El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.

Capítulo 10

Desastre con la prensa

La familia de tres integrantes salió de la tienda de mascotas con una lechuza nival que aparentemente había estado ahí mucho tiempo, algo que Harry no lograba entender, pues era hermosa y vivaz, algo que la haría encajar bien en su familia. Llegaron a Flourish & Blotts donde encontraron una gran multitud. Empujando a varias personas lograron llegar al interior, donde Sirius vio el familiar océano de cabellos rojos.

—¿Qué está pasando aquí? — Preguntó.

—Gilderoy Lockhart está firmando su autobiografía — Respondió Arthur con algo de irritación y Sirius bufó.

—¡No! Lockhart…

—¿Lo conoces, papá? — Preguntó Harry.

—Sí — Remus respondió por su amigo—. Es un idiota pomposo un par de años mayor que nosotros. Estuvo en Hufflepuff y desde entonces buscaba tener fama: Intentó tomar el crédito de algunas bromas de los Merodeadores. James no estuvo muy contento con eso y basta decir que Lockhart terminó siendo víctima de esas mismas bromas.

Harry observó su lista de libros y frunció el ceño—. Necesitamos todos sus libros.

—¡Oh, genial! — Gruñó Sirius—. Apuesto a que la nueva profesora es una admiradora enfermiza.

—¿Aún no saben quién es el nuevo profesor? — Preguntó Arthur.

Sirius negó con la cabeza—. No, no he hablado con Albus desde que comenzó el verano y en ese entonces aún no tenía a nadie.

—Dame tu lista, Harry — Dijo Remus—. Intentaré comprar tus libros lo más rápido posible para poder irnos.

Arthur lo miró ceñudo—. No hay forma, ya lo intenté. Los empleados están ocupados con la firma de libros. Solo pude comprar los de segunda mano porque esa parte de la tienda está aparte.

Harry notó que Ginny sostenía un caldero con varios libros usados dentro. Se acercó a sus amigos y al llegar escuchó decir a Hermione:

—¿Creen que firmará nuestros libros? ¡Escribió todos los de Defensa!

Harry contuvo su risa y casi no resistió al notar que Ron y Ginny estaban haciendo lo mismo. La multitud comenzó a empujar y por más que intentaban mantenerse juntos, la gente los separaba. De repente, Harry y Neville estuvieron en la primera fila, justo frente a un escritorio lleno de libros titulados «Mi yo mágico». Miraron a su alrededor intentando encontrar a los demás.

—¿Ves a alguien? — Preguntó Neville.

—No, creo que están atrás. Papá no estará feliz cuando no me encuentre — Dijo Harry preocupado.

—¡¿Tú papá?! ¿Estás preocupado por él? Mi abuela me despellejará, me dijo que me mantuviera cerca. Estaba junto a nosotros hablando con la señora Weasley sobre Lockhart — Chilló Neville agitando su cabeza—. Fue bastante incómodo.

Harry sonrió con simpatía. Se distrajo de sus pensamientos al casi ser golpeado en la cara cuando la gente frente a él comenzó a aplaudir. Volteó la vista al frente para ver que estaban ovacionando a un hombre rubio vestido con una túnica azul chillón brillante y sonriendo con sus relucientes dientes blancos a la audiencia. Un fotógrafo danzaba a su alrededor tomando fotos. Cuando el rubio volteó para ser fotografiado, vislumbró a Harry.

—No puede ser… ¡Es Harry Potter! — Gritó.

Jaló al chico hasta su lado y comenzó a estrechar su mano frente a la cámara. Harry intentó zafarse, pero Lockhart lo tenía sujetado con fuerza del hombro.

—Una buena y grande sonrisa, Harry. Apareceremos juntos en la primera plana — Dijo entre dientes, sonriendo.

Pero Harry no estaba sonriendo, se estaba retorciendo y desde atrás pudo sentir a Neville intentando soltar el brazo de Lockhart.

—Yo me dejaría ir si fuera usted. Esto no será bueno para su salud — Dijo Harry.

—No Harry, ¡No! A todos les gusta la publicidad — Dijo desde la comisura de sus labios. Se volvió a la audiencia y con voz alta dijo—. Cuando el joven Harry entró a Flourish & Blotts para comprar mi autobiografía, «Mi yo mágico», el cual le daré sin costo alguno, no tenía idea de que tendría mucho más que mi libro — La multitud aplaudió de nuevo y Harry escuchó un grito (¡Suelta a mi hijo!) muy cerca. «Alguien está en peligro», pensó —. De hecho, él y sus compañeros estudiantes tendrán al yo mágico real. Sí, sí, damas y caballeros, con mucho orgullo he aceptado el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

—¿QUÉ? —Se escuchó un terrorífico grito y Harry conocía la voz muy bien. Su padre tenía la mirada perdida y cara de enfado. Estaba a un par de filas de ellos.

