El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.
Capítulo 17
De hermanos
—Entonces, ¿el profesor Lupin levitó al basilisco lejos de ti?
—Lo bueno es que lo hizo o probablemente me habría aplastado y hecho papilla — respondió Harry a Hermione, la cual se estaba poniendo al corriente de todo lo que había pasado mientras había estado petrificada.
—¿Cómo llegó antes que los demás? —preguntó ella.
Harry se encogió de hombros, pensativo; no había pensado en eso. Miró a Ron.
—No lo sé. Todos estábamos intentando abrir un espacio y de repente el profesor Lupin desapareció. Pop, como si se hubiera aparecido.
—No puedes aparecerte en los terrenos de Hogwarts —dijo Hermione.
—Tal vez no cuenta como si estuviera dentro de los terrenos porque es muy profundo —razonó Neville.
—¿Entonces porque los demás no se aparecieron también? —preguntó ella. Los chicos sólo se encogieron de hombros. Hermione gruñó y siguió haciendo preguntas, una tras otra, que ellos respondieron pacientemente.
Observó al cuarteto charlar. Aquella era una de esas ocasiones en las que más odiaba el papel que debía fingir.
Cuánto quería poder abrazar a Harry y asegurarse de que estaba bien justo como Remus y Sirius habían hecho, pero no podía. No con los Weasley, Flitwick y Sprout ahí con ellos. Debía mantener su rostro sepulcral aun cuando por dentro se estaba desmoronando al observar la enorme bestia que Harry había enfrentado, al observar el colmillo que sabía había atravesado a su pequeño. Si Fawkes no hubiera estado ahí… Ni siquiera quería pensar en ello. Habría sido demasiado tarde incluso para el antídoto que llevaba en el bolsillo; lo había elaborado después de que Albus les había compartido su teoría, cuando aún existían los huecos que habían sido explicados después por la teoría de la señorita Granger. Era un hombre preparado, pero el problema, la razón por la cual el veneno de basilisco era tan letal, era que el antídoto debía ser usado casi al mismo tiempo que la piel era infectada pues el veneno actuaba rápidamente: para cuando habían llegado a la escena, Harry podría haber estado muerto. Sintió un escalofrío recorrerlo con simplemente imaginarlo y tuvo que mirar a Harry hablar animadamente, a salvo y vivo, para calmarse.
Después de que extirparon la espada de Gryffindor del basilisco, y de que Severus realizó un hechizo para preservar la bestia (volvería después a recolectar los materiales), los cinco profesores invocaron escobas y volaron de vuelta a través de las tuberías acompañados de Fawkes. Severus tuvo el desagradable honor de llevar al amnésico Lockhart como su pasajero.
Cuando llegaron al baño, donde Longbottom los estaba esperando, Myrtle la Llorona pareció algo molesta de que Harry y Remus siguieran con vida. Al parecer quería tener compañía y había estado enamorada del hombre lobo desde que este había sido un alumno. El hecho de que Sirius no hubiera aprovechado la situación para molestar a su amigo, era una señal de qué tan agitados que estaban. Oh, bueno, lo recordaría después. Sprout y Flitwick se despidieron de ellos para asegurarse de que los alumnos de sus respectivas casas estuvieran en sus dormitorios, y no como los tres Gryffindor.
Severus sabía que debía hacer lo mismo, pero usando la excusa de que Remus y Sirius estaban actuando más como padres afligidos que como profesores, acompañó al resto del grupo a la oficina de McGonagall, donde encontraron a los padres Weasley siendo confortados por Minerva, y, para su gran sorpresa y alivio, a Albus.
Los Weasley, por supuesto, corrieron hasta sus hijos. Honestamente, Severus pensó que abrazarían a la chica hasta cortarle la respiración, y quiso regañarlos por hacer que el sacrificio de Harry hubiera sido para nada. Milagrosamente, no fue así, la niña estaba bien, aunque algo agitada. Había estado demasiado callada desde que la habían encontrado, y constantemente lanzando miradas asustadas y… de culpa a Harry y Ron. Un segundo después, Severus se vio entre las personas abrazadas por Molly mientras ella le agradecía haber salvado a su hija y honestamente no pudo hacer nada más que mirarla con sorpresa. Desde el rabillo de sus ojos, pudo ver los labios de Harry curvarse ligeramente, pero una firme mirada hizo que el chico se comportara.
