El mundo mágico y Harry Potter pertenecen a JK Rowling, quien permite que el mundo del fanfic sobre su creación se desarrolle, y esta historia a PadyandMoony, quien me permite traducirla.
Capítulo 20
Las alegrías de ser tío
—¡NO, HARRY! ¡Ese es el florero de mami!
¡Crash!
James Potter gimió. Corrió detrás del pequeño que se alejaba en su escoba de juguete y finalmente pudo bajarlo del juguete y ponerlo en el suelo. El labio inferior de Harry comenzó a temblar, pero rápidamente se detuvo cuando le dieron un ciervo de peluche.
—Espera aquí a papi, ¿vale?
James miró a su mejor amigo, el cual estaba riendo desde el sofá de la sala de estar y se acercó a la mesa del centro. Se arrodilló y comenzó a juntar los fragmentos de vidrio y las flores.
—Podrías ayudar.
La única respuesta fueron más risas.
—Lily me va a matar.
—¿Mami? —preguntó Harry mientras tomaba una rosa con su pequeña mano y se la ofrecía a James.
—Sí, Harry. Mami va a matar a papi muy, muy lenta y dolorosamente… —explicó mientras cargaba al pequeño antes de que pudiera cortarse y lo sentó junto a Sirius. Besó la cabeza del chico y dijo:
—Tú si me ayudas, mucho más que tu inútil padrino, pero quédate aquí, ¿vale?
—Anuto.
—Sí, Canuto está castigado por darte juguetes que arriesgan mi salud.
—Aw, vamos Cornamenta. Harry ama su escoba, ¿no es así, cachorro? —preguntó Harry haciéndole cosquillas al pequeño.
—Fí —dijo Harry riendo.
—¿Ves?
James miró a Sirius una vez más y murmuró «Reparo» apuntando con su varita. Los fragmentos volaron juntos y reconstruyeron el florero. Sirius se acercó a inspeccionarlo:
—No creo que fuera exactamente así.
—Tal vez no lo notará… —dijo James con esperanza.
Sirius palmeó la espalda de su amigo.
—Podríamos embrujarla… —dijo el chico pálido acostado en el campo de juegos. La chica pelirroja junto a él, lo golpeó en el brazo.
—¡No vamos a embrujar a mi hermana, Severus! ¡No quiero ser expulsada después de sólo un año en la escuela!
El chico gimió.
—Lo merece.
—No vamos a embrujarla —dijo con voz firme—. Además, ya cambié el tarro de la azúcar por el de la sal. Veremos si a alguien le gusta el pastel que está horneando.
Severus miró a Lily, impresionado:
—Me gusta cómo trabaja tu mente.
—Ella nos llamó fenómenos. ¡Nadie me llama a mí y a mis amigos fenómenos!
—Lily Marie Evans, ¿aceptas a James Anthony Potter como tu esposo, para amarlo, cuidarlo y respetarlo, hasta que la muerte los separe? —preguntó el ministro.
—Acepto —dijo Lily. Sus intensos ojos verdes brillaron al mirar directamente a James, como si nadie más existiera.
—Y tú, James…
—Acepto —respondió James mirando a Lily.
—Bueno, sí, ¡pero debes dejarme terminar! —exclamó el ministro. James sonrió con timidez—. Y tú, James Anthony Potter, ¿aceptas a Lily Marie Evans como tu esposa, para amarla, cuidarla y respetarla, hasta que la muerte los separe?
—Acepto —dijo sonriendo.
—Los anillos, por favor —pidió el ministro.
Sirius, quien tenía una sonrisa de oreja a oreja, no se movió. Sólo miró a la feliz pareja. Remus le dio un codazo, y Peter, el cual estaba al otro lado de Remus, intentó ocultar su risa con una tos.
—Oh, sí —dijo Sirius—. Aquí.
El ministro tomó los anillos, sin dejar de mirar a Sirius.
