El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.

Capítulo 19

Las alegrías de ser padre

Harry siempre había pensado que su padre era algo paranoico cuando se trataba de su seguridad. Ahora, la paranoia había llegado a un nuevo nivel: Harry no tenía permitido salir de Grimauld Place. Nunca estaba a solas tampoco, y ahora la casa estaba bajo el encantamiento Fidelius, con Dumbledore como el guardián secreto.

Nadie sabía exactamente cómo Bellatrix y Pettigrew habían escapado. La celda de Pettigrew había sido encantada para evitar la transformación del animago, así que rápidamente dejaron de lado esa posibilidad. Honestamente, Harry no creía que fueran a buscarlo, pero su papá estaba seguro de que Bellatrix estaba lo suficientemente loca como para buscar venganza por la caída de su amo.

Tío Ted y tía Andy también se habían mudado a Grimauld Place. Sirius temía que Bellatrix intentara hacerles daño. Tonks no estaba ahí pues vivía en la academia de Aurores, donde aún le faltaba un año para terminar. Había estado viviendo ahí desde su ingreso. Sirius le explicó que muchos Aurores en entrenamiento debían vivir en la academia, a menos que tuvieran dispensaciones especiales, como estar casados.

Tonks llegaba a la casa algunas veces para visitar a sus padres, pero no tenía tiempo para más que decir unas pocas palabras. Harry estaba triste debido a eso, pues desde que ella se había graduado sólo la había visto en las vacaciones de su primer año y la extrañaba mucho. Por supuesto, ella estaba muy familiarizada con Hedwig pues la mantenía al tanto de su vida y ella de la suya. Al parecer estaba disfrutando la academia de Aurores y era la mejor en Disfraz y Ocultamiento porque era una metamorfomaga, y no era buena en Sigilo y Seguimiento, pues era algo torpe. Un día tropezó y cayó en los brazos de Remus; se sonrojó tanto que superó el rojo del cabello de los Weasley. Remus, por supuesto, no dijo nada y se alejó rápidamente con la excusa de entregar uno de sus artículos a su editor. Tonks estaba muy emocionada pues ese año comenzaría el entrenamiento de campo, aunque su madre estaba preocupada por el hecho de que Bellatrix estaba en algún lado.

También habían Aurores en la casa de los Longbottom en caso de que Bellatrix intentara terminar lo que había empezado años atrás. Las mansiones Malfoy y Lestrange habían sido revisadas y en ambas habían Aurores permanentemente. Los Malfoy eran supervisados constantemente.

Harry notó como la gran mayoría de las medidas eran debido a Bellatrix y no por Pettigrew.

En esa noche en particular, estaban cenando cuando las llamas de la chimenea se tornaron verdes. Sirius se puso de pie en un segundo y apuntó su varita en dirección a la emergente figura.

—Baja eso, Sirius. Honestamente, sólo nosotros podemos entrar —dijo Andrómeda regañándolo. Sonriendo al visitante dijo—: ¿Quieres unirte, Albus?

—Eso me encantaría.

Sirius volvió a sentarse haciendo un puchero mientras Dumbledore también tomaba asiento y Twinky, la elfina doméstica, le servía.

—¿Por qué viniste, Albus? —preguntó Remus.

—Por ti.

Remus casi se atragantó y lo miró.

—¿Por mí? —chilló.

—Sí, estoy aquí para pedirte que aceptes el puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras.

—¿Qué hay de mi trabajo actual? —preguntó Remus al mismo tiempo que Sirius preguntaba:

—¿Qué hay de la maldición?

Dumbledore suspiró.

—Dados los eventos recientes, no quiero un extraño en Hogwarts. Así que, por un año, tendremos que estar sin tutor. Y respecto a la maldición, espero que al hacer el contrato por sólo un año evitaremos que ocurra algo trágico, además de que dejarás el puesto de todas formas. Espero.

—Eso es arriesgarnos mucho, ¿no? —preguntó Ted. No conocía los detalles de la maldición, pero sabía que el puesto había estado embrujado desde su época en Hogwarts.

—No tengo elección. La seguridad será aumentada y lo último que necesitamos es a alguien desconocido en el castillo —dijo Dumbledore gravemente.

Por dentro, Harry estaba saltando de la emoción: ¡Por fin! ¡Un profesor decente de Defensa!

—Vas a aceptar, ¿verdad, tío Lunático? —preguntó enérgicamente.

Remus lo miró, y al resto del grupo. Sirius prácticamente se estaba cayendo de su silla por los nervios.