Después llegaron las explicaciones. Harry explicó lo que había pasado, cómo se había metido en esa situación y McGonagall tuvo que poner una barrera invisible entre los Merodeadores y el desmemoriado Lockhart. Desafortunadamente, Severus había quedado detrás de la barrera también, y sabía que McGonagall lo había hecho a propósito; después de todo, ella y Poppy eran las únicas personas además de ellos que conocían la verdad. No había forma de poder ocultárselos, no con los puestos que tenían.
Albus preguntó a Ginny cómo había sido que el señor oscuro había logrado encantarla para abrir la Cámara, y entonces Severus comprendió la mirada llena de culpa de la chica y su silencio. Albus debió haber sido un Slytherin, el muy astuto anciano. Harry explicó lo del diario y Arthur regañó a su hija por haber confiado en un objeto inanimado que podía pensar. Entonces Albus les explicó sobre Tom Ryddle, el huérfano mestizo que había estudiado en Hogwarts y después se había convertido en Lord Voldemort. Severus estaba perplejo; nunca había sabido que el señor oscuro era de sangre mestiza, o el heredero de Slytherin por línea materna. Ahora que lo pensaba, aun cuando sabía que Voldemort había estado en Slytherin, nunca había sabido su nombre real. Se había creado un nuevo nombre y botado el antiguo. Severus no pudo evitar notar las similitudes, el Príncipe Mestizo. No, no era lo mismo, él tenía algo que Voldemort nunca había tenido, amor, y aún más importante, aún amaba. Y Severus no había sido delegado. Sí, estúpida analogía, pero, ¿el señor oscuro había sido delegado? ¿Quién lo habría pensado?
Albus pidió a Minerva que prepara un banquete y que acompañara al clan Weasley y a Lockhart a la enfermería, a donde Severus quería que Harry fuera también, pero Albus aún quería hablar con Harry. A decir verdad, Severus quería escuchar en persona por qué Albus no les había dicho que Ryddle era Voldemort cuando les había dicho que creía que Ryddle había abierto la cámara la primera vez, y que fueran cuidadosos con el diario.
—Cometí un error. Nunca pensé que llegaríamos hasta esta situación y no consideré necesario preocuparlos. Creí que hallaríamos el diario discretamente y lo destruiríamos —dijo Albus.
—Saberlo no nos habría hecho daño, Albus —dijo Remus tranquilamente—. Habría hecho que estuviéramos más conscientes de la clase de peligro al cual nos estábamos enfrentando. Creíamos que estábamos lidiando con un enfermo y cruel antiguo estudiante que pudiera tener descendientes de los cuales no sabíamos. No alguna forma del más temido mago del último siglo.
Albus lució más viejo y suspiró.
—Sólo puedo disculparme por mi equivocación y prometo que seré más divulgativo en el futuro, Remus.
—Espero que lo hagas —dijo Severus con firmeza—. No podemos ayudar si estamos en la oscuridad.
En ese preciso momento la puerta se abrió de golpe y un enfurecido Lucius Malfoy ingresó a la oficina dando zancadas. Severus casi brincó, casi, y agradeció al cielo que Lucius no hubiera llegado un segundo antes.
—Has vuelto… —dijo Lucius entrecerrando los ojos.
—Yo digo que sí —respondió Sirius observando a Dumbledore, como si se estuviera asegurando de que fuera él—. ¿No lo crees Remus? O tal vez es el gemelo de Albus que no sabíamos que tenía.
Lucius lanzó una mirada a Sirius:
—El consejo escolar lo suspendió y aun así se toma la libertad de ignorarlo y volver a Hogwarts.
—Bueno, verás, Lucius —dijo Dumbledore tranquilamente sonriendo—, los miembros del consejo parecieron estar bajo la impresión…
Severus no prestó atención a la guerra verbal entre Lucius y Dumbledore, donde el último explicó todo lo que había ocurrido y lo que había hecho Arthur Weasley, y dirigió su atención al pequeño elfo doméstico que había acompañado a Lucius; Dobby. Se patearía a sí mismo. Ahí era donde había visto al maldito elfo: la mansión Malfoy. ¿Cuántas veces, cuando había ido a socializar con los Malfoy, había sido atendido por ese mismo elfo?