El resto de la ceremonia siguió en paz: intercambiaron los anillos, James besó a Lily como si no hubiera mañana. Harry miró en trance mientras eran felicitados por los invitados y cuando bailaron juntos. Nunca apartó la mirada de sus padres, sólo viéndolos a ellos y a nadie más. Sus ojos brillaban, y junto a él, Sirius dijo con voz ronca:
—Creo que eso es suficiente por hoy. Puedes ver más otro día.
—Se amaban mucho… —dijo Harry mirando a Sirius.
—Te amaban incluso más —Sirius sonrió con tristeza—. Vamos.
Y salieron del pensadero.
Harry subía y bajaba las puntas de sus pies mientras esperaba que los carruajes llegaran a las puertas del vestíbulo. Los vio acercarse a lo lejos y observó a los alumnos comenzar a llenar los pasillos, buscando a sus amigos. Escuchó una voz familiar a su izquierda:
—¿El famoso Potter es demasiado importante para el tren?
—Cállate, Malfoy —siseó.
—¿O estabas asustado de los horribles dementores? —dijo Malfoy con una sonrisa.
Harry entrecerró los ojos, ¿A qué se refería?
—¿Cómo estuvo tu verano, Malfoy? ¿Te hiciste amigo de los Aurores que vigilaban tu casa?
Malfoy se enfureció; al parecer no quería que le recordaran a su trastornada y fugitiva tía.
—Si fuera tú me cuidaría Potter, no durarás mucho… —musitó.
—¿Por qué? ¿Acaso tu querida tía planea tener una reunión familiar? Se llevará una sorpresa entonces. Nunca se acercará a Hogwarts con esta seguridad.
—Ya la evadió una vez, ¿no? —Malfoy sonrió y se marchó, seguido por sus matones. Harry lo miró; no le había gustado esa sonrisa.
—¡HARRY! —escuchó y dio vuelta para ver a Hermione, Ron y Neville corriendo hacia él. Casi se ahogó con la fuerza del abrazo de Hermione.
—¡Hola chicos! ¿Cómo estuvieron sus vacaciones? Lamento lo del Callejón Diagon.
—Está bien —dijo Ron—. Aunque te perdiste la Saeta de Fuego.
—¡Oh, no! —chilló Harry con horror—. La vi en un artículo, ¿la vieron?
Ron asintió y comenzó a describirle cada detalle de la escoba; estaba mostrándole su nueva varita cuando los cuatro entraron al Gran Comedor y se sentaron en la mesa de Gryffindor. Harry escuchó todo lo que Hermione había hecho en Francia con sus padres. Soltó varias carcajadas con la historia de Ron sobre cómo los gemelos intentaron encerrar a Percy en una tumba, y con la de Neville sobre su tío abuelo Algie, que estaba algo loco.
—¿Y tú que has hecho? —le preguntó Hermione.
—No mucho —se encogió de hombros—. No me dejaron salir. Vi recuerdos de mis padres en el pensadero.
—Eso es genial —dijo Neville—. Mi abuela me mostró algunos de mis padres el año pasado. Es bonito recordarlos más… Recordarlos.
—Sí, vi la boda de mis papás —dijo Harry rápidamente para cubrir el descuido de Neville—. Creo que los tuyos estaban ahí también, pero estaba poniendo más atención a mamá y papá, lo siento. Pero estaban felices, enamorados. Fue lindo, pero triste, porque pude verlos, pero no hablar con ellos…
La conversación terminó cuando la profesora McGonagall entró con los alumnos de primer año. Lucían aterrorizados, en opinión de Harry. Supuso que él también había sido así de pequeño. Recordaba lo asustado que había estado de que el sombrero lo pusiera en Slytherin y de que su papá lo matara. Sabía que era algo tonto, pero había tenido miedo, ¿qué podía haber hecho? No le hubiera importado si quedaba en Slytherin, pero quería complacer a su padre. Observaron la selección y aplaudieron a los nuevos miembros de Gryffindor.