—¿Tú qué piensas? —le preguntó.

—No quiero que te pase nada, pero estoy de acuerdo con Albus.

Remus lo miró pensante y asintió:

—Yo también. Acepto.

—¡Excelente! —dijo Dumbledore con alegría—. ¿Continuamos comiendo este maravilloso banquete?

Harry sonrió feliz y vio a Twinky sonrojarse mientras llevaba más comida.


—Siri… —dijo Andrómeda con calma, acercándose a su primo, el cual estaba sentado en el escritorio de su habitación estudiando algunos rollos de pergamino.

—¿Si? —respondió él alzando la mirada.

—¿Te das cuenta que tu hijo ya cumplió trece años?

—Sí, sé qué tan viejo es.

Andrómeda suspiró.

—Sirius, sé que el tío Orión no era el mejor padre, pero también sé que Harold Potter te incluyó en cierta charla que tuvo con su hijo.

—Oh…

—Sí, oh…

—¿Tengo que? —gimoteó.

—Sí.


Harry estaba terminando su ensayo de Pociones. Sabía que tío Sev obtenía un placer extra al privar a los alumnos del verano. Alguien tocó su puerta y antes de que pudiera decir algo, Sirius entró inquieto. De inmediato, Harry se preocupó.

—¿Qué pasa?

—Tenemos que hablar —dijo Sirius arrastrando una silla junto a él. Harry se dio vuelta y miró a su padre.

—¿Sobre Bellatrix y Colagusano?

—Ojalá.

—¿Papá? —preguntó con preocupación.

—Bueno, verás, Andy…

—¿Qué le pasa? ¿Está herida?

—No.

—¿Está enferma? ¡Oh, cielos! ¡Está muriendo por alguna terrible enfermedad! —chilló histéricamente.

—¡NO! ¡Harry! ¡Cálmate! No le pasa nada a Andy —dijo Sirius intentando tranquilizarlo.

—¿Entonces por qué me espantas así? —preguntó Harry molesto poniendo una mano sobre su pecho.

—Tú eres el que pensó en desastre —dijo defendiéndose. Respiró hondo, y dijo—: Harry, cuando un hombre ama a una mujer, no puede pensar en algo más. Cambiaría al mundo por lo bueno que halló. Si ella es mala, él no lo ve. Ella no hace nada incorrecto. Le daría la espalda a su mejor amigo si él la…

—¿No es una canción Muggle?

—Harry, no quiero estar aquí, pero Andy dijo que debo… —dijo molesto.

—¿Cantar? —preguntó Harry inocentemente.

—No, hablar contigo. Sobre… tú sabes… —Sirius comenzó a tartamudear y a hacer gestos con sus manos.

—No… —Harry tenía una idea, pero ver a su papá entrar en pánico era divertido.

—Sobre lo que ocurre cuando dos personas se aman profundamente —dijo Sirius lentamente, entrelazando sus manos frente a su cara.

—No tengo idea de qué estás hablando —Harry mantuvo un rostro serio realmente convincente.

—Me refiero a… Ya sabes, Harry, sobre… —Sirius continuó agitando sus manos, como si eso lo fuese a salvar. Su rostro adquirió un bonito color rojo.

Harry contuvo una risa.

—¿Sexo?

—¿Cómo sabes sobre eso? —preguntó horrorizado. Estaba seguro de que era culpa de los descarriados compañeros de Harry. ¡Esos pervertidos! El chico Finnigan no era una buena influencia.

—Tengo trece años.

—Exacto, sólo tienes trece. ¡Eres demasiado joven!

—Entonces, ¿no sabías de sexo a los trece?

—Eso no viene al caso.

—Entonces, ¿qué edad debo tener para hablar de sexo?

—No lo sé… Treinta —dijo Sirius con el rostro lleno de esperanza.

—Entonces, no puedo hablar de sexo hasta que tenga treinta años, pero puedo tenerlo, ¿cierto?

—¡NO! —chilló Sirius—. No hasta que tengas cincuenta.

—¿Me vas a decir que nunca has tenido sexo? —preguntó Harry entrecerrando los ojos.

—Eso no viene al caso —respondió Sirius sonrojándose más.

—¿Y qué hay de mis padres? Tenían veinte cuando nací, lo que significa que tenían diecinueve cuando mamá estaba embarazada.

—Ellos estaban casados… —dijo Sirius. Las cosas no estaban saliendo como quería.

—Entonces, si estoy casado, puedo.

—¡NO! Es decir… Puedes casarte hasta que tengas cien años —su pobre, pobre e inocente bebé hablando de tal cosa.

