El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.
Capítulo 16
Conoce a Tom Sorvolo Ryddle
Era más fácil decir que hablarían con Myrtle la Llorona que hacerlo. Dado que los estudiantes no estaban a solas ningún momento, Harry, Neville y Ron no habían logrado hallar un momento para entrar sin ser notados al baño de chicas. Si hubiera sido el de chicos, habrían tenido una excusa, pero, ¿El de niñas?
Para empeorar las cosas, en la opinión de Harry, los profesores les informaron que los exámenes comenzarían en una semana. McGonagall les había dado una estricta explicación: El punto de mantener la escuela abierta era para educarlos, lo cual incluía a los exámenes. Sirius preguntó inocentemente si alguno tenía una idea de en qué usar el tiempo que no fuera en los exámenes. Harry miró a su padre y descubrió que no era el único haciéndolo. De hecho, tenía varias ideas de en qué usar su tiempo.
Como Hermione seguía petrificada, los chicos notaron cuánto dependían de ella para organizar sus horarios y resolver algunas dudas. Harry decidió hacer uso del tutor residente de Hogwarts, pero cuando los tres pasaron a la oficina de Remus para agendar una sesión, se decepcionaron al descubrir que no habían sido los únicos con la misma idea y que el horario estaba lleno. Remus había prometido ayudarles en su tiempo libre, pero eso no sería suficiente para cubrir lo que necesitaban. Comenzaron a desesperarse.
Algo bueno que había sucedido, era que McGonagall les había informado durante el desayuno que las Mandrágoras estaban listas, y que las víctimas petrificadas serían revividas esa misma noche. Ron estaba feliz, y dijo que no importaba que no hubieran hablado con Myrtle, pero Harry tenía la corazonada de que el heredero de Slytherin seguía por ahí, y que aún podía herir a alguien.
Además, el extraño comportamiento de Ginny seguía vigente; se había acercado a ellos para decirles algo, pero Percy había interrumpido y dicho que su hermana lo había encontrado haciendo algo que él no quería que la gente supiera. A Harry le había parecido extraño. Conocía a Ginny, y si ella sabía algún secreto sobre Percy, estaría alegre, no asustada y nerviosa. Se había comportado muy extraña los últimos días, especialmente con Harry, y este suponía que la chica aún estaba avergonzada por el enano cantante de San Valentín, algo que Harry había descubierto después que había sido una broma de Fred y George, pero toda la escuela creía que había sido obra de Ginny.
«¿Cómo es que me metí en este embrollo?», se preguntó mientras sentía los efectos del veneno, «¡Oh, cierto! ¡Lockhart!».
Las cosas parecían mejorar: las Mandrágoras estaban listas y Harry, Ron y Neville habían logrado engañar a Lockhart de camino a Historia de la Magia. Habían planeado hablar con Myrtle, pero McGonagall los había descubierto, y después de pensar rápidamente, la habían convencido que intentaban visitar a Hermione. En la enfermería, descubrieron que Hermione había estado sujetando una hoja de algún libro, y que había descubierto que el monstruo de Slytherin era un basilisco que se movía por las tuberías. Además, la entrada a la Cámara estaba en el baño de Myrtle la Llorona.
Estaban a punto de ir a contarle a Sirius, cuando la amplificada voz de McGonagall ordenó a los alumnos volver a sus dormitorios. Entonces, escucharon la peor noticia: Ginny había sido llevada a la Cámara de los Secretos. Ron, Neville y Harry, decidieron entonces contarle a algún profesor, preferiblemente a McGonagall, Sirius, Remus o Severus, lo que habían descubierto (Ron y Neville no habían estado tan emocionados de agregar a Snape a la lista). Desafortunadamente, el primer profesor que encontraron fue a Lockhart en un corredor, el cual hacía levitar un par de baúles frente a él, en un claro intento de huir. Harry no lo pensó dos veces y con un grito (¡Expelliarmus!) desarmó al idiota profesor.