Cuando el último aplauso terminó, Dumbledore se puso de pie:
—Bienvenidos a otro año a Hogwarts. Tengo un par de anuncios que hacer y uno es tan serio que me parece adecuado tratarlo antes de que seamos deleitados por el maravilloso banquete. Como deben saber debido a la búsqueda que ocurrió en el Expreso de Hogwarts, nuestra escuela está hospedando a los dementores de Azkaban, quienes están aquí por orden del Ministro de Magia. Están apostados en cada entrada de los terrenos y mientras estén con nosotros, nadie tiene permitido salir de la escuela sin permiso. Los dementores no pueden ser engañados por trucos o disfraces, ni siquiera por capas de invisibilidad. No está en la naturaleza de un Dementor entender súplicas o excusas… Es por ello que les pido a todos ustedes que no les den excusa alguna para que los hieran. Los prefectos y los delegados deberán vigilar que ningún estudiante se acerque a los Dementores —Dumbledore tomó una pausa y recorrió el comedor con la mirada para asegurarse de que el mensaje había sido entendido. Harry vio a Percy inflar el pecho con orgullo con la mención de los delegados.
—En un mejor tema —continuó Dumbledore—, me complace anunciar que nuestro antiguo tutor, el profesor Lupin, ha aceptado ser el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Con esto, el comedor estalló en aplausos, con Harry liderando los aplausos de pie en la mesa de Gryffindor. Harry vio a su tío dar una leve reverencia a los alumnos e intentando no ruborizarse.
—Sí, sí, puedo ver que todos estamos felices —dijo Dumbledore sobre los aplausos que cesaron gradualmente—. Joven Potter Black, por favor use su silla para sentarse.
Harry sonrió con timidez y bajó de la silla sobre la que estaba y se sentó en ella.
—También, lamento informar que nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, el profesor Kettleburn, ha decidido retirarse para disfrutar de los miembros que le quedan. Sin embargo, es un gran placer decirles que nuestro querido Rubeus Hagrid ha aceptado tomar el puesto, además de continuar con sus labores como guardabosques.
El comedor se llenó de nuevo de abrazos y silbidos. Mientras aplaudía, Harry vio a Hagrid limpiar sus lágrimas con un enorme pañuelo mientras Sirius palmeaba su espalda.
—Bien, creo que eso todo lo importarte por ahora. Si el señor Potter Black puede amablemente volver a usar su silla para sentarse, podemos comenzar el banquete —dijo Dumbledore y dio un aplauso.
Harry se dejó caer en la silla y la comida apareció.
—¿Los dementores buscaron en el tren? —preguntó a Hermione mientras se servía.
—Sí —respondió ella—. Fue horrible. Después de que se fueron el profesor Lupin nos revisó. Ni siquiera sabía que había profesores en el tren.
—Usualmente no —respondió Harry—, pero el profesor Dumbledore consideró que era lo mejor para protección. Creo que estaban papá, tío Remus, la profesora Sprout y Flitwick. Entonces por eso Malfoy se burló de mí… —terminó haciendo una mueca.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Neville.
—Me preguntó si estaba asustado de los Dementores —gruñó Harry.
—Como si él hubiera sido tan valiente —dijo Ron—. Fred me contó que Malfoy se escondió en su compartimiento y casi se orinó.
—Aun así —dijo Harry divertido—, todos pensarán eso. Que tenía miedo.
—Cualquiera que tenga un poco de sentido común sabe que no estuviste por su seguridad y por la tuya. Hubo un gran artículo en El Profeta que decía que Dumbledore en persona te pidió que vinieras a Hogwarts por otro medio, así Lestrange y Pettigrew no tendrían alguna razón para atacar. Saben que no tiene nada que ver con los Dementores. No les tienes miedo.
Harry se quedó callado. No les contó sobre lo que había pasado en el carruaje, y de cómo no quería volver a ver a lo Dementores de nuevo.
Harry y Hermione caminaban hacía el aula de Transformaciones, discutiendo lo que habían visto en Aritmancia ese día, cuando fueron interceptados por dos frenéticos chicos.
—¡Harry! ¡Gracias al cielo te encontramos! —chilló Ron.
—¿Por qué? —preguntó Harry mirándolos. Neville estaba temblando y Ron estaba pálido.
