir y se dirigió hasta donde sus amigos—. Hola chicos. Feliz cumpleaños Neville — dijo palmeando el hombro del muchacho.
—También para ti Harry, ¿Qué te regalaron?
—Oh, compraremos una mascota para mí, creo que una lechuza. Tenemos la de la familia, pero me gustaría una que fuera solo mía.
—Eso es muy lindo — Dijo con amabilidad la señora Weasley—. Oh, dejen de molestar a Sirius y Remus, ¡Honestamente! — Bufó.
Sirius agitó su mano quitándole importancia al asunto—. Está bien Molly, son chicos buenos.
La señora Weasley le dirigió una mirada que claramente decía que ella creía que los gemelos eran de todo, excepto chicos buenos.
—Entonces, ¿A dónde? — Preguntó Harry.
—Ginny ya tiene su varita — Dijo Ron—. Aún tenemos que comprar los libros y los ingredientes de pociones, y tú necesitas ir a la tienda de mascotas.
—Y a la tienda de Quidditch — Respondió Harry.
—¡Obviamente!
—Perdona, pero no es obvio, ¿Para qué querríamos ir ahí? — Preguntó Hermione y recibió miradas de sorpresa de parte de los Weasley, Neville, Harry y Sirius.
—¿Qué quieres decir con «Para qué querríamos ir ahí»? — Preguntó Sirius débilmente.
—No todos son fanáticos acérrimos del Quidditch, Sirius— Explicó con calma Remus.
—Pero, Lunático — Dijo Sirius desesperado—. ¡Quidditch!
—Está bien, papá — Harry palmeó el hombro de su frustrado padre—. Podemos ir primero a ver la tienda de Quidditch, te sentirás mejor — Dijo empujándolo a él y a Ron, quién tenía el mismo aspecto. Hermione estaba bufando, cuando escuchó a su madre decirle a su padre:
—Creo que el Quidditch es para ellos, lo que el fútbol es para ti, cariño.
—Completamente entendible — Se defendió a sí mismo el señor Granger.
Cuando lo artículos de calidad de Quidditch entraron en su vista, los niños se sorprendieron de inmediato.
—Miren, es la nueva Nimbus dos mil uno — Dijo Ginny mientras miraba la escoba. Ron comenzó a recitarles a los demás las características de las escobas mientras Remus siguió a Sirius, el cual se dirigió directamente al mostrador.
—Señor, ¿Puedo ver una de esas? — Dijo Sirius apuntando la escoba.
—¿Qué estás haciendo? — Preguntó Remus.
—Comprando el regalo de cumpleaños de Harry, por supuesto — Sirius rodó los ojos mientras el vendedor invocaba la reluciente escoba.
—Creí que le compraríamos una lechuza, no otra escoba — Dijo Remus seriamente.
—Pero, Lunático, mírala, ¡Harry necesita lo mejor! Hasta tiene elementos de seguridad y todo.
—Harry ya tiene una muy buena escoba que le compraste justo el año pasado.
—Lo sé Lunático, pero mira ¡Seguridad! — Sirius intentó razonar con su amigo.
—Sí señor, tiene los mejores aditamentos de seguridad del mercado — Dijo con preocupación el vendedor. Parecía que no deseaba nada más en el mundo que patear a Remus hasta fuera de la tienda.
—Harry está muy feliz con su escoba — Dijo Remus tomando la escoba de las manos de Sirius y poniéndola en el mostrador.
—Pero es la misma escoba que el resto de la escuela tiene, ésta es la mejor. Harry necesita lo mejor para ganar — Musitó Sirius tomándola de nuevo.
—¿Estás diciendo que Harry solo puede ganar si la escoba es la mejor? Eso es denigrar sus habilidades de vuelo.
—Eso no es lo que dije — Respondió Sirius ofendido.
—De hecho, estoy de acuerdo con eso — Pronunció una voz detrás de ellos. Ambos hombres voltearon y gruñeron.
—Lucius — Dijo Sirius haciendo una mueca.
—¿Consiguiéndole a Potter toda la ayuda posible? — Preguntó Malfoy arrastrando las palabras.
—Estoy comprándole a mi hijo un regalo — Dijo Sirius apretando los dientes.
—Es completamente entendible — Lucius sonrió—. Draco está en el equipo este año, buscador, y Potter no tendrá ninguna oportunidad sin una escoba como ésta. Acabo de comprarle a Draco, y al resto del equipo un lote completo de Nimbus dos mil uno.
—Al menos yo no tuve que comprarle a mi hijo el lugar en el equipo — Sonrió Sirius. Lucius entre cerró los ojos.
—Tenía la impresión de que les habías comprado escobas también — Escupió.
—De hecho — Remus aclaró su garganta—. Sirius compró escobas nuevas para toda la escuela, y creo que el equipo de Slytherin hizo buen uso de ellas. Y eso fue después de que Harry ingresó al equipo.
Lucius lo miró como si fuera una cosa despreciable y miró a Sirius sonriendo—. Cuando tu padre es el subjefe de la casa, es fácil hacerlo.
Sirius dejó caer la escoba y el vendedor se apresuró a atraparla.
—Creo que Harry conservará su escoba y cuando le gane a tu precioso hijo y a su escoba superior, veremos quién ríe — Dijo apretando los dientes y salió dando zancadas de la tienda con Remus pisándole los talones. Harry miró con preocupación a su padre y decidió seguirlo.
Sirius estaba dando vueltas y lanzando miradas a la tienda mientras el rubio salía de ella.
—Hummm, papá, ¿Todo está bien? — Preguntó Harry, pero Sirius no contestó y mantuvo la mirada en la tienda.
—Todo está bien. Tú papá solamente tuvo un pequeño malentendido con el esposo de su prima — Dijo Remus con calma. Harry asintió con entendimiento.
—Mira a dónde va, apuesto a que no es para algo bueno — Dijo Sirius cabeceando con dirección al Callejón Knockturn, donde Lucius acababa de entrar.
Remus suspiró—. Nunca hace algo bueno, Sirius. ¿Por qué no vamos a la tienda de mascotas? Harry ya tiene los ingredientes de pociones, así que le diré a los demás que nos encuentren en Flourish & Blotts — Dijo y se acercó a la señora Weasley. Harry sonrió. Severus siempre le daba ingredientes para pociones de su inventario personal, que él adquiría con los mejores vendedores, no los que tenían todo preparado para estudiantes.
Remus volvió y los guio hasta el Emporio de la Lechuza. Sirius, aun así, siguió mirando el callejón Knockturn.
—Ya sabes tío Lunático, podríamos comprar un gato — Dijo Harry inocentemente. Sirius le dio un zape en la cabeza.
—¡No bromees con eso!
Continuará...