—¿A dónde va, profesor? ¿No debería estar buscando a Ginny? —preguntó fríamente. Neville y Ron también apuntaban a Lockhart con sus varitas.
—Bueno, creo que los otros profesores pueden…
—¡Usted es el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras! —chilló Neville.
—¡Y todo lo que cuenta en sus libros! —gritó Ron.
—Los libros pueden ser mal interpretados… —murmuró Lockhart.
—¡Usted los escribió! —gritó Harry.
Lockhart rodó los ojos con impaciencia—. Honestamente, ¿de verdad creen que las personas estarían interesadas en escuchar que sólo escribí esas hazañas? ¡Obviamente debían creer que las hice!
—¿Quiere decir que robó esas historias? —preguntó Neville con incredulidad—. ¿Qué hay de las personas que lo hicieron?
—Nada que un pequeño Obliviate no pueda resolver… —bufó Lockhart—. Ahora, si me dan mi varita, sólo aplicaré un hechizo desmemorizante en ustedes y me iré.
—¿De verdad cree que somos tan tontos? —preguntó Ron. Lockhart se encogió de hombros.
—No lo creo, señor —dijo Harry de repente—. Verá, sabemos dónde está la entrada a la Cámara de los Secretos, y usted irá por Ginny. Ron y yo lo llevaremos. Neville, ¿puedes decirle a mi papá y a los demás lo que ocurre?
Neville asintió y se alejó corriendo. Ron picó a Lockhart con su varita, el cual se puso de pie a regañadientes.
Se dirigieron al abandonado baño de chicas, donde Myrtle les contó que antes de morir, había escuchado a un chico decir algo en un extraño lenguaje, y que cuando había abierto la puerta del aseo, vio un par de ojos amarillos y entonces murió. Harry se acercó al lavabo que Myrtle había señalado y encontró el relieve de una pequeña serpiente en uno de los grifos de cobre. Susurró «Ábrete» en pársel y entonces el lavamanos se hundió en el suelo hasta que una enorme tubería quedó expuesta.
—Supongo que esa es la entrada —dijo Ron.
—Los demás profesores llegarán en cualquier segundo, ellos traerán a Ginny de vuelta —dijo Harry con confianza.
—No lo creo… —susurró Lockhart detrás de ellos. Estaba sonriendo y apuntándolos con la varita de Ron. El pelirrojo buscó en sus bolsillos. ¿Por qué era tan tonto? Había puesto su varita en su bolsillo antes de arrodillarse a examinar el lavabo.
—Terrible situación, verán, los chicos intentaron enfrentar al monstruo ellos mismos y fueron capturados por él. Fue demasiado tarde para salvar a la pobre chica y los chicos enloquecieron. Lo lamento tanto… Ahora, Harry, sé tan amable de cerrar la entrada para que pueda borrar sus recuerdos y podamos salir de este horrible lugar.
Harry y Ron miraban la varita. Estaba peligrosamente cerca de la tubería, pero Harry sabía que no podría cerrar la entrada, no mientras Ginny siguiera dentro.
Lockhart se acercó más a ellos y tuvieron que dar otro paso hacia atrás. Harry notó que la mitad de su pie izquierdo estaba sobre el vacío.
—¡Obl…! —Comenzó a decir Lockhart, pero al mismo tiempo, Myrtle gritó detrás de él:
—¡Te olvidas de mí!
Lockhart tropezó y cayó hacia adelante, llevando a Harry y Ron con él hacia la tubería. Cayeron por lo que parecieron siglos. Harry pudo ver otras tuberías saliendo en otras direcciones. De repente, la tubería terminó y aterrizaron con un fuerte estampido sobre el pantanoso suelo de un oscuro túnel de piedra. Harry miró detrás de sí mismo; Lockhart y Ron habían caído un poco lejos de él. Sólo podía esperar que Ron hubiera sido capaz de recuperar su varita, pero esta estaba sujetada firmemente en la mano de Lockhart.