—¡Harry, tienes que tener cuidado! —suplicó Neville.
—Estoy siendo cuidadoso. Papá ya me prohibió ir a Hogsmeade y estuve encerrado la mayor parte del verano, y…
—La profesora Trelawney dijo que tendrás una horrible muerte, ¡vio al Grim en tu futuro, Harry!
—¿El qué? —preguntó Hermione, pero Harry comenzó a carcajear.
—Harry esto es serio, ¡el Grim es un presagio de muerte! ¡Mi tío Bilius murió veinticuatro horas después de que vio al Grim!
—Ron —suspiró Harry tomándolo por el hombro—. Trelawney ha estado prediciendo mi muerte desde que tengo tres años. ¡Según ella, debí haber estirado la pata cientos de veces! ¡Además veo al Grim todos los días! ¿O no has visto a Canuto?
—El profesor Black dice que la profesora Trelawney es un fraude —bufó Hermione—. No puedo creer que ustedes dos hayan elegido esa materia en vez de algo interesante como Aritmancia o Runas Antiguas.
Neville se encogió de hombros.
—Calificación fácil —murmuró. Eso no le gustó a Hermione, quien bufó de nuevo y se alejó caminando.
—¿Estás seguro de que estarás bien? —preguntó Ron. Harry asintió y llevó a sus amigos hasta el aula de Trasformaciones. Dentro, hallaron a más alumnos con miradas preocupadas y Harry sólo meneó la cabeza.
Mientras salían del Gran Comedor después del almuerzo, Harry, Ron, Neville y Hermione fueron detenidos por un sonriente Sirius Black.
—¿A dónde van, caballeros y dama, en este hermoso día?
Harry rodó los ojos y miró a su padre.
—A Cuidado de Criaturas Mágicas. ¡Queremos llegar antes para darle a Hagrid todo nuestro apoyo!
Sirius sonrió.
—Por supuesto, estuvo muy feliz de aceptar el puesto. Vino a decirnos en cuanto pusimos un pie en el castillo. ¡Abrazó a Harry tan fuerte que tuve miedo de que lo rompiera!
—¡PAPÁ! —dijo Harry sonrojándose.
—¿Qué? —dijo Sirius inocentemente—. Ahora vayan, corran.
El cuarteto salió y Hermione comenzó a reír mirando a Harry, el cual sólo la miró.
—Oh, vamos Harry, eso fue lindo.
—No soy lindo —dijo Harry—. Extremadamente guapo, sí, pero no lindo.
—Y muy modesto —dijo Neville asintiendo. Ron y Hermione estallaron en carcajadas.
—¿Qué le pasó al Neville tímido? —dijo suspirando.
—Se hizo amigo de ustedes, chicos —respondió Neville.
—¡Lo rompimos! —chilló Ron poniendo una mano sobre su corazón.
El cuarteto lucía molesto mientras volvían al castillo después de la clase. Remus los miró con preocupación y los detuvo.
—¿Qué ocurrió? —preguntó.
—¡Malfoy es un idiota! —chilló Hermione y Remus se preocupó aún más. Hermione siempre se comportaba tan bien.
—No escuchó a Hagrid e insultó al Hipogrifo —dijo Ron con enojo.
—Si Harry no hubiera actuado rápido y saltado frente a él para quitarlo de en medio, Buckbeak lo habría herido bastante feo —explicó Neville.
Remus miró a Harry con preocupación.
—¿QUÉ? —preguntó.
Harry se encogió de hombros y Remus notó que estaba sosteniendo su brazo cerca de su pecho.
—Estaba vigilándolo. Vi que no estaba poniendo atención y lo conozco; supe que intentaría algo para arruinar la primera clase de Hagrid y no iba a dejar que eso pasara, ¡Hagrid es mi amigo! Entonces, cuando lo vi insultar a Buckbeak lo empujé lejos.
Remus estaba examinando el brazo de Harry, el cual tenía una rasgadura.
—¿El hipogrifo te atacó?
—¿Qué? —preguntó Hermione notando que Harry estaba herido—. ¿Por qué no nos dijiste?