—Estás aumentando. Dijiste que podía tener sexo a los cincuenta.

—Cambié de idea, tienes que esperar hasta cumplir ciento cincuenta.

Del otro lado de la puerta de la habitación de Harry, Andrómeda, Ted y Remus intentaban con dificultad silenciar sus risas. Después de que escucharon más de la discusión, y la mención de un diagrama que al parecer Sirius había invocado, la puerta se abrió y un muy agitado Sirius Black salió. Los miró y dijo:

—¡Uno de ustedes pudo haberme ayudado!

En una seria voz, Remus dijo:

—Eso no viene al caso —Sirius se enfureció y eso sólo causó que estallaran en risas de nuevo.


—¿Qué? —preguntó Harry con horror. Estaba parado a la mitad de la sala. No podía creer lo que había escuchado.

—Ya me oíste —dijo Sirius con calma frente a él.

—¡Pero quería encontrarme con Ron, Neville y Hermione ahí!

—Bueno, yo quiero un hijo vivo, ¡Así que nos apegaremos a lo que yo quiero!

Harry enfureció y salió corriendo hacia las escaleras. Se oyó el ruido de cuando azotó la puerta. Sirius suspiró.

—Tal vez estás exagerando —dijo Remus calmadamente—. Bellatrix y Colagusano no se atreverían a hacer algo a plena luz del día en un muy lleno Callejón Diagon.

—¡Bellatrix está demente! Completamente psicótica, no dudaría nada de ella —exclamó Sirius y también se dirigió a las escaleras.

Esa noche Harry se despertó sediento, pero mientras se levantaba, descubrió que sus pies estaban bajo algo pesado. Al investigar, descubrió que la cosa pesada también tenía pelaje. Suspiró y acarició el pelaje de Canuto. Sabía que su papá estaba muy, muy preocupado, pero tenía trece años y no le gustaba estar encerrado por su propio bien.


—Eres tan lindo cuando haces un puchero.

El adolescente lo miró.

—Me recuerda a cuando eras pequeño. Extraño esos tiempos, cuando hacías lo que te decía.

Recibió otra mirada. Sirius suspiró y miró el camino. Se habían aparecido a las afueras de Hogsmeade donde un carruaje jalado por Thestrals esperaba a los tres. Harry no estaba nada feliz por no haber podido abordar el tren, pero esta vez no era sólo por su bienestar. El hecho de que Harry Potter Black no estaría en el tren había sido muy publicitado. Era una semana antes del inicio de año escolar, así que tenían tiempo de recalcar el dato después de que Harry estuviera seguro en Hogwarts.

Sirius tembló. Comenzaba a hacer frío. Un frío nada natural. Fue cuando escuchó a su propia voz gritar «¡James, no!» que se dio cuenta de qué ocurría. Sacó su varita y estaba a punto de conjurar un patronus cuando escuchó a Remus gritar:

—¡Harry!

Sirius miró a un lado y su corazón se detuvo. Harry estaba cayendo de su asiento completamente inconsciente y convulsionando sin parar. Sirius no lo pensó dos veces.

¡Expecto Patronum! —gritó al mismo tiempo que Remus y los dos patronus salieron del carruaje. Se arrodilló junto a Harry y tocó sus mejillas. Estaban húmedas y frías.

—¡Cachorro! ¡Despierta! Vamos, mírame.

—Los dementores se fueron —dijo Remus arrodillándose junto a él—. Llegaremos al castillo en un momento.

—¿Qué demonios están haciendo aquí? —gritó Sirius enojado.

—Ni idea —respondió Remus sin mirarlo, ayudando a Harry a sentarse—. Nunca vi a nadie desmayarse por los dementores —dijo con preocupación.

—Pero no pudieron… Es decir, no se acercaron a él —dijo Sirius igual de preocupado.

—No, no lo hicieron. Su alma está intacta —dijo Remus a la fuerza. Como si tratara de probar su punto, Harry se movió.

—¿Qué pasó? —dijo con voz somnolienta—. ¿Quién gritó?

—Harry —Sirius comenzó a frotar su frente—, ¿cómo te sientes?

—Como si tuviera gripe. ¿Quién gritó?

—Nadie —respondió Remus con voz ronca—. Casi llegamos, come un poco de esto —dijo sacando una barra de chocolate de su bolsillo.

—Sabes Lunático, tus adicciones me asombran —dijo Sirius bromeando.

—Entonces no comerás —declaró Remus mientras metía un trozo a su boca.

—Pero, Lunático… —balbuceó.