—Creo que esto es suficiente, chicos. Tuvieron su diversión… —apuntó a Harry con la varita—. ¡Obliviate!
Harry esquivó y conjuró un escudo, pero en lugar de ver el hechizo, escuchó una explosión y pedazos de piedra cayendo. Tosió con el polvo que se había levantado y cuando por fin fue capaz de ver algo, vio un muro de rocas donde previamente había estado parado.
—¡Ron! —chilló. ¿Y si Ron hubiera estado bajo esas rocas? —. ¡Ron!
—Estoy aquí, estoy bien, pero el idiota no… —la voz de Ron llegó de forma apagada—. La varita se volvió contra él… Recibió un golpe duro, está inconsciente.
Harry intentó mover algunas piedras, pero le fue imposible. Estaba atrapado sin forma de salir, y con un basilisco en algún lugar del túnel.
—Tomará años quitar estas rocas —dijo Ron—, no puedo pasar.
Harry sabía que Ginny estaba en algún lugar dentro del túnel, aún podía estar viva, pero, ¿Por cuánto tiempo más? ¿Tenían tiempo de esperar la ayuda? Debía tomar una decisión.
—Ron, intenta quitar algunas de estas piedras. Los profesores que Neville fue a buscar llegarán pronto y podrán ayudarte. Iré a buscar a Ginny, ¡Diles! Necesitaré toda la ayuda posible, pero no podemos esperar… —no espero por respuesta y comenzó a alejarse.
—¡No, Harry! ¡Espera! —escuchó a su espalda.
Siguió andando por el túnel hasta que encontró una pared sólida con dos serpientes entrelazadas talladas sobre la piedra.
—¡Ábrete! —dijo, y la pared comenzó a abrirse mientras las serpientes se separaban. Observó una enorme cámara con pilares de piedra, donde más serpientes se alzaban para sostener el techo. Muy cuidadosamente, Harry entró, expectante a la aparición del Basilisco en cualquier segundo. Mientras recorría la sala, su corazón se detuvo de repente: Justo en medio del suelo, Ginny yacía inmóvil. Corrió hacia ella lo más rápido que pudo.
—¡Ginny! ¡Oh, por favor, Ginny, no estés muerta! —susurró mientras la sacudía y se acercaba más a ella—. Por favor, despierta, tenemos que irnos, vamos Ginny, ¡Por favor!
—No despertará —dijo una voz suave.
Harry alzó la mirada y vio a un muchacho alto, de pelo negro, de alrededor de dieciséis años, recargado en una de las columnas, mirándolo. Extrañamente, tenía los contornos borrosos, como si Harry estuviera mirándolo a través de una ventana empañada. Lo reconoció de inmediato y se puso en alerta.
—¿Tom? ¿Tom Ryddle?
Ryddle asintió. Harry revisó el pulso de Ginny, el cual apenas estaba presente.
—Aún está viva, pero no por mucho… —dijo Ryddle con una expresión que sólo mostraba lo mucho que disfrutaba la situación.
Mientras Harry alzaba la mirada de nuevo hacia Ryddle, vio junto a Ginny el diario que había perdido. Recordó lo que su padre había dicho sobre el diario, y de alguna forma, supo que tenía que deshacerse del diario, y de Ryddle.
—¿Qué eres? ¿Un fantasma?
—Un recuerdo —respondió Ryddle—, preservado en las páginas de mi diario por cincuenta años.
Harry lo miró con sospecha. Algo no estaba bien, Tom parecía muy tranquilo como para estar en un lugar donde un Basilisco podía aparecer en cualquier momento.
—Tenía muchas ganas de conocerte, Harry… —dijo Tom mientras avanzaba hacia él con una mirada voraz—. Durante meses he esperado conocerte, y la pequeña Ginny estaba muy dispuesta a contarme todo acerca de ti. Por supuesto, tuve que soportar todos sus tontos y pequeños problemas: la gente que la molesta por su ropa y libros de segunda mano; como nunca estaría a la altura de sus hermanos, y del mejor amigo de su hermano, tú; las personas siempre la verán como la pequeña Ginny que compartía clases con Harry Potter, pero no como una verdadera alumna. Es demasiado aburrido, pero fui muy simpático, paciente. Respondí con palabras amables, ella lo adoró: Oh, Tom, nadie me entiende como tú. Estoy tan feliz de tener este diario para desahogarme… Es como tener a un amigo que puedo llevar en mi bolsillo.
