Dean intentó sacarse la imagen de la cabeza y prestó atención a lo que decían. Al parecer había una tabla de los ángeles, que era lo que Crowley estaba buscando realmente. Vio como Cas se hacía el sorprendido. Sus dotes de actuación no habían mejorado en absoluto. Estaba claro que les estaba mintiendo. Sabía lo de la tabla des del principio.

Hicieron caso a Meg y salieron del hotel. En la casa de la primera víctima, la demonio les indicó el lugar de la cripta de Lucifer. Todo el asunto se estaba yendo de madre. Dean empezaba a sentirse como un niño que no entendía de qué hablaban los adultos. Y las miraditas entre Castiel y Meg no ayudaban en absoluto. Lo cual fue a peor cuando la demonio se fue a buscar algo de alcohol y el ángel la siguió.

Mierda.

Sam ya estaba en el portátil, tecleando como un loco, cuando le soltó una excusa para, en realidad, ir a ver qué coño estaban haciendo ésos dos.

"Por el amor de una madre, que no se estén besando. Por favor…"

Dean se escondió tras el pasillo y escuchó la conversación sintiéndose como un intruso, pero sin ser capaz de irse.

Meg le estaba tirando los tejos al ángel, para variar. Dean sabía que la demonio había cuidado de Cas cuando se había vuelto loco tras quedarse con la experiencia de Sam en la jaula de Lucifer. Y le carcomía por dentro no haber sido él. No haber sido capaz de mirar a su amigo a los ojos sin ver a los leviatanes. No haber sido capaz de perdonarle inmediatamente.

—¿Lo recuerdas todo? —Decía Meg en ése momento con una sonrisa en sus palabras.

El silencio de Cas dijo más que su respuesta.

—Si te refieres a lo del hombre de las pizzas. Sí, lo recuerdo.

Los celos y la envidia se removieron en el estómago de Dean como si estuviera sufriendo la peor indigestión de su vida. Genial. Todo iba de maravilla. Otra imagen mental para sus pesadillas. Sus piernas se movieron antes de que su cerebro lo decidiera y volvió al lado de su hermano, luchando por suavizar el ceño fruncido y la tensión de su mandíbula.

—¿Vamos a confiar en Megstiel? —Preguntó, hiriéndose con sus propias palabras.

—No, pero qué opción tenemos.

Sam cerró el portátil sin decir nada más. Ya sabían adónde tenían que ir. Estaban a punto de llegar al salón, donde Cas y Meg seguían hablando. Dean pilló lo que decía la demonio en ése momento y la espiral de celos volvió a revolverle el estómago. Cas estaba a punto de responder a los avances de Meg, y eso era más de lo que Dean iba a aguantar.

—Vale. Venga campistas.

No se quedó más de un segundo después de interrumpirlos. No podía verlos ahí tan amigablemente. Tan juntos el uno del otro. Salió por la puerta con Sam pisándole los talones.

Si su hermano no hubiera tenido tanto en lo que pensar, se habría dado cuenta de que Dean estaba raro. Pero Sam estaba bajo demasiada presión. Las pruebas, ahora Lucifer; que era claramente un tema delicado.

Llegaron al edificio abandonado que les habían indicado Meg.

—Vale. Cas y yo entraremos en plan Indiana Jones. Sam, tu quédate fuera con Meg. —Dijo Dean sabiendo que su hermano no iba a aceptar a la primera.

—¿Qué? —Y ahí estaba Sam— ¿Qué dices Dean? No pienso dejarte entrar solo.

Las siguientes palabras de Cas casi consiguieron que se tropezara. Por fortuna, todo el mundo estaba demasiado concentrado en la misión y tuvo tiempo de recuperar la compostura.

—No entrará solo.

—No me refiero a eso —contestó Sam cada vez más molesto—. Meg puede quedarse vigilando.

Dean soltó un resoplido.

—¿Ahora te fías de Meg?

—¡Eh! Os he traído hasta aquí.

—Cállate Meg. —Dijeron los dos hermanos a la vez.

Sam siguió intentando convencer a su hermano, pero Dean no iba a dejarle entrar ni por todo el oro del mundo. Cuando habló, Cas había parecido recuperar un poco de aquella suavidad con la que normalmente les hablaba. Pero sus palabras estrujaron el corazón de Dean.

—Dean tiene razón. Debes quedarte y proteger a Meg.

—¿Desde cuándo necesito protección? —Replicó la demonio.

—Desde que te capturaron y te torturaron durante más de un año. —Su voz se había vuelto a endurecer.

Estaba claro que el ángel sentía algo por ella. Algo que Dean no entendía. "¿Pero cómo vas a entenderlo?" Pensó. Ellos eran seres sobrenaturales, antiguos y poderosos. Aunque estuvieran en polos opuestos de la balanza, se parecían más entre ellos que con los humanos. Dean reprimió las ganas de soltar una maldición.

—Vale… ahora volvemos.