El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a J. K. Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.
Capítulo 18
Fragmentos del alma
La mirada de los tres jóvenes profesores pudo haber sido descrita como cómica, si la situación no hubiera sido tan terrible.
—Con Horrocrux te refieres a… —comenzó Snape.
—Un contenedor para el alma. Lord Voldemort dividió su alma para hacerse inmortal —dijo Albus con calma—. Me contaste, Severus, que Voldemort había alardeado ante sus Mortífagos que había tomado medidas para ser inmortal. Investigué los métodos que pudo haber usado según lo que sé de su personalidad. A Tom Ryddle no le gustaba depender de otros, así que descarté aquellas que lo harían depender de algo, como la piedra filosofal u otras pociones. Pudo haber querido la piedra como un método temporal para construir un cuerpo, pero no para depender de ella. Este fue el único método que halle que no lo obligaría a depender de alguien o algo. Sólo necesito descubrir cuántos hizo y dónde los pudo haber escondido. Ya comencé a buscar lugares; debo confesar, que no previne la ayuda del joven Regulus.
—Entonces... —dijo Remus con voz temblorosa—. Quieres decir que hizo más de uno, ¿dividió su propia alma más de una vez?
Albus asintió.
—¿Cuántos? —preguntó Sirius.
—Creo que pudo haber elegido hacer siete, pues es el número mágico más poderoso, pero aún necesito confirmarlo. Ya estoy haciéndolo, y puede que necesite a Harry continuar.
—¿Por qué? —cuestionó Remus con preocupación.
—No teman, no es para algo peligroso. Sólo quiero usar la influencia de Harry para obtener información de un antiguo colega, tan pronto como lo encuentre. Ha estado evadiendo mis cartas.
—Entonces ya tenemos dos —dijo Severus en tono de negocios—: el diario y el guardapelo.
—Así es —respondió Albus—, creo que el diario fue el primero. No creo que Lucius supiera qué era lo que guardaba, o no lo habría tratado con tan poco cuidado. El diario también confirmó mi teoría de que había más de uno. Si Voldemort hubiera tenido sólo uno, lo habría guardado mucho mejor.
—¿Tienes idea de qué pueden ser los otros? —preguntó Sirius.
—He estado investigando desde que comencé a sospechar. Intenté obtener información sobre qué fue lo que hizo Tom desde que dejó Hogwarts hasta que comenzó a reclutar seguidores para ver si puedo encontrar alguna pista. Creo que deben ser objetos importantes, justo como este. Miren la ese.
Remus tomó el guardapelo y jadeó.
—El símbolo de Slytherin.
—Sí, Voldemort estaba muy obsesionado con su linaje y los fundadores, así que creo que pudo haber buscado alguna reliquia de ellos. Las únicas posesiones de Gryffindor son el sombrero y la espada, los cuales están a salvo, pero sé de una copa perteneciente a Hufflepuff que se perdió; y por supuesto, la famosa diadema de Ravenclaw.
—Esa se perdió cuando Ravenclaw aún estaba viva —dijo Remus negando con la cabeza.
—Lo sé, pero debemos estar abiertos a posibilidades. Y sobre la copa, hace unos años logré obtener un recuerdo de una vieja elfina doméstica que servía a una mujer llamada Hepzibah Smith. Es de la época en que el joven Tom Ryddle trabajaba en Borgin y Burkes. Al parecer, Hepzibah era dueña de la copa de Hufflepuff y si no me equivoco, de ese mismo guardapelo. Se los mostró a Ryddle y poco tiempo después fue envenenada. La elfina confesó el crimen y fue enviada a Azkaban —añadió Albus con tristeza.
—¿La elfina? —preguntó Sirius sin poder creerlo.
Albus asintió y gravemente dijo:
—Estoy seguro de que Voldemort confundió a la elfina para confesar.
—Así que debemos hallar cuatro Horrocruxes, considerando que la última pieza es Voldemort… —contó Severus.