Ryddle soltó una risotada fría que hizo que Harry sintiera un escalofrío recorrer su espalda. Recordaba esa risa de sus pesadillas. La recordaba del final del año anterior, pero no podía ser.
—Si es necesario que yo lo diga, Harry, siempre he fascinado a la gente que me ha convenido. Ginny me entregó su alma, y su alma era exactamente lo que necesitaba. Me hice más fuerte a base de sus más grandes temores, sus más profundos secretos. Me hice más fuerte, aún más fuerte que la pequeña señorita Weasley. Lo suficientemente fuerte para empezar a alimentarla con algunos de mis secretos, para darle un poco de mi alma…
—¡Tú hiciste todo! —dijo Harry entornando los ojos.
—Oh, en cierta forma no hice nada; ella lo hizo. Ella abrió la Cámara de los Secretos, ella mató a los gallos, ella soltó la serpiente que petrificó a cuatro estudiantes y a la gata del squib —susurró dignificado—, yo sólo fui la mente detrás, pero ella hizo todo. Todo es lo mismo.
—No, no lo es. Ginny nunca haría eso con su propia voluntad… —gruñó Harry.
Ryddle volvió a reír—. Tienes razón. Intentó repelerme cuando se dio cuenta de que no recordaba lapsos de tiempo: Oh, Tom, creo que estoy perdiendo la memoria. Hay plumas de gallos en mi túnica y no recuerdo cómo llegaron ahí… Eventualmente se dio cuenta de que ella era quien hacía todas esas cosas e intentó deshacerse del diario, y es cuando tú apareciste. Ginny ya me había dicho todo sobre ti. Oh, no sabes cuánto ansiaba conocerte.
—¿Y por qué querías? ¿Querías saber cómo fuiste derrotado? —preguntó Harry y Ryddle volvió a reír fríamente.
—No eres tan tonto como creía, ¿Cómo descubriste mi anagrama?
—¿Qué anagrama?
Ryddle usó la varita de Ginny, que estaba en su mano, para comenzar a escribir en el aire:
TOM SORVOLO RYDDLE
Luego, agitó la varita y las letras cambiaron de lugar:
SOY LORD VOLDEMORT
Harry lo miró con desdén—. No, lo siento. No uso mi tiempo en juegos de niños… —dijo y Ryddle enfureció. Harry consideró que no era sabio provocarlo, pero sabía que la ayuda estaba en camino, así que debía seguir de pie.
—Reconocí tu risa. Es bastante distinguible.
—¿De verdad? Me encanta ser recordado. Pero como dijiste, quiero saber cómo lo hiciste. Esa es la razón por la cual estamos aquí, Harry. Cuando Ginny volvió a escribir en el diario me enfurecí. Te vio con el diario y entró en pánico; fue a husmear en tus cosas y lo robó. Yo quería hablar más contigo, así que tuve que actuar. Hice que atacara de nuevo con la esperanza de alejar a Dumbledore —sonrió al agregar lo último—, y lo logré. Ginny me contó que él es como un abuelo para ti; no podía tenerlo aquí para protegerte, no, no, no —agitó su dedo, como si estuviera hablando con un niño malo—. El próximo paso era traerte a aquí abajo. ¿Conoces una mejor forma que secuestrando a la hermana bebé de tu mejor amigo? Contaba con el hecho de que sólo tú puedes abrir la Cámara, y claro, tu tonta valentía Gryffindor. Y fui recompensado, estás aquí. Ahora, ¿cómo lograste vencer al más grande mago del mundo?