—¿Para que el padre de Malfoy pudiera hacer algo en contra de Hagrid? ¡Ni hablar! ¡Sólo es un rasguño!
—¿Hagrid no vio esto? —preguntó Remus haciendo una mueca.
Harry negó con la cabeza.
—No, me levanté rápido y él estaba regañando a Malfoy y dándole un castigo por no poner atención. No quise arruinar su primera clase —dijo Harry.
Remus suspiró. Sabía qué tanto Harry quería a Hagrid, y convertirse en profesor era un sueño hecho realidad para Hagrid.
—Bien, pero la próxima vez, cuéntale a alguien. Vamos a ver a Poppy.
—Potter Black, por favor quédese un momento —dijo Sirius mientras el aula se vaciaba.
Harry se despidió de sus amigos y se acercó al escritorio del profesor.
—¿Quieres decirme por qué no dejaste de fulminar con la mirada a Remus durante la cena y el desayuno? Estuvo bastante herido cuando lo notó.
—No lo hice.
—Oh, sí, lo hiciste. Y aunque me da gusto que lances miradas a otro que no sea yo, me preocupa. ¿Qué hizo para merecerlo?
—¡Cree que soy una gallina! —chilló Harry alzando los brazos.
—¿Perdón? —preguntó Sirius desconcertado.
—¡Piensa que soy un cobarde!
—No, no es así.
—Sí, lo cree.
—Nooo…
—Que sí…
Sirius suspiró mientras tallaba sus ojos. ¿Qué pudo haber pasado para causar esto?
—Harry, te aseguro que Lunático no cree que eres una gallina. Ahora, dime por qué piensas eso.
—Él cree que no puedo contra un Boggart —dijo Harry cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.
Sirius palideció. Miró a su hijo y comenzó a reír. Harry se enojó.
—¡También lo crees!
Sirius se calmó. Muy bien, probablemente reír no había sido lo mejor.
—Harry, no. No estoy riendo por eso.
Harry lo fulminó con la mirada. ¡Y decía que no lo hacía! ¡Adolescentes!
—Lunático me dijo que no te dejaría enfrentarte al Boggart, pero no porque crea que no puedes lidiar con él.
Harry alzó una ceja incrédulo y Sirius pensó que el chico estaba pasando mucho tiempo con Severus.
—Sí, claro.
—No, Harry. Con todo lo que has pasado, Remus supone que tu más grande miedo es Voldemort y no creyó que fuera buena idea que Voldemort se materializara durante su primera clase de tercer año. ¡Tal vez en la segunda, pero definitivamente no en la primera!
Harry mordió sus labios, pero Sirius notó que intentaba contener la risa y mantener su valiente ceño fruncido.
—Entonces, ¿cree que soy un cobarde delicado? —preguntó Harry con sospecha.
—No —dijo Sirius con voz firme, reteniendo una sonrisa. Poppy había dicho que Harry era delicado, después de que Sirius había insistido en que lo revisara cuando habían llegado a Hogwarts y Harry no había estado feliz.
—Está bien.
—Entonces… ¿Lunático puede salir de la casita del perro? —preguntó Sirius sonriendo.
—Aún no —dijo Harry encogiéndose de hombros—. Lo merece.
—¡Harry!
—¡Pudo haberme dicho! ¡Me avergonzó al brincar frente a mí!
Oh, el orgullo de un chico.
Remus estaba en la sala de estar del cuartel de los Merodeadores, calificando algunos exámenes que había dado a sus clases de quinto y séptimo año para evaluar lo que sabían, cuando Sirius llegó luciendo como si supiera algo que él no. Odiaba esa mirada.
Sirius se sentó alegremente en el sofá y subió sus pies en la mesa de centro, recargó su cabeza sobre sus manos entrelazadas y sonrió. Remus entrecerró los ojos y dirigió su mirada a los pies de su amigo. No funcionó; no los apartó de la mesa.
—¿Qué? —preguntó molesto.
Sirius volvió a sonreír. Se puso de pie y se acercó a Remus mientras buscaba algo en su bolsillo y se lo ofreció.