—Tres —dijo Albus—, creo que Voldemort eligió muertes significantes para hacerlos, y seguramente planeó hacer uno la noche que intentó matar a Harry. Como sabemos, falló y por ende no logró hacer su último Horrocrux.
—Aun así, son tres Horrocruxes que pueden estar en cualquier lugar… —dijo Sirius—. Y tenemos que destruir esto.
—Al menos tenemos una idea de qué pueden ser —agregó Remus—. La copa es uno, seguramente.
—La espada de Gryffindor será suficiente —dijo Albus—, pero debemos abrirlo —agregó frunciendo el ceño.
Severus tomó el guardapelo y lo examinó, haciendo una mueca dijo:
—Esto es de Slytherin y Voldemort. Debió haberlo cerrado con una contraseña, justo como la cámara. Necesitamos a Harry.
—No quiero que Harry presencie algo como eso —dijo Sirius.
—Yo tampoco, Canuto —interrumpió Remus—, pero es la única forma. Estaremos con él.
—¿A qué te refieres con que investigaste la personalidad del señor oscuro? —preguntó Severus intentando no pensar en aquello a lo que deberían someter a Harry.
—Siempre mantuve vigilado al joven Tom desde que lo conocí en el orfanato en el que vivía. En ese entonces, me mostró que disfrutaba ser cruel y le gustaba ser especial; pero era un niño, aun había esperanza —Severus rodó los ojos. Albus y su necedad de dar segundas oportunidades—. Incluso hice mi propia investigación sobre su linaje, así fue como descubrí que era el hijo de Merope Gaunt. Cuando fui a buscarlo al orfanato y le conté sobre Hogwarts, él estaba seguro de que su padre había sido mago, sin embargo, la matrona me contó que su segundo nombre era debido a su abuelo y que antes de morir, su madre había dicho que su nombre era «Merope», así que yo pensé otra cosa. Los magos suelen elegir nombres más excéntricos que los Muggles: Tom es bastante común, pero no fue sino hasta unos años atrás que descubrí a un Sorvolo Gaunt que había tenido una hija llamada Merope y era descendiente directo de Slytherin. Hace un tiempo encontré a Morfin Gaunt, que había estado encarcelado en Azkaban y tenía un recuerdo de su sobrino, el joven Ryddle. Siguiendo el juicio de Morfin en los periódicos, encontré a un ex empleado del Ministerio que visitó una vez a los Gaunt. Me dio el recuerdo y estaba a punto de revisarlo cuando fui removido. Debo confesar, que aún no he tenido el tiempo de hacerlo. Son bienvenidos de verlo conmigo y tal vez los recuerdos de la elfina y los de Morfin también.
—Los veremos —dijo Sirius—. Primero destruyamos el guardapelo. Deberíamos esperar a que la escuela esté vacía en caso de que algo salga mal; sólo es un par de días. Entonces podemos ver los recuerdos antes de que Lunático y Harry vayan a Privet Drive.
Los otros tres asintieron; Albus se despidió y se retiró. Aún tenía dudas respecto a compartir sus descubrimientos, pero tenía el presentimiento de que así el camino sería más fácil.
En definitiva, Harry había estado molesto cuando se despidió de sus amigos. Sabía que sonaba estúpido, pero el viaje en tren hacia y desde Hogwarts era parte de la diversión y siempre le había gustado; pero su padre había dicho que tenían algo importante que hacer y que él y tío Lunático se aparecerían a Privet Drive desde Hogsmeade el día siguiente. No es que Harry estuviera emocionado de ir a Privet Drive, pero quería tener sus últimas horas libres de adultos en el tren, donde podría celebrar que Gryffindor hubiera ganado la Copa de las Casas un poco más.
No sabía qué era lo que iban a hacer pues Sirius no se lo había dicho, pero conocía a Sirius, y sabía que fuera lo que fuese, Sirius no estaba feliz de incluirlo. Después de que el último carruaje se marchó, Harry volvió al castillo arrastrando los pies.