—¿Qué pasó? —preguntó Harry mientras comía. El color volvía a su cara.

Dementores —dijo Sirius e hizo una mueca—. Hablaré con Albus. ¿Qué demonios hacen en las puertas? —finalizó mordiendo un dulce de Honeydukes que había sacado de su bolsillo.

—¡Hey! ¿Cómo…? ¡Tú, ladrón! —chilló un ofendido Remus. Sirius le lanzó un beso; Remus hizo una mueca y se cruzó de brazos.

—Niños, compórtense —dijo Harry quedamente mientras se recargaba en el hombro de su papá con un ligero escalofrío.


Remus estaba acomodando sus cosas con calma cuando escuchó el retrato abrirse y chocar contra la pared de manera poco gentil. Sabía que no era Harry; apenas había bajado a las mazmorras para ver a Severus. Suspiró y entró a la sala listo para calmar a su tormentoso mejor amigo.

—¿Buena charla con Albus? —preguntó a Sirius, el cual caminaba en círculos por la sala, apretando y estirando sus puños.

—Fudge, ese idiota puso a los Dementores en las puertas.

—¿Acaso se detuvo a pensar que los chicos deben pasar por esas puertas? —preguntó Remus desconcertado.

—¡AL PARECER NO! —Sirius estaba furioso—. Pudo haber puesto Aurores, pero no, ¡eso es tan racional!

Remus suspiró de nuevo y se sentó en el sofá. Miró a Sirius dar un par más de vueltas; con tristeza, dijo:

—¿Quieres hablar de lo que de verdad te molesta?

—¡Sí! ¡El hecho de que Fudge es un idiota!

—¡No eso! ¡Harry escuchó a Lily! —dijo Remus exasperado—. ¡Lo sabes!

Sirius lo miró con una poderosa cara de cachorro regañado que Remus intentó calmarse a sí mismo.

—Creo que deberíamos mostrarle más recuerdos de sus padres. Ya es hora.

—¡Pero, Lunático! Es muy joven, no está listo… —suplicó Sirius.

—¿Realmente quieres que lo que escuchó sea el único recuerdo que tiene de Lily? —Preguntó Remus mirándolo directo a los ojos. Gris pálido chocó con el café.

—No —respondió Sirius quedamente—, pero no sé si estoy listo para verlos y no poder hablarles.

—No sé si alguna vez estaremos listos —dijo Remus seriamente—. Hablaré con Severus. Conoció mejor a Lily cuando era joven.

Sirius asintió con tristeza.

—Le conté a Albus sobre los pasadizos secretos —se estremeció—. No dejaré que Harry salga lo fines de semana de Hogsmeade.

—Sirius…

—¡Ella puede estar ahí! Y, de todas formas, tendría que pasar de nuevo por los Dementores, ¡Y no quiero repetirlo!

—Entiendo —dijo Remus asintiendo—, pero Harry no estará feliz de saberlo. Ya se siente atrapado.

—Lo sé, estaba pensando en un soborno. Darle algo para hacer que se calme.

—¿Qué cosa? —preguntó Remus y entrecerró los ojos al ver la mirada culpable de su amigo—. ¡NO!

—Tú y yo lo supervisaremos.

—No, es demasiado joven. ¿Acaso no recuerdas qué tan tensos estuvieron tú y James?

—No lo dejaré hacer la práctica, sólo la teoría.

—¡Oh, lo siento! ¡No sabía que estabas hablando de tu otro hijo llamado Harry, porque este no se detendrá por una pequeña cosa llama «salud»!

—¡Lunático! —chilló Sirius.

—¡NO!


Habían estado preparando los ingredientes para los armarios de la escuela por más de una hora. Ya habían preparado las pociones que la señora Pomfrey necesitaría, y se estaban enfriando.

—Entonces, tío Sev, ¿Cuándo me vas a enseñar a hacer la poción Animagus Ostendo?

—¿Qué te parece si jamás?

—Oh, vamos. Sé que la tomaste, podría ser un proyecto dual, tú y yo.

—¿Pediste permiso a tu padre?

—Dice que soy muy joven, el muy hipócrita. Ya estaba entrenando a mi edad.

—Considerando que ya pasó por ello a tu edad, sabe que tan difícil y agotador es para un cuerpo tan joven.

Harry hizo un puchero.

—Si esperas a que seas mayor, tu cuerpo estará más preparado para la magia, y el entrenamiento será más fácil y rápido. ¿Recuerdas tu primer año? Cuando tuviste esa detención en el bosque…

Harry se estremeció. Sí lo recordaba.