—¿Qué es esto? —dijo Remus sin tomar el objeto.
—Una galleta para perro —respondió Sirius feliz—, ¡para que estés alimentado en la casita del perro! Oh, amigo, ¡estarás ahí un largo tiempo!
Remus bufó y se cruzó de brazos mirando a Sirius:
—¿De qué se trata esto?
—Bueno, esto, querido y viejo Lunático, y debes estar envejeciendo como para cometer el error de olvidar qué tan frágil es el ego de un chico de trece años. Se trata de que avergonzaste a tu sobrino frente a su clase entera y pensaste que es… ¿Cómo dijo? ¡Ah, sí! «¡Una gallina!».
—¡No hice tal cosa! —chilló Remus indignado.
—¿Evitaste que Harry se enfrentara al Boggart saltando frente a él, sí o no?
—Yo… —comenzó Remus, pero cerró la boca. La abrió una y otra vez; dándose por vencido, dijo—: Sí.
Sirius acercó la galleta a su rostro.
—Toma.
En la siguiente clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, Harry escuchó de nuevo:
—Potter Black, por favor quédese un momento.
Harry se detuvo. Cruzó sus brazos de manera retadora y no se levantó de su asiento. Mientras el último alumno salía, Remus se acercó a él; su mirada se intensificó. Remus se sentó en la mesa de Harry y con calma dijo:
—Me disculpo por mi… Eh… Falta de tacto en la situación del Boggart. Ahora entiendo que tal vez hubiera sido mejor pedirte por separado que no lo enfrentaras —Harry siguió sólo mirándolo. Remus continuó—. Ahora, como penitencia por ese acto no sólo he recibido miradas asesinas durante los últimos cuatro días, también tuve un terrible caso de hipo porque de alguna manera una extraña poción que me hizo hipar burbujas de jabón terminó de forma misteriosa en mi jugo de calabaza. Sé que merecía las miradas, pero, honestamente, ¿cómo podría haber sabido cuál era el Boggart de Neville? Sí, pude haberlo motivado un poco y hubo algunas carcajadas en la clase, y puede que lo haya disfrutado un poco, ¡pero no fue mi culpa! ¿Podrías hablar con Severus, por favor? ¡No me gusta sospechar de mi comida!
Harry comenzó a reír. Había visto a Remus caminar por los pasillos hipando y expulsando burbujas de jabón.
—Te lo mereces —dijo con firmeza.
Fue el turno de Remus de mirarlo. La mirada se suavizó y dijo:
—Lo siento, Harry, no lo pensé. Sólo creí que debía detener la dinámica antes de que llegara tu turno, pero cuando me di cuenta ya estabas al frente y sólo reaccioné. No creí que fuera bueno que Voldemort se materializara frente a chicos de trece años. Ya es demasiado malo que lo hayas encarado dos veces.
Harry suspiró y se encogió de hombros.
—Está bien —dijo mordiendo sus labios—. Tío Lunático… —agregó quedamente.
—¿Qué? —preguntó Remus con amabilidad.
—Pensé en Voldemort al inicio, pero entonces… Entonces recordé al Dementor y… No lo sé, sólo…
—Estoy impresionado, Harry —dijo Remus—. Eso implica que a lo que más temes, es al miedo mismo. Eso es muy sabio.
Harry alzó el rostro un poco con el cumplido, pero entonces su cabeza volvió a caer.
—La voz que escuché, era de mamá, ¿cierto? La reconocí en los recuerdos.
Remus suspiró y se puso de pie. Se acercó a Harry y agachándose dijo:
—Sí, estoy casi seguro. Aunque no recuerdes conscientemente lo que pasó, aún está ahí, y los Dementores te hacen revivir tu peor recuerdo. Succionan toda felicidad, pero debes recordarla como la viste en los recuerdos que te mostramos ¿vale? Como la mujer que te amo más que a su propia vida.
Harry asintió. Recargó su cabeza en el hombro de Remus y permaneció así hasta que su tío paso sus dedos entre su cabello.