Cuando escuchó a Harry decirle a Lucius que había puesto el diario entre los libros de Ginny durante la famosa pelea en Flourish y Blotts, todo tuvo sentido. ¡Estúpido, estúpido, estúpido! Si hubiera recordado al maldito elfo, se habría dado cuenta de que Lucius había estado detrás de todo desde el inicio. Estaba tan ocupado regañándose que apenas y notó a Remus y Sirius salir corriendo detrás de Harry. Cuando notó que Lucius también se había ido se pateó mentalmente una vez más y salió corriendo tras ellos.
Llegó justo a tiempo para ver a Harry dejar un calcetín en la mano de Lucius, y a este último rasgar el calcetín para encontrar el diario dentro, y darle el calcetín a Dobby. Severus tuvo que resistirse mucho para no reír.
—Vas a terminar como tus padres uno de estos días; también eran unos idiotas entrometidos… —dijo bajando la voz.
Los ojos de Sirius y Remus se agrandaron y ambos se pusieron frente a Harry.
—Mejor ser un idiota entrometido que un idiota que se doblega… —musitó Sirius.
Lucius lo miró con furia y se volvió para irse, llamando a Dobby, el cual aún estaba sorprendido de haber sido liberado. Cuando se dio cuenta, Lucius intentó atacar a Harry, pero antes de que cualquiera de los merodeadores pudiera actuar, Dobby atacó a Malfoy el cual salió volando. Sin otra opción, Malfoy se dio la vuelta y se marchó apresuradamente, no sin antes lanzar una mirada a Severus.
—Diez puntos menos para Gryffindor, Potter, por insultar a tus mayores —dijo para mantener el espectáculo, y cuando Lucius estuvo fuera de vista y Dobby se esfumó después de prometer que no volvería a intentar salvar la vida de Harry, agregó con voz baja—: Quince puntos para Gryffindor por hacer que Malfoy luciera como un idiota.
Severus volvió al presente cuando escuchó a Dumbledore darle la bienvenida a Hagrid y decir que los exámenes serían cancelados como celebración. Después, le dio puntos por valentía a Harry, Weasley y Longbottom, por lo cual, el último parecía sorprendido. Honestamente, Severus creía que Weasley merecía más puntos porque su varita se había vuelto contra Lockhart, atacándolo.
El final del semestre de verano pasó asombrosamente rápido. Después de asegurarle que la no culpaban de nada, Ginny volvió a su humor habitual e incluso comenzó a hacer amigos de su mismo año. Había estado muy distraída al pensar que Harry casi había muerto por su culpa, pero Harry le aseguró que no habría nada que hubiera podido hacer al respecto.
Una noche, durante la última semana del año escolar, Harry fue despertado a la mitad de la noche por un muy angustiado elfo doméstico.
—Kreacher —dijo Harry con voz somnolienta—, ¿qué ocurre?, ¿estás bien?
—Oh, el amo Harry se preocupa por Kreacher, cuando el amo Harry es quien casi muere y deja solo a Kreacher… —respondió sollozando el viejo elfo.
Harry se levantó rápidamente de la cama e intentó calmar al elfo.
—No, no estés triste, Kreacher. Mira, estoy mucho mejor ahora.
—Kreacher lo lamenta, amo Harry… —dijo el elfo haciéndolo callar—. Pero Kreacher necesita pedir la ayuda del amo.
—¿Para qué?
—Kreacher escuchó que el amo destruyó un objeto que pertenecía Al-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, y Kreacher necesita que el amo lo haga de nuevo.
—¿Destruir el diario de nuevo? ¿Alguien lo reparó? —Harry palideció.