—Conjuraste un escudo fuerte en ese entonces y tu cuerpo no estaba preparado para ese tipo de magia aún. Por esa razón te desmayaste; lo mismo aplica aquí.

Harry bufó.

—Pero podría sólo tomar la poción y saber mi forma… —dijo suplicante.

—Podrías.

—Y entonces entrenar juntos… —dijo dándole un codazo a su tío.

—No soy tan viejo como para olvidar lo que dije hace un segundo. Además, decidí no completar mi transformación.

—¡Pero tomaste la poción!

—Sí, y decidí que no tenía deseo de completar el proceso… —dijo Severus con firmeza.

—Oh, ¿por qué no? ¿Eres una pequeña ardilla? —preguntó sonriendo.

—No… —respondió Severus sin mirar al chico.

—Oh, ¿un insecto?

—No, mocoso.

—¿Entonces los rumores son ciertos? —preguntó Harry.

—¿Qué rumores?

Eres el gran murciélago de las mazmorras —dijo Harry bromeando y recibió una fría mirada—. Oh, vamos, tío Sev. ¡Dime! ¡No le diré a nadie que eres una cucaracha!

—¡No soy una cucaracha! —chilló Severus indignado—. Si debes saber, mi forma es la de un lobo negro.

Harry no pudo resistirlo, comenzó a carcajear.

—Y tú no, de ninguna forma, le dirás a los sacos de pulgas que tienes por padre y tío sobre esto… —dijo Severus severamente.

—Pero, tío Sev… —dijo Harry entre risas—. ¡También eres un saco de pulgas!

—No, no lo soy —bufó.

—Me parece bastante apropiado —dijo Harry sonriendo. Severus bufó de nuevo y lo miró.

—Acéptalo tío Sev. ¡Eres parte del paquete!


—¿Entonces me dejarás hacer la transformación? —preguntó Harry con sospecha. ¿Acaso tío Sev no le había dicho ese mismo día que era muy joven? ¿Acaso su padre no decía siempre eso? ¿Por qué el cambio de parecer?

—No tal cual —respondió Sirius con calma y le lanzó una mirada de súplica a Remus, el cual estaba sentado en el sillón con los brazos cruzados y una mueca en su rostro, murmurando algo ininteligible e ignorándolo—. Te dejaré hacer la teoría, usar la poción y estudiar la transformación, pero para el entrenamiento real deberás esperar a que tu cuerpo esté más preparado para soportarlo.

—Pero…

—Sin «peros», es esto o nada. Y no creas que puedes hacerlo a mis espaldas; no olvides que conozco las señales y las estaré buscando.

Harry hizo un puchero, pero aceptó:

—De acuerdo.

—Le pediré a Severus que te enseñé la poción. Después de que conozcas tu forma tendrás que estudiar su anatomía detalladamente y leer sobre el proceso de transformación.

Harry asintió, pero suspicazmente preguntó:

—Esto es muy fácil, ¿cuál es la trampa?

Sirius suspiró y lanzó a Remus otra mirada de súplica que una vez más fue ignorada.

—No dejaré que acompañes a tus amigos en las salidas a Hogsmeade.

—¿QUÉ?

—Lo siento, pero es demasiado peligroso, y con los Dementores… Simplemente no puedo Harry. Lo siento.

—¿Entonces esto es un soborno?

—Sí.

Harry estaba a punto de explotar, pero entonces notó el semblante de dolor de su padre.

—Bien… —murmuró. Sirius acortó la distancia entre ellos y lo abrazó.

—Realmente lo siento cachorro. Si pudiera dejarte ir, lo haría.

—Lo sé —susurró Harry.

—No puedo perderte Harry, te amo mucho.

—También te amo, papá.

—Hem… Hem… —Remus aclaró la garganta.

—Creo que Lunático se siente excluido —dijo Sirius y rió. Harry saltó al sofá y se lanzó hacia Remus.

—¡También te amo, tío Lunático!

—Te amo, cachorro.

—¡Todos son amados! —exclamó un feliz Sirius.

—Sí —dijo Harry—. Pero como no puedo ir a Hogsmeade, no les diré cuál es la forma de animago de tío Sev, que acabo de descubrir.

—¿Qué? ¡Harry, tienes que decirnos! —suplicó Sirius.

—No, lo siento, no puedo —dijo mientras salía corriendo hacia su habitación.

—Pero… ¡Harry! —chilló Sirius—. ¡No puede hacer eso, Lunático!

Remus sólo comenzó a reír.