—¡Dean!

El grito lo sacudió, literalmente, consiguiendo que una pequeña parte de su cerebro recordara que estaba herido.

—¡Dean!

Parpadeó un par de veces. Pero la luz seguía ahí y él seguía incapaz de articular palabra.

Unos largos dedos se acercaron a su rostro, casi cegándole. Y, un momento después, todo volvía a la normalidad. Su habitación solo estaba iluminada por la lámpara del techo, y Cas se alzaba ante él con expresión preocupada.

—¿Qué…? —Consiguió decir antes de darse cuenta de que el ángel sostenía las gafas en una mano. —¿Qué ha pasado?

—¿De dónde has sacado esto? —Le preguntó Castiel sin responderle.

Casi parecía enfadado. Como si estuviera muy molesto con él. Dean recorrió su rostro pero, aunque sus ojos seguían siendo de un azul imposible, ninguna luz brillaba en ellos.

—¿De dónde has sacado estas gafas, Dean?

—Yo… las hicimos para poder ver a los perros del infierno… y… ¿cómo? ¿Qué acaba de pasar?

Dean se levantó demasiado deprisa y el dolor volvió a retorcerle el rostro. Cas soltó un suspiro antes de apoyarle dos dedos en la frente. El cazador se quitó la venda sabiendo que encontraría su piel en perfecto estado. Incluso le había quitado la sangre seca. Estaba como recién salido de la ducha.

Se pasó una mano tentativa por el costado. No le dolía en absoluto.

—¿Puedes ponerte algo?

De repente se dio cuenta de que estaba medio desnudo y un sutil rubor le subió a las mejillas. Si no hubiera estado tan pasmado por lo que acababa de ver, lo más probable era que hubiera aprovechado el momento para soltar algún comentario coqueto. Porqué, aunque sabía que Cas estaba fuera de su alcance, nada le impedía coquetear de vez en cuando.

Cogió una camiseta del armario y se la puso sin mirar siquiera cuál era. Sin zarpazos ni luces que lo distrajeran, empezaba a volver a sí mismo.

—¿Vas a decirme de una vez qué coño acabo de ver?

Quizá le había salido un poco brusco, pero ya no podía controlarse. Necesitaba saber qué era aquello. Cas soltó un suspiro, se sentó en el borde de la cama y bajó la vista avergonzado.

—Las gafas te han permitido ver mi divinidad. No son lo suficientemente fuertes como para enseñarte mi verdadera forma, pero te han dejado vislumbrar parte de ella —las sospechas de Dean se habían confirmado—. Lo siento…

—¿Lo sientes? ¿Por qué? Cas. Ha sido…

Mierda. No tenía ni idea de cómo describirlo.

—Yo… digamos que no soy de los ángeles más hermosos de la Creación. Solo un soldado raso con demasiadas cicatrices como para ser bello. Siento que hayas tenido que verme así.

Dean se lo quedó mirando un momento como si estuviera loco. Debía de estarlo. Vio cómo jugueteaba con las gafas que tenía aun entre las manos y se dio cuenta de que el ángel estaba nervioso.

¿Se podía ser tan poderoso y tonto a la vez?

Dean seguía mirándole sin saber qué decir cuando vio cómo la mirada de Cas subía un momento a encontrarse con su rostro para, justo después, volver a retroceder hacia sus manos. Qué mono era cuando se ponía nervioso.

—A mí me has parecido muy hermoso.

—Gracias… —Dijo Castiel, nada convencido.

—¿No me crees?

Se encogió de hombros, aun sin levantar la vista. Dean se rascó un momento la nuca antes de ir a sentarse a su lado en el borde de la cama. Cuando creía que Cas ya no diría nada, habló.

—Perdona Dean, pero tu conocimiento sobre el verdadero aspecto de un ángel es nulo. No sabes lo que dices.

El cazador sonrió ante la plana sinceridad de su amigo. Siempre le había gustado eso de él. Sí, a veces le ponía en situaciones incómodas. Pero también le hacía sonreír, y había poca gente en el mundo que consiguiera eso tan fácilmente.

Respiró hondo como si el aire estuviera hecho de valor y quisiera insuflarse un poco a sí mismo, y cogió la mano de Castiel. Era cálida y suave. No parecía la mano de un guerrero y, sin embargo, lo era. Cas había sido uno de los mejores soldados del Cielo desde los inicios de la Creación. Seguía siéndolo. No habría podido sobrevivir a todo lo que había sobrevivido si no lo fuera. Bueno, a parte del par de veces que había muerto y vuelto misteriosamente a la vida.

—Dean, ¿qué haces?

—¿Eh?

Perdido en sus propios pensamientos, su pulgar había decidido moverse por sí solo y acariciaba los nudillos de Cas con suavidad. El ángel no había sonado enfadado, ni tan siquiera molesto, pero Dean apartó la mano igualmente.

—Parecías triste, intentaba consolarte un poco. —Contestó al fin.

—Gracias.

Un incómodo silencio se instaló en la habitación. Normalmente no le importaba estarse callado al lado de Cas; solía ser cómo encontrar un remanso de paz en el tumultuoso estrés que era su vida. Pero algo había cambiado. O quizá solo era él.

Cas se levantó de repente. Sus ojos parecían mirar más allá de las paredes del búnker, señal de que estaba escuchando a los ángeles.

—Tengo que irme. Se me necesita en el Cielo.

Sin decir nada más, sin tan siquiera mirarle, desapareció. Dean soltó un suspiro, mezcla de alivio y exasperación. Odiaba cuando le hacía eso. Cuando desparecía sin más. Pero, siendo sincero consigo mismo, no tenía ni idea de cómo habría sorteado la incomodidad que se había metido bajo su piel. No había sido buena idea cogerle de la mano. No. Tendría que haberle dado una par de palmadas en la espalda y ya está. Como había estado haciendo hasta el momento. Como hacía con Sam.

—Qué estúpido eres, Dean Winchester…

Decidió darse una ducha para intentar calmar los nervios. Quizá así conseguiría dormir un poco. Lo necesitaba. Sin Cas ahí para distraerle, se daba cuenta de lo mucho que necesitaba cerrar los ojos y olvidarse de todo durante unas cuantas horas.

Cuando fue a levantarse, apoyando la mano en el colchón, notó las gafas entre las sábanas. La imagen de Castiel, el ángel del Señor, volvió a su cabeza. Su luz era tan cálida… miró las gafas y las guardó en el cajón de su mesilla de noche. Una idea empezaba a cobrar forma, pero no era el momento.

La ducha surtió efecto y no tardó en dormirse, aun con la visión de unas extraordinarias alas cerrándose sobre él y la calidez de la luz que las envolvía suavizándole el corazón.

Sé que este es corto, pero juro que el siguiente valdrá la pena! Vuestros comentarios me dan la vida! :)