—No, no, amo —Kreacher agitó su cabeza negando y sacó un guardapelo de entre la funda de almohada que usaba como ropa—. El amo Regulus le pidió a Kreacher destruir esto, antes de que él muriera. Pobre amo Regulus… —volvió a sollozar—. Pero, pero Kreacher no sabe cómo hacerlo. Kreacher intentó, pero nada ha funcionado, así que Kreacher lo ocultó en la mansión Black, y cuando el amo Sirius se deshizo de todo y rompió el corazón de su pobre madre, Kreacher lo guardó, incluso antes de que el amo Harry le preguntara a Kreacher si quería conservar algo. Así que Kreacher conservó muchas posesiones de los Black que el descorazonado amo quería tirar.
Harry dejó pasar los insultos hacia su padre; sabía que sin importar nada, Kreacher y Sirius nunca se llevarían bien. Tomó el guardapelo en su mano y un temblor lo invadió de repente. Algo había mal con ese guardapelo. Intentó abrirlo, pero no lo logró.
—¿Cómo obtuvo esto el tío Regulus, Kreacher?
Kreacher miró las otras camas y Harry comprendió. Hizo que el elfo subiera a su cama, cerró las cortinas y realizó un hechizo de privacidad que tío Sev había inventado llamado Muffliato.
Entonces Kreacher le contó la más interesante y horrible historia que había escuchado jamás.
Estaba jugando con el guardapelo de oro en sus manos. Lunático había ido a buscar a Albus y Severus. Retuvo un lloriqueo. Oh, cielos, ¡Regulus! Su hermano bebé. Lo había juzgado mal, había sido tan valiente, al final. Sirius no tenía idea de qué era ese objeto, pero Regulus había muerto para asegurarse de que fuera destruido, y Sirius se encargaría de que así fuera.
Regulus había sido tan recatado, lo opuesto a Sirius. Había sido estudioso, callado y pomposo, muy similar a Percy Weasley. Había creído toda la porquería de los Sangre Pura que sus padres habían apoyado, y cuando Sirius había llegado a Hogwarts y a Gryffindor, hecho amigos con mestizos, traidores a la sangre e hijos de Muggles, Regulus se había distanciado de su hermano justo como el resto de la familia. Cuando Sirius volvió a casa para las vacaciones, Regulus no habló con él. Cuando Regulus llegó a Hogwarts y había sido enviado a Slytherin, ignoró a Sirius en los pasillos, y, herido y enojado, Sirius hizo lo mismo.
Cuando decidió que había sufrido suficiente y dejó la mansión Black para ir a vivir con los Potter, Sirius ni siquiera pensó en Regulus. Se habían vuelto extraños el uno para el otro.
Años después, Sirius recibió una lechuza de su hermano pidiéndole reunirse con él en Cabeza de Puerco. Cuando llegó al lugar, se sorprendió: su siempre respetable hermano estaba desaliñado y tenía ojeras. Sus manos temblaban ligeramente y se asustaba con cualquier ruido. Sirius se preocupó, pero no supo qué hacer. Permanecieron en silencio un largo rato, sin saber qué decirle al otro, hasta que Regulus rompió el silencio.
—Tenías razón, Siri —dijo con voz ronca—. Tal vez, algún día, haré que estés orgulloso.
Entonces se levantó y se acercó a Sirius, se agachó y abrazó a su hermano; y Sirius, sin saber por qué, pero sintiéndolo, respondió al abrazo con firmeza. Entonces Regulus se fue en silencio. Esa fue la última vez que vio a su hermano. Unos días después recibió la noticia de su muerte.
—Estoy muy orgulloso de ti, Reggie… —susurró Sirius en lágrimas.
Al escuchar el ruido de la puerta abriéndose, Sirius limpió sus lágrimas y miró a Remus, Albus y Severus entrar. Albus tenía una mirada sombría, como si su más profundo temor se hubiera confirmado.
Se sentaron alrededor de la mesa y Albus pidió ver el guardapelo. Sirius se lo dio y lo observó inspeccionarlo.
Albus soltó un fuerte suspiró y dijo:
—Justo la semana pasada prometí que no les ocultaría información sensible, y así será. Llevo tiempo buscando la razón por la cual Voldemort no murió cuando la maldición asesina rebotó, y tenía una teoría que Harry confirmó cuando me dio el diario. Esto, es otra confirmación.
—¿Qué esto, Albus? —preguntó Remus con cautela.
Albus lo miró y con voz firme respondió:
—Un Horrocrux.