En el camino encontró algunos fantasmas y los saludó; uno de ellos era la Dama Gris, que, en opinión de Harry, siempre lucía triste. Cuando entró al cuartel de los Merodeadores encontró a su padre y tíos esperándolo. Su papá sujetaba con firmeza el guardapelo de Regulus en una de sus manos, y lucía como si fuera a enfermarse en cualquier momento.
Remus se acercó a él y puso una de sus manos sobre su hombro. Harry lo miró y notó que él también tenía el rostro serio.
—Harry, vamos a destruir el guardapelo, como te pidió Kreacher —dijo.
—¿Qué es? —preguntó Harry.
Remus miró a los otros dos hombres y luego volvió a mirarlo:
—Es como el diario, Harry. Voldemort guardó un fragmento de su alma en este objeto.
—¿Por qué?
—Porque es un enfermo… —murmuró Sirius.
—Porque estaba intentando hacerse inmortal —dijo Severus sombríamente—. Al dividir su alma y guardando el fragmento en un objeto; se llama Horrocrux. Si divides tu alma y la almacenas en un objeto ajeno, incluso si tu cuerpo es destruido, no puedes morir pues una parte de tu alma aún está intacta. Así es como el señor oscuro no murió cuando fue golpeado con la maldición asesina.
—¿Desgarró su alma? —preguntó Harry horrorizado.
—Creemos que la dividió en seis fragmentos; intentó hacer siete, pero no pudo… —dijo Remus—. Destruiste uno con el diario, creemos que este es otro y Albus está buscando el resto.
Harry asintió. Siendo un mago, sabía que el alma era algo precioso; dividirla era un acto horrible. No sabía cómo, y, honestamente, realmente tampoco quería saber. Dio un respingo cuando sintió una mano en su otro hombro y alzó la mirada para descubrir el preocupado rostro de su padre.
—Preferiría no tener que hacerte pasar por todo esto, Harry —dijo con pesar—, pero necesitamos tu ayuda y no quiero que te enfrentes a ello sin saber nada.
—¿Qué necesitan? —dijo Harry después de asentir.
—Creemos que sólo un hablante de pársel puede abrir el guardapelo —explicó Severus—, Iremos a la Sala de Menesteres y lo abriremos ahí. Usaremos la espada de Gryffindor para destruirlo.
Harry asintió. Había estado en la Sala de Menesteres muchas veces cuando era pequeño y el clima era terrible. La sala se volvía un cuarto de juegos para él y parecía que estaba en el exterior.
—Todo saldrá bien. Estaremos ahí— dijo su papá abrazándolo.
Harry asintió mientras presionaba su cara en el pecho de su padre. Su papá apoyo su barbilla sobre su cabeza y Harry notó que su coronilla casi alcanzaba el hombro de Sirius. Supo que estaba creciendo, y crecer significaba que las cosas no serían simples. Sabía que sus amigos no tenían que lidiar con fragmentos del alma del señor oscuro, pero también sabía que fingir que todo era normal le haría daño.
«Tú los mataste, los mataste a todos: James, Lily, Regulus… Pidieron tu ayuda y los evadiste, ignoraste por completo a Regulus».
Esas palabras seguían presentes en su mente. ¿Cómo había sabido Voldemort eso? Habían destruido el Horrocrux. Severus le había clavado la espada, pero no antes de que la imagen de Voldemort intentara quebrantarlos. Dumbledore había dicho que se había debido a que Sirius había conservado el guardapelo. Ese fragmento del alma podía sentir sus miedos.
—No es cierto, y lo sabes, Canuto.
Sirius alzó la mirada. Remus estaba arrodillado frente al sillón donde Sirius había estado sentado la última hora encorvado hacia el frente, con la cabeza sobre sus manos.
—No quiero dejarte así solo. Tal vez podemos posponer la visita a los Dursley…
—No —dijo Sirius con firmeza—, tenemos que renovar la protección antes de que el año termine y ya nos estamos acercando al límite. Vayan, estaré bien, ocupado. Tenemos que encontrar esa villa, ¿Pequeño Hangleton, era? Y tengo una idea de dónde puede estar otro Horrocrux. Si mi idea es correcta, tal vez habremos destruido otro Horrocrux antes de que ustedes vuelvan. Tres Horrocruxes en menos de un mes, eso es a lo que llamo eficiencia —agregó intentando bromear.