—¡No lo eres! ¡Dumbledore es el mago más grande del mundo! —chilló Harry mientras apuntaba a Ryddle con su varita.
—¡Dumbledore! ¡Dumbledore fue alejado del castillo por mi simple recuerdo!
—No está tan lejos como crees… —susurró Harry. Su mente trabajaba a toda máquina. ¿Qué podía hacer? Los fantasmas no eran afectados por hechizos, ¿Los recuerdos sí?
Ryddle separó sus labios, pero se detuvo. El sonido de música parecía llegar de algún lugar, música que Harry conocía, música que había escuchado tantas veces era pequeño y había estado asustado en las ocasiones que su abuelo lo cuidaba. Harry alzó la mirada y su corazón comenzó a latir con fuerza. Fawkes apareció en medio de un estallido de fuego. Mientras volaba bajo, dejó caer algo en los brazos de Harry, el cual, al bajar la mirada observó el Sombrero Seleccionador. Frunció el ceño; no era momento para mensajes crípticos.
Ryddle comenzó a reír—. ¿Esto es lo que Dumbledore envía a su máximo defensor? ¿Un ave y un sombrero viejo? ¿Te sientes valiente, Harry Potter? ¿Te sientes seguro?
No, no era así, pero no se lo diría a Ryddle.
El rostro de Ryddle se tornó serio—. Suficiente plática. Quiero saber cómo lograste sobrevivir a mis atentados contra tu vida dos veces. Cuéntamelo todo; Mientras más hables… más tiempo vives.
Harry comenzó a pensar rápidamente. Podía quedarse parado esperando la ayuda, pero mientras más tiempo estuviera así, la vida de Ginny se drenaría más. Tragó saliva con dificultad y decidió que actuaría. Tenía su varita y a Fawkes. Intentaría en un duelo. Tal vez, con mucha suerte, podría derrotar a Ryddle, quien era más grande y tenía más experiencia en las Artes Oscuras que él. ¿A qué estaba jugando? ¡Estaba condenado! Pero era la mejor oportunidad para Ginny.
—Nadie sabe qué fue exactamente lo que sucedió, cómo perdiste tus poderes, pero lo que sé es que yo no hice nada. Fue mí, común y nacida de Muggles, madre quien lo hizo; ella te derrotó. Su sacrificio de amor no permitió que me mataras. Lord Voldemort fue vencido por una bruja nacida de Muggles y te transformó en el ruin ser que eres; escondido, feo, tonto, ¡apenas vivo! —casi gritó invadido por la furia.
La cara de Ryddle se contorsionó, pero rápidamente se tornó en una sonrisa desagradable.
—Entonces fue cuestión de suerte que te salvaras, no un poder especial, sólo un mal cálculo de mi parte… —su sonrisa se alargó más—. Ahora, Harry, veamos cómo te enfrentas al poder del heredero de Slytherin —Ryddle caminó hasta detenerse en medio de los pilares. Miró hacia lo que Harry supuso era el rostro de Salazar Slytherin y comenzó a sisear:
—Háblame, Slytherin, el más grande de los Cuatro de Hogwarts.
Harry supuso que era otra contraseña. Sólo necesitabas un megalómano egocéntrico para entender a otro.
La gigantesca boca de Slytherin se abrió, y para horror de Harry, algo salió arrastrándose. Sujetando aún el Sombrero Seleccionador, se levantó y caminó hacia atrás hasta que chocó contra la pared. Antes de cerrar los ojos, susurró «Wingardium Leviosa» mientras apuntaba a Ginny y la levitó hasta una esquina cubierta por piedras, donde esperaba no la encontraran.
Algo enorme golpeó el suelo. Pudo sentir que la serpiente se desenrollaba mientras Ryddle siseaba «Mátalo». Comenzó a correr a ciegas esperando alejarse. Con una mano extendida intentó guiarse, mientras con la otra lanzaba todas las maldiciones dañinas que conocía, pero sabía que eran inútiles; el basilisco era protegido por su propia piel.