—Sí, sí señor. Acepté la tarea de impartir mi conocimiento supremo adquirido en el campo a nuestros queridos niños, y el joven Harry aquí presente, tendrá la experiencia de aprender del mejor. Sí, por favor, más fotos.

Harry no supo si fueron las palabras «Conocimiento supremo», que el hombre dijera que era «el mejor» o el hecho de pedir más fotos, lo que causó que Sirius se enfureciera aún más y en un segundo logró lo que Neville había intentado hacer. Apartó a la multitud y parándose frente a Lockhart le gritó:

—¡Suelta a mi hijo AHORA! — Se volteó y sujetó la cámara del fotógrafo—. Si veo una sola fotografía de Harry en El Profeta me aseguraré de demandarte a ti y a tu periódico por todo lo que tienen, hasta el último Knut — siseó.

El fotógrafo tragó saliva y desapareció antes de que Sirius pudiese quitarle la cámara. Lockhart, quien aparentemente no sabía cuándo guardar silencio, comenzó a hablarle a Sirius.

—Tranquilo, tranquilo señor. No hay por qué ponerse así. No hay nada de malo en que el joven Harry sea introducido a la publicidad por alguien con tanta experiencia como yo.

Los ojos de Sirius se entrecerraron y se rehúso a pensar en lo que su yo más joven habría interpretado de esa frase. Lockhart podía ser presumido, pero Sirius esperaba, por su propio bien, que el hombre no fuera tan enfermo y estúpido.

—Si lo que dices es cierto y tendremos que soportarte en la escuela, más vale que te mantengas alejado de mi hijo, ¿Fui claro? — Siseó.

—¿Quién es su hijo? — Preguntó Lockhart y Harry golpeó su propia frente, aun manteniéndose cerca de su padre.

—Señor, es Harry — Dijo Neville intentado ayudar.

—Vámonos — Ladró Sirius y guio a Harry y Neville a través de la multitud hasta el grupo, dejando a un asombrado Lockhart detrás. Los chicos se reunieron con Ron, Hermione y Ginny al frente de la tienda.

—¿Estás bien? — Preguntó Ginny.

—Sí, solo algo agitado. Espero que Lockhart haga caso a la advertencia de papá.

Hermione miró a Sirius, quien estaba alejado hablando con los Weasley, Remus y los Granger.

—Sería un idiota si no lo hace — Dijo ella—. Está furioso.

—A papá no le gusta cuando la prensa cree que tienen el derecho de acosarme— Comenzó a explicar cuando una voz, en el mismo tono que la que Sirius había escuchado en la tienda de Quidditch, se escuchó desde las escaleras.

—Papi tiene que proteger al pequeño bebé.

Harry y Ron entrecerraron los ojos y Harry siseó—. ¿Qué quieres, Malfoy?

—Apuesto a que adoraste ese pequeño espectáculo. No puedes llegar a algún lugar sin que nadie lo sepa — Dijo Draco descendiendo las escaleras y mirando a Harry.

—A Harry no le gusta su fama — Musitó Ginny.

—Oh, la pequeña comadreja va a proteger al bebé Potter ahora— Sonrió.

Harry se hartó con eso, pero siendo honestos, estuvo bastante tentado a dejar que Draco lidiase con Ginny.

—Draco, Draco, apártate —Dijo el señor Malfoy detrás de su hijo—. No es agradable ser visto con tal compañía — Dijo mirando a Hermione con disgusto. Ron y Neville se movieron automáticamente frente a ella. Harry estaba a punto de responder, pero su padre fue más rápido.

—Es mejor que ser visto contigo, Lucy.

Lucius encaró a Sirius y al señor Weasley. Desde el otro lado, los señores Granger se pusieron junto a su hija.

—El nombre es Lucius —Siseó el señor Malfoy—. Arthur, ¿Dando un paseo? No pensaría que tienes tiempo con todas esas redadas — Miró a Ginny y tomó uno de los libros usados de su caldero—. Aparentemente solo lo haces por diversión — Terminó mirando el libro con disgusto.

—¿Enserio Arthur? — Sirius se dirigió al mencionado—. Debiste haberme llamado, siempre disfruto atrapar a un Mortífago con las manos ocupadas— Dijo volviendo a mirar a Malfoy.

—Cuando visite la mansión Malfoy te llamaré— Dijo Arthur sonriendo.