Remus lucía como si tuviera otra idea, pero asintió. Se puso de pie y fue a su habitación a preparar sus cosas. Al mismo tiempo, Sirius vio a Harry salir de su habitación intentando cerrar su mochila. Sirius sonrió:
—Si dejas las bombas fétidas y los ratones de helado, tal vez podrás cerrarla —dijo.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Harry frunciendo el ceño.
—Te vi empacarlos ayer.
—Sólo es para asustar a Dudley.
—Aunque la idea me atrae, creo que es mejor no hacer enojar a tu tía. El verano antes de que cumplas diecisiete saldremos de ahí con una explosión, ¿de acuerdo?
Harry sonrió y sacó los objetos mencionados. Cerró su mochila y se sentó junto a Sirius.
—¿Estarás bien, papá?
—Sí, no te preocupes. ¿Cómo estás tú?
Harry se encogió de hombros.
—Bien, creo. Los recuerdos no fueron divertidos, pero entiendo que mi abuelo necesitaba un traductor. Eran bastante grotescas, todas; es decir, me siento mal por Merope, pero los otros… —Harry se estremeció—. Fue horrible volver a verlo en la sala de los Menesteres, pensé que el basilisco aparecería en cualquier segundo. Me alegré cuando tío Sev apuñaló el guardapelo.
—Yo también —dijo Sirius.
Harry lo abrazó y quedamente dijo:
—Lo ayudaste papá, ayudaste a tío Regulus después de todo.
Salió del edificio con calma y a paso firme. Se dirigió caminando con su mejor andar aristocrático al punto de aparición del callejón Diagon. Si alguien lo viera vestido tan formal no lo reconocería. Estaba usando una túnica negra de seda y una aterciopelada capa negra, la túnica tenía el escudo de la familia Black bordado sobre el pecho y broches de plata. Sostenía un bastón negro cuyo mango de plata tenía el emblema de los Black grabado; había pertenecido a todos los patriarcas de la familia y era el símbolo de poder. Personalmente, creía que llevar un bastón cuando no lo necesitaba era algo estúpido, pero la tradición era la tradición.
Llegó al punto de aparición y dándose vuelta desapareció con un ligero chasquido. Al momento siguiente estaba en Hogsmeade y comenzó a andar hacia las puertas del castillo. No se detuvo a saludar a nadie, sólo siguió caminando hasta llegar a la puerta de la oficina del director; dijo la contraseña y entró. Ahí encontró a Severus y Albus y les sonrió. Sacó un objeto que llevaba bajo la capa y lo depositó sobre el escritorio.
—Nunca pensé que sería tan fácil —dijo tomando asiento.
—Debo confesar, que fui escéptico cuando dijiste que podrías conseguir otro Horrocrux de forma fácil, pero, mis respetos, Sirius —dijo Albus sonriendo.
—Como Lord Black tengo acceso a la bóveda de Bellatrix en caso de que ella y su esposo no puedan hacerlo, algo que Narcissa y Lucius no pueden hacer. Cuando fueron arrestados yo mismo supervisé al equipo que inspeccionó su casa y no había nada que fuera siquiera similar a la copa o a ese anillo que Ryddle le robó a Morfin Gaunt. Por supuesto, no sabemos qué son los otros Horrocruxes, así que tal vez podríamos investigar en la mansión Lestrange de nuevo; creo que Shacklebolt puede dejarme entrar, pero no creo que hallemos algo. Dudé que, si Bellatrix estuviera guardando algo de su precioso señor oscuro, lo mantendría en la casa, seguramente lo guardaría en Gringotts, así que les hice una visita.