Escuchó un siseo y un estridente sonido. De repente algo pesado lo golpeó y salió volando hasta chocar contra una pared. Desorientado, Harry no pudo resistirse. Abrió los ojos y lo que vio hizo que quisiera ponerse a cantar de alegría: Fawkes había atacado los ojos del basilisco, de los cuales emanaba sangre. Estaba ciego, así que era seguro para Harry mirar.
Alentado por ello, Harry comenzó a lanzar más hechizos hacia él, sabiendo que al menos golpeaban el blanco. El basilisco comenzó a agitarse más y avanzó en la dirección de la cual provenían los hechizos. Harry comenzó a correr, pero tropezó y tuvo que usar la mano con la que sostenía el sombrero para frenar su caída. Mientras se levantaba, puso el sombrero en su cabeza para tener ambas manos libres y correr tan rápido como podía.
De repente llegó hasta una pared, y al voltear a su alrededor notó que estaba acorralado. Comenzó a pedir que la ayuda llegara pronto, pero no vio nada. En su lugar, Harry sintió que algo pesado lo golpeó en la cabeza mientras el sombrero se contraía. Tomó el sombrero para sacar lo que fuera que estaba dentro y su mano sujetó la empuñadora de la Espada de Gryffindor. La espada que había visto tantas veces en la oficina de su abuelo. Casi por instinto, Harry sujetó la espada con firmeza frente a él justo a tiempo para que el basilisco la clavara por sí mismo. La espada atravesó su boca abierta clavándose en el paladar.
Harry sintió sangre brotar de su brazo mientras un agudo dolor lo recorría un poco arriba de su codo. Repentinamente el basilisco fue alejado de él por una fuerza invisible y Harry lo vio caer muerto varios metros a lo lejos. Además, vio que uno de los colmillos había quedado clavado en su brazo. Se deslizó por la pared, tomó el colmillo y lo sacó lentamente de su brazo. Sabía que era demasiado tarde; moriría, y Ginny también. Mientras su rostro se tornaba pálido, su temperatura aumentaba y un ardiente dolor lo recorría, vio a Fawkes volar hacia él y escuchó la voz de Remus musitando su nombre.
«¿Cómo es que me metí en este embrollo?», pensó, «¡Oh, cierto! ¡Lockhart!».
Notó algo caer sobre su regazo y con la vista nublada descubrió que Fawkes había llevado el diario hasta él. Realmente no sabía que era lo que quería que hiciera con él, pero sujetó con fuerza el colmillo que aún estaba en su mano y lo clavo en el diario. Escuchó un horrible grito proveniente de alguna parte, mientras una oscura tinta emanaba del diario y escurría hasta el suelo.
—Harry… —dijo con dificultad la voz de Remus. Notó que unas manos fuertes lo cargaban y dejó caer el diario y el colmillo—. Harry, mírame cachorro. Por favor… No te rindas.
—Perdón tío Lunático. Intentamos ir contigo, Lockhart… —dijo débilmente.
—Sh, está bien —susurró Remus mientras limpiaba las lágrimas del rostro de Harry con una mano temblorosa.
La oscuridad estaba más cerca, pero Harry sintió algo húmedo y caliente caer sobre su brazo, justo sobre la herida causada por el colmillo. Lentamente la oscuridad se fue así como el dolor. Comenzó a enfocar de nuevo y Harry pudo ver a Remus claramente. Dirigió la vista a su brazo y vio a Fawkes llorando sobre este. Sonrío. Fawkes lo había salvado.
—Gracias Fawkes, estuviste brillante.
El ave soltó un feliz chirrido y se alejó volando hasta donde Ginny estaba despertando. Un ejército de profesores inundó la entrada de la cámara y Harry vio a Ron correr hacia Ginny, y a Sirius hacia él. Remus lo abrazó con más fuerza y comenzó a mecerlo. Sirius se unió al abrazo, besando la cabeza de Harry.
Harry no dijo nada, sabía que era más para el bienestar de Sirius y Remus, que para el suyo.