—Cómo te atreves —Dijo Lucius tomando su varita, pero el señor Weasley fue más rápido y lo golpeó en el rostro. Hubo un ruido metálico cuando el caldero de Ginny cayó al suelo pues los señores Weasley y Malfoy comenzaron a pelear. Sirius se unió a ellos, pero no estaba claro si intentaba separarlos o ayudar al señor Weasley. Los niños animaban a Sirius y a Arthur mientras las señoras Weasley, Longbottom y Granger les gritaban que se detuvieran. Finalmente, Remus y el padre de Hermione lograron apartar a Sirius y al señor Weasley mientras uno de los trabajadores de la tienda ayudaba al señor Malfoy a ponerse de pie.

—Caballeros, por favor — Dijo.

Malfoy intentó desarrugar su túnica y arreglar su cabello, pero un moretón crecía sobre su ojo izquierdo. Aún sostenía el libro de Ginny y lo depósito de vuelta en el caldero—. Toma, esto es lo mejor que tu padre podrá permitirse — Entonces salió de la tienda jalando a Draco.

Harry corrió hasta donde su padre, mientras los hijos Weasley iban a donde el suyo.

—Eso fue brillante, papá.

—No lo animes Harry — Dijo Remus con seriedad recogiendo la jaula de la lechuza que había puesto en el suelo—. ¿Olvidas que Malfoy está en el Consejo Escolar? — Dijo mirando a Sirius.

—No ha logrado deshacerse de Dumbledore sin importar cuánto se ha esforzado, y no logrará deshacerse de mi— Dijo Sirius a la defensiva.

—Esa no es razón para comenzar a pelear frente a los niños — Dijo la señora Weasley—. ¡Honestamente Arthur! ¡Y acusarlo de esa manera! Puede causarte muchos problemas.

—No voy a pretender que no sé lo que es— Exclamó el señor Weasley indignado. Su esposa gruñó.


—¿Puedes repetirlo de nuevo? Creo que tenía algo en los oídos.

Gilderoy Lockhart es el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras — Dijo muy lentamente.

—¿Qué poseyó a Albus para hacer eso?

—Y Sirius y Arthur golpearon a Lucius Malfoy — Se escuchó desde el sofá.

Sirius, quien estaba parado junto a la chimenea de la sala en Grimauld Place, lanzó a su amigo una mirada asesina.

—Ese idiota pomposo no sabría decir la diferencia entre la maldición asesina y un hechizo estimulante— Chilló Severus desde su lugar frente a Sirius.

—Claro, dímelo — Sirius rodó los ojos.

Remus suspiró y se inclinó hacia el frente—. Miren el lado bueno, al menos sabemos que no está en la nómina de Voldemort. Voldemort no querría a alguien como él.

Recibió dos miradas asesinas.

—No encuentro esto divertido, Lupin — Dijo Severus y comenzó a caminar—. Genial, tenemos a un elfo doméstico loco diciendo que cosas horribles pasarán éste año y, por otra parte, Albus contrata a ese altanero.

—Para ser justos, tal vez Albus lo contrató antes de la visita de Dobby — Trató de razonar Remus.

—No, fui a Hogwarts después de que dejé a Harry aquí el día siguiente a la luna llena y no había contratado a nadie en ese entonces. Eso fue hace dos semanas. ¿En qué estaba pensando Albus?

El gesto de Sirius se convirtió en un ceño fruncido—. ¿Alguna novedad en el asunto de Dobby?

—No. No tengo idea de qué estaba hablando o de quién es su dueño— Severus suspiró y se dejó caer junto a Remus—. ¿Qué hay de Harry?

—¿Qué hay con él? — Preguntó Remus.

—Aquella noche tuvo horribles pesadillas… Pero pudo ser por el desastre que dejó Dobby— Dijo Severus.

Remus hizo una mueca—. No, tuvo pesadillas con los Dursley también. Más de una vez me desperté y noté que había bajado a mi cama, pero creo que están mejorando. En la reserva no tuvo ninguna, pero posiblemente fue porque estuvo exhausto cada día y ahora son más esporádicas. Aun así, he encontrado a cierto perro roñoso durmiendo a los pies de su cama un par de veces.

Sirius gruñó—. Lo escuché quejarse y cuando Canuto está con él, se calma, ¿Por qué no?

—Es normal — Dijo Severus—. No podemos esperar que pasé a través de lo que pasó y no tenga secuelas, pero es fuerte, no dejará que le afecte el resto de su vida.


Harry, Remus y Sirius arribaron a King's Cross. Cuando llegaron a la barrera entre las plataformas nueve y diez observaron a los Weasley atravesarla. Solo la señora Weasley, Ron y Ginny faltaban por hacerlo.

—Ahí están — Dijo Molly—. Creí que ya estaban dentro, llegamos tarde.

—Sí— Remus le lanzó una mirada mortal a Sirius—. Alguien decidió hacer el desayuno en vez de dejar que el elfo doméstico lo hiciera y casi hizo explotar la cocina en el proceso.