—Tienes que amar nuestro arcaico sistema algunas veces —dijo Severus sonriendo—. Si el señor oscuro pidió ayuda a Lucius y a Regulus para guardar dos Horrocruxes tiene sentido que haya pedido a otro Mortífago, y nadie era más fiel que Bellatrix. Odio admitirlo, Black, pero eres un genio.
—¿Entonces lo admitirías frente a otros? —preguntó Sirius inocentemente y Severus le lanzó una mirada—. Les hice creer que sólo estaba interesado en ver que no tuvieran algo peligroso. Los duendes no hablan, pero es mejor no levantar sospechas. También dejé una réplica de la copa que Lunático hizo antes de irse. No será suficiente si Voldemort o algún experto la inspecciona, pero al menos no echarán de menos la copa. Buena idea, Severus.
—Fue idea de Regulus —dijo Severus—, según lo que nos contó Kreacher.
—¿Qué hay de Pequeño Hangleton? —preguntó Sirius.
—Los registros del Ministerio no tienen información y desafortunadamente hay varios pueblos con el mismo nombre. Tomará algo de tiempo pues debemos revisar todos, y no tendremos mucho tiempo una vez que el año escolar comience… —dijo Dumbledore.
—Puedo empezar a revisar estas dos semanas mientras Harry está en Privet Drive. Estoy seguro de que puedo revisar algún otro después… —dijo Sirius.
—Te ayudaré —sentenció Snape.
—No, Severus —dijo Dumbledore—. Lo siento, pero no puedo permitir que te arriesgues a ser visto mientras buscas la casa de los Gaunt. Si algo sucede y Voldemort regresa al poder antes de que hallemos todos los Horrocruxes, él no puede desconfiar de ti.
Severus frunció el ceño, pero asintió. Sabía que Albus tenía razón, pero eso complicaría la búsqueda.
—Ahora, debemos deshacernos de esto —dijo Albus cabeceando en dirección a la copa.
—Permítanme —dijo Sirius. Tenía un asunto pendiente con cierto espíritu.
Habían sido sus vacaciones más raras: después de las dos semanas obligatorias con los Dursley, Harry volvió a Grimauld Place, pero su padre lo envió casi de inmediato a La Hilandera. Al parecer Remus y Sirius buscarían por todo el país el pueblo de los padres de Voldemort. Tenían la idea de que podría haber un Horrocrux oculto en la vieja casa donde los Gaunt habían vivido. No tuvieron mucha suerte.
Harry pasó la mayor parte del tiempo con Severus, ayudándolo con sus experimentos y escuchando historias de su madre. Le agradaban aquellas donde Severus atacaba a Petunia; al parecer, ella había estado celosa de su hermana y por eso actuaba como actuaba. Harry intentó entenderla, pero aun así sus comentarios herían.
Ahora, Harry estaba con los Weasley. Pronto los pelirrojos se marcharían a Egipto, pues el señor Weasley había ganado un premio en el trabajo e irían a visitar a Bill, así que Harry y Ron estaban disfrutando las últimas horas juntos. El día siguiente, Harry volvería a Grimauld Place y Ron iría al viaje.
Llevaban un rato jugando Quidditch con Ginny, Fred y George (dos Cazadores en cada equipo y un Buscador en común, Ron) cuando desde el aire Harry vio a una figura salir de la casa.
—¡Harry, baja ahora mismo! ¡Iremos a casa!
Harry descendió rápidamente.
—Pero, papá, ¡se supone que vendrías mañana!
—Cambio de planes.
—Pero, papá…
—¡Ve por tus cosas ahora, Harry! —chilló Sirius chasqueando los dedos y Harry lo miró con sorpresa. Sirius nunca le chasqueaba a él. Fue a recoger sus cosas y volvió a la cocina donde Sirius estaba esperándolo. Usaron la red flu para llegar a casa, donde Harry fue envuelto en los brazos de Remus.
—Gracias al cielo estás bien.
—Estaba jugando Quidditch. ¿Qué pasa?
Sirius lo miró sombríamente:
—Kingsley me llamó para decirme: Bellatrix Lestrange y Peter Pettigrew escaparon de Azkaban.