Sirius sonrió tímidamente—. No puedes negar que fue divertido — Dijo guiñándole un ojo a Harry.

—Bueno…— Dijo la señora Weasley en tono de desaprobación—. Deberíamos entrar. Iré con Ginny.

Remus asintió y ellas cruzaron la pared. Tomó el carrito de Ron—. Aquí Ron, llevaré tu carrito y Sirius llevará el de Harry, así ambos pueden pasar con más discreción.

Harry y Ron miraron a los dos adultos y sus carritos desaparecer. Comenzaron a avanzar mientras hablaban calmadamente, pero cuando estaban por cruzar, se toparon con pared sólida.

—¡Ay! — Musitó Ron sobando su nariz—. Eso dolió.

Harry tocó la pared—. Está cerrada, ¿Por qué está cerrada? Se supone que se cierre hasta que los padres salgan.

—¿Crees que ellos puedan salir? — Preguntó Ron.

Harry frunció el ceño y mordió su labio inferior. Continuó palpando la pared esperando que dejara de ser sólida. Ron le hizo una seña y cabeceó en dirección al guardia que los miraba divertido. Sonrieron y se encaminaron hacia uno de los bancos.

—¿Deberíamos esperar a que vuelvan?

—Supongo — Dijo Harry mirando el reloj de la pared. Once en punto—. Ya perdimos el tren, los padres deberían estar saliendo, entonces papá puede aparecernos con él— Decidieron esperar, y esperar… Y esperar.

Después de media hora de esperar, ninguna persona salió de la barrera, se estaban poniendo impacientes.

—Tal vez no pueden salir— Dijo Ron—. ¿Qué hacemos?

—¿Cómo llegaron? — Preguntó Harry.

—El auto de papá, ¿Ustedes?

—En la motocicleta de papá. Tío Remus se apareció con mi equipaje, pero papá me había prometido que vendríamos en la motocicleta. La extraña cuando está en Hogwarts y le gusta usarla para todo.

Ron frunció el ceño, suspiró y lo volvió a fruncir—. El auto de papá está dando problemas, pero tal vez podríamos usar la motocicleta de tu padre y seguir el tren, ¿Sabes cómo conducirla?

—Sí, he visto a papá hacerlo muchas veces, aunque nunca lo he hecho, ¿No deberíamos esperar?

—¡Harry! Están atrapados. Tenemos que decírselo a alguien, tenemos que llegar a Hogwarts e informarle a Dumbledore. Es nuestro deber — Finalizó solemnemente.

Harry asintió—. Cierto, tienes razón, vamos.


Sirius se retorció. Estaba atorado entre Molly y Remus, el tren estaba lleno. La barrera se había cerrado detrás de él y Lunático antes de que Harry y Ron pudiesen atravesarla. Por supuesto, por cuestiones de seguridad, no podías aparecerte dentro o fuera de la plataforma o el tren, así que los padres tuvieron que abordar para poder aparecerse desde Hogsmeade. Golpeó su pierna. Harry y Ron estaban solos en King's Cross. Había enviado a Hedwig, la nueva lechuza de Harry, con un mensaje para que alguien recogiera a los chicos, pero nadie sabía cuánto se tardaría en llegar. Todo podía suceder. Sirius solo esperaba que permanecieran juntos.


No era tan difícil, puf, su padre siempre decía que Harry era muy joven para conducir la motocicleta. Llevaban volando un par de horas, les había tomado un rato alcanzar el tren pues tenía más de media hora de ventaja, pero gracias a la velocidad de la motocicleta lo habían avistado y comenzado a seguirlo desde entonces. Harry tuvo que admitir que estaba comenzando a tener hambre, pero no había forma de comer, así que continuó con el viaje, con Ron sujetándose a él con todas sus fuerzas. Ron nunca había montado en la motocicleta, y era muy diferente a usar una escoba. Tener el control era una cosa, y confiar en que alguien condujera una gran motocicleta voladora, era otra.


—¡No puede ser! — Dijo una voz a su lado. Sirius miró a su amigo, el cual estaba viendo por la ventana con la boca abierta.

—¿Qué? — Se inclinó hacia adelante y rápidamente se quedó sin palabras.

—¡No lo hicieron!

—¿Qué ocurre? — Preguntó Molly y todas las personas en el compartimiento miraron a través de la ventana.

—¡Voy a matarlos! — Rugió Molly.

—¡Excelente! — Dijo uno de los gemelos. Ninguno de los ocupantes del compartimiento pudo apartar la vista de la enorme motocicleta que estaba volando en el cielo y que comenzaba a subir más y más, escondiéndose entre las nubes.

Continuará